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Publicado el 25 Abril, 2016 por Victor Manuel González en Extraño
 
 

Costoso errorcito

Para ubicar exactamente el lugar que debían echar abajo, los rápidos y furiosos terminators, se valieron de Google Maps. Solo que ahí hubo un errorcito...
(Ilustración de ROBERTO FIGUEREDO BELLO)

(RFB)

A cargo de Víctor Manuel González Albear

Ilustración: Roberto Figueredo Bello

Pues sí, cualquiera se equivoca y cae, es una antigua expresión popular que solapa cierta resignación por aquello de que: lo que pasó, pasó.

Y bueno, que se caiga una casa porque la derribe uno de esos sismos que sacan a la gente de la cama por la madrugada, si es que les da tiempo; o que la echen abajo los vientos endemoniados de un huracán, o el torbellino de un tornado… sería en todo caso un error de la caprichosa Natura, a quien no hay cómo reclamarle.

Pero que vengan y te tumben tu casa y luego te digan que fue por equivocación en un procedimiento técnico comercial por internet, eso sí que le zumba el mango. Y fue lo que le ocurrió hace no mucho a una dama estadounidense, de Texas.

Resulta que la señora vivía en el número 7601 de Calypso Drive, y de pronto se vio en la calle y sin llavín, cuando el domicilio fue reducido a escombros, como tarea terminada de una empresa de demolición.

Para ubicar exactamente el lugar que debían echar abajo, los rápidos y furiosos terminators,  se valieron de Google Maps. Solo que ahí hubo un errorcito…

Si porque el inmueble realmente destinado a convertirse en polvo quedó intacto. Su dirección era también el 7601, pero no de Calypso sino de Cousteau Drive, a una cuadra de distancia.

“El error de Google me dejó sin mi hogar”, dijo la airada señora.  Desde la empresa demoledora explicaron que Google les brindó una información incorrecta de las viviendas en cuestión, puesto que ambas direcciones se localizaban en el mismo lugar en el mapa, se disculparon y se comprometieron a reparar el daño causado.

También los de Google dijeron que el problema de ubicación equivocada fue solucionado tan pronto como se enteraron de lo que pasó.

Lo que se aclara, al menos hasta donde supimos, es cuánto le tocó pagar a cada uno de los responsables del entuerto, y si la tejana quedó satisfecha, o si tendrá que atenerse como muchos de sus compatriotas a la ley del revólver.


Victor Manuel González

 
Victor Manuel González