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Publicado el 25 Septiembre, 2020 por Delia Reyes Garcia en En Cuba
 
 

ECONOMÍA

Monedas en trance

Con una permanencia en el tiempo más allá de lo previsto, la dualidad monetaria y cambiaria –finalmente– parece tener los días contados dentro de la nueva estrategia económica y social anunciada por las máximas autoridades del Gobierno cubano. Sobre orígenes, causas e impactos de este fenómeno financiero, BOHEMIA dialoga en exclusiva con los doctores en Ciencias Económicas, Anicia García Álvarez, Juan Triana Cordoví y Armando Nova González
Monedas en trance.

Caricatura: BRADY

Por DELIA REYES GARCÍA

Fotos: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA

Caricaturas: BRADY y JOSE LUIS

En el archipiélago antillano vuelven a correr aires de cambios. A mediados de julio, el Consejo de Ministros aprobó la nueva estrategia económica y social en medio de la peor crisis de las últimas décadas, provocada por el cerco del Gobierno estadounidense y la pandemia de la COVID-19. Los propósitos de las medidas son explícitos: oxigenar la economía, sacudir el lastre de arcaicos enfoques, potenciar la productividad del trabajo, las exportaciones y la sustitución de importaciones, e impulsar el desarrollo de una nación que no renuncia, contra viento y marea, a alcanzar la soberanía alimentaria, como condición indispensable para construir un socialismo próspero y sustentable.

Para que sea más expedito el camino hacia ese horizonte, como aseguró el presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, las medidas se implementarán de forma gradual, pero avanzando en todas simultáneamente, con la agilidad y eficacia que el momento demanda. En medio de esa ebullición, la economía leva anclas con el fin de ordenar –y sanear– el ámbito financiero.

En tal sentido, el primer mandatario cubano aseguró que ya se dan los últimos pasos para completar la tarea de unificación monetaria y cambiaria, aprobarla en el menor tiempo posible y, cuando se implemente, “quitar casi la totalidad de las trabas que hoy tenemos para el desarrollo de las fuerzas productivas en nuestro país”.

Con esa luz, la revista BOHEMIA indaga sobre orígenes, causas, extensión en el tiempo, e impactos de la dualidad monetaria y cambiaria. Aunque no es la primera vez que lo hace. Luego de que el 23 de octubre de 2013 saliera publicada en el periódico Granma la Nota Oficial, informando del acuerdo del Consejo de Ministros para poner en vigor el cronograma de medidas que conducirían a la unificación de las monedas y las tasas de cambio, los periodistas Caridad Carro Bello y Heriberto Rosabal Espinosa realizaron una esclarecedora entrevista a la doctora en Ciencias Económicas, Vilma Hidalgo de los Santos. Sin duda, un referente insoslayable para entender la trascendencia del tema monetario.

En esta ocasión, siete años después, los también doctores en Ciencias Económicas, Anicia García Álvarez, Juan Triana Cordoví y Armando Nova González, comparten sus criterios con los lectores de BOHEMIA.

Algunos puntos de vista sobre los orígenes de la dualidad monetaria y cambiaria suelen ubicarla en los años 90 de la pasada centuria. Y es cierto. Pero no pueden soslayarse “ciertos fenómenos que comenzaron a manifestarse en la década anterior, entre estos, el incremento del déficit del presupuesto estatal y el déficit externo de la economía, provocado entre otras causas por la baja productividad del trabajo.

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Ellos concuerdan en que urge la unificación monetaria y cambiaria para poder salir de la actual crisis.

“Esos déficit comenzaron a acumularse, y cuando se produce la caída del campo socialista a principios de los 90, el país tuvo que enfrentar una situación muy difícil. Realmente fue un golpe duro. Como país subdesarrollado teníamos un tratamiento diferencial dentro del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), con créditos a largo plazo y bajas tasas de interés”, refiere García Álvarez.

La investigadora del Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC) y directora de Cuadros de la Universidad de La Habana recuerda: “los países que integraban el CAME también enfrentaban problemas económicos y en ese último lustro no se pudieron lograr en las coordinaciones de planes los crecimientos previstos en las importaciones cubanas. Las relaciones comenzaron a resentirse, hasta que se desplomaron”.

