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Publicado el 26 Mayo, 2016 por Victor Manuel González en Extraño
 
 

Sospecha confirmada… demasiado tarde

(RFB)

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A cargo de Víctor Manuel González Albear

Ilustración: Roberto Figueredo Bello

Es creencia popular que las malas noticias son las que llegan más rápido, pero no siempre es así. Prueba al canto lo que trae un curioso cable desde ese enorme país a nuestro norte geográfico donde suele ocurrir de casi todo.

Y todo empezó, en el caso que ahora nos ocupa,  cuando a una desconfiada novia de Illinois se le ocurrió escribir a una antigua amiga de Seattle para pedirle que, como cosa de ella, averiguara antecedentes acerca del sujeto con quien estaba a punto de contraer matrimonio y que, casualmente, provenía de aquella fría ciudad del Pacífico estadounidense.

Pero tal requerimiento de pesquisaje se originó cuando aun las cartas no volaban al instante por Internet sino que iban y venían al ritmo del correo postal tradicional. La respuesta de la amiga nunca llegó, y tampoco el casamiento. El tipo resultó ser un malandrín y después de timarle cuanto pudo durante el noviazgo dejó a  la dama como se dice de la hija de Pacheco: “vestida y con el lazo puesto”.

Para peor, las desgracias suelen venir acompañadas de otras de su especie, y poco después de la burla del novio villano, la señorita definitivamente quedada para tía y  cuyas generales no se han hecho públicas, supo del repentino fallecimiento de su íntima de Seattle.

Esto ocurrió a finales de los 80 o principios de los 90 del siglo pasado, pero  no fue hasta hace unos pocos días que llegó a manos de la novia plantada un misterioso sobre cerrado y dirigido a ella con la letra inconfundible de la amiga fallecida.

Al parecer la occisa sí se ocupó de realizar la investigación solicitada, y el informe que redactó describía a un inescrupuloso estafador, que le debía a las once mil vírgenes y a cada santo un peso, y precisamente abandonó a toda carrera la urbe marina del noroeste para no tener que responder ante los tribunales por varias acusaciones.

Lo extraño es que si bien la amiga se apuró  en averiguar y escribir, no tuvo prisa alguna para enviar la carta, y cuando el infarto fulminante le cerró los ojos para siempre el sobre llevaba tiempo guardado en su cartera. Tuvieron que ocurrir muchas cosas para que alguien de una segunda o tercera generación de su familia hiciera llegar el sobre a manos de la interesada, cuando ya todo era solo historia antigua. Pero, qué va…

La rencorosa novia traicionada acaba de acudir a la policía local -y con la amenaza de escalar hasta a las más altas autoridades- para exigir que se busque, capture y juzgue al malhechor que quien sabe a cuántas más habrá engañado y desplumado.

Pero, con tono socarrón, el vocero uniformado apostilló ante los chicos de la prensa que si se condenara a todos los acusados de crímenes semejantes… no cabrían en las cárceles.

 


Victor Manuel González

 
Victor Manuel González