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Publicado el 26 Mayo, 2020 por Lilian Knight Álvarez en En Cuba
 
 

Arsenales en suelo propio

Lograr el sustento de la familia en tiempos de pandemia, más allá de todas las medidas adoptadas para regular los productos, constituye preocupación fundamental de quienes tienen que poner el plato sobre la mesa. Con el propósito de disminuir el impacto de las importaciones, la industria nacional busca alternativas a fin de obtener mayores rendimientos de las materias primas y diversidad de ofertas
Arsenales en suelo propio.

Foto: YASSET LLERENA

Por LILIAN KNIGHT ÁLVAREZ, MARÍA DE LAS NIEVES GALÁ y PASTOR BATISTA VALDÉS

Milsania Urquiza, del Cotorro, busca yogur de soya liberado en cualquier establecimiento que tenga cerca. Sus dos hijos adolescentes lo disfrutan. “En estos momentos paso mucho trabajo en encontrarlo”, expresó.

En la pescadería de Ayestarán y 2a, en Plaza de la Revolución, las personas entran, salen, se asoman. La mayoría lleva en sus manos un paquete de croquetas. Entre ellas está José Ángel Suárez, quien habitualmente llega hasta allí para adquirir pescado, jamón, croquetas o masa para hacerlas. “En estos días no hay casi nada, es mucha demanda, ahora solo quedan croquetas, pero igual están buenas”.

A Rolando González, quien vive muy cerca del lugar, no le gustan mucho las de cinco pesos. “Prefiero la jaba de 40, son de mejor calidad. Cada vez que paso, veo lo mismo. Otros vecinos dicen que ocasionalmente sacan otras cosas, pero se acaban rápido”.

Algo distante, en Sancti Spíritus, el jubilado Ruperto Valdivia, opinó que la gente quiere más croquetas, picadillo, albóndigas, “no es lo mismo que un buen pescado asado o un filete… pero por lo menos atenuamos la necesidad con lo que venden en las casillas”.

Lo cierto es que clientes, vendedores y productores coinciden en que la oferta, tanto en tiendas como en pescaderías, aún se mantiene muy alejada de la necesidad poblacional.

Gracias a la “divina libreta”, como muchos dicen, está la canasta familiar que la mayoría de los núcleos espera a inicios de mes. Para que eso se concrete, en el centro del vórtice está la Industria Alimentaria.

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Los trabajadores del sector alimentario en tiempos de COVID-19, han extremado las medidas higiénico-sanitarias. (Foto: YASSET LLERENA ALFONSO)

Con más de 700 establecimientos y unos 121 000 trabajadores a lo largo de todo el país ─incluidos los subordinados a las estructuras del Poder Popular en la producción local─, las empresas asociadas al Ministerio de la Industria Alimentaria (Minal) tienen la responsabilidad de asegurar la elaboración y distribución de un grupo importante de alimentos, bajo cualquier circunstancia, tal como dijo en el programa televisivo Mesa Redonda Manuel Santiago Sobrino, titular del sector.

Y mientras unos hacen colas ─a veces, más de lo debido─ y otros permanecen obligatoriamente en casa, hombres y mujeres laboran para garantizar que los productos lleguen al mercado.

Una de ellos es Yaloides Ramos, empleada de líneas de conformado de la capitalina empresa Prodal, quien es madre de un niño de cuatro años. “Sé que, en medio de esta situación sanitaria global, lo más que necesita el país es la alimentación. Afortunadamente tengo a mis padres en casa que cuidan y entretienen a mi hijo hasta que llego”.

A la propia entidad pertenece Nancy Suárez, quien comentó que trabajar y cumplir con las medidas sanitarias es la mejor manera de colaborar con el pueblo. Vive con su mamá de 83 años y por ende cumple estrictamente con el lavado de las manos, el uso de nasobuco y la separación de la ropa y los zapatos de trabajar.

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El 90 por ciento de la producción de yogur de soya del Complejo Lácteo de La Habana es para la canasta básica. (Foto: ANARAY LORENZO COLLAZO)

Si el yogur de soya arriba el día establecido a las bodegas, es porque choferes como Rafael Reyes madrugan para llegar temprano al Combinado Lácteo, en el municipio de Cotorro. “Usted puede ver, andamos con los pomos con agua clorada e higienizamos el carro cuando empezamos y al terminar. Hay que cumplir ciento por ciento las medidas”.