Según datos oficiales, entre 1989 y 1993, el Producto Interno Bruto (PIB) en Cuba sufrió una caída de casi 35 por ciento, el consumo de combustible se redujo a menos de la mitad, el comercio exterior disminuyó en más de 80 por ciento; y el déficit fiscal subió hasta un 33 por ciento del PIB, asociado a los gastos sociales del presupuesto del Estado para proteger a la población.

La crisis que sacudió entonces a la economía y a la sociedad cubanas, coinciden en advertir los expertos, se hizo notoria en la escasez de ofertas para satisfacer la demanda interna, el exceso de dinero circulante, los altos precios de los productos, la pérdida del poder adquisitivo del salario y la proliferación del mercado informal de dólares, entre otros, los cuales provocaron desequilibrios monetarios.

El recurso del dólar

Para salir de ese atolladero, en 1993 se adoptó un grupo de medidas como el incremento de las exportaciones de servicios, en particular del turismo, y la despenalización del uso y la tenencia del dólar para los cubanos.

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En los años 90 el peso cubano perdió valor ante la escasez de productos y servicios.

“Las razones de por qué era menester la circulación del dólar tenían como sustento el hecho de que Cuba se abría al turismo internacional y arribaban muchos visitantes foráneos. Además, comenzaba a ser más grande el flujo de cubanos que vivían en los Estados Unidos. Igual se autorizó la entrada de remesas desde el exterior. Definitivamente había dólares en el país.

“Por eso, junto a tal medida, aparecen las Tiendas Recaudadoras de Divisas (TRD), con unos sobreprecios a la venta importantes, y siempre se explicó que tenía que ver con la necesidad de captar ese dinero y usarlo en otros propósitos redistributivos”, puntualiza Triana Cordoví, profesor titular del CEEC.

Un año después, a finales de 1994, se introduce el peso convertible (CUC). “Entonces tuvimos tres monedas circulando en el mercado doméstico y entre las empresas. En el caso del CUC nació con una regulación que en términos técnicos se conoce como caja de convención monetaria. O sea, el Banco Central de Cuba solo podía emitirlos si tenían su equivalente en divisas.

“Durante mucho tiempo esa equivalencia fija fue respetada, con una tasa de cambio de 1 por 1 entre el CUC y los dólares que tenía la banca. Por lo tanto, una empresa extranjera podía hacer una factura en CUC, iba al Banco Internacional y allí la depositaba, y al otro día tenía su dinero en dólares en su banco corresponsal en el extranjero. En esos momentos para las empresas foráneas no era un problema hacer facturas en dicha moneda, porque entonces el CUC era tan bueno como el dólar.

“Esa medida contribuyó a que la economía cubana recuperara algo de su dinámica de crecimiento. Por eso a los años 90 hay que mirarlos de manera más completa. Había un segmento de las empresas cubanas que operaban fundamentalmente en dólares, con esquemas de financiamientos cerrados, y sobre esa base sus cuentas eran muy claras. Se sabía cuáles eran eficientes o no. Tenían referencia a una moneda dura.

“Pero eso trajo costos también, porque había empresas funcionando en el circuito de los dólares, mientras el resto solo lo hacían en CUP. Lógicamente esto provocó que la economía se desdoblara y trajo consecuencias que todavía estamos pagando.

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En Cuba funcionan dos mercados cambiarios paralelos, uno para el sector empresarial y otro para la población, lo cual provoca desequilibrios en la macroeconomía y en el bolsillo de la población.

“Luego entre 2003-2004, amplía el investigador, se decidió quitar el dólar de la circulación, primero de las empresas, y después del mercado doméstico. Las razones de por qué se hizo así, dan para escribir un libro. Pero se entendió entonces que la circulación del dólar aumentaba la dependencia de Cuba de la moneda norteamericana y en aquellos momentos la administración de ese país tenía una campaña muy fuerte contra nuestro país. Lo otro que se decidió fue aplicarle un gravamen del 10 por ciento.

