Atuendo virtual
Paga 9.500 dólares por un vestido… inexistente
El atuendo en cuestión es un vestido virtual, diseñado por la casa de moda digital The Fabricant. La pieza de ropa se renderizó exclusivamente para la esposa de Ma, Mary Ren, y las imágenes resultantes pueden ser usadas por ella en las redes sociales.
(Foto: sputnik)
Richard Ma es un hombre de negocios de San Francisco (EEUU) que decidió darle a su esposa un lujoso vestido de 9.500 dólares. El único detalle es que la prenda de ropa no existe, al menos no físicamente.
“Definitivamente es muy costoso, pero también es como una inversión”, dijó Ma a la BBC.
El atuendo en cuestión es un vestido virtual, diseñado por la casa de moda digital The Fabricant. La pieza de ropa se renderizó exclusivamente para la esposa de Ma, Mary Ren, y las imágenes resultantes pueden ser usadas por ella en las redes sociales.
Otra empresa que se dedica a la creación de atuendo virtual es Carling
Ma contó que, pese a que no suele comprar ropa cara, decidió adquirir esta pieza por su “valor a largo plazo”. Para el hombre de negocios, este es un recuerdo único y también una “señal de los tiempos”.
“Dentro de 10 años, todo el mundo estará ‘vistiendo’ la moda digital”, consideró Ma.
Otra empresa que se dedica a la creación de atuendo virtual es Carlings. La compañía escandinava lanzó una colección digital de ropa urbana el pasado octubre. Las prendas costaban a partir de 11 dólares y, aunque no existían en la realidad, se “agotaron” en un mes.
“Suena un poco estúpido decir que se agotó, lo que es teóricamente imposible cuando t cuando trabajas con una colección digital porque puedes crear tantos como quieras”, explicó Ronny Mikalsen, director de Carlings, antes de detallar que se estableció un límite en la cantidad de productos vendidos para hacerlos un poco más especiales.De acuerdo con Mikalsen, la idea detrás de estos atuendos es hacer “algo de lo que realmente quieres presumir o un artículo que no te atreverías a comprar físicamente, o no podrías permitirte comprar físicamente”.









Esto se parece al cuento del traje invisible del emperador.