Por su parte Lamberto Espinosa es uno de los conductores designados para transportar productos lácteos a los centros de aislamiento de la capital. “Hasta los neumáticos del camión reciben cloro. Normalmente tengo cuatro nasobucos para cambiarme y en particular ando con un pomo de alcohol porque tanto hipoclorito me hace daño. Tenemos que preservarnos para cumplir esta importante tarea”.

La principal misión

Garantizar la canasta familiar normada ─cárnicos, aceite, café, leche, harina para el pan y pastas alimenticias─ es el objetivo fundamental del Grupo Empresarial de la Industria Alimentaria (GEIA), declaró, Emerio González, vicepresidente del grupo.

Otra prioridad es la entrega al comercio, la gastronomía, los centros hospitalarios y a las villas acondicionadas en el país para el aislamiento de las personas sospechosas del nuevo coronavirus.

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El vicepresidente del GEIA, Emerio González, se refirió a cómo el bloqueo impacta a la industria. (Foto: YASSET LLERENA ALFONSO)

Ahora también redirigen hacia las tiendas la mayor parte de los productos que antes se destinaban al turismo, aunque no dejan de mantener la oferta para los viajeros que permanecen en el país.

“No satisfacemos la demanda de la población. Aun cumpliendo los planes, hay productos que no tienen presencia en el mercado”, agregó el vicepresidente. Por ese motivo, el GEIA incrementa su producción de conservas, las cuales representan un aprovechamiento más eficiente de la carne y el pescado.

“Con harina de arroz ─un subproducto incorporado recientemente a algunas preparaciones─ se hacen embutidos o conformados que son nuevos y de alto valor nutricional”, argumentó.

De igual manera, desde hace dos años los complejos lácteos rescatan el suero que antes vendían como aditivo de piensos para animales, y lo incorporan como ingrediente principal del miragur. “En el mes de abril la producción comprometida de esta bebida proteica fue de 346 toneladas. Como política, una vez que este producto llega a la bodega, los primeros que tienen derecho a comprarlo son los ancianos”, concluyó.

Lo que no puede parar

Las entradas y el flujo de visitantes a Prodal han sido limitados, pero no sus producciones. “Varias son las medidas que hemos tomado para disminuir el impacto de este nuevo virus respiratorio”, afirmó el doctor Noel Marzo, quien junto a la licenciada en enfermería Yuset Gómez, conforma el grupo básico que vela por la salud de los trabajadores de esta empresa.

“Hacemos pesquisa diaria en la que medimos la temperatura al personal, y controlamos el uso obligatorio del nasobuco y su cambio cada tres horas, el lavado de manos con soluciones de cloro en igual período, el distanciamiento entre puestos laborales y la limpieza de superficies con hipoclorito al cinco por ciento”, agregó.

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Muchos clientes acuden a la pescadería de Ayestarán y 2a, en Plaza de la Revolución, en busca de croquetas, que gozan de buena aceptación. (Foto: YASSET LLERENA ALFONSO)

Son muy exigentes con el cumplimiento de lo orientado, más cuando una de las trabajadoras dio positivo a la COVID-19. El médico refirió que esta paciente se contagió con la enfermedad en su área de residencia, al ser contacto de otro caso confirmado. Como medida preventiva fueron aislados 26 obreros, próximos a la primera afectada, los cuales –al momento del reportaje–, se mantenían asintomáticos.

Pero allí el trabajo no se detiene. Cada día un segundo turno labora media jornada más para garantizar el sobrecumplimiento en 25 toneladas y con ello el abasto de las instituciones de comercio minorista (20 toneladas) y las pescaderías (5 toneladas), precisó Léster Domenech, director comercial de la entidad.

“Tenemos en estos momentos un déficit de aditivo bovino que ha provocado disminución en la producción de salchichas: de 316 toneladas del plan, solo pudimos elaborar 47. Para tener opciones, emplear las capacidades técnicas de la planta y no afectar salarialmente a los trabajadores, esa línea elabora picadillo curado.

“En otros momentos también ha faltado el aislado de soya, que hemos logrado sustituir con proteína animal obtenida de la piel de pollo, comentó Acralis Alfonso, directora de producción.

