Fontán, el extraordinario capitán de la clandestinidad
Fontán, el extraordinario capitán de la clandestinidad

Fontán, el extraordinario capitán de la clandestinidad

Hace algunos años, una joven egresada universitaria interesada en investigar el movimiento revolucionario en La Habana durante la tiranía batistiana fue a buscar información con su antiguo profesor de Historia. “Debías escribir sobre Gerardo Abreu Fontán. Es una personalidad extraordinaria”, le recomendó el educador: “Mira, la semana próxima hay un acto en el Cementerio Colón por el aniversario de su asesinato. Trata de entrevistar a Ricardo Alarcón, subordinado suyo y su segundo al mando en el sector estudiantil. A él le gusta hablar de ese tema”.

El entonces presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular accedió gustoso a la petición de la muchacha. “Eso era él, extraordinario”, le dijo. “Nacido en la mayor pobreza en [la barriada] el Condado, de Santa Clara, era un niño negro condenado como tantos otros a padecer una vida triste de la que nadie hablaría nunca […] Y aquel niño se transformó en héroe. Él se levantó desde la miseria hasta convertirse en jefe indiscutido y crear barrio por barrio la mayor fuerza revolucionaria de la capital, y a dirigirla.

“Pacientemente, afrontando los peligros, recorrió nuestras calles, habló con todos, edificó paso a paso las Brigadas Juveniles del Movimiento 26 de Julio que crecieron y se afirmaron a pesar de nuestra inexperiencia, como surgidas de la nada, en un ambiente hostil, sin recursos de ningún tipo, en medio de la corrupción, el desánimo y la más feroz represión.

“Llegó a ser para nosotros un mito. Él, que no había avanzado en la enseñanza primaria, dirigió a los jóvenes y estudiantes de la capital, y ninguno dudó nunca que Gerardo era el más capaz, el más sensible, el más profundo de nuestros compañeros”.

El artista

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Foto más conocida suya, con la que se anunciaba como Gerardo Marín, el oleógrafo del verso negro.

Según su hermana Magali, Gerardo Abreu “era de estatura mediana, sobre lo delgado. Caminaba rápido, de pasos largos. Solo llegó al cuarto o quinto grado, toda la cultura que tenía la adquirió como autodidacta. Leía mucho, historia, gramática, política, Martí; estaba siempre informado de la situación del país.

“Vino para La Habana a mediados de la década del 40. No le fue bien, regresó a Santa Clara, luego volvió acá y fue encaminándose, con sus amigos y relaciones, hasta que ya se pudo establecer aquí. Trabajó en lo que se le presentara, en una imprenta, como locutor ambulante, en trabajos domésticos… Hasta que pudo encontrar un cuarto; lo golpearon los problemas sociales de aquella época, tuvo que acudir a un amigo para poder alquilar, porque no aceptaban ni a negros ni a niños ni a perros”.

En el recuerdo de su hermana Magali, “le gustaba bailar, cantar, hacía cuentos, imitaba a los artistas de la época y llegó a ser profesional como declamador en la radio y la televisión. Utilizaba el nombre artístico de Gerardo Marín, ‘el oleografista del verso negro’. Lo vi trabajar en el Montecasino, en la calle Prado, y recuerdo haber visto su foto en la propaganda del cabaret. Casi siempre su línea era humorística”.

Fontán, el extraordinario capitán de la clandestinidad
Actor de sketches cómicos y declamador, hacía imitaciones de los artistas de la época y llegó a ser profesional en el cabaré, la radio y la televisión.

De acuerdo con el testimonio de su madre, Hortensia Abreu, Gerardo debutó en la radio en RHC Cadena Azul. Luego incursionó en Cadena Habana y Radio Mambí. El actor Alejandro Lugo, quien compartió micrófonos con él, ha relatado: “Hacía eventualmente el papel de negrito amanerado en sketches cómicos, pero lo de él eran la declamación y las imitaciones de actores famosos. La de Luis Carbonell era perfecta, desternilló de la risa a Rita [Montaner]”.

Con Carbonell una vez coincidió en Bayamo el autor de estas líneas: “A Fontán lo recuerdo muy bien. Era maravilloso. Pero entonces tenía otro seudónimo. Alguien vino a decirme que hacía imitaciones de mí en un pequeño cabaret del Paseo del Prado. Fui a verlo con un amigo. ¡Maravilloso! Cuando terminó, subí al pequeño escenario y nos abrazamos. El público comenzó a aplaudir”.

