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Publicado el 14 Agosto, 2020 por Igor Guilarte Fong en En Cuba
 
 

FAMILIA (II final)

Corresponsabilidad a prueba

La familia es fundamental en la formación de normas de convivencia, valores y patrones de conducta social, según refirió a BOHEMIA la Doctora en Ciencias Psicológicas Mayda Álvarez, directora del Centro de Estudios de la Mujer
Diarios desde la cuarentena.

En los tiempos que corren se han puesto en práctica medidas que deben perdurar, expresa la doctora en Ciencias Psicológicas Mayda Álvarez. (Foto: YASSET LLERENA ALFONSO).

Por MARÍA DE LAS NIEVES GALÁ e IGOR GUILARTE

La familia sigue teniendo un valor esencial para las personas, por lo cual constituye una de las motivaciones más importantes para asumir cualquier actividad o decisión en la vida. Su responsabilidad en la educación y socialización de la infancia, la adolescencia y la juventud nunca decrece.

Lo anterior fue expuesto a BOHEMIA por la Doctora en Ciencias Psicológicas Mayda Álvarez, directora del Centro de Estudios de la Mujer, quien subrayó que la familia es fundamental en la formación de normas de convivencia, valores y patrones de conducta social y sigue siendo un espacio de comunicación personal, de transmisión de afecto y seguridad.

-En una entrevista publicada en Trabajadores usted expresó que “la familia resuena con todos los procesos, está influenciada por todo lo que ocurre en el contexto en el cual se desarrolla, es una mediadora entre la sociedad y sus miembros”. ¿Cómo valora ese papel en la situación actual que vive el país?

-Es muy importante reconocer que las familias no son agentes pasivos del desarrollo, sino que su especial protagonismo y sus aportes en las iniciativas participativas de desarrollo deben ser considerados y visibilizados.

“Las familias desempeñan un rol fundamental con su contribución al cumplimiento de las medidas tomadas por nuestro gobierno para proteger la salud de las personas. Los llamados a autocuidarnos, quedarnos en casa, no salir innecesariamente, mantener la distancia física, informar cualquier síntoma, ser disciplinados y responsables, requieren sin duda alguna, de una familia que convenza, apoye, exija y controle.

“Sin la plena participación de las familias y las organizaciones comunitarias no pueden mejorarse sostenidamente las condiciones y la calidad de vida de las personas. Ellas han sido imprescindibles en el enfrentamiento a la pandemia.

“No puede verse a las familias solo como unidades de convivencia, sino, como hemos afirmado en otras ocasiones, son espacios primordiales del tejido social para enfrentar condiciones como la que hoy vivimos. Estas han demostrado una enorme capacidad, resistencia y creatividad en la solución de los más diversos problemas”.

Diarios desde la cuarentena

En estos tiempos muchos hombres han demostrado que saben y pueden cuidar a sus hijos. (Foto: AGUSTÍN BORREGO TORRES).

-La familia es el marco más propicio para desarrollar valores en las nuevas generaciones. ¿Puede ser el contexto de la epidemia una oportunidad para esto?

-Los impactos de esta etapa de pandemia sobre las personas y sus familias son y van a ser en lo adelante, diferenciados, según la condición y situación de las personas y de las familias. Las familias cubanas poseen muchas fortalezas en las más variadas y difíciles condiciones. Cuentan con todas las políticas, programas y acciones implementadas por la Revolución cubana para su protección y desarrollo. Ahí están la educación y la salud universal y gratuita; la atención y seguridad social; el respeto y la protección de los derechos de la niñez y las mujeres, así como de los derechos de todas las personas, refrendados en nuestra Constitución.

“Sus miembros por lo general, poseen un nivel de instrucción elevado, lo que facilita las influencias educativas que tienen las familias, demostradas en el papel jugado en el apoyo a los procesos educativos institucionales. Contribuyen, además, a preservar nuestra identidad nacional y cultural, ante los embates de un mundo globalizado, consumista e individualista.

“La etapa que estamos viviendo ha sido una oportunidad para estrechar los lazos entre los miembros de la familia. Quedarnos en casa ha propiciado una mayor cooperación, preocuparnos unos por otros, mejorar la comunicación interpersonal, de modo que sea más franca, abierta y sobre todo constructiva, encaminada a solucionar los problemas de conjunto.

“Sin dudas, se ha potenciado en la sociedad y en las familias el desarrollo de la creatividad y de la gestión personal y colectiva en la solución de los problemas. También la conciencia relacionada con el ahorro de los recursos.