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Foto: YASSET LLERENA ALFONSO

Y quizás para evitar esta zozobra la industria nacional trabaja en la elaboración de insumos totalmente cubanos. La harina de arroz, el queso, la miga de pan, las pastas de ajo, de cebolla y de ají y algunos aditivos aparecen con sello made in Cuba.

“Aquí contamos con una planta de desarrollo encargada de innovar y probar nuevas recetas y fórmulas. Ya ostentamos unos 30 productos elaborados con materias primas nacionales e insumos para croqueta criolla y picadillo”, informó Dagmarys Rodríguez, directora de Calidad, Tecnología y Desarrollo.

La ejecutiva también agregó que tienen nueve productos que emplean la moringa como aditivo, de los cuales cuatro ya han sido aprobados para obtener la licencia sanitaria.

A pesar de la voluntad para sustituir importaciones, los directivos de esta empresa coincidieron en que se debe desarrollar muchísimo la producción agropecuaria en el país para que exista un aporte permanente que conduzca a la soberanía alimentaria.

Imposible la cuarentena

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En el Lácteo se ha vinculado el pago por resultado con la calidad de las producciones y el cumplimiento de las normas de inocuidad. (Foto: ANARAY LORENZO COLLAZO)

El silencio ronda las extensas áreas del Complejo Lácteo de La Habana. Detrás de los rostros cubiertos por nasobucos y las cabezas con gorros blancos, es difícil identificar a las personas, pero esos son requerimientos indispensables para laborar allí.

La entidad, conformada por 12 Unidades Empresariales de Base (UEB), de las cuales ocho funcionan fuera de ese lugar, tiene en cada área un pomo con agua clorada para el lavado de manos.

Tania Valdivia apenas puede levantar la vista de la estera por donde pasan las bolsas de yogur de soya. Con agilidad las coloca en la caja que está a su lado y poco a poco va ganando soltura en la labor que desempeña desde hace solo tres meses.

Según Yunansi García, jefa de una de las brigadas de producción, todos están conscientes de la importancia del trabajo que hacen: garantizar el yogur de los niños y de toda la población.

El director general, Chelenin Darias, declaró a BOHEMIA: “La entidad no puede entrar en cuarentena porque no hay otra que asuma los niveles de producción requeridos por la capital. En cada UEB los directores con sus equipos de recursos humanos y seguridad y protección se encargan de realizar el pesquisaje de los trabajadores. No podemos aceptar ningún compañero con síntomas, actuamos si es necesario”, afirmó.

El complejo lácteo produce diariamente 120 toneladas de yogur de soya, 30 de leche en polvo y 10 de miragur, 8 000 galones de helado, además de 300 toneladas mensuales de leche descremada para las dietas.

Entre los productos más demandados está el helado. “Tenemos tres fábricas y una miniplanta, en las que se produce el de toda la red gastronómica de la capital, más el de la venta paralela”, refirió Anayra Cabrera, directora adjunta del Complejo.

Resaltó la directiva que, gracias al contrato logrado con varias cooperativas, hoy se elaboran helados y algún nivel de yogur con pulpa natural, fundamentalmente, mango y guayaba. “Nuestra principal suministradora es la Cooperativa de Créditos y Servicios Manolito Domínguez, conocida como La Ignacita, de la cual recibimos el año pasado 130 toneladas”.

Lo grande de las mini

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Las minindustrias pueden lograr diversidad de producciones si sus recursos son bien aprovechados. (Foto: PASTOR BATISTA VALDÉS)

Al margen de lo que puedan producir, cosechar, acopiar y enviar hacia distintas partes del archipiélago los diferentes polos agrícolas, el nuevo coronavirus confirma el valor de la autonomía productiva de cada zona de defensa, municipio o provincia, en aras de resolver sus necesidades sobre la base de recursos y potencialidades propios, bajo cualquier circunstancia.

Industrias de carácter local y centros de elaboración se empeñan en convertir en alimento, como suele decir el guajiro, “hasta el grito de la res”. Uno de los ejemplos más representativos está en la creciente variedad de productos que sigue procesando la Empresa Pesquera de Sancti Spíritus, entre las que más capturan en Cuba, con una significativa contribución a territorios como los de Villa Clara, Cienfuegos y La Habana.