El revolucionario 

Ricardo Alarcón refería que “después del golpe de Estado perpetrado por Batista en 1952, Fontán ingresó en la Juventud Ortodoxa. Ñico López, luego moncadista y expedicionario del Granma, influyó decisivamente en su formación, estimulándole la lectura y proponiéndole textos”. No es de extrañar que Ñico haya pensado en Gerardo cuando Fidel le orientó, en 1955, la creación de las Brigadas Juveniles en La Habana.

“Nos exigía ser discretos”, afirmaba Aldo Rivero, otro de sus amigos y compañero de luchas. “Acudir a las citas puntualmente. Disciplina sobre todo y usar seudónimos. Hacer contactos en parques y cafeterías. O en el Malecón”. Otro luchador clandestino, Benito Peña, añadía:

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Imagen perteneciente a su ficha policial existente en los archivos de los aparatos represivos de la tiranía batistiana.

“Recogía dinero para el Movimiento, a veces hasta más de 300 pesos, y andaba sin desayunar, venía caminando desde la Universidad hasta Consulado, por todo San Lázaro, por no tener ni ocho quilos para la guagua”.

Al decir de René Rodríguez Cruz, destacado combatiente de la Sierra y el Llano, “era muy preocupado porque las acciones que realizáramos no provocaran muertes de inocentes”. Benito Peña coincidía totalmente:

“En la noche de las 100 bombas, en verdad fueron muchas más, orientó colocarlas donde hicieran bulla, pero que no lastimaran a nadie. Busca en la prensa de la época, en los archivos, verás que ese día no hubo ni un muerto ni un herido”.

El asesinato

El 6 de febrero de 1958, Gerardo Abreu fue detenido por la policía batistiana. En la 9ª Estación, un traidor del Movimiento 26 de Julio, devenido esbirro, lo identificó.

Al día siguiente, su cadáver apareció en los terrenos que hoy ocupa en La Habana la sede del Comité Central del Partido. Presentaba 15 perforaciones producidas por armas de fuego y 57 punzonazos; le habían cortado la lengua y sus órganos genitales estaban completamente destrozados.

Años después rememoraría Ricardo Alarcón que, al hacerse público el asesinato, «hubo centros de enseñanza tomados por el alumnado y manifestaciones en las calles. Por aquellos días, dos estudiantes en Santiago de Cuba también fueron asesinados. Es la combinación de esos factores lo que lleva a que se generalice la huelga… No había actividades docentes en ninguna parte. Por supuesto, no en todos los lugares fue igual, pero hubo un respaldo masivo de los estudiantes.

“Aunque la noticia del crimen fue ampliamente divulgada por Radio Reloj y otras emisoras, no hubo editoriales ni crónicas en la gran prensa cubana, mucho menos en la internacional. No protestó ningún gobierno, ni la ONU ni la OEA, no lo denunció ninguna de las organizaciones que en el mundo dicen ocuparse de los derechos humanos”.

El 7 de febrero de 2007, el Congreso de los Estados Unidos rindió homenaje al gobierno de Fulgencio Batista, el cual fue calificado de “modelo de democracia y del Estado de derecho”. Casi a la misma hora, cientos de habaneros participaron en la peregrinación al Cementerio Colón que anualmente se celebra en esa fecha, en recordación al joven negro de 26 años, ultimado por la “democrática” tiranía que en 1958 asolaba a Cuba. 

Fontán, el extraordinario capitán de la clandestinidad
Con algunos amigos y compañeros de lucha, en una fecha aún no precisada de la década del 50.

Pedro Antonio García: Periodista y profesor universitario. Premio Nacional de Periodismo Histórico 2021.

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Fuentes consultadas Discurso pronunciado por Ricardo Alarcón en el aniversario 50 de la muerte de Gerardo Abreu Fontán. Entrevistas realizadas por el autor de este trabajo a Ricardo Alarcón, Magali Abreu, Benito Peña, Aldo Rivero, Alejandro Lugo, Luis Carbonell y René Rodríguez Cruz.

CRÉDITOS:

Autor: Pedro A. García

Fotos: Arhivo de Bohemia

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