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Publicado el 16 Agosto, 2021 por Toni Pradas en En Cuba
 
 

CRIPTOMONEDAS: la nueva numismática

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CRIPTOMONEDAS: la nueva numismática.

Foto: DOMINIO COMÚN

Por DARIEL PRADAS y TONI PRADAS

Un artículo publicado por el diario londinense The Times, alegró la mañana del 3 de enero de 2009 al informar sobre el plan británico de rescate bancario para la crisis financiera acentuada desde el año anterior. Nadie recordaría hoy esa edición si su titular periodístico no hubiera sido elegido para insertarse en el primer bloque que dio nacimiento a una nueva moneda: el bitcóin.

Colocado el título precisamente en dicho bloque –como mismo se ponen marcas conmemorativas en la primera piedra de un edificio que se va a erigir, o tal vez como el zigzag que El Zorro vengador dibuja con su espada–, la lectura no puede ser más irreverente: “Aquí tienen un sistema que ya no necesita instituciones intermediarias falibles como bancos o agencias de inversiones”.

De ese bloque, conocido como Génesis, nacieron como cardúmenes los primeros 50 bitcoines que desde entonces están cambiando no solo las concepciones ortodoxas de las finanzas modernas, sino la imaginación jurídica y, por qué no, la mismísima cultura.

Su poder disruptivo es, ante todo, tecnológico. La idea básica con que se creó el bitcóin, descrita en nueve webs diferentes en 2008 por el o los inventores anónimos reunidos bajo el pseudónimo Satoshi Nakamoto, no es más que la combinación de un concepto tecnológico innovador y una nueva filosofía del dinero.

Digamos que como mismo la crisis de entonces engendró varios proyectos para intentar devolver la fe perdida en el sistema financiero, Nakamoto (o la pandilla Nakamoto) lanzó clandestinamente un contraproyecto con su bitcóin. Su documento fundacional afirmaba que resolverían el problema de confianza mediante la tecnología, pues el uso de la criptografía haría que los bancos fuesen superfluos, inútiles. La nueva moneda –aseguraba aquel manifiesto– era más rápida, eficiente y segura que el tradicional dinero fiduciario.

Las burlas no tardaron en llegar. Los bancos y empresas financieras ningunearon el nuevo concepto y solo aquellos que se tomaron la molestia de pensar sobre el asunto, consideraron que las criptomonedas, en el mejor de los casos, eran un rollo de jóvenes nerds y de libertarios fanáticos de la tecnología, si no, de gánsteres que deseaban llevar a cabo sus transacciones económicas de la forma más discreta posible o a hurtadillas de las autoridades.

Lo cierto es que, bajo las narices de adustos banqueros, ha ido surgiendo un mercado financiero paralelo que ya va más allá del bitcóin y que empieza a tomarse en serio, muy en serio.

De pronto van apareciendo los primeros criptomillonarios, y algunos gritan ya prohibir esa actividad, que entre sus ideas centrales –para muchos, su gran ventaja– propugna la independencia con respecto a los Estados y los bancos centrales. Desconcertados, casi todos los gobiernos aún no saben cómo actuar. Los mercados financieros, avizorando lo que se aproxima, han decidido reaccionar por su cuenta.

En los Estados Unidos, digamos, dos bolsas de valores permiten ya a los inversores concertar contratos a futuro sobre el tipo de cambio del bitcoin y apostar así sobre su cotización. La bolsa alemana movió las mismas fichas. De otra parte, mientras algunos países ensayan el uso de monedas propias con criptografía, Venezuela ya tiene en “circulación” su estatal criptomoneda petro, con valor anclado al precio de comercialización internacional de su petróleo del Orinoco.

Como si fuera poca la estupefacción, recientemente El Salvador ha legislado, antes que cualquiera otra nación, el bitcóin como moneda oficial, amén de la incertidumbre de sus habitantes que prefieren seguir amparándose en el remesado dólar estadounidense.

De manera que ya está bien planteada la pugna, a pesar de que el conjunto del valor de mercado de las criptomonedas es comparativamente ínfimo, con todo y su espectacular crecimiento. Sin embargo, todo apunta a que no se esfumarán con un chasquido de dedos.

La hoy sutil guerra global se resume, por un lado, en una lucha de poder entre el actual monopolio estatal sobre la emisión de dinero y el control de la política monetaria; y por el otro, el nuevo y anárquico mundo de las monedas virtuales.

