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Publicado el 20 Mayo, 2016 por Redacción Digital en Extraño
 
 

Espectacular asesinato “de honor”

El notorio cornudo asesino llegó a recibir una carta de condolencias de James Buchanan, el entonces presidente de los Estados Unidos de América
General Daniel Sickles

General Daniel Sickles

De nuevo ocupa este espacio un hecho insólito no de la actualidad sino acaecido hace 158 años, pero viene al caso como botón de muestra de que los escándalos en las más altas esferas del gobierno estadounidense no son una peculiaridad de nuestros tiempos. A mediados del siglo XIX, el congresista Daniel Sickles, un condecorado general de la guerra civil estadounidense asesinó al amante de su mujer frente a la Casa Blanca.

La vida y obra de Daniel Sickles son exploradas en la biografía American Scoundrel, del escritor Thomas Keneally, quien lo describe como: bien parecido, bien hablado y con las características de un líder nato. Era famoso como  mujeriego empedernido. Ni su matrimonio, en 1853, con una hermosa joven pudiente de apenas 17 años llamada Teresa Bagioli, pudo hacer que abandonara su donjuanismo.

La pareja se mundo a Washington, donde se involucraron intensamente en la vida social y política de la capital. Allí, mientras su mujer dormía tranquilamente (o al menos eso creía él), Sickles andaba tras otras damas, algunas no tan “damas”. Incluso fue sancionado por la Asamblea de Washington por haber llevado a una prostituta a sus aposentos.

Teresa Bagioli

Teresa Bagioli

Su esposa, decidió ahogar sus penas de mujer desatendida en los brazos de un apuesto ricachón, también afamado conquistador: Phillip Barton Key, procurador de los Estados Unidos por el distrito de Columbia e hijo de Francis Scott Key, el hombre que compuso la letra del himno nacional de los Estados Unidos de América. A Phillip solían describirlo como “el hombre más hermoso de la sociedad de Washington”.

Mediante una carta anónima, el marido corundo (entonces con 39 años de edad) se enteró de que su mujer le era infiel. Presa de la ira, la obligó a confesar su adulterio e hizo que escribiera una declaración. El 27 de febrero de 1859, el amante de Teresa caminaba frente a la casa de Sickles, en Lafayette Square, cuando el congresista lo detuvo gritando: “¡Key, maldito canalla! Has deshonrado mi hogar. Debes morir”.

Phillip-Barton-Key

Phillip Barton Key

Sickles disparó sobre Phillip que, incluso herido, peleó contra su agresor. Sickles disparó de nuevo y, después, en una situación de ventaja sobre su rival, recargó el arma y le acertó un tercer balazo, este a quemarropa.

Luego de consumado crimen, el asesino se dirigió a la casa del procurador general, Jeremiah Black, y se entregó. Pese a que lo recluyeron para que esperara su juicio, tenía permitido recibir visitas, tantas que solía atenderlas en la sala del carcelero. Todos los personajes que iban a visitarlo se mostraban escandalizados por su situación ya que, después de todo, el hombre no había hecho otra cosa que “limpiar su honor”.  Sickles llegó a recibir una carta de condolencias de James Buchanan, el entonces presidente de los Estados Unidos de América.

El ilustre y privilegiado reo contrató a varios políticos prominentes para que llevaran su defensa. El juicio empezó el día 4 de abril de 1859. “Está aquí para determinar el precio del lecho matrimonial”, gruñó el

Así publicó la prensa de la época el sangriento hecho.

Así publicó la prensa de la época el sangriento hecho.

abogado de la defensa, John Graham, en un discurso repleto de citas de Otelo, de la historia de los judíos y de la ley romana, en el cual se explayó durante dos días.

La confesión en la que Teresa fue obligada a reconocer su culpa se consideró inadmisible en la corte, pero Sickles la entregó a los periódicos, que la publicaron íntegra. Stanton argumentó que la infidelidad de Teresa provocó en Sickles una “locura temporal a causa del sufrimiento y, en consecuencia, él no podía ser responsable de sus actos”.

Y, por primera vez en la historia de ese país, tal defensa funcionó y el acusado fue absuelto e incluso hasta se le consideró un benefactor público “por rescatar a otras mujeres del acoso bestial de Phillip Key”.

Daniel Sickles, ya viejo

Daniel Sickles, ya viejo

Tiempo después de ser declarado inocente, él admitió: “Claro que tuve la intención de matarlo. Se lo merecía”. Como escribió Thomas Keneally en American Scoundrel, Sickles siempre se encontraba: “…en algún tipo de crisis, ya sea que fuera legislativa, financiera, sexual u homicida, y estas situaciones invariablemente lo impulsaban a la acción, no siempre sensata”.

Tiempo después Sickles combatió en la guerra de Secesión, convirtiéndose en uno de los generales más famosos del ejército. Perdió la pierna derecha en la batalla de Gettysburg después de ser alcanzado por una bala de cañón y se fue a vivir a Europa en 1869, donde se desempeñó como embajador de los Estados Unidos en España, donde afirmó haber tenido una aventura con la reina Isabel II.

Falleció el 3 de mayo de 1914, algunos meses después de cumplir 95 años.

Ilustración: ROBERTO FIGUEREDO BELLO

Ilustración: ROBERTO FIGUEREDO BELLO

 

(Con información de marcianosmx.com)


Redacción Digital

 
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