Apta para emplear con eficiencia la corriente eléctrica, sin desdeñar el uso de leña o de carbón vegetal, esa industria suma a los apetecidos filetes y minutas, croquetas y hamburguesas, masas, medallones, albóndigas, picadillo precocinado (con aceite y envasado en pote plástico) o condimentado en frío, además de conformar chorizos, mortadella, perro caliente, jamonada, spam…

Lo importante, como coinciden Antonio Olaya, director general de la Empresa y Orlando de la Cruz, director de producción, es “aprovechar al máximo las capacidades de los embalses y procesar los mayores volúmenes, en aras de satisfacer mejor las necesidades de la población y del turismo, e incrementar niveles de exportación que generen ingresos para la nación”.

Como todo momento adverso, este ha venido a develar reservas adormecidas. Lo demuestran polos productivos que no suelen “sonar mucho” en la sinfonía nacional, como el de La Calera, cerca de Las Tunas.

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Sancti Spíritus dispone de una poderosa industria para el procesamiento de especies de agua dulce. (Foto: PASTOR BATISTA VALDÉS)

De esto da fe también el camioncito de la pesca espirituana convertido en Punto Móvil que lleva alimento a distintos y distantes parajes. Y los 48 trabajadores de la UEB de la empresa ganadera Ruta Invasora, en Ciego de Ávila, quienes preparan y comercializan productos agropecuarios que iban fundamentalmente al turismo y ahora llegan a la población, en mayor grado.

Roberto Álvarez, director general de la empresa cárnica y coordinador de las entidades del Minal en Santiago de Cuba, insiste en la importancia de buscar alternativas. En declaraciones al periódico Trabajadores, particularizó en “las experiencias en el uso de viandas y vegetales como extensores, el fomento de las minindustrias, el aprovechamiento de subproductos cárnicos y pesqueros, la ampliación de los polígonos industriales, entre otras variantes”:

Según reportó la colega Betty Beatón, la unidad Barquillo, en el territorio santiaguero, es un centro de referencia en tal orden. Aprovechando el carbón, la leña, e inventivas como los secadores solares, el centenar de trabajadores de Barquillo elaboran galletas, panqués, caramelos, raspaduras, vinagre, vino seco, chicharritas de yuca, cremas de frutas, casabe, dulces en almíbar.

Paralelo al Combinado de Cítricos, en Ceballos, en el territorio avileño, se ha ido articulando una red de minindustrias conserveras que, lejos de reñir con la gran fábrica, interactúan con esta para que nada quede en el campo y todo llegue a los consumidores.

Ocupada en aumentar y diversificar ventas a la población, la Empresa Agroindustrial Ceballos aportó en marzo más de 130 toneladas de alimentos frescos, además de tomate, papa prefrita, jugos, mermeladas y otros dulces en almíbar.

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Prodal aporta a las pescaderías, el turismo, las tiendas, la gastronomía y los organismos, más de 60 toneladas diarias de productos. (Foto: YASSET LLERENA ALFONSO)

“Nosotros somos muy estrictos en el cumplimiento de las medidas de higiene por parte del personal que interviene en el proceso”, enfatizó Alfredo Ruiz, administrador de la pequeña fábrica Delicias, dentro del perímetro urbano a la que diariamente concurren personas para, de forma ordenada, comprar puré de tomate, mojo avileño, encurtidos de vegetales, sirope de distintos sabores, raspadura con ajonjolí, barras de guayaba, de maní molido o en grano y otros productos.

Calidad e inocuidad, dúo inseparable

Para Ana Velia Milán, especialista en el área de microbiología, la limpieza que se aprecia en el Complejo Lácteo no es casual. “Las medidas adoptadas en cuanto a higienización para nosotros son la rutina diaria.

“Aquí siempre hemos supervisado la calidad de los productos. En el área de elaboración, cuando vamos a entrar tenemos el pediluvio para la limpieza de las botas; además del agua clorada, que hoy está en todos los puestos, para desinfectar las manos”, añadió.

Para Anayra Cabrera, lo más importante en cuanto a este tema es la capacitación de los trabajadores. “De lo contrario no estamos haciendo nada”.

De acuerdo con la directora adjunta del Lácteo de La Habana, en la empresa se ha vinculado el pago por resultados a ese indicador. “Si la UEB cumple su plan de producción, pero recibe deficiente en las inspecciones higiénico-sanitarias, se penaliza el pago. El objetivo es que todo el colectivo se sienta responsable.

