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Publicado el 1 Mayo, 2020 por Marieta Cabrera en En Cuba
 
 

Una pelea cubana contra el coronavirus (IV)

El sistema de salud asegura los fármacos necesarios para atender un número considerable de pacientes. Lea también declaraciones del doctor Francisco Durán García
Una pelea cubana contra el coronavirus (III final).

Las pruebas de test rápido realizadas a las personas que permanecen en los centros de aislamiento o en las viviendas, si bien no aportan un diagnóstico concluyente, orientan hacia dónde puede existir una mayor circulación del virus. (Foto: RODOLFO BLANCO CUÉ/ACN).

Por MARIETA CABRERA, MARÍA DE LAS NIEVES GALÁ, LISET GARCÍA, PASTOR BATISTA y TONI PRADAS

Bien camuflado dentro de un cuerpo sin síntomas –si acaso, aparentemente visible como una gripe simplona–, el nuevo coronavirus SARS-CoV-2 consigue algunas veces escurrirse ante la estricta mirada de muchos. Hasta que las patrullas científicas logran esquinarlo en un callejón y encandilarlo con los reflectores que encienden las primeras pruebas médicas, esas que dejan reveladas la verdadera identidad y las malas intenciones del intruso.

Menos policial pero igualmente rigurosa su investigación, científicos de cuatro laboratorios dispuestos en varias provincias del país aplican, sobre las muestras de exudado –tomadas de las mucosas de la nasofaringe de personas sospechosas de poseer la enfermedad COVID-19–, la técnica de biología molecular conocida como reacción en cadena de la polimerasa (PCR, sus siglas en inglés).

El test, que se aplica 72 horas después de evidenciarse algún síntoma o criterio epidemiológico en una persona, arroja resultados en 24 horas. De existir el coronavirus en el cuerpo, en ese lapso se tendrá ya un gran número de copias de un fragmento de su ADN.

A pesar de su antigüedad (fue desarrollada en 1986), la técnica sigue siendo deslumbrante y tiene como méritos en Cuba haber detectado antes los virus del zika y del dengue en los pacientes.

Pero el producto es limitado, pues es caro y depende de su importación. Aun así, el Ministerio de Salud Pública cuenta con suficientes kits y sigue ampliando sus reservas para dar la imprescindible respuesta informativa, útil para sortear la contingencia viral.

La PCR es hoy, sin duda, la más mediática de las técnicas utilizadas en torno a la enfermedad. También el llamado test rápido, que permite con una simple gota de sangre, en unos 30 minutos, descartar o no la existencia del virus. Si la prueba da positiva, se aplica a la persona sospechosa la PCR, y lo que diga esta es definitorio.

Ambas, lamentablemente, diagnostican, pero no curan. Es decisivo entonces que los hospitales cuenten, además de personal de salud, con camas, unidades de cuidados intensivos, ventiladores y medicamentos para revertir la COVID-19 y mantener a raya otros padecimientos que pudieran ayudar a complicarle la vida al paciente.

Garantizar los medicamentos incluidos en los protocolos de actuación que establece el sistema de salud pública en Cuba, es tarea del grupo empresarial BioCubaFarma, como parte del plan del país para la prevención y control del nuevo coronavirus.

Eduardo Martínez Díaz, presidente del grupo, explica que en el diseño de este protocolo los especialistas cubanos tuvieron en cuenta las experiencias de China en el enfrentamiento a esta epidemia. Y aun cuando no está definido un tratamiento específico como el más efectivo, sí existen líneas de tratamiento.

Según la alcanzada experticia china, un producto de acción antiviral que se recomienda es el Interferón alfa 2b humano recombinante, fármaco producido en el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) y en la planta mixta cubano-china ChangHeber, instalada en la localidad de Changchun.

Una pelea cubana contra el coronavirus (III final).

En el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología se produce el Interferón alfa 2b humano recombinante, uno de los fármacos utilizados en el tratamiento de los pacientes con COVID-19 (foto: YASSET LLERENA ALFONSO).

Los interferones –dice la doctora Marta Ayala, subdirectora del CIGB– son moléculas que produce el propio organismo ante los ataques virales. “Es una primera defensa natural que tiene el sistema inmune para combatir la entrada del virus y también participa en la inhibición de la replicación viral”.