“Esta medida que sacó a esa moneda dura de circulación y dejó solamente al CUC, tuvo como correlato el inicio de un incremento de operaciones en esta moneda y emisiones de la misma sin respaldo en divisas. Entonces dejó de ser tan bueno como el dólar. Se infló la economía en CUC y por tanto perdió valor. Llegó un momento en que las empresas podían tener muchos CUC en sus cuentas, sin embargo, no tenían respaldo en dólares”.

La primera solución, rememora Triana Cordoví, fue centralizar toda la divisa en una cuenta única. La segunda, que se tomó un tiempo después, fue el Certificado de Liquidez (CL) en divisas. Cuba enfrenta en 2008 una crisis de pago a proveedores, que coincide con la crisis financiera internacional. Y de alguna manera hubo que regular las operaciones en CUC y apareció el CL.

“Entonces las transacciones de comercio y servicio entre las empresas cubanas y extranjeras comenzaron a tener como referencia el CL. Si lo tenían, había cierta garantía de que el suministrador extranjero recibiría el pago a su cuenta en el banco corresponsal extranjero. Y durante mucho tiempo operó así.

“Pero en buena lid el CL no es más que el reconocimiento tácito de la devaluación del CUC. Es como un eufemismo, no fue devaluado públicamente, pero de hecho sí lo fue en la práctica. Y con eso hemos vivido hasta ahora”, resume el economista.

Día cero

Cuando la Gaceta Oficial de la República de Cuba en su Edición Extraordinaria No. 12, del 6 de marzo de 2014, publicó las resoluciones 19, 20 y 21 del Ministerio de Finanzas y Precios, parecía que el ordenamiento monetario ya estaba a la vuelta de la esquina. En ese compendio legislativo se definían las medidas financieras y contables que entrarían en vigor el llamado “día cero”, al momento de la unificación monetaria; así como las metodologías generales para la instrumentación de las políticas aprobadas de precios mayoristas y minoristas. Sin embargo, el citado cuerpo legislativo quedó en suspenso.

Los expertos entrevistados por esta publicación advierten que la dualidad monetaria y cambiaria que se gestó en la década de los años 90 fue siempre una medida pensada de manera coyuntural, de corto plazo, para darle a la economía nacional tiempo de ajustarse al rigor de un nuevo entorno internacional sin tener que pagar los costos del desempleo y otros efectos.

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La emisión de dinero no es un acto de magia, tiene reglas que deben ser respetadas.

“Pero ocurre, como casi siempre, que las cosas cuando funcionan y tienen resultados, después cuesta mucho trabajo cambiarlas. Y mientras más pasa el tiempo, los males van acumulándose y creciendo”, reflexiona Triana Cordoví.

Mirando hacia atrás, la doctora García Álvarez considera que 2004 fue un buen momento para hacer el ordenamiento monetario. Aquel año Cuba se incorporó al ALBA e incrementó sus relaciones con China. “Tengo la impresión de que no se hizo porque fue un momento más relajado desde el punto de vista del comercio externo y empezaron a fluir los ingresos por la exportación de servicios profesionales; incluso descuidando otros sectores importantes como el propio turismo.

“Pero este tipo de comercio más convenido entre los países tiene sus vulnerabilidades: siempre va a depender de una coyuntura política. Nos sucedió cuando éramos miembros del CAME y tuvimos que sufrir las consecuencias del derrumbe del socialismo. Igual sucedió con las alianzas con los gobiernos de izquierda en América Latina, donde las cosas han cambiado. Es verdad que es difícil para Cuba, bloqueada por el Gobierno de los Estados Unidos y sometida a mil presiones. Pero hay que perseverar. Todos los avatares tienen que enseñarnos a diversificar más nuestro comercio exterior y no despreciar ninguna fuente de inserción en el mercado externo”.

Por su parte, Triana Cordoví opina también que un buen momento para emprender la unificación monetaria y cambiaria hubiera sido 2014. “Estábamos recomponiendo nuestras relaciones con la Unión Europea, empezaba una mejora en las relaciones con el Gobierno de Barack Obama. Teníamos una fuerte relación con América Latina porque un grupo de gobiernos eran de izquierda, con un socio poderoso como Venezuela, y eso nos ayudaba muchísimo en términos de cuenta corriente y en el balance de pago. O sea, había ingresos asegurados.

