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Publicado el 10 Julio, 2018 por Bárbara Avendaño en Galerías
 
 

¡Jugando soy feliz!

Para dosificar el tiempo frente a la computadora, la tableta, el móvil, u otros dispositivos electrónicos, los integrantes de la familia bien pudieran motivar aquellos juegos tradicionales con los que crecieron y también fueron felices

¡Jugando soy feliz!Por BÁRBARA AVENDAÑO

Fotos: ANARAY, YASSET, LEYVA, JORGE LUIS y HERIBERTO

Aunque pasen los años, cada quien lleva consigo el recuerdo de alguna de sus vacaciones más sonadas, sobre todo las de la infancia. De esa etapa, además de la primera visita al campo, la playa, o en el centro de la ciudad, perviven las interminables horas de juego con los amigos del barrio, tanto de día como de noche, que solo interrumpían aquellas frases imperativas: “¡A bañarse! ¡A comer! ¡A dormir!”

La chivichana, el trompo, el pon, la gallinita ciega, los escondidos, el pega’o… y otros, exigían un gasto de energía física tremendo, según los padres, pero insignificante para los muchachos. Más reposados eran las damas, las damas chinas, el parchís, el ajedrez, los yaquis, el veo, veo, que increíblemente se jugaba hasta durante un apagón. Leer un libro de cuentos también se sumaba a la recreación.

Hoy, las tecnologías inducen a entretenimientos novedosos, y es loable que los niños, adolescentes y jóvenes los dominen, pero justo a la medida. Para dosificar el tiempo frente a la computadora, la tableta, el móvil, u otros dispositivos electrónicos, los integrantes de la familia bien pudieran motivar aquellos juegos tradicionales con los que crecieron y también fueron felices.


Bárbara Avendaño

 
Bárbara Avendaño