“Es imposible tener una producción inocua si hay un puesto de trabajo sucio, si algún manipulador de alimentos no cumple con las condiciones higiénicas, anda sin el gorro, sin la bata, todo lo estipulado en las normas cubanas, que está bien delimitado”, apuntó.

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Bajo cualquier circunstancia, la industria local es estratégica. (Foto: PASTOR BATISTA VALDÉS)

Similar criterio tiene Yoslainay Hernández, directora de tecnología y desarrollo en la Empresa Provincial de la Industria Alimentaria en Ciego de Ávila. “En tiempo de COVID-19 hemos acentuado la vigilancia y la precaución mediante un plan de acción que incluye a todos los trabajadores.

“No se trata solo de la presencia de cloro, lavado de manos, uso del nasobuco, limpieza e higiene general de las instalaciones, sino que enfatiza en la inocuidad de los alimentos. Por ejemplo: hemos priorizado la repostería seca, porque la de espuma es más sensible ante las altas temperaturas de estos días”.

Prodal garantiza la inocuidad de las preparaciones, con líneas productivas de acero inoxidable que se mueven en flujo continuo sin marcha atrás. Estas, unidas a los múltiples filtros sanitarios y al empleo de batas, gorros y botas, hacen de esa instalación una de las más cumplidoras de las normas.

Al decir de la directora de Calidad, Tecnología y Desarrollo de esta entidad, también son determinantes el código de higiene sanitario, apegado a las normas cubanas e internacionales, el cuerpo de inspectores de la empresa, y los laboratorios que realizan análisis químicos y microbiológicos para verificar la correcta composición de las elaboraciones.

Pese al esfuerzo, hay productos que en determinados casos suscitan quejas. Puede ser la croqueta que se desarma, el helado que se derrite o el yogur de soya caliente, motivado, generalmente, por la ruptura de la cadena de frío o el exceso de manipulación durante la transportación o venta.

“La red de distribución es complicada, pues no siempre los destinatarios cumplen con las condiciones de refrigeración y almacenamiento pactadas en el contrato”, aseveró Dagmarys Rodríguez, directora de Calidad, Tecnología y Desarrollo de Prodal.

Por su parte, la directora adjunta del Complejo Lácteo dijo que la práctica es “atender las quejas que nos llegan de la población, no solo para darles respuesta, sino para lograr un producto mejor”.

Nadín Ramos, especialista principal de la dirección de Calidad, en el GEIA, resaltó entre las acciones que desarrolla el grupo la capacitación de directivos, técnicos y manipuladores de alimentos.

Además, subrayó que en 2018 se logró importar, por un monto aproximado de tres millones de pesos, equipamiento para el análisis de la calidad e inocuidad, que si bien no es suficiente, significa una mejoría en las condiciones de trabajo y en los ensayos microbiológicos y fisicoquímicos.

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En el complejo lácteo se hacen pruebas de microbiología, de conteo bacteriológico, hongo y levadura, cuyos resultados son clave para validar la calidad de las producciones. (Foto: ANARAY LORENZO COLLAZO)

“También abogamos por la implementación y certificación de los sistemas de gestión de la calidad e inocuidad, con el fin de que todo tribute a entregar a nuestra población alimentos seguros”, aseguró la especialista, quien añadió que tienen identificadas las deficiencias a nivel de empresa y UEB, y sistemáticamente las chequean para incidir en su mejora.

Emerio González, vicepresidente del GEIA, agregó entre las acciones realizadas para lograr productos de mayor calidad, el empaque del picadillo para niños en las provincias de La Habana y Mayabeque y el envase del aceite en la capital.

Igualmente, han incrementado la producción de bebidas y refrescos en diferentes formatos que ofrece menos peligro de adulteración y es más práctica su compra.

Alegó que hay tres temas a los que prestan especial atención: rendimiento, control de inventarios y de entregas. “El país como estrategia nacional adopta medidas para garantizar la alimentación del pueblo, no obstante, hay materias primas que obligadamente debemos importar. Nosotros tenemos que exigir el máximo de rentabilidad”.

Ahora, el reto de aumentar sostenidamente la producción, con ofertas variadas y de calidad, es más urgente que nunca, sobre todo en un escenario complejo que exige la gestión oportuna de los recursos y el aprovechamiento máximo de las capacidades instaladas en las industrias.

