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Publicado el 30 Diciembre, 2021 por Delia Reyes Garcia en En Cuba
 
 

La justicia plena, a plenaria (III): Escarbe por dentro

: La economía cubana comienza un gradual y sostenido des-pegue, luego de tocar fondo. Logros y cuestiones negativas ameritan la observancia de los legisladores del pueblo.
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Alejandro Gil Fernández, viceprimer ministro, reconoció limitaciones subjetivas en el despliegue de la empresa estatal socialista. (Fotos: Yasset Llerena)

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En Cuba algunas proyecciones y urgencias quedaron aplazadas en el tiempo. La realidad se impuso. El Producto Interno Bruto solo creció en dos por ciento, cifra distante de la prevista para 2021. Casi dos años de recesión, provocada por los efectos combinados de la pandemia y del recrudecido bloqueo, resultaron un golpe demoledor. Unos 3 000 millones de dólares se fueron a bolina.

Sin embargo, en el vaivén de las fuerzas “centrípetas” y “centrífugas”, a partir del segundo trimestre del pasado año, comenzó un gradual, pero sostenido despegue. Aun presionados por la pandemia y la despiadada guerra financiera, las neuronas intranquilas de los científicos hicieron aportes increíbles.

Apremiado por la crisis que zarandeaba la economía, el Gobierno adoptó medidas audaces, innovadoras, sorprendentes que, sugeridas también desde las ciencias, dormían injustificadamente el sueño de los justos. Al fin se dinamitó la escala salarial a un grupo de empresas con la intención de extenderse luego al resto. El desafío está en lograr una auténtica participación de los trabajadores en el plan, la distribución de utilidades y el control interno.

Nacieron, en un parto punzante, las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes), con el peculiar adoso caribeño de “privadas y estatales”. Aunque las últimas, ciertamente, todavía andaban en minoría. Salir de la tutela paternalista del Estado implica riesgos, pero también oportunidades. Ya se darán cuenta.

En el afán de perfeccionarse, la economía deberá escalar otro peldaño: la planificación financiera, macroeconómica, dirigida hacia objetivos y políticas estratégicas. Se dan pasos básicos con la creación de las Mipymes, la reapertura de las cooperativas no agropecuarias y el traspaso de competencia a los municipios.

La inflación se cuaja en condiciones de escasez. (Fotos: Yasset Llerena)

Después de un gran letargo, y escuchar proposiciones, quejas y anhelos de los productores, la agricultura comenzó a desbrozar la mala hierba de la ineficiencia y desterrar prohibiciones absurdas; pero aún no es un campo libre de asperezas. La soberanía alimentaria dormita en la simiente.

A resarcir las heridas de un tejido social dañado por escasez, insensibilidad de no pocos funcionarios e ineficiente ejecución de los presupuestos locales, se emplean a fondo las autoridades gubernamentales y partidistas. Nadie quiere otro 11 de julio.

Aún en medio de situaciones extremas, no se pierden de vista los horizontes trazados en el Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta 2030. Brújula necesaria para no extraviar el rumbo del socialismo próspero y sostenible. Desde el Parlamento, al realizarse el balance de la economía en 2021, se lanzaron estas y otras miradas críticas, rotuladas como “cuestiones negativas”.

Dentro de los problemas acuciantes que se deben resolver están las más de 500 empresas con pérdidas. En algunos casos, porque ni siquiera han llegado a la tasa de inflación diseñada dentro del ordenamiento monetario. Y en otros –al parecer, la mayoría– han transferido a los precios las ineficiencias internas como exceso de personal y gastos superfluos.

Estas cuestiones no deben esperar por las calendas griegas. Por eso, “hay que escarbar por dentro”, sentenció ante el plenario Alejandro Gil Fernández, viceprimer ministro de la República.

Los vínculos entre los distintos actores del tejido empresarial también preocupan. Y mucho. Al abrir las puertas a la dolarización, aunque sea de manera “parcial”, se corren riesgos imposibles de soslayar. La falta de liquidez en las arcas estatales y, como consecuencia, la ausencia de un mercado cambiario oficial, acentúan la tendencia a buscar las monedas libremente convertibles (MLC) por cualquier vía posible –y casi a cualquier precio– para adquirir bienes de primera necesidad en casa, y los insumos imprescindibles con vistas a producir o brindar servicios.

