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Publicado el 17 Mayo, 2020 por Pastor Batista en Galerías
 
 

Surco campesino a la ciudad (+fotos)

Aunque las miradas y felicitaciones de la sociedad suelen converger el 17 de mayo, la mano y la bota campesinas siguen abriendo al día siguiente –y todos- el sendero que la Covid-19 no ha podido contagiar.

El verdadero guajiro “nunca se queda a pie” a la hora de producir. Foto: Pastor Batista

Texto y fotos PASTOR BATISTA VALDÉS

Como los días anteriores, este 17 de mayo quedará “extinto” sobre el calendario para darle paso a los demás, uno por uno…

Y la sumatoria de todos va a seguir abriendo un surco desde el entorno rural cubano hacia la ciudad, por intermedio de quintales, toneladas, cordeles, caballerías, hectáreas, litros y cuántas unidades de peso o de medida expresen el aporte de quienes ordeñan la tierra con el mismo compás que a la ubre de la vaca.

Desde hace muchos años oigo hablar de cifras y de por cientos. Casi todos ubican por encima del 90 por ciento la proporción de alimento social procedente del sector cooperativo y campesino. Eso depende bastante del momento y lugar. Hay renglones donde el sector estatal tiene su peso. En otros, como el tabaco, la leche, las frutas, las hortalizas, los granos y determinadas viandas hay que hacerle una reverencia al guajiro.

Si el hombre sirve, la tierra sirve. Foto: Pastor Batista

Pero no es en números o en por cientos donde quiero centrar estos apuntes, sino en ese otro resultado, muchas veces anónimo o desconocido, que suman los campesinos cada vez que el zapato se aprieta en el país y todas las miradas se vuelven desde ciudades, comunidades y asentamientos y hasta de los ministerios… hacia el monte.

La Covid-19 ha vuelto a develar sentimientos, valores, sensibilidades, para corroborar una vez más lo que mucha gente clara ha repetido siempre: el verdadero guajiro cubano se quita lo que tiene para darlo; malos son los oportunistas e intermediarios.

Difícilmente haya un municipio donde, a la par de lo contratado, esos productores no hayan aportado alimentos para centros de aislamiento o instituciones de salud que intervienen directamente en el combate contra el mortal virus.

Tal y como ha subrayado en estos días Rafael Santiesteban Pozo, Presidente de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), ese gesto no ha trascendido únicamente en provincias como Ciego de Ávila, Villa Clara o Cienfuegos. Cuba conoció la donación hecha por miembros de la Cooperativa de Créditos y Servicios Frank País, de Artemisa, para el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí, enclavado en la mismísima capital cubana.

Acude a mi memoria el espirituano Yoandry Rodríguez, quien aportó el pasado mes más 200 toneladas de diversos productos y afirma que todas sus cosechas irán al Estado para que lleguen de forma directa a la población.

Pienso en el tunero Reydenis González Céspedes, presidente de la Cooperativa de Producción Agropecuaria Calixto Sarduy, convencido de que sus hombres y mujeres pueden sacarle toda la leche posible al rebaño ganadero, incluso en medio de la sequía, y aportar, además, viandas para la alimentación del pueblo.

Es, en fin, la respuesta de la ANAP en todas partes, como lo hizo la pinareña tierra de Consolación del Sur, cuyo segundo vistazo con fines de contratación inscribió el compromiso de unas 1 800 toneladas más de alimentos.

También deviene hecho real la contribución realizada por cooperativistas de Jimaguayú, Vertientes, Najasa y el propio municipio cabecera de la provincia camagüeyana, para bien del Hospital Militar Octavio Concepción y de la Pedraja, del Clínico Quirúrgico Amalia Simoni, inmersos en la primera línea de enfrentamiento a la mencionada enfermedad, y del Pediátrico Eduardo Agramonte Piña.

De ejemplos así, Bohemia pudiera llenar todo el espacio de una edición impresa completa… y más.
Lamentablemente no todos pueden ser mencionados, ni todos son del conocimiento de nuestros medios de prensa, por una sencilla razón: ninguno de esos campesinos dona para hacerlo saber. Y digo más: es difícil que alguno lo haga con ánimos de reconocimiento personal.

Eso —también— es justo decirlo un 17 de mayo, Día del Campesino, al siguiente amanecer, en julio, octubre, diciembre o en cualquier otro momento del calendario, porque, amén de algún que otro torcido o rezagado, jornada tras jornada la nobleza del grueso de nuestros guajiros se mantiene ahí, pegada a la tierra, abriendo un surco del campo a la ciudad.


Pastor Batista

 
Pastor Batista