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Publicado el 23 Octubre, 2015 por Fernando Carr Puruas en Gazapos
 
 

Vocablos puramente argentinos

Columna fundada en 1968 por José Zacarías Tallet

Diccionario argentinoMe escriben dos jóvenes hermanas: Gisel y Grisel Álvarez Martínez, por una parte, y por otra, el joven Rusdiel Gutiérrez. Se trata de tres adolescentes, los que, casualmente, quieren que les hable de voces puramente argentinas que escuchan en una novela juvenil titulada Patito feo. He reunido en un solo comentario las voces que desconocen las unas y el otro. Los vocablos en cuestión son: Trucho, bancar, mancar, mangar, pavada y mandarse.

Pues bien, el adjetivo trucho, trucha, significa ‘falso, fraudulento’; y también es, en última instancia ‘de poca calidad’, pero la mayoría de las veces se emplea en su primer significado: “Ese billete es trucho”. “Lo que ese hombre dijo es trucha”. Se usa indistintamente en masculino o femenino en Argentina y Uruguay. En Uruguay también trucha significa ‘cara, boca’.

Por su parte, el verbo transitivo bancar tiene tres significados: 1. ‘Mantener o respaldar a alguien’. 2. ‘Soportar, aguantar a alguien o algo’. También se emplea de manera reflexiva: Bancarse. Estas dos acepciones anteriores se usan en Argentina y Uruguay. El tercer significado, solamente argentino, es: ‘Responsabilizarse, hacerse cargo de una situación’.

Y mancar quiere decir, ‘referido a negocios o proyectos: Frustrarse, fracasar’.

Un verbo muy parecido al anterior en su pronunciación, me refiero a mangar, es ‘pedir, solicitar’, que a veces se emplea de la forma manguear; pero cuando se usa con el significado de ‘pedir’, casi siempre corresponde a ‘pedir prestado’. Por su parte, pavada es ‘sosería, tontería’, esto es, algo dicho o hecho propio de un tonto. Por último, está mandarse, que significa ‘encarar, decidida y rápidamente una acción’. “Yo me la mandé”, esto es, “Yo me le encaré”.

Me he auxiliado de dos lexicones argentinos: el Diccionario del habla de Buenos Aires, de José Gobello y Marcelo Oliveri, y el Diccionario del habla de los argentinos, de la Academia Argentina de Letras.

Voy a contar una anécdota simpática: Mis amigos argentinos Enrique y Cristina Stilman caminaban por La Habana en tiempos que estaba prohibido a las “paladares” ofertar camarones, cuando un empleado de uno de estos restaurantes se les acerca con sigilo y le anuncia que tienen camarones, y Enrique le va a preguntar precio; pero Cristina, que creía que lo anunciado era algo fraudulento, tomó con fuerza a Enrique por un brazo diciéndole: “No, no, que eso es trucha”. El empleado le dice a ella: “No señora, son camarones”. Pero ella insiste: “Eso es trucha”, y se va llevando a su marido del lugar, mientras que el empleado le gritaba: “No es trucha, son camarones, son camarones”. Después, se dieron cuenta de la confusión y aquí en casa se reían a más no poder.

 


Fernando Carr Puruas

 
Fernando Carr Puruas