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Publicado el 12 Junio, 2015 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

La insurrección armada, única opción

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA
Fotos: Archivo de BOHEMIA

Fidel estructuró la organización que le permitió desarrollar su estrategia revolucionaria.

Fidel estructuró la organización que le permitió desarrollar su estrategia revolucionaria.

Entre finales de 1953 y mayo de 1955, durante su estancia en el presidio Modelo, ubicado en la hoy Isla de la Juventud, Fidel fue delineando en conversaciones y cartas con sus compañeros de lucha, dentro y fuera de la prisión, su estrategia revolucionaria, ya concebida desde antes del asalto al Moncada. Para el entonces joven abogado era necesario “vertebrar un movimiento independiente y ajeno a los politiqueros corrompidos, y desarrollar la insurrección popular armada como la forma más alta de la lucha de masas”.

A su salida de la cárcel, el 15 de mayo de 1955, durante el trayecto de Nueva Gerona a Batabanó, y luego, de este poblado a La Habana, el líder histórico de la Revolución consultó con varios de sus compañeros qué nombre adoptaría la organización con la que llevaría a cabo su estrategia revolucionaria y propuso que la denominación definitiva debía someterse a la aprobación de todos los compañeros.

En diversas entrevistas había declarado a la prensa: “Estamos por una solución democrática. El único que se ha opuesto aquí a soluciones pacíficas es el régimen”.

Conocedor de la máxima leninista sobre la importancia de las condiciones subjetivas, sabía que no bastaba la existencia de una situación revolucionaria para el triunfo de una insurrección popular. Era necesaria la existencia de una vanguardia, cohesionada ideológicamente y dispuesta a luchar hasta las últimas consecuencias, para que dirigiera la insurrección popular. Además, y esto es algo muy importante que a veces han olvidado algunos revolucionarios en otras latitudes, había que convencer al pueblo de que no existía otra opción que la lucha armada.

La propia tiranía batistiana no tardaría en darle la razón al jefe de los moncadistas sobre la imposibilidad de las vías pacíficas de oposición. El 19 de mayo, la emisora que había trasmitido una comparecencia radial suya fue asaltada por la Policía, la cual detuvo al administrador de la planta y requisó documentos. Un día después, agentes de los aparatos represivos del Gobierno se personaron en casa del moncadista Pedro Miret y, sin mandamiento judicial, procedieron a un minucioso registro de su hogar y se incautaron de documentos y hurtaron pertenencias de la familia.

Esa misma noche, la Universidad de La Habana, adonde Fidel había sido invitado a pronunciar un discurso, fue rodeada por la Policía del régimen, la cual no solo privó al centro docente de fluido eléctrico, sino que, además, lo cercó con una gran cantidad de uniformados, que impidieron el acceso del pueblo al acto.

“¡Mientes, Chaviano!”

Una denuncia de BOHEMIA sobre la agresión a dos periodistas de la radioemisora CMKC de Santiago de Cuba por parte de la soldadesca del régimen, provocó el enojo de la tiranía. El 22 de mayo, en una pretendida réplica a la revista, el coronel Alberto del Río Chaviano, jefe militar del cuartel Moncada en julio de 1953, lejos de responder a las acusaciones del semanario, profirió una serie de calumnias sobre Fidel y sus compañeros.

La viril respuesta del líder histórico de la Revolución no se hizo esperar. En la edición de BOHEMIA del 29 de mayo de 1955 apareció “¡Mientes, Chaviano!”, en donde, al igual que en su alegato La Historia me absolverá, durante el juicio por los sucesos del 26 de julio de 1953, denunció al militar por el asesinato a sangre fría de 55 asaltantes al Moncada en las horas posteriores a la acción: “¿Por qué si la revista BOHEMIA lo emplaza para explicar un brutal atropello a la libertad de expresión y a los derechos individuales, lejos de responder a ello con razones convincentes, escribe un largo párrafo provocador, ofensivo, calumniador y venenoso contra nosotros? ¿Lo traiciona acaso el subconsciente, le remuerde tan atrozmente la conciencia que pretende excusarse ahora de hechos mil veces más graves aún que atosigar de palmacristi a dos indefensos locutores que denunciaron el juego ilícito […]?”.

Combatiente contra la tiranía machadista y en España contra el fascismo, Jorge Agostini se opuso a la tiranía batistiana desde el mismo 10 de marzo de 1952.

Combatiente contra la tiranía machadista y en España contra el fascismo, Jorge Agostini se opuso a la tiranía batistiana desde el mismo 10 de marzo de 1952.

La tiranía reaccionó de forma estúpida. Lanzó a sus alabarderos a calumniar a Fidel y a proferir amenazas contra su vida. Pero se quedó sin argumentos cuando un periódico capitalino publicó las espectaculares declaraciones de Waldo Pérez Almaguer, quien confirmó las denuncias de Fidel acerca de los asesinatos perpetrados por Chaviano y sus secuaces. Gobernador de Oriente en los días del asalto al Moncada, Pérez Almaguer había sido batistiano hasta ese momento, en que, repugnado por tantos crímenes y barbarie, se apartó del bando de la tiranía.