Minería con uñas limpias

CRIPTOMONEDAS: la nueva numismática.

La minería de criptomonedas se asemeja a la tradicional, pero para conseguir un criptoactivo certificado, en vez de maquinarias utiliza potentes procesadores. (Ilustración GRISELDA CATRAMBONI).

Debido a que las criptomonedas son un sistema descentralizado, es necesario un mecanismo comprobatorio de todas las operaciones realizadas. De no existir, difícilmente podría evitarse, por ejemplo, que alguien use la misma cantidad de bitcoines más de una vez, o sea capaz de introducir monedas falsas en el mercado.

Es por ello que se ha tejido en todo el planeta una robusta y creciente red de computadoras de altísimo rendimiento, cuya misión es básicamente certificar que una transacción no ha sido intoxicada con semejantes fechorías. Esta actividad detergente, tan anónima como costosa, es la que se conoce como minería.

Minar criptomonedas puede tener su equivalencia a la explotación de un yacimiento de oro, que solo tiene sentido si se encuentra el metal en suficiente cantidad como para pagar los costos del uso de pesadas máquinas y movimientos de tierra, así como obviamente obtener beneficio lucrativo adicional.

Ese es el retrato de la minería de bitcóin, con la salvedad de que sus maquinarias son equipos informáticos que realizan cálculos computacionales. Como compensación, los mineros de uñas limpias obtienen dos incentivos: nuevos bitcoines que se ponen en circulación y, por supuesto, las comisiones por las transacciones.

Sin embargo, la ganancia no es algo que cae del cielo como muchos creen. Los criptoobreros reciben cada diez minutos –tiempo autocorregido por el software de la aplicación– un nuevo problema matemático basado en cálculos aleatorios, cuyo objetivo es hallar la solución y así obtener la deseada validación del bloque.

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El bitcóin apareció para estremecer el mundo financiero. Pero su poder disruptivo es, ante todo, tecnológico. (Ilustración Mundoglobal.blog).

Por supuesto, el más rápido en resolverlo se lleva las nuevas monedas en circulación. A diferencia del Lejano Oeste, donde el triunfador gana, recoge las fichas y se pone el sombrero, en el cibermundo debe esperar a que el resto de miembros de la red confirmen que la respuesta ha sido la correcta.

En resumen, los mineros revisan las transacciones con hashes o transformaciones criptográficas, dentro de una cadena continua de prueba de trabajo. Entonces juntan las últimas actividades comerciales creadas en un grupo llamado bloque, que puede compararse a un conjunto de páginas o libro de contabilidad (el ledger database), que certifica todos los movimientos y el saldo de los usuarios.

Este registro no puede modificarse sin rehacer la prueba de trabajo. Por tanto, la cadena de bloques, en sí misma, es el blindaje que protegerá al criptoactivo ante cualquier intento de felonía. Mientras más larga es la cadena, significa que la secuencia de eventos ocurridos es mayor y que en su certificación intervinieron ejércitos de microchips de muchos más nodos de mineros.

Puede parecer exagerado que hablemos de ejércitos de procesadores, pero no es secreto que resulta casi imposible resolver un bloque de manera individual, ya sea por disminuir las probabilidades o por tener menos potencia de cómputo que la competencia.

Para fortalecer la musculatura informática, los mineros de yacimientos criptográficos suelen unirse en pools, a veces reunidos en granjas mineras, con cientos de interconectadas computadoras sin carcasa para ventilarse, y con poderosos circuitos integrados para aplicaciones específicas (ASIC, por sus siglas inglesas).

Tantos millones de operaciones electrónicas han conseguido enfurruñar a los guardianes del medio ambiente, quienes miran con ojeriza el inmenso gasto energético y la profunda huella de carbono que provocan esa actividad, para colmo libre de impuestos.

La recompensa, claro, no espera precisamente por los virtuosos, y cuanta mayor potencia de computación se tenga, más fácil será resolver un bloque. Eso, pensarán algunos, es lo que vale.

Pero unirse a un pool o invertir en más potencia de cálculo no garantiza salir mejor abonado; solo crecen las probabilidades. Por eso, los mineros no quitan el ojo del contador de electricidad.