Se han afianzado los sentimientos y la solidaridad con personas necesitadas, apoyándolas en gestiones de alimentación, salud y otras actividades de la vida cotidiana. También el internacionalismo, al reconocer día tras día la labor de quienes han brindado su ayuda desinteresada a otros pueblos en tiempos tan difíciles.

“Por supuesto, no en todas las familias ha sido así. Existen aquellas en las cuales las funciones no se comparten, las mujeres se sobrecargan aún más y se generan nuevas tensiones y dificultades en las relaciones.

“Las mujeres madres, esposas e hijas se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad y de probabilidad de recibir violencia de género. Ya se reportan, en estos momentos, casos de mujeres que solicitaron orientación y ayuda mediante la línea telefónica 103, por estar sometidas a algún tipo de violencia.

“Su mayor reclamo es aliviar estados emocionales desagradables generados por la ruptura del rol productivo y su impacto en la esfera afectivo-motivacional. También por el aislamiento social y con ello el estancamiento en el proyecto de vida. En esta condición de sobrecarga se les hace muy difícil encontrar estrategias adecuadas para enfrentar la situación.

Diarios desde la cuarentena.

La nueva normalidad exige la actitud responsable de la familia. (Foto: YASSET LLERENA ALFONSO)

“El Artículo 85 de nuestra Constitución refrenda que la violencia familiar, en cualquiera de sus manifestaciones, se considera destructiva de las personas implicadas; de las familias y de la sociedad, y es sancionada por la ley.

“La pandemia nos ha mostrado una vez más el daño que provocan los estereotipos de género. Han transcurrido ya 61 años de Revolución, concepciones, representaciones y valoraciones sobre la masculinidad y la feminidad se han transformado. Sin embargo, siglos de existencia de un sistema patriarcal en el mundo y también en nuestra sociedad, siguen marcando algunas de nuestras ideas y modos de comportamiento.

“Desde una cueva prehistórica, seguimos pensando que son las mujeres las únicas responsables de la familia, con los correspondientes daños para su salud física y psíquica; que sobre ellas se puede ejercer violencia con impunidad, como un derecho de la masculinidad, que es un asunto privado en el que nadie puede intervenir.

“Por otra parte, pensar que los hombres no son buenos para cuidar a sus hijos e hijas ni para realizar tareas domésticas y que los bebés no necesitan de los papás, además de incierto, es muy injusto. ¡Qué bueno que en estos tiempos muchos hombres nos han demostrado que ellos saben y pueden cuidar a sus hijos, a sus familias y a los demás; y que no son menos varoniles porque lloren o demuestren sus emociones y su amor!

“Estamos en un momento en que la participación de toda la familia, incluyendo por supuesto a los hombres, en las tareas domésticas y de cuidado, es fundamental y debe incrementarse. Los papás pueden aprovechar para jugar con los niños, darles de comer, bañarlos, ayudarlos con las teleclases, entre otras actividades. A medida que lo hacen, descubrirán lo que se pierden como seres humanos cuando no lo hacen”.

-Para las familias en situación de vulnerabilidad o desventaja el contexto de la pandemia ha sido más complejo. ¿Cuáles son sus consideraciones al respecto?

-Si bien a lo largo de todos estos años se ha tomado un conjunto de medidas para garantizar a las familias una vida digna, entre las que se encuentran los servicios de educación y salud con acceso universal y gratuito, la canasta básica de alimentación, la asistencia social, la práctica del deporte, el acceso masivo a la cultura, y otras específicas, el contexto de la pandemia tendrá repercusiones en las familias.

“Desde la década del noventa las investigaciones ya habían constatado un deterioro de algunas condiciones de vida en un grupo de familias. Entre las dificultades más mencionadas se encontraban la vivienda, el equipamiento electro-doméstico, los ingresos y el transporte.

“Como es conocido, en los últimos años se han implementado medidas para el incremento de los ingresos en determinados sectores y se ha aumentado la construcción de viviendas, pero no todos los problemas y necesidades han podido resolverse y se mantendrán en los próximos años, teniendo en cuenta la situación económica global producto de la pandemia y el recrudecimiento constante del bloqueo.