Golpizas y asesinatos

El régimen siguió con su política torpe y homicida. Al filo de las ocho de la noche del 5 de junio de 1955, dos vigilantes y un cabo de la Policía arrestaron al oposicionista Juan Manuel Márquez en la intersección de la avenida 49 y calle 124, en el municipio de Marianao. Conducido a la 17ª Estación, le propinaron allí una brutal paliza que motivó su posterior hospitalización. El inhumano atropello provocó una general condena por parte del pueblo marianense. Igualmente protestaron los diarios El Sol y La Calle, en editoriales sobre este hecho.

No había cesado la indignación de la ciudadanía cuando otra noticia estremeció a todo el archipiélago. En la noche del jueves 9 de junio de 1955, fue arrojado un cuerpo sin vida en un centro de atención médica del Vedado. Según la descripción de algunos testigos, quienes depositaron el cadáver parecían policías vestidos de civiles. Tras un examen preliminar, los forenses identificaron al occiso: era Jorge Agostini, quien estaba comprendido, junto a los moncadistas, en la amnistía del 15 de mayo último y ninguna autoridad judicial o policíaca lo requería. En la autopsia se detectaron 21 impactos de bala, recibidas a menos de un metro de sus agresores. “Muchas de las heridas las tenía en la espalda”, declaró un galeno a la prensa.

Un gran revuelo se armó en el país. Ante las tímidas protestas de la oposición, se alzó la voz de Fidel: “Fue asesinado, no cabe la menor duda… No se les dan tantos balazos a un hombre para que no escape, tales rasgos en el cuerpo de la víctima solo se presentan cuando hay ensañamiento, cuando se le dispara incluso en el suelo”.

Jorge Agostini había nacido en Mayarí, el 5 de febrero de 1910. Activo luchador contra la tiranía machadista, se fue a España (1936-1938) a combatir el fascismo. Campeón centroamericano de esgrima en los Juegos de Barranquilla-1946, medallista de bronce en los Panamericanos de Buenos Aires-1951, había representado a Cuba en las Olimpiadas de Londres-1948. Desde el mismo 10 de marzo de 1952 se había opuesto a la tiranía batistiana.

Un movimiento ajeno a la politiquería

Paralelamente a su batalla de ideas, emprendida sin descanso por aquellos días, Fidel fue forjando secretamente la organización que le permitiría, cuando las condiciones objetivas fueran propicias, desarrollar la lucha armada contra la tiranía. El 12 de junio de 1955, en una vivienda ubicada en la calle Factoría número 62, al reestructurarse la Dirección Nacional del Movimiento Revolucionario que él encabezaba, este adoptó el nombre de 26 de Julio.

En esa histórica reunión, se acordó además que Fidel partiera al extranjero a preparar un contingente armado para iniciar la lucha guerrillera en las montañas orientales, viejo sueño de Mella y de Guiteras que nunca ellos pudieron culminar. A Pedro Miret lo designaron responsable bélico del Movimiento; Ñico López, junto con Pepe Suárez, asumiría la atención a la Juventud; y Faustino Pérez, el importante sector de las finanzas.

Igualmente integraban la Dirección Nacional: Haydée Santamaría, Melba Hernández, Jesús Montané, Armando Hart, Pedro Celestino Aguilera y Luis Bonito. Sería una dirección colectiva, con Fidel como máximo dirigente.

Exilio

Fidel y sus compañeros en la emigración.

Como Martí en los preparativos de la guerra necesaria, recolectó en la emigración revolucionaria dinero para iniciar la lucha armada.

El 7 de julio de 1955, tras dejar fehacientemente demostrado que era imposible enfrentar a la tiranía por vías pacíficas, Fidel partió a México. Antes lo había hecho Raúl. Un mes después (8 de agosto), publicó el Manifiesto №1 del 26 de julio al pueblo de Cuba, donde señalaba: “La única solución cívica por tanto que nosotros aceptaríamos, la única honesta, lógica y justa es la de elecciones generales inmediatas sin Batista. Mientras, seguiremos sin descanso en nuestra línea revolucionaria […] El 26 de Julio se integra sin odios contra nadie. No es un partido político sino un movimiento revolucionario; sus filas están abiertas para todos los cubanos que sinceramente deseen restablecer en Cuba la democracia política e implantar la justicia social”.

En el programa del Movimiento se subrayaba, entre otros puntos esenciales, la proscripción del latifundio y la distribución de la tierra entre las familias campesinas, la reivindicación de todas las conquistas obreras arrebatadas por la dictadura, la rebaja vertical de todos los alquileres, la nacionalización de los servicios públicos: teléfonos, electricidad y gas, la construcción de diez ciudades infantiles para albergar y educar integralmente doscientos mil hijos de obreros y campesinos; y la extensión de la cultura hasta el último rincón del país, de modo que todo cubano tuviera la posibilidad de desarrollar sus aptitudes”.

Como Martí en los preparativos de la guerra necesaria, centavo a centavo, dólar a dólar, se fue recolectando en la emigración revolucionaria, sin menospreciar los aportes procedentes de Cuba, el dinero necesario para la expedición con que se iniciaría la lucha armada en la Sierra Maestra. El 25 de noviembre, Fidel y sus compañeros partirían de Tuxpan, México, en el yate Granma, para hacer válido el compromiso contraído: “En 1956, seremos libres o mártires”.

 


Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García