Hoy se dice que la energía es lo que realmente determina si es viable o no minar, aun cuando se obtenga una compensación por el bitcóin desenterrado. Como sea, las grandes granjas de minado se han ido trasladando hacia países o zonas donde se tiene acceso a electricidad barata, sobre todo basada en energías renovables.

Blockchain, el secreto tecnológico de la innovación

La biografía de las últimas tres décadas no podía ser más trepidante. En la década de 1990, la adopción masiva de Internet disruptivamente cambió la forma en que se hacían los negocios y cómo se creaba, distribuía y consumía información. De aquella burbuja de negocios y aplicaciones brotaron muchos fracasos, pero los más visionarios e innovadores evolucionaron y triunfaron.

Luego, con el teléfono inteligente, se potenciaron las infinitas posibilidades que disfrutamos hoy, como es tener una billetera digital o wallet donde cargar criptomonedas y, como cualquier parroquiano, hacer con estas los pagos por productos y servicios.

CRIPTOMONEDAS: la nueva numismática.

Infografía THE FINANCIAL TIMES

Diversa, por los miles de tipos que existen, es la familia criptomonetaria. Esta agrupa, aunque se lleven a la greña, desde la hoy líder bitcóin y el ethereum –que, dicen, podría destronarle–, hasta las que sin ser las más fuertes han estado arrollando en la primera mitad de este año: polygon, dogecoin, solana, harmony, fantom

Mas el llamado dinero 2.0 ha sido denostado o vitoreado, según le pique más a cada quien: bien sea por sus riesgos y desventajas, o por sus engatusadoras preeminencias y oportunidades.

“Yo diría que el gran aporte de las criptomonedas fue la tecnología en la que se basó y que se le conoce como blockchain”, evita dejarse arrastrar a esa discusión el doctor Miguel Katrib, profesor titular, coordinador de la Maestría en Ciencia de la Computación y del grupo Blockchain del Instituto de Criptografía de la Facultad de Matemática y Computación de la Universidad de La Habana (UH).

Para responder las inquietudes de BOHEMIA, Katrib –también miembro del Consejo Científico de la UH y titular de la Academia de Ciencias de Cuba– integró su equipo consultor con dos colegas del mencionado Instituto de Criptografía: su director y presidente de la Sociedad Cubana de Matemática y Computación, doctor Luis Ramiro Piñeiro; y el máster en ciencias e investigador Raúl Gratmages. Para ellos, el bitcóin es un ejemplo de innovación.

“Las redes peer-to-peer (conexión entre iguales), las aplicaciones descentralizadas, la criptografía, el software abierto, ya existían. La gran innovación del bitcóin es el diseño e implementación de protocolos y la integración de todo esto en la tecnología blockchain (cadena de bloques), creando algo novedoso que puede verse, a su vez, como un sistema de tecnología de la información y como un sistema económico, pero que trasciende a su aplicación en las criptomonedas y el dinero digital”, reveló el doctor Katrib.

Ya hay quien dice que el blockchain está en un momento eminente, como aquel de los 90. De tal suerte, avizora Katrib, debe elevar a Internet a un nuevo nivel, al habilitar el desarrollo de aplicaciones que integren cuatro cualidades claves para la transformación digital: valor, seguridad, privacidad y confianza.

Poco parecía importarles todo lo anterior a los cubanos, hasta que –se rumora– en 2015 un estadounidense recibió de su país el primer bitcóin que entró a la Isla, con el único esfuerzo de sentarse en un parque wifi del desarbolado municipio de Centro Habana.

 ¿Cara o cruz? La criptomoneda está en el aire

 Cuba, negada a quedarse atrás, evalúa a punta de lápiz el enrevesado universo de las finanzas binarias

CRIPTOMONEDAS: la nueva numismática.

El doctor Jorge Barrera no recomienda a ninguna entidad estatal que realice sus operaciones con criptomonedas. (Foto JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA).

El peor momento para un médico es cuando se unen en un mismo paciente la hipocondría y la enfermedad. Y es que a la sociedad cubana han llegado los cantos de criptodivisas cuando aparentemente le sirven o quién sabe si le dañan. Pero la delicada salud económica precisa medir bien los riesgos, y su inmunología jurídica no está del todo al día como para torear serenamente los cambios.