APROVECHARLO TODO

Las empresas asociadas al Minal reorientan su manufactura hacia bienes que emplean completamente las materias primas. Sobre esto, BOHEMIA conversó con Diorgys Hernández, director de Política Industrial

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Diorgys Hernández, director de Política Industrial del Minal, aseguró que el país busca modificar el volumen de insumos importados, en aras de acercarnos a la soberanía alimentaria. (Foto: YASSET LLERENA ALFONSO)

“En el mundo no se desaprovecha nada”, afirmó Diorgys Hernández al referirse al empleo eficiente de los recursos que hacen las compañías de alimentos a nivel internacional.

Glicerina, gelatina, levaduras, abonos y ácidos orgánicos, piensos, azúcares, biogás o decorados, son obtenidos a partir de la explotación de los llamados subproductos. En Cuba, donde el uso de estos es aún incipiente, se prioriza su empleo como aditivo o base para embutidos y conformados, lo cual duplica el volumen de productos puestos a disposición de la población.

“Como parte de las acciones para incrementar la oferta, se ha convocado a sacar el máximo de los recursos provenientes de la agricultura, las importaciones o la pesca. En el caso de los productos cárnicos, por ejemplo, cuando se llevan a conserva se duplica la cantidad, mientras que los recursos pesqueros pueden cuadruplicarse, una vez transformados”.

Para alcanzar este propósito se ha acudido a nuevas formulaciones y a la innovación con residuos comestibles nacionales, resultantes de la producción agropecuaria e industrial. Poco a poco se sustituyen importaciones y se diversifican alimentos, gracias al aprovechamiento de derivados de soya y harinas de maíz y arroz como aditivos.

Estas iniciativas se incluyen en el Plan Nacional para la Soberanía Alimentaria, programa encaminado a diversificar exportaciones, a sustituir importaciones y a generar producciones de alto valor nutricional y encadenamientos productivos, al decir del directivo.

“Los bajos rendimientos en el sector agropecuario provocan que buena parte de los recursos empleados en la industria alimentaria se importen, lo cual nos ata a la disponibilidad internacional. Por esta razón, varias empresas se enlazan con productores locales.

“Si bien las cadenas de valor distan de lo que se necesita, desde el ministerio están creadas las condiciones para estrechar vínculos con la agricultura y las entidades locales. Pero es responsabilidad de cada director de empresa buscar las colaboraciones que garanticen la sustitución de importaciones”, agregó.

Otra de las líneas que el Minal trabaja de manera priorizada es su Programa de Desarrollo hasta 2030. Este incluye el rescate de la flota pesquera y su mantenimiento.

“Se trata de recuperar y no aumentar la flota ni los volúmenes de extracción, pues la propia Ley de pesca regula la captura de especies en función de la conservarlas. Hoy las mayores reservas de la actividad están en la acuicultura, la cual también requiere recursos para la cría de larvas y alevines y la construcción de estanques”, explicó Diorgys Hernández.

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Mientras unos permanecen en sus casas, muchas madres trabajadoras de Prodal continúan laborando para garantizar el abasto al comercio y los centros de salud. (Foto: YASSET LLERENA ALFONSO)

Otras acciones concebidas en el plan son la compra de vehículos, montacargas, tecnologías para el etiquetado, a fin de otorgar mayor calidad y valor agregado a las producciones, así como mejorar la imagen y el empaque.

“Por otra parte, la inversión extranjera se emplea en proyectos para elaborar cervezas, derivados de soya, café, bebidas instantáneas y galletas. Además, entidades del Minal obtienen divisas gracias al aporte a la Zona Especial de Desarrollo Mariel”.

Otras de las aristas impulsadas por el organismo son la inocuidad y calidad de los alimentos, rectoradas por la Oficina Nacional de Inspección Estatal. Para su logro la institución cuenta con una red de laboratorios, así como con un cuerpo de inspectores que aseguran el cumplimiento de la norma cubana.

Los mayores desafíos en cuanto a la calidad los tienen los bienes de la canasta familiar, que ostentan una ligera mejoría en algunos productos ofrecidos en la capital.

Entretanto, todo el esfuerzo de los trabajadores del sector se ve empañado por una infalible realidad confirmada por el propio Diorgys: “Aunque nuestras empresas sobrecumplan sus producciones, aún no se satisface la demanda”.


Lilian Knight Álvarez

 
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