“El turismo comenzaba a despegar. Existía un boom de los precios de las materias primas. El escenario internacional era favorable, se renegociaba la deuda con el Club de París y nos habían condonado deudas importantes, como fue el caso de Rusia, Japón y México.

“Considero que perdimos una tremenda oportunidad. Estábamos en condiciones para haber hecho, no solo la unificación monetaria y cambiaria, sino estas reformas que estamos comenzando hoy, y que se están haciendo en las peores condiciones que nunca ha tenido ningún Gobierno en Cuba.

“Es verdad que ningún escenario es mejor para hacer este tipo de reformas estructurales que son casi como terremotos en la economía y en la sociedad. Por eso reconozco que la propuesta del presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez tiene una dosis de decisión como nunca antes, en un contexto de crisis de pago a los suministradores extranjeros; de crisis mundial por la pandemia, que genera una incertidumbre tremenda sobre el presente y el futuro; en el momento en que Cuba es más perseguida que nunca por el Gobierno norteamericano, con medidas quirúrgicas.

“En medio de una economía nacional que ha sufrido mucho y lleva años creciendo muy poco. Donde los créditos que se logran obtener son muy duros. En esas condiciones nuestro Presidente está asumiendo un proceso que tiene realmente efectos telúricos. Y hace más difícil el esfuerzo de la unificación monetaria.

“Súmale a eso que Cuba no va a acceder a ningún gran fondo, prestado por nadie en buenas condiciones, para realizar la unificación monetaria y cambiaria. Hay que hacerla a pulmón puro. Las autoridades del Gobierno y del Partido están intentando buscar las mejores maneras de hacerlo. Aunque de seguro se generarán problemas y costos. Claro que sí. Pero hay que saber manejarlos y administrarlos”, estima el experto.

¿CUENTAS CLARAS?

La dualidad monetaria y cambiaria atraviesa e impacta de manera sensible al sector productivo en la nación

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Para alcanzar la soberanía alimentaria urge limpiar el camino de las trabas que provoca la dualidad monetaria y cambiaria.

Hace más de un año, los doctores en Ciencias Económicas, Anicia García Álvarez, del Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC); y Armando Nova González, del Centro de Investigaciones de la Economía Internacional, trabajaron en un proyecto para conformar la matriz de seguridad alimentaria en el país.

“Al final, comprendí que había una variable transversal a los diferentes ejes, y se trataba precisamente de la dualidad monetaria y cambiaria que incide en los cuatro componentes fundamentales de la seguridad alimentaria: la disponibilidad (producción nacional, exportaciones e importaciones); el acceso físico y económico (salarios, precios); inocuidad de los alimentos –incluye la trazabilidad de los mismos–, y la sistematicidad de la oferta”, sostiene Nova González.

Este fenómeno afecta a todos los sectores de la economía, en particular a la agricultura, con alta dependencia externa. “No sabemos realmente cuánto cuesta lo que producimos. Y se crean distorsiones en todos los sentidos. Pero el centro de las dificultades no está en la circulación, sino en la producción. No basta con sustituir el CUC y llegar a una moneda única. Para eso hay que hacer cambios estructurales en la economía que impacten positivamente en la esfera productiva.

“Por eso estamos planteando tres elementos esenciales dentro de un nuevo modelo de gestión en la agricultura: la realización de la propiedad, la complementariedad entre planificación y mercado, y el enfoque sistémico de los problemas”, amplía el también profesor titular de la Universidad de La Habana.

¿Aguacate con mangos?

De que la distorsión monetaria es transversal a toda la sociedad no tiene dudas tampoco el doctor en Ciencias Económicas, Juan Triana Cordoví.

“Cuando una empresa dice que es eficiente, no se puede saber realmente. Porque los costos están distorsionados y a veces tiene hasta doble contabilidad, en CUC y en CUP. Cualquiera entidad afirma que sus costos son en moneda total. Y eso es una innovación total y absoluta, porque nadie sabe qué cosa es moneda total. Es como si sumáramos aguacates con mangos.