Con la misma discreción de analógicas vías de mercado no formal (“alegales”, suelen llamarles sus defensores) –, un incipiente trasiego de criptomonedas se ha hecho cotidiano en la Isla.

Era de esperar, pues la mayor de Las Antillas consolida su vocación de anfitriona de turistas, una predestinación que solo logran detener una epidemia globalizada o el apretón desmedido del bloqueo estadounidense impuesto sobre la economía. O las dos cosas juntas.

Los primeros usos de criptoactivos en el país –al menos los conocidos por este equipo periodístico–, se dieron precisamente en algunas instalaciones gastronómicas privadas que empezaron a cobrar sus servicios en euros, dólares, pesos cubanos convertibles y bitcoines, o sea, nada de apartheid financiero.

También aumentó la transferencia de remesas desde los Estados Unidos en esa forma de dinero binario, en proporción con el sabotaje propiciado por las sanciones anticubanas a las vías normales.

El nuevo canal se tornó interesante, siempre que el cambio a dinero fiat (el oficializado por un banco central, estable y con respaldo) se hiciera rápidamente. De demorarse, se corría el riesgo de que la cantidad perdiera el valor cercano al enviado, pues las criptomonedas están sujetas a la brusca volatilidad de su importe.

Algunos receptores, no obstante, a fin de multiplicar esa plata sin fronteras, apostaron por colocar sus fragmentos de bitcóin (una unidad equivale a decenas de miles de dólares) en un puñado de emprendimientos poco transparentes existentes en Internet, donde principalmente se venden y compras criptoactivos. Sobre todo, en Trust Investing, sorprendentemente muy cubanizado.

Diversas empresas elegidas por los nuevos “inversionistas” han sido en varios países acusadas abiertamente de ser organizaciones piramidales con fines de estafa. Respecto al tema, el Estado cubano alertó a su ciudadanía sobre el riesgo que representan.

Si bien recomendó no dejarse seducir por estas, no prohibió su afiliación o el uso de cibermonedas –todavía no existen en el país leyes afinadas para esos casos–, a pesar de no pagarse impuestos deducidos de las ganancias obtenidas con esa actividad.

“El crecimiento del uso de las criptomonedas en Cuba se debe a un tema de bloqueo puro. Si no, qué sentido tiene. Es seguro que a nadie en Santo Domingo le mandan bitcoines: le mandan dólares. A menos que te interese meterte en el negocio del bitcóin… Hay gente que sí le interesa especular”, interpretó el doctor en Ciencias Jorge Barrera, reconocido economista y exvicepresidente del Banco Central de Cuba.

El hoy especialista de la Empresa de Aplicaciones Informáticas (Desoft) no recomienda a ninguna entidad estatal que realice sus operaciones con dinero virtual, “excepto que lleguemos a las criptomonedas fiat. Si China tiene un yuan cripto, puede que me interese comerciar con eso, o así con Europa”.

Asimismo, teniendo en cuenta los objetivos socioeconómicos del país, la organización de la sociedad y del Estado y el bloqueo, el especialista sostiene que el uso de las posibilidades de enriquecimiento, gracias al carácter especulativo de algunas criptomonedas, “no tiene cabida en los principios éticos que invariablemente han sido enarbolados y cumplidos por la dirección de la Revolución”.

El doctor Barrera invita a tener en cuenta algunas peculiaridades de Cuba a la hora de adoptar el uso de las criptomonedas, como es la paradójica coexistencia de la extraordinaria limitación de recursos financieros y un capital humano altamente calificado.

A la vez, destaca que el bloqueo pone especial énfasis a la hora de adquirir tecnologías y en el libre uso de sus divisas, al tiempo que no existen experiencias prácticas en el uso de las nuevas tecnologías que sustentan a las criptomonedas.

Apunta el experto, además, que la automatización del sistema bancario nacional –que tiene la particularidad de no contar con bancos privados– y la de los medios de pago digitales, aún puede brindar resultados importantes con la tecnología existente. Solo precisa modernizar básicamente los sistemas automatizados.

Sobre esa base, el doctor en Ciencias considera que una criptomoneda emitida por el banco central –que es una forma más de dinero fiat– “tarde o temprano deberá implementarse en Cuba”.

Pero no descarta el uso de otros tipos de criptoactivos que, después de estudiarse y correr con pruebas piloto, puedan cumplir diversas funciones según su naturaleza, entre estas como medio de atesoramiento y eventualmente de pago.

