0
Publicado el 2 Abril, 2018 por ACN en Extraño
 
 

¿Mentira confesada es medio perdonada?

mx.emedemujer.com

Por Maritza Padilla Valdés

Con cierto asombro comprobé la coincidencia después de consultar una decena de sitios digitales con opiniones de especialistas, de que todas las personas mienten y se calcula que cada día escuchamos y leemos más de 200 mentiras.

No es cierto –pensé al primer instante- pues me creo una persona honesta y jamás he mentido…

Pero un autoanálisis más profundo me hizo recordar cuando aseguré al endocrino que estaba llevando la dieta al pie de la letra; dije al vendedor del barrio que sus churros –pésimos- eran los mejores del occidente cubano y el elogio me proporcionó uno de contra; le di la razón a mi vecino cuando afirmó que su niño era un modelo por su excelente crianza y el día antes me proporcionó un moretón en la pierna a causa de una pedrada… en fin, en ese punto decidí detener la reflexión.

Resultó interesante en esas lecturas saber que ocultar información también es otro rostro de la mentira y puede hacerse sin emitir palabra alguna, mediante una sonrisa falsa, o con maquillajes u otras formas para disfrazar el cuerpo, algo que existe desde la etapa de la engañadora de Prado y Neptuno hasta los actuales tiempos marcados por la era de la silicona.

Los especialistas consideran que detrás de cada embuste, se oculta una baja autoestima, inseguridad, falta de confianza en uno mismo, temor al rechazo, vergüenza, miedo al castigo y a la crítica y también, un deseo de manipular al otro.

Un sitio que trata el tema bajo la óptica de la psicología explica que se engaña para quedar bien, excusarse, obtener lo que quiere, para no perder ciertos derechos, dar una mejor imagen de sí misma, con el fin de no ofender o hacer sufrir a otras personas con la verdad y porque no saben o no pueden decir “no”.

En general, todos consideran que mentir es malo, pero esa fea práctica puede tener una faz más peligrosa cuando es movida por sentimientos como la envidia y hasta puede llegar, dicho en buen cubano a “serruchar el piso”, con el afán de restar prestigio a otro.

En un libro escrito por un filósofo de Estados Unidos se resaltan las ventajas de estas artimañas, al afirmar que “mentimos de forma espontánea igual que respiramos o sudamos”, mientras agrega al ser humano como único animal capaz de engañarse a sí mismo.

Hombres y mujeres tienden a mentir por igual, aunque los primeros lo hacen para sentirse mejor con ellos mismos, en tanto las féminas se inclinan a la práctica en busca de que otros se puedan sentir mejor.

Y algo distintivo, según documentos especializados, es que las personas extrovertidas tienen también tendencia al embuste más que los introvertidos y en esa habilidad iniciada desde la infancia de acuerdo con expertos, hay cerebros que por su estructura son más capaces que otros en el arte del engaño. (ACN)


ACN

 
ACN