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Publicado el 2 Marzo, 2021 por Jorge Luis Sánchez Rivera en Galerías
 
 

Si imitamos a Andreíta, el coronavirus escampa en La Habana

El nuevo coronavirus SARS-CoV-2, no es solo una enfermedad de adulto y como virus que afecta a todos, quise saber qué piensa este pequeño y precioso ser humano que ha convivido con él casi un quinto de su vida

Texto y Fotos Jorge Luis Sánchez Rivera.

Andreíta y sus muñecosAdreíta es mi linda vecinita. El ejemplo de su buen juicio y sanos hábitos me ha inspirado a escribirlo, fotografiarlo y compartirlo con las(o) lectores de Bohemia.

Sí, porque, aunque mucho se ha hablado acerca de la covid-19 y mucho queda por decir según vayan apareciendo vacunas, nuevas cepas, revelaciones científicas; sin embargo, pocos han dedicado un minuto de su tiempo para preguntar la opinión de los más pequeños, esos que analizan con aguda sinceridad, responden con inocente ingenio y siempre nos sorprenden con su modo de interpretar la vida mientras la van descubriendo.

El nuevo coronavirus SARS-CoV-2, no es solo una enfermedad de adultos y como virus que afecta a todos, quise saber qué piensa este pequeño y precioso ser humano que ha convivido con él casi un quinto de su vida.

Andreita mece entre sus brazo a su oso preferido.

Andreita mece entre sus brazo a su oso preferido.

– ¡Andrea!, le digo antes de sentarme a conversar con ella. Con esa picardía propia de los niños, Andrea Yussef  Ladrón de Guevara me responde:

-Mis abuelas, mi mamá y mis amiguitos me dicen Andreíta, y tengo 6 añitos- señala con los deditos de sus manos.

– ¿Y en qué  grado estás?- la interrogo.

-En segundo, y mi escuela es Combatientes de Bolivia, aquí muy cerquita de mi casa- contesta emocionada pensando que ya tiene a alguien más con quien jugar.

– ¿Pero por qué no estás asistiendo a la escuela?- le digo.

-Porque hay un bichito que se llama coronavirus y nos tiene aislados a todos los niños porque podemos enfermarnos, al igual que mi abuelita  que no puede salir a la calle porque es mayor. Estamos aquí en la casa.

“Mi mamá sí sale a trabajar pero cada vez que regresa se quita los zapatos, se lava las manos con cloro y sale corriendo para el baño a cambiarse y entonces así yo puedo abrazarla y besarla”.

-¿Qué es lo que más extrañas?- le pregunto a Andrea. La niña guarda silencio un momento y me dice:

-Ir al parque a montar bicicleta y jugar con mis amiguitos, poder salir a pasear con mi mamá y claro, ir a la escuela para seguir estudiando, pero este coronavirus no nos deja por ahora.

-¿Y conoces cómo protegerte del coronavirus?, vuelvo a indagar.

-Sí- expresa casi sin yo terminar de preguntar.

Andreíta se pone su nasobuco

Los niños también quieren educar por lo que Andrea muestra cómo se pone el nasobuco.

Sus negros ojitos brillan y como recordando una rutina importante me insiste en que hay que lavarse muchas veces las manos con agua y jabón y usar nasobucos.

-Sabes, yo tengo varias mascarillas y de diferentes colores, me dan algo de calor, sabes, pero me las pongo porque me cuidan y así evito que me enferme- responde con total honestidad.

Su centro educativo, correspondiente a la Enseñanza Primaria, salió en numerosas ocasiones durante el diálogo pues cómo Andreita destacó: “los maestros nos enseñan mucho, así sé yo mucho del bichito y cómo me debo cuidar”.

Andreíta se pone correctamente su nasobuco

Así, mientras sea necesario; tal vez aun después que el coronavirus haya escampado en La Habana y en Cuba.


Jorge Luis Sánchez Rivera

 
Jorge Luis Sánchez Rivera