Aboga, eso sí, por prohibir a las entidades del Estado el uso de criptomonedas cuyos precios flotan, porque son un tipo de activo para atesorar, dice, pero al menos en las condiciones actuales no son muy confiables y básicamente son especulativas.

El cambio de paradigma

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Las tecnologías disruptivas llevan un cambio de paradigma, afirma la doctora Yarina Amoroso. (Foto JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA).

“El Derecho está llamado a desempeñar un papel protagónico para proveer la protección que reclaman fenómenos disruptivos como las criptomonedas”, aseveró la doctora en Ciencias Yarina Amoroso, presidenta de la Asociación Cubana de Informática y Derecho.

En Cuba, se sabe, existen varias comunidades de criptofanáticos, algunas con alcance nacional: Bitcoin Cuba, Cuba Cripto, CryptoQVA y Karatbars Cuba, son las más conocidas, y todas suman en sus filas a unos 10 000 miembros. Estos, con un pie en lo legal y el otro en lo ilegal, realizan compraventa de criptomonedas, así como otros bienes y servicios mediante criptodivisas.

La doctora Amoroso, sin embargo, no se alarma por el limbo jurídico existente sobre el tema, lo cual, argumenta, es consustancial a toda la “disruptibilidad” que traen en su primer momento las nuevas tecnologías. “De ahí el término de ‘tecnología disruptiva’, que encierra en sí mismo el cambio de paradigma”, razona.

Advierte, además, que al menos apriorísticamente no existe una voluntad política hostil hacia el fenómeno de las criptomonedas, y se mantiene abierta la posibilidad de su adopción, de comprobarse que ello redundaría en beneficios para el desarrollo del país.

De hecho, Cuba estudia la posibilidad de aplicar criptomonedas locales en su sistema financiero. El propio presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez, al comparecer en la Asamblea de Balance Anual del Banco Central de Cuba, en marzo de 2019, alentó: “¿Cuál será la criptomoneda cubana, la vamos a usar o no? Hay que ponerle ciencia para decidir, porque si no estaríamos improvisando”.

La doctora Yarina Amoroso responde entonces a los escépticos: “En materia de tecnología, se puede tener más control que en la cultura papel, porque el tema digital deja siempre una marca. El sentido no es lo descentralizado, sino la forma en que se opera. No hay que tenerle ningún temor a la tecnología bien empleada. Su infraestructura –bien pensada, con una finalidad y proyectos sostenibles– lleva aparejada la formación de capital humano”.

Existen escenarios para pensar disruptivamente

Miguel Katrib, coordinador del grupo Blockchain del Instituto de Criptografía de la Facultad de Matemática y Computación de la Universidad de La Habana, aboga por aplicar la tecnología que sustenta a las criptomonedas

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“¿Por qué no se pudieran crear condiciones para experimentar que algún hotel del país permita el pago en criptomonedas?”, se pregunta el doctor Miguel Katrib. (Foto ROCÍO KATRIB)

El doctor en Matemática y Computación Miguel Katrib Mora, profesor titular y miembro de la Academia de Ciencias de Cuba, no se considera un especialista en criptografía y hasta afirma que otros colegas están más aptos para hablar del tema.

Pero BOHEMIA, en busca de un especialista en esos asuntos que pudiera ilustrar con total autoridad a sus lectores las vibraciones de la nueva tecnología, siempre recibió, como referencia obligada, el nombre de Katrib, coordinador del grupo Blockchain del Instituto de Criptografía de la Facultad de Matemática y Computación de la Universidad de La Habana (UH).

Cuenta el matemático que empezó a escuchar sobre el bitcóin desde su mismísimo origen, pero no le prestó la debida atención, pues la entonces insuficiente conectividad en el país limitaba la necesaria actualización sobre el tema y la inseguridad para hacer transacciones en esa moneda, aun con el solo propósito de probar.

Pero reconoce –y lamenta también– no haberse sentido atraído por lo que entonces creyó podría ser un entusiasmo de movimientos contracultura, que por vocación van contra lo “establecido”.