“Por ejemplo, una empresa apunta que tiene un 30 por ciento de sus costos en divisas y el restante 70 por ciento en moneda nacional. A la tasa de cambio de 1 por 1, el costo en moneda extranjera sería 30 pesos. Pero si le aplicas a ese 30 por ciento la tasa oficial de Cadeca de 1 por 24, serían 720 pesos, es decir, muy superiores.

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Con la actual tasa de cambio para el sector empresarial se desestimulan las exportaciones y la producción nacional.

“Por eso no hay manera de conocer si es eficiente la empresa, o la inversión que se haga, porque la distorsión cambiaria tiene un primer impacto muy grande a nivel microeconómico, en la contabilidad y el costo de las empresas. Asimismo, marca la asignación de los recursos porque se pueden estar entregando a empresas absolutamente ineficientes. Igual se están poniendo mal los precios, porque no te permiten recuperar ni siquiera el costo en moneda libremente convertible, traducido a la tasa real de cambio. Puede que estés desbaratando la economía y las empresas a la misma vez”.

-¿Cuáles serían algunas de las variables que pudieran garantizar el ordenamiento monetario con el menor costo posible?

-Creo que este proceso de transformación y las reformas que estamos retomando como parte de la nueva estrategia económica y social para enfrentar la actual crisis son parte de ese camino para poder llegar a la unificación. Porque no es solo un tema monetario, es algo estructural de toda la economía. Entonces, es importante, por ejemplo, esto que hoy estamos haciendo de buscar incentivos a la empresa estatal, de reformarla y que realmente sea una empresa y no otra cosa.  Para quitarle de arriba el buró del ministerio y de la Organización Superior de Dirección Empresarial (OSDE). Porque si le damos a las empresas las facultades que tienen que tener, la OSDE va sobrando, no tiene ninguna razón de ser, opina el también profesor titular de la Universidad de La Habana.

A su juicio, el grupo de medidas que sostienen la nueva estrategia económica, calza y complementa lo que se puede hacer en términos monetarios. “Reconocer de manera explícita –por el propio presidente de la República, y el ministro de Economía y Planificación, Alejandro Gil Fernández– el papel rector del sector privado y cooperativo en Cuba es muy importante. Esto nunca antes se había hecho.

“La posibilidad de que los privados puedan hacer empresas, incluso con capital extranjero; el rol de los municipios y los territorios, y las nuevas funciones que se les otorgan a los gobiernos provinciales; las posibilidades de exportar e importar a las otras formas de gestión. Sin estas medidas sería más complejo hacer la unificación. Todo eso debe generar más empleos, ingresos y negocios. Un mejor ambiente de negocios para promover el crecimiento. La dinámica de los países depende de la dinámica de las empresas. Mientras más generas, mejor para el país. Eso es lo que nos hace falta”.

Con una vasta experiencia en estos asuntos, Triana Cordoví asegura que todas juntas permitirán amortiguar los costos del ordenamiento monetario, “porque habrá que ajustar definitivamente el sistema productivo cubano. Y entonces quizás, aquellas empresas que no puedan seguir porque tengan que reducir su personal, sus trabajadores podrán ir al sector privado como empleados. O podrán tener la libertad de poner su propio negocio.

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El ordenamiento monetario no seguirá en Cuba las terapias de choque del Fondo Monetario Internacional.

“Cuando esas medidas las tengamos funcionando, entonces estaremos en mejores condiciones para acometer la unificación monetaria y cambiaria, que va a ser compleja, dolorosa, y que tiene costos. Podremos reducirlos, pero no tenemos cómo evitarlos. Y habrá que hacerlo con inteligencia, transparencia, coherencia y fidelidad a la esencia de la Revolución”.

El investigador estima que no se seguirán caminos trillados de otros lugares: unificar la tasa de cambio a toda costa y con costos sociales gigantescos. “Esa no es la opción para Cuba. Lograr una tasa de cambio perfecta y montones de gente desempleada. Esa fue la propuesta que el Fondo Monetario Internacional recomendó durante mucho tiempo a los países de América Latina. Definitivamente esa no será nuestra opción. Estoy convencido”.


Delia Reyes Garcia

 
Delia Reyes Garcia