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Publicado el 21 Junio, 2019 por Yasset Llerena en Galerías
 
 

Boleto al infinito

Como en muchos otros lugares volcados al mar, este muro de contención que custodia la ancha avenida interponiendo un límite entre la tierra y el mar, asediado por este, sirve de asiento a millares de visitantes nacionales y extranjeros
Boleto al infinito.

Texto y Fotos: YASSET LLERENA ALFONSO

Resulta atractivo apreciar dentro de una ciudad con casi cinco siglos de historia, saqueos, cierre de puertas tras el aviso de un cañonazo, una obra que enlaza dos construcciones históricas, La Torre de La Chorrera y El Castillo de La Punta. Un largo muro de concreto convertido en el sitio más visitado de la capital cubana, llegando a ser signo de la isla identificándola en cualquier parte del mundo. De niño se torna agradable, de adulto resulta un boleto hacia la contemplación.

Boleto al infinito.

Como en muchos otros lugares volcados al mar, este muro de contención que custodia la ancha avenida interponiendo un límite entre la tierra y el mar y asediado por este, sirve de asiento a millares de visitantes nacionales y extranjeros que contemplan cada día el azul del cielo y el mar, el paso de embarcaciones, o el rostro de quien comparte el momento de apreciar el ocaso.

Muchos son los que asisten a disfrutar de este escenario, pescadores, bañistas y amantes, comparten un mismo espacio que se torna inagotable. Otros lo prefieren para meditar, justo allí, a la orilla del mar, se trazan metas, añoranzas, convirtiéndose por excelencia en el lugar que acumula los secretos de todos sus visitantes.    

La nostalgia parece estar siempre presente en cada espectador, quizás como estupendo pretexto para volver al reencuentro. Así, como boleto al infinito, ha sido desde la colocación de la primera piedra hasta nuestros días, una obra arquitectónica que insiste en desafiar el tiempo.   


Yasset Llerena

 
Yasset Llerena