A ese camino conduce, por su propio peso, la excepcionalidad con que operan los distintos actores de la economía. En su intervención ante los diputados, el también titular del Ministerio de Economía y Planificación (MEP) alertó sobre la tendencia al pago con liquidez entre las empresas estatales y el cobro en divisas a las formas de gestión no estatal. Estas últimas obligadas a comprar la mayoría de sus materias primas en el mercado informal.

Sin embargo, las intenciones de corregir tales desviaciones quedan algo ambiguas en tanto, subrayó, estos actores “no están diseñados para operar con divisas”. ¿Cómo entender entonces las medidas aprobadas por el Banco Central de Cuba y los ministerios de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, Economía y Planificación, Finanzas y Precios, que autorizaron y regularon la operatoria bancaria y el acceso a las divisas, a las formas de gestión no estatal para realizar exportaciones e importaciones de bienes y servicios? Por lo menos así se publicó en la Gaceta Oficial No. 59, edición Ordinaria, de 17 de agosto de 2020.

Asimismo, posteriores normativas concedieron a dichos actores la facultad de vender en divisas a la Zona Especial de Desarrollo Mariel y en la red comercial en MLC, refrendada en la Resolución 52/2021 del MEP. En buena lid, el dólar ha vuelto por sus fueros.

Aunque la agroindustria azucarera es un sector exportador, muchas de sus entidades cerraron 2021 con pérdidas. (Fotos: Yasset Llerena)

Las desviaciones del diseño de la Tarea Ordenamiento, esencialmente en lo referido a la inflación minorista, suscitaron la mayor atención por parte de los legisladores. El concepto esbozado, y el hecho de que un grupo de productos y servicios estatales mantengan el mismo precio desde enero a diciembre, no minimizan ese flagelo –¿otra pandemia?– en Cuba.

La devaluación del tipo de cambio en 2 300 por ciento trajo efectos inflacionarios en el circuito minorista. No es ocioso recordar que las tarifas de algunos servicios como el agua, la electricidad, el gas, la alimentación en los Sistemas de Atención a la Familia (SAF), los medicamentos de enfermedades crónicas, las dietas médicas, entre otros, fueron reducidas ante las reiteradas quejas de la población. En marzo, fue adoptado un conjunto de medidas para estimular la producción agropecuaria, aligerar los costos de los productores campesinos y evitar una mayor escalada especulativa.

Por otra parte, los bienes y servicios que protege el Estado representan solo una parte del Índice de Precios al Consumidor. ¿Se tuvo en cuenta la brecha cambiaria que existe en el mercado informal a la hora de calcular la tasa real de inflación? El precio del dólar ronda –ahora mismo– los 80 pesos. De no considerarse este “detalle”, pudiera palidecer cualquier estimado.

La canasta de bienes y servicios de referencia diseñada para el ordenamiento monetario hace rato voló como merengue en la puerta de colegio. Y con ella el poder adquisitivo de los salarios, pensiones y prestaciones de la asistencia social. Por cierto, para no seguir cebando al déficit fiscal, esos incrementos fueron diseñados en cuantías inferiores.

Como advirtió el viceprimer ministro, Gil Fernández, los bienes de la canasta familiar normada “son pocos y no alcanzan”, y los que se ofertan de manera liberada en los mercados estatales no satisfacen la demanda. Ante la magra oferta, los desequilibrios macroeconómicos y la falta de un mercado oficial de divisas, se acentuó el carnaval de los acaparadores y revendedores de productos y dólares. Hasta ahora no se ha encontrado antídoto a ese mal, admitieron algunos diputados.

A su juicio, la salida del actual cuadro inflacionario depende de producir más, trabajar de manera eficiente; no de incrementar salarios porque caeríamos en un círculo vicioso. ¿El eterno cuento del huevo o la gallina?

Es admisible la apreciación de no endosarle al ordenamiento monetario culpas ajenas. No obstante, la economía cubana arrastra problemas de fondo que evidentemente se han exacerbado en época de crisis. Hurgando en la historia, la desconexión estructural entre precios y salarios, como cemento y arena para la llamada “pirámide invertida”, tiene sus orígenes en la copia de modelos fallidos. Y Cuba necesita ahora, quizás más que nunca, estremecer sus fuerzas productivas. A todas, y para el bien de todos.

 

Parte IV y final >

 

Este texto forma parte de la serie “La justicia plena, a plenaria“, realizado por el equipo de información nacional de la Revista Bohemia.

 
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Delia Reyes Garcia

 
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