Magda González Grau, directora general, logró un armónico desempeño de cada miembro del equipo.

Hechizos del Yumurí

Cuenta la leyenda que Yumurí–significa “yo morir”– debe su nombre a la expresión usada por los aborígenes, al lanzarse al vacío desde los acantilados para escapar del conquistador español. / Foto: Nailey Vecino

Pasar o estar unas horas en Boca de Yumurí es quedarte con la sensación de tener que regresar, algún día, otra vez, para ser testigo de ese romance cómplice entre el río y el mar.

En ese punto mágico, donde ambos confluyen y te preguntas si el agua es dulce o salada, los niños juegan a hacer barcos y canoas con retazos de tablas de surf, y los pescadores suelen interrumpir sus faenas para, bajo el influjo del cuarto menguante, atrapar al misterioso tetí (raro y diminuto pez típico en la gastronomía de la región).

Yumurí tiene una magia urdida por el contraste de su cañón, su pequeña isla escondida, sus piedras, sus caracoles, su turrón de almendra, sus leyendas aborígenes y hallazgos arqueológicos (cómo podrían faltar en la villa primada), su puente, su salita de video, sus perros, su gente hospitalaria y humilde y encantadora, como el paisaje mismo.

Muy cerca del torrente que da nombre a esa localidad costera hay un mirador, desde donde puede verse la silueta borrosa de El Yunque o el perfil de la montaña que llaman Bella Durmiente, por su peculiar forma.

A la salida del pueblo –en la única carretera que conduce a Maisí– se halla un“túnel geológico” que bautizaron como el Paso de los Alemanes. El peculiar pasaje, formado de manera natural por la unión de dos grandes rocas, impresiona a los ojos más impasibles y obliga a sacar los teléfonos móviles para tomar fotos o videos.

En Yumurí vive Shakira–o Rubén– como a cada cual se le ocurra llamarle. Vive en una casita ubicada en la cima de una colina, muy cerca del río, y custodiada por una roca inmensa que nadie sabe cómo llegó. Junto a su familia–como muchas de la zona– acoge tradicionalmente a Los Cruzados durante los tres días que permanecen allí, sin mayores ambiciones que el cariño y el agradecimiento como retribución.

Los lugareños ya están identificados con el alboroto del silbato que anuncia a los pasantes los horarios de almuerzo y comida; también distinguen el claxon del camión que advierte la salida hacia cada nueva comunidad para las presentaciones culturales.

En un escenario improvisado sobre la arena del frente de la escuela primaria Abraham Lincoln se ofreció la habitual función nocturna de sábado. La lluvia amenazaba con boicotear el espectáculo, pero el público se mantuvo en principio firme, expectante. Solo cuando la llovizna pasó a aguacero corrieron algunos a guarecerse en los portales cercanos, otros abrieron sus sombrillas.

Lo mismo que la temporada de lluvias en muchos lugares, La Cruzada es algo que pasa solo una vez al año, es incluso para muchas comunidades el único encuentro que pueden tener con el teatro. Quizás por eso aquella noche de mal tiempo se aferraban a la tierra, como los árboles que resisten el temporal. Felizmente, media hora después, continuó el espectáculo: magia, títeres, danza, música y, por supuesto, teatro.

El resto de la noche se contagió con la alegría de las tertulias en El Ranchón, donde entre poesía, canciones y anécdotas, Cruzados y Cruzadas compartieron sus oficios y pinceladas de sus vidas. Era ese un ritual en cada parada del trayecto, que terminó convirtiendo a aquel grupo de personas, tan distintas todas, en una gran familia.

Una respuesta

  1. Me encanta esta serie de crónicas, y me quedo con muchos deseos a la espera de la próxima. Nuestra joven colega sabe muy bien lo que hace, y lo hace muy bien.
    De ese río Yumurí −que a no pocos cuando escuchan ese nombre les suena a Matanzas, por el otro río más conocido y que originó el famoso valle− tengo recuerdos gratos de los años 60, pero sobre todo uno muy triste, y fue cuando allí falleció el inolvidable Marcos Behemaras, al sorprenderlo una violenta crecida mientras intentaba reanudar el cruce tras un desperfecto del vehículo. Por si alguien quisiera saber más acerca de ese río baracoense, y sobre el desaparecido compañero, incluyo dos link como aporte complementario a la linda y motivadores crónica de Nailey. El primero es una breve publicación de Bohemia y el otro de un sitio turístico:
    http://bohemia.cu/historia/2016/11/marcos-behemaras/
    https://d-cuba.com/rio-yumuri-de-baracoa

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Te Recomendamos