“Las investigaciones realizadas demuestran, desde hace años, que son las mujeres la más sobrecargadas con las tareas domésticas y de cuidado. Más aún cuando se encuentran incorporadas al trabajo asalariado fuera del hogar y desempeñan un importante activismo en las organizaciones comunitarias.

corresponsabilidad a prueba

En manos de mujeres estuvo la protección de la familia. (Foto: YASSET LLERENA ALFONSO).

“En esta situación epidemiológica, la carga de cuidado y atención a las familias aumenta mucho más, con sus correspondientes consecuencias para la salud física y psíquica de las personas dedicadas al cuidado, como señalamos, sobre todo las mujeres. En particular, si las que se incorporan al trabajo asalariado son madres de niños y niñas menores de seis años, ellas están especialmente en desventaja.

“La Encuesta Nacional sobre Igualdad de género (ENIG -2016) constató que las mujeres dedican, como promedio, 14 horas semanales más que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados; incluso cuando son trabajadoras fuera del hogar, esa diferencia es de 10 horas.

“En resumen, dicha sobrecarga representa un obstáculo que debe vencerse pues limita el desarrollo personal y social de las mujeres, el disfrute de su tiempo libre, la participación en la toma de decisiones y es un determinante social importante en la aparición de problemas de salud.

“Uno de los retos fundamentales de las familias en todo el mundo es lograr que hombres y mujeres formen una sociedad con iguales derechos y responsabilidades. La igualdad entre los géneros en el hogar, la distribución de las responsabilidades familiares entre hombres y mujeres, y la participación de la mujer en el empleo, son elementos básicos de este reto”.

-¿Saldrá la familia muy afectada después de la COVID-19 o se convertirá la pandemia en una oportunidad para ajustar patrones deteriorados en muchos casos?

-Considero que la experiencia de la actual pandemia nos ha guiado en varias direcciones: la primera, la importancia de los lazos familiares, no solo en tiempo de crisis, sino siempre; la urgencia que tenemos no solo de sentir amor, afecto, sino de demostrarlo con hechos, sin distinción de sexo, la importancia de una caricia, un abrazo, un beso, lo mismo para un hombre que para una mujer, para un niño que para una niña; la importancia de cuidarnos y protegernos mutuamente.

“Una segunda lección, la pandemia nos ha mostrado una vez más el daño que provocan los estereotipos de género, como ya argumenté. La eliminación de dichos estereotipos sexistas necesita de una labor conjunta de la escuela, los medios de comunicación, la cultura y la sociedad en general. La creatividad para encontrar nuevas formas de informar, divulgar y educar en estos tiempos ha sido un arma poderosa.

“Es muy importante, como parte de los mensajes educativos que se están divulgando en la actualidad, insistir en la responsabilidad compartida en la familia y que las tareas correspondientes al trabajo doméstico y de cuidado, son también un deber de todos. Se han incrementado, y debe continuar así, el enfrentamiento a los estereotipos de género que provocan desencuentros entre las personas, insatisfacciones e infelicidad.

“También es necesario, en la medida que los procesos educativos formales se recuperen y se continúe el perfeccionamiento de su calidad, que se incluya explícitamente el enfoque de género como eje transversal en los programas de estudio y en las actividades educativas en general. Asimismo, en la labor con los estudiantes y sus familias y en la capacitación del profesorado; de lo contrario, la educación sexista en la familia y la escuela continuará reproduciéndose.

“En tercer lugar, como fue señalado al inicio, las familias necesitan que las políticas y prácticas les favorezcan condiciones que les posibiliten cumplir con sus funciones. En los tiempos que corren se han puesto en práctica medidas para quedarse, entre ellas, la organización de los cuidados en un sistema de gestión que implica la participación como corresponsables del Estado, el sector no estatal, las comunidades y organizaciones de la sociedad civil, las familias y las propias personas, y que, para su cumplimiento, se establecen mecanismos de control sistemático.

“Esta lección aprendida es imprescindible en una sociedad que envejece aceleradamente, en la cual se incrementan los hogares con adultos mayores solos o varios viviendo juntos; donde son cada vez menos los familiares disponibles para cuidar y donde muchos hogares están encabezados por mujeres solas con hijos e incluso con personas mayores.

“De ningún modo se puede delegar en la familia todas las responsabilidades. Esta experiencia especial que hemos estado viviendo en tiempos de pandemia, de corresponsabilidad de toda la sociedad ha llegado para quedarse y es de hecho, una buena práctica a tener en cuenta e implementar para el tratamiento de otras problemáticas”.


Igor Guilarte Fong

 
Igor Guilarte Fong