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Publicado el 16 Mayo, 2016 por Redacción Digital en Extraño
 
 

Suegritas de Anjá

Entre la barahúnda de las últimas noticias del momento, donde a veces no abundan las agradables, llega esta curiosa información que da pie a una nota casi sonriente. Sí porque, echándole un vistazo a las ejecutorias conocidas de estas señoras nada adorables, que en sus momentos hicieron de las suyas en importantes países, cualquiera hasta podría agradecer la suegra que le tocó.  Y aunque no se trata en este caso de un asunto de actualidad, hagamos la excepción de mirar atrás en este Extraño, para no perdernos lo que se ha contado sobre estas damas de anjá.

Veamos lo que se cuenta de ellas, por orden de aparición:

 

Bona Sforza

Nació en el año de 1494 en el seno de una poderosa familia que gobernaba la ciudad de Milán. Con buena educación y dueña de una inteligencia muy peculiar, se involucraba en los asuntos políticos y financieros del reino.

Bona Sforza

Bona Sforza

A pesar de tanta influencia, ella no logró impedir un matrimonio arreglado entre su hijo, Segismundo II, e Isabel de Austria, miembro de la Casa Habsburgo, una opositora declarada de su futura suegra.

Bona, por su parte, tampoco hizo intento alguno por guardar las apariencias respecto a su antipatía por su nuera que, por cierto, murió apenas dos años después del matrimonio con Segismundo II.

Como su segunda esposa, Segismundo II,  eligió a una de sus amantes desde hacía años, Bárbara hecho que desató la ira de Bona. La indeseada nueva nuera cayó presa de una enfermedad misteriosa cuando no habían transcurrido ni cinco meses de haberse casado, lo que llevó a muchos a sospechar que Bona recurrió a algún tipo de procedimiento expedito para librarse de ella.  Nadie demostró que ello hubiese ocurrido, tampoco lo contrario.

Catalina de Médici

Catalina de Médici fue una mujer perteneciente a la nobleza italiana, cuya fuerza política se hizo prominente durante los reinados sucesivos de sus tres hijos.

Catalina de Médici

Catalina de Médici

Planeando consolidar el poder de su familia, forzó a su hija Margarita a casarse con Enrique de Borbón, que tenía dos características odiadas por Catalina: su madre Juana de Albret y su fe protestante.

Juana enfermó y murió poco después de llegar a la corte con su reacio hijo, llevando a algunos a acusar a Catalina de haber asesinado a la madre de su yerno con guantes envenenados.

Tras el matrimonio en 1572, las facciones católicas dieron inicio a una serie de asesinatos selectivos sobre los protestantes que se reunirían en París para las celebraciones. Los historiadores creen que Catalina autorizó, o por lo menos tenía conocimiento, de la carnicería que estaba a punto de cometerse y de la que su yerno escapó por poco.

La relación de Catalina con su nuera, María I Estuardo, también fue áspera. Cuando Francisco II, el esposo de la joven reina murió, Catalina ordenó a su nuera viuda devolver las joyas de la corona y marcharse de la casa, en Escocia, de forma inmediata.

Sara Roosvelt

Sara Roosvelt

Sara Roosevelt
Cuando Franklin D. Roosevelt se enamoró de su prima Eleanor, su madre Sara se lo llevó en un crucero para persuadirlo de no seguir con el amorío. Sin embargo, los primos contrajeron nupcias el 17 de marzo del año 1905.

Como regalo de bodas, Sara construyó una casa en el barrio Upper East Side de Manhattan, cuyo proyecto de decoración fue idea de la misma suegra.

Lo que la pareja ignoraba al aceptar una oferta tan generosa, era que estaban siendo víctimas de un plan que incluía un apartamento para Sara, con conexión a todos los aposentos de la casa, convirtiendo a la suegra en una sombra de la nuera.

Sólo cuando Roosevelt fue electo para el Senado del Estado de Nueva York, se hizo de cierta independencia y llevó a su familia a Albany, dejando a Sara atrás.

 

Madge Gates Wallace

Magda Gates Wallace

Magda Gates Wallace

Desde el punto de vista de su madre, Bess Wallace podría haber conseguido un marido mucho mejor que Harry Truman.

Cuando Truman se metió a la política, Madge solía ignorarlo constantemente, cuestionando sus decisiones y expresando abiertamente su opinión de que nunca sería un hombre exitoso. Y en eso, a decir verdad, parece que la historia le dio la razón, a juzgar por los desatinados actos del yerno.

No obstante, Trumman accedió a la presidencia para fatalidad de Estados Unidos y del mundo, y la suegra atribuyó su victoria a la influencia de  la primera dama, su hija, por ello ni siquiera le importó ir a vivir a la Casa Blanca, donde continuó haciendo de la relación del matrimonio un verdadero infierno.

Y hasta aquí el pequeño botón de muestra. Algunos o algunas, remitiéndose a su propia experiencia -y sufrimiento- personal pudieran decir que en esto no hay nada de Extraño, y hasta que las antiguas damas se quedaban cortas.  Pero en tiempos de boga para las avenencias y felicidad familiar no se puede negar que estas señoras fueron brujitas, digo, suegritas de anjá. (con información de marcianosmx.com)

 

 


Redacción Digital

 
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