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Publicado el 8 Marzo, 2021 por Irene Izquierdo en Galerías
 
 

Amorosamente consagradas

Tiempos duros son estos, en que el bregar ha requerido de una entrega mayor por parte de todos, en jornadas intensas. La vida ha cambiado y mantiene a todos en vilo, por la ansiedad, por las exigencias en el cumplimiento de normas muy distantes de las peculiaridades de los cubanos, pero muy necesarias, para que la propagación del SARA-CoV-2 no sea mayor
Amorosamente consagradas.

En la Zona Roja, muchas historias de entrega por la vida.

Por IRENE IZQUIERDO

Fotos: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA

“Es una mano de mujer, vara de mago, que espanta búhos y sierpes, y ojos de Midas, que trueca todo en oro”: escribió Martí, desde Nueva York, en crónica publicada en La Opinión Nacional, de Caracas, el  11 de abril de 1882. Pasados 139 años es muy vigente la frase, pese al cambio de época y contexto, sobre todo en los últimos 12 meses, cuando el mundo es azotado por una pandemia, cuyo fin no se avizora de inmediato.

Ha sido un año particularmente difícil, en el que millones de cubanas de todas las edades han expuesto ese caudal de maravilla que reina en sus almas, para guiar, trabajar, enfrentar de la mejor manera posible el mal, y seguir adelante.

Amorosamente consagradas.

Empatía entre un paciente en edad pediátrica y una periodista que lo entrevista en la Zona Roja.

Tiempos duros son estos, en que el bregar ha requerido de una entrega mayor por parte de todos, en jornadas intensas, porque la vida ha cambiado y mantiene a todos en vilo, por la ansiedad,  por las exigencias en el cumplimiento de normas muy distantes de las peculiaridades de los cubanos, pero muy necesarias, para que la propagación del SARA-CoV-2 no sea mayor.

Y en todos los frentes han estado ellas, de manera especial las científicas y las de la salud. Claro testimonio de su ahínco han sido el desempeño en las zonas rojas de los centros asistenciales, y los laboratorios de los cuales han salido, no solo las vacunas, sino otros medicamentos que han permitido salvar muchas vidas.

Hablan también las zonas de aislamiento y los estudios de todo tipo que se realizan en estas áreas del saber, igual que las de otras profesiones, vinculadas.

Están, además, las tantas mujeres que han hecho de sus casas trincheras, donde trabajan a distancia, atienden a los hijos en sus teleclases, y hacen las labores siempre exigentes del hogar.

Cuentan –y de manera significativa- aquellas que prestan servicios imprescindibles, como los de Comunales, Comercio, Agricultura, Recursos Hidráulicos y la producción de alimentos.

Son mujeres de temple, así lo exigen los tiempos: mujeres amorosamente consagradas.


Irene Izquierdo

 
Irene Izquierdo