En opinión de Martínez Díaz, el CIGB cuenta con capacidades suficientes para suministrar el interferón al sistema nacional de salud. Incluso, muchos países solicitan ese producto “y estamos respondiendo, porque tenemos capacidades para suministrarlo sin poner en riesgo las cantidades que se requieren para Cuba”.

El protocolo adoptado incluye, además, otros 21 medicamentos. A pesar de las dificultades económicas acrecentadas por el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba, “en este momento están garantizados en las instituciones de salud todos los fármacos para un número considerable de pacientes y estamos produciendo antivirales, antiarrítmicos, así como antibióticos que pudieran utilizarse para el tratamiento de las complicaciones que se presenten en los enfermos”, afirmó Rita María García, directora de Operaciones y Tecnologías de BioCubaFarma.

A la par, se evalúan otros fármacos para su incorporación en dichos protocolos. Entre los de producción nacional aparece la Biomodulina T, un producto biológico de origen natural que cuenta con Registro Sanitario y está incluido en el cuadro básico de medicamentos para tratar infecciones respiratorias y de otro tipo, a repetición en el adulto mayor.

Maricarmen Reyes Zamora, jefa del grupo de ensayos clínicos del Centro Nacional de Biopreparados (Biocen), donde se produce la Biomodulina T, comentó que este producto, usado en adultos mayores con gran eficacia y seguridad, aumenta las células de defensa como los linfocitos T e, incluso, la producción de interferones por parte de dichas células.

“Bajo estos conceptos, una estrategia prometedora y factible es el uso de Biomodulina T en pacientes infectados, de riesgo, y en el personal sanitario que atiende a los enfermos”, concluyó.

También son bien valorados otros productos como el CIGB 210, un inhibidor antiviral contra el virus del sida; mientras del CIGB 300, estudiado para usar contra el cáncer, se espera tenga también capacidad inhibidora contra el SARS-CoV-2.

Cuba, por supuesto, ha echado mano a muchos medicamentos en diferentes momentos de la enfermedad (antivirales como oseltamivir o tamiflu, antipiréticos, anticatarrales, cloroquina, antibióticos de primera línea) que han tenido éxito al aplicarse en el mundo. Uno de estos es Kaletra (compuesto de lopinavir y ritonavir), un antirretroviral utilizado contra el VIH-Sida, que ha demostrado tener efectos positivos en pacientes que tienen enfermedades subyacentes, o aquellos con riesgo de neumonía en la fase inicial.

El medicamento “milagroso”, eso sí, parece ser una vacuna preventiva. Pero de momento no se cuenta con alguna en el botiquín.

“Esta toma un tiempo”, explicó la doctora Vivian Kourí Cardellá, viróloga y subdirectora primera del Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí, durante un foro online propiciado por el diario Juventud Rebelde. “Una vez que se logre obtenerla, requiere realizar las pruebas en animales para evaluar su seguridad, inmunogenicidad (capacidad de producir anticuerpos) y protección al enfrentarla con el virus. Cuando esto muestre buenos resultados, entonces se realizarán ensayos en humanos, de manera escalonada”.

Varios países ya están trabajando en acelerar estos pasos. De hecho, existen en camino varios proyectos de antígenos, principalmente en China, Rusia, Estados Unidos y Alemania.

La ciencia cubana también está inmersa en la pelea contra los demonios virales, según revela el director de Investigaciones Biomédicas del CIGB, Gerardo Guillén.

El también miembro de la Academia de Ciencias asegura que actualmente se trabaja en la parte metodológica y de diseño de una vacuna vernácula. Esta tiene la ventaja de utilizar la plataforma desarrollada por el CIGB, donde se trabaja con partículas semejantes a virus con gran capacidad de estimular el sistema inmune.

Otra plataforma, precisa Guillén, es por inmunización a través de la vía nasal, teniendo en cuenta que Cuba tiene experiencia, pues cuenta con una vacuna ya registrada. (La COVID-19, recordemos, tiene entre las vías de transmisión la nariz).

De momento, la Isla ha propuesto a las autoridades chinas realizar la vacuna en conjunto con el Centro de Investigación y Desarrollo Mixto, ubicado en la ciudad de Yongzhou, provincia Hunan. Esta institución tiene experiencia en el trabajo con el nuevo virus, además de contar con laboratorios de alto nivel de contención.


Marieta Cabrera

 
Marieta Cabrera