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Publicado el 9 mayo, 2016 por Victor Manuel González en Extraño
 
 

Número equivocado

hasta para los propósitos más nobles, es conveniente cerciorarse bien del número al que se va a llamar
(RFB)

(RFB)

A cargo de Víctor Manuel González Albear

Ilustración: Roberto Figueredo Bello

Hay errores que merecen palos. Y lo peor es cuando se persiste en la metedura de pata, para hundirse hasta el fondo. Esto es más o menos lo que le ocurrió a cierta dama estadounidense, pasados ya sus mejores años, que marcó desde su móvil un número telefónico con el execrable propósito de concertar un negocio de drogas.

Al hombre que respondió la llamada, la señora le propuso la venta a buen precio de unas pastillas. La áspera voz masculina  le dijo con muy poco humor que no estaba para bromas, y cortó.

Pero la señora no se conformó con el desplante e insistió, mediante sucesivos mensajes de texto, segura de que solventaría con su persistencia y atractiva oferta la desconfianza del potencial cliente. Lo que ni siquiera imaginaba ella era que por equivocación se había comunicado con un policía.

Cuando el teniente Jeffrey Scott tomó en serio el asunto y se percató de que no se trataba de una bromista ni una loca sino de alguien que realmente estaba pretendiendo venderle droga, se las arregló para ubicarla y que pudieran llegar a ella, lo más rápido que les fue posible, los agentes de la policía de Kentuky que intervinieron en el operativo de búsqueda y captura.

Al momento de ser detenida la señora, negada a revelar su identidad y mucho menos su edad, llevaba en su bolso 30 pastillas de hidrocona, con un precio de mercadeo al pormenor de unos 20 dólares cada una, y una pipa de marihuana de uso personal.

Hasta ahí lo que cuenta el cable, y el final se lo puede añadir el lector. La moraleja es que, hasta para los propósitos más nobles, es conveniente cerciorarse bien del número al que se va a llamar.

Hidrocodona-y-etcétera


Victor Manuel González

 
Victor Manuel González