Haití: Una nación que muere lentamente

Recientes protestas laborales exigiendo mejores salarios dejaron al menos 15 muertos en Haití. / PL
Recientes protestas laborales exigiendo mejores salarios dejaron al menos 15 muertos en el país. / PL

En momentos en que el orbe colapsa entre conflictos amenazadores, hablar sobre Haití podría ser para muchos una reiteración, pero siempre acaparará titulares mientras se recrudezca la tragedia que viene arrastrando por siglos. Solo mencionar el nombre de esa parte de la isla La Española trae memorias tristes: tormentas tropicales, movimientos telúricos, revueltas, pobreza, magnicidios, así como una enorme y empecinada crisis política, que hunde más al desdichado territorio presa de un sinnúmero de conflictos sociales irresueltos.

El mundo poco ha hecho a lo largo de la historia para tenderle la mano a una nación que hace 218 años se convirtió en la primera independiente en América Latina, la república negra más antigua del mundo y, más allá del color, la segunda república más añeja del hemisferio occidental, después de los Estados Unidos.

Hoy más aislada

Como si los avatares para los haitianos fueran pocos, hoy se sienten más desplazados tras el inicio de la construcción de un muro de 160 kilómetros de extensión en la frontera con la República Dominicana. Este tendrá unas 170 torres de vigilancia y control, 71 puertas de acceso, una verja de hormigón armado y una estructura metálica de una altura de 3.90 metros.

La construcción de una barrera en la frontera busca resolver el problema dominicano, aislando una vez más a Haití. / Cubadebate
La construcción de una barrera en la frontera busca resolver el problema dominicano, aislando una vez más a Haití. / Cubadebate

El presidente Luis Abinader ya había anunciado hace un año que se iniciarían las obras, bajo la justificación de que “beneficiará a ambos países porque permitirá controlar el comercio bilateral, regular los flujos migratorios para combatir así las mafias que trafican con personas, hacer frente al narcotráfico y a la venta ilegal de armas”. En la inauguración de la que calificó de “verja inteligente”, Abinader dijo que su país no puede hacerse cargo de la crisis política y económica haitiana, ni resolver el resto de sus problemas. Entretanto, instó “a las grandes naciones del mundo para que acudan en rescate de Haití como corresponde”. Acotó que “nos proponemos seguir manteniendo unas buenas relaciones de vecindad, a la vez que redoblamos nuestros esfuerzos en la protección de nuestras fronteras y en la defensa de nuestra soberanía”.

Antes, en 2019, las Fuerzas Armadas dominicanas iniciaron la construcción de una verja de 2 000 metros en la ciudad fronteriza de Pedernales, que fue destruida por el desbordamiento del río del mismo nombre tras el paso de la tormenta Laura en 2020. Ya en las provincias Independencia y Jimaní se habían levantado vallas de 4 650 y 3 350 metros, respectivamente, cuya longitud fue incrementada en unos 1 000 metros por cada una durante el mandato de Abinader. República Dominicana calcula que en su territorio hay unas 500 000 personas de nacionalidad haitiana que se encuentran de manera irregular, según la Encuesta Nacional de Inmigrantes. Esas “buenas relaciones” de las que habla el mandatario no son muy fáciles de entender cuando se trabaja para poner aún más distancia con el “vecino” que tanta ayuda necesita.

La vista a otro lado

El mundo, que poco mira hacia esa parte del Caribe, realizó recientemente una Conferencia Internacional para la Financiación de la Reconstrucción de la Península Sur de Haití. Organizada por la ONU, de la cita emanó el compromiso de una exigua ayuda de naciones desarrolladas, insuficiente para la necesidad real. Canadá se comprometió con un importe adicional de 19.5 millones de dólares para enfrentar los desafíos de seguridad en medio del acoso de las bandas armadas, principalmente en la capital, así como para asistir a las víctimas de los catastróficos eventos naturales que Haití ha padecido. Estados Unidos anunció unos 50 millones en asistencia mediante un nuevo programa de cinco años para aumentar la seguridad alimentaria y el estado nutricional, mientras Noruega se comprometió a brindar seis millones por medio de programas de Naciones Unidas que trabajan en seguridad climática y féminas. El Banco Interamericano de Desarrollo decidió erogar 20 millones y 14 millones el Banco Mundial.

Antes de la magna cita, el primer ministro haitiano, Ariel Henry, había informado que la nación necesita unos 2 000 millones de dólares para recuperarse de los estragos dejados por el terremoto de magnitud 7.2 que asoló los departamentos meridionales el pasado 14 de agosto y que provocó la muerte de unas 2 200 personas, 12 700 heridas, además de afectar 130 000 viviendas, según datos oficiales. Del total de la ayuda requerida, 347 millones de dólares se usarían de inmediato para iniciar las acciones en los departamentos Sur, Nippes y Grand Anse. El resto se dividiría entre cuatro áreas: sector productivo (197 millones de dólares), sectores sociales (1 515 millones de dólares), infraestructuras (172 millones de dólares) y transversales (94 millones de dólares), señaló Henry en su alocución.

La situación agudizada por el nuevo fenómeno natural recuerda el sismo de enero de 2010, que dejó más de 316 000 muertos, 350 000 heridos, miles de casas desplomadas y el 60 por ciento de las escasas infraestructuras médicas destruidas. Un millón y medio de personas perdieron su hogar, y en total el daño económico fue valorado en 7 900 millones de dólares, lo que representaba el 120 por ciento del PIB de Haití.

Cuba y Haití

Al intervenir en la conferencia, el presidente Miguel Díaz-Canel destacó la “enorme deuda” de la comunidad internacional. “Todos tenemos la obligación moral de prestar cooperación sustancial y desinteresada a Haití, no solo para la reconstrucción, sino también para impulsar su desarrollo sostenible”. En su intervención, el estadista cubano recordó que nuestro país siempre ha brindado de manera incondicional su ayuda solidaria al vecino pueblo en materia de salud, educación, deporte, agricultura, pesca, construcción, recursos hidráulicos y el medio ambiente. “No renunciaremos a nuestra vocación solidaria y humanista”, subrayó.

En ese sentido, reiteró la disposición de apoyar la campaña local de vacunación contra la covid-19, mediante asesoría y la provisión de las vacunas Abdala, Soberana 02 y Soberana Plus. “Invitamos a todos los gobiernos, organismos internacionales y donantes, sin excepción, a movilizar los recursos financieros necesarios, transferir tecnologías, viabilizar mecanismos de creación de capacidades y cumplir los compromisos en materia de Ayuda Oficial al Desarrollo para Haití, todo lo cual debe realizarse sobre el más estricto respeto a su soberanía, al pueblo, Gobierno y las instituciones haitianas”.

Lo cierto es que Haití se muere, lentamente, y la comunidad internacional tiene su parte de culpa. La situación en el país es en extremo compleja y no basta con millonarios ofrecimientos; se necesita voluntad de ejecutar y tender realmente la mano.

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Un comentario

  1. antes de exponer críticas por el muro ese muro entre los dos países, analicen que las bandas en Haití atacan continuamente a las poblaciones de República Dominicana, hay que ver en las dos orillas lo que ocurre, acaso les gustaría que bandas atacaran sus casa, fincas y negocios mientras duermen, por favor

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