Mas volvió a prestarle atención al tema en 2017, cuando observó que detrás de los criptoactivos había algo más: el blockchain. Por entonces, el colega Raúl Bonilla le había pasado una de “las famosas charlas evangelistas” de Don Tapscott sobre la Revolución Blockchain y sobre cómo la tecnología que se esconde tras el bitcóin estaba cambiando el dinero, los negocios y el mundo.

Para esa fecha, miles de criptomonedas habían surgido… y también no pocas habían fracasado. Sin embargo, la fuerza disruptora e innovadora del blockchain, valía la pena ser estudiada “para plantearnos, en la transformación digital, nuevos tipos de problemas, o para mejorar o abordar la solución a otros no solucionados o insatisfactoriamente resueltos”.

Entonces empezó a desarrollar un seminario sobre criptomonedas y blockchain en el Instituto de Criptografía de la UH, nucleando criptógrafos, matemáticos, informáticos, estudiantes e invitados. Luego, mediante seminarios y exposiciones, desbordaron la labor de divulgación hacia diferentes instituciones, empresas, eventos, congresos y charlas en universidades extranjeras. Más que “evangelizar”, el mayor interés era despertar un pensamiento innovador y proactivo en la identificación de problemas cuya solución fuera posible abordarse mediante estas tecnologías.

Criptomonedas con guayabera

“Yo no creo que Cuba esté en condiciones de lanzar o imponer una criptomoneda propia de alcance global ni que ese deba ser nuestro propósito inmediato”, responde sin mediatintas el profesor, famoso entre sus alumnos por ser exigente con el aprendizaje, rigor que justifica –comentó años atrás a esta publicación– con el afán de crear profesionales aptos para ejercer en las más competitivas instituciones y empresas.

En cambio, el también Premio Pablo Miquel de la Sociedad Cubana de Matemática y Computación piensa que sí vale la pena analizar ciertas formas de emplear en el país algún tipo de criptoactivo o crear algún tipo de criptomoneda o activos digitales para determinados nichos o aplicaciones.

“¿Por qué no se pudieran crear condiciones para experimentar que algún hotel del país permita el pago en criptomonedas? La comunidad que las posee es entusiasta –antes de la pandemia ya había cruceros solo para poseedores de bitcóin. Posiblemente su uso en Cuba pueda ser menos entorpecido y rastreado por las medidas del bloqueo”, medita, y sugiere incluso que el turismo cubano pudiera crear su propio criptoactivo que promueva la inversión, el encadenamiento productivo y estimule la fidelización.

Katrib admite que las fluctuaciones del bitcóin pueden hacer que el valor de los insumos que consume un turista se devalúe o suba repentinamente. “Pero si el valor fundamental del servicio está en el inmueble, la geografía, el clima y la locación, así como en el pago de salarios de los trabajadores, estos no hay que reponerlos tan rápidamente. De modo que las ganancias pudieran verse en un plazo largo y las criptomonedas reconvertirse en el momento oportuno”, precisa, y advierte no querer decir que deba ponerse la economía del país en dependencia del criptovalor.

Otro ejemplo de criptoactivo, afirma, pudiera ser el saldo básico de teléfono móvil, que tiene un respaldo de valor en llamadas, mensajería y datos móviles, pero que podría servir para hacer transacciones de otros servicios.

“¿Por qué, por ejemplo, siendo la empresa telefónica Etecsa el mismo proveedor, no puedo pagar recargas Nauta y otros servicios suyos con saldos de teléfono? ¿Por qué no se puede implementar una suerte de Spotify para música cubana a cargo de ese dinero? Y asimismo otros servicios que no requieran grandes inversiones o importaciones”, cuestiona, al tiempo que sentencia: “Aquí hay otro escenario para pensar disruptivamente e innovar”.

Aún lejos la cobertura jurídica en Cuba

CRIPTOMONEDAS: la nueva numismática.

Cuba no debería quedarse atrás en la legislación sobre las criptomonedas y el blockchain, cuando en el mundo el derecho ya está teniendo una participación activa en esos temas. (Ilustración RT).

Katrib es partidario de que para tener éxito hay que correr algún riesgo. “Actuando solo reactivamente no conseguiremos el desarrollo”, dice. Mientras, muchos prefieren no aventurarse en el uso de las criptomonedas debido a ciertos riesgos que, aun siendo reales, “el cine y la literatura los han hiperbolizado”.

Los detractores de las criptomonedas –recuerda el doctor Katrib– esgrimen el carácter anónimo de las cuentas y la no revelación de datos personales para las transferencias. Esto, desde luego, puede permitir que un ciberdelincuente pida como rescate un pago en bitcoines a cambio de no destruir un servidor; que un narco pague así una compra de armas; o que un corrupto lave dinero poniéndolo en una cuenta en criptoactivos.

“El problema fundamental no es culpabilizar al bitcóin, sino criminalizar la corrupción, la fabricación y venta de armas, o la falta de seguridad en tu servidor que hizo posible el hackeo”, arguye.

Para dar un salto adelante, ejemplifica, la Unión Europea recientemente aprobó un amplio paquete de medidas que incluye, entre otras, impedir el anonimato de las criptomonedas.

El también miembro de honor de la sección de Informática Jurídica de la Unión de Juristas de Cuba cree que “las leyes y disposiciones actuales en el país son insuficientemente adecuadas para dar cobertura jurídica al uso de las criptomonedas por parte de entidades estatales, privadas o personales. Estamos lejos de eso.

“Para el comercio electrónico demoramos casi 20 años para aprobarlo y aplicarlo, y ahora estamos pagando las consecuencias cuando intentamos iniciarlo. Ahora no debe pasarnos lo mismo con las criptomonedas y el blockchain”.

Según sus consideraciones, Cuba no debería quedarse atrás con respecto al mundo, donde el derecho ya está teniendo una participación activa sobre ese tema. “Hay que actualizarse y trabajar en esto, para que no haya fronteras legales difusas”, expone.

“Lo que no puede suceder –rompe lanzas contra una suerte de maléfico teorema– es que cuando no se tenga una respuesta a si algo es posible, se asuma el ‘no’ o el ‘es ilegal’ por defecto”.

Nota Informativa del Banco Central de Cuba

Durante los últimos meses se ha producido en Cuba un incremento considerable en las operaciones de agentes privados que supuestamente ofrecen servicios de intermediación de valores y divisas extranjeras, asesoría de inversión o administración de inversiones. Estos agentes prometen altísimos rendimientos en poco tiempo a cambio de que los participantes capten a nuevos miembros para su “negocio”.

Entre las supuestas empresas internacionales que se dedican a este tipo de actividades y que se promueven en Cuba están: MIND CAPITAL, MIRROR TRADING, ARBISTAR, TRUST INVESTING, QUBIT LIFE / QUBIT TECH, X-TORO, entre otras.

Estas organizaciones se caracterizan por ofrecer, a través de publicidad engañosa en las redes sociales y otras plataformas, la posibilidad de realizar “inversiones sofisticadas”, incluso empleando criptoactivos como recurso novedoso, con la intención de despertar el interés de los consumidores. Dichos anuncios generalmente prometen una manera de obtener ganancias con rapidez y facilidad, sin riesgo aparente.

Las operaciones que realizan estos esquemas poseen escasa o nula transparencia y se esconden detrás de una fraseología aparentemente técnica, pero vacía de contenido. Todo ello, sin que exista un valor o bien económico real que lo respalde.

Esta operatoria es similar a lo conocido como Estafas Multinivel o Piramidales, también llamadas Esquemas de Ponzi; las que casi siempre plantean a sus clientes la necesidad de reclutar a más personas para hacer crecer el negocio. Precisamente esta es la esencia del esquema, captar nuevos “inversionistas” para con su dinero pagar los rendimientos prometidos a los inversionistas anteriores. Su sustento radica en el crecimiento exponencial de la cantidad de inversionistas captados, lo que no es posible mantener en el largo plazo.

Existen numerosas experiencias internacionales de este tipo de estafas que culminan con el colapso del esquema y la pérdida de patrimonio de los inversionistas, que pasan a convertirse en víctimas.

El Estado cubano no promueve ni aprueba el funcionamiento de este tipo de “empresas”. Ninguna de ellas cuenta con licencia para operar dentro del territorio nacional.

El Banco Central de Cuba, como autoridad monetaria y regulador del sistema financiero, aconseja al público no involucrarse en operaciones de esta naturaleza.

Ante cualquier duda el Banco Central de Cuba pone a su disposición el siguiente contacto:

Correo electrónico: atencionpoblacion@bc.gob.cu

Banco Central de Cuba

 

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Toni Pradas

 
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