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Publicado el 17 Junio, 2015 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

Máximo Gómez, el más brillante general mambí

La célebre fotografía del venezolano Gregorio Casañas (central Narcisa, octubre de 1898).

La célebre fotografía del venezolano Gregorio Casañas (central Narcisa, octubre de 1898).

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA
Fotos: Archivo de BOHEMIA

El 26 de octubre de 1868, por el camino de Santiago venía el general español Quirós con 700 soldados experimentados y la misión de someter a Bayamo, entonces la capital de la insurrección. A un kilómetro del poblado de Baire, en un lugar que llaman Tienda o Venta del Pino, aguardaban 40 mambises bajo las órdenes de Máximo Gómez, dispuestos a detener el avance enemigo.

Los cubanos andaban escasos de armas de fuego y municiones. Solo abundaban los machetes y Máximo Gómez aconsejó adaptarles una guarda o cazoleta en la empuñadura para transformarlos en armas de guerra. “Nadie haga fuego hasta que yo dé la orden”, dijo. La columna integrista, entretanto, iba por el camino real en correcta formación sin apercibirse de la emboscada.

De pronto se oyó el grito de Gómez: “Al machete”. Los fusileros dispararon los pocos cartuchos que tenían y, junto con los demás, se lanzaron detrás de su jefe sobre la tropa peninsular, que retrocedió primero y luego huyó a la desbandada. Más de la mitad quedó tendida en el campo o trasladada herida en angarillas hacia Baire. La columna española no pudo continuar su marcha.

Desde ese día, por lo que hizo después, el nombre de Máximo Gómez se volvió imprescindible en la historia de Cuba.

Retrato

Desembarco, junto con Martí, por Playita de Cajobabo

Desembarcó el 11 de abril de 1895 en Playita de Cajobabo, junto con Martí, para incorporarse a la guerra necesaria (Foto: Autor sin identificar).

Máximo Gómez Báez nació en Baní, República Dominicana. Aunque la tradición fija como fecha natal el 18 de noviembre de 1836, él mismo confesaba desconocerla, “pues por más que busqué en los libros de mi parroquia no pude dar con ella”. Ante la amenaza de una invasión haitiana a su país, se enroló en el Ejército dominicano y tuvo su bautismo de fuego en el combate de Santomé, el 12 de diciembre de 1856. Tras la anexión de su patria a España (1861), pasó a ser capitán de las fuerzas ibéricas y luego lo ascendieron a comandante.

En 1865 fue destacado en Santiago de Cuba. Lo licenciaron un año después y se asentó en El Dátil, finca ubicada en la jurisdicción de Bayamo. Al ver la prepotencia y las arbitrariedades del colonialismo español, se solidarizó con los cubanos y comenzó a conspirar junto con los independentistas. El 16 de octubre de 1868 se incorporó a la insurrección iniciada por Carlos Manuel de Céspedes y recibió el grado de sargento. Dos días después, el Padre de la Patria le confirió el de mayor general y lo destinó a la tropa de Donato Mármol.

El cronista y general mambí José Miró Argenter, quien le conoció entonces, lo describía de buena estatura, flaco, de tez trigueña y mirada viva, penetrante. Muy sobrio en las comidas, añadía el doctor Gustavo Pérez Abreu, uno de sus ayudantes. “No fumaba, ni profería malas palabras ni permitía tampoco que las dijeran en su cuartel”.

Sin embargo, en la memoria de casi todos los cubanos, Máximo Gómez permanece como el viejo general de cabellos y barbas blancas, copioso bigote, esbelto sobre su corcel, tal aparece en la célebre fotografía del venezolano Gregorio Casañas, captada en el central Narcisa, en octubre de 1898.

Vestía muy sencillo. Al cinto, el machete curvo que perteneció a Martí y un revólver con cabo de nácar. No usaba distintivo militar; sus únicas insignias eran el escudo nacional y una estrella de cinco puntas, al lado izquierdo del pecho.

El primer guerrillero de América

Junto con Antonio Maceo llevó a cabo la Invasión a Occidente (Ilustración BLANQUITO)

Junto con Antonio Maceo llevó a cabo la Invasión a Occidente (Ilustración BLANQUITO)

Organizador enérgico, lo calificó Martí, “de quien solo grandezas espero […] Donde está él, está lo sano del país, y lo que recuerda y lo que espera”. A lo que agregaba Maceo: “¿No es el más capaz de todos, y el que ahoga la ambición mezquina con su gloria y con su espada, más grande y más brillante que todos?”.

Sus compañeros de lucha lo llamaron de diversas formas: el Chino, el Viejo General… Pero la historia lo reconoce, para siempre, desde que Martí le designó en nombre del Partido Revolucionario Cubano, “encargado supremo de la guerra, a organizar dentro y fuera de la Isla”, como “El Generalísimo”.

Luego fue el vencedor de mil batallas, el estratega brillante de las invasiones a Guantánamo (1871), Las Villas (1875) y Occidente (1895), y de la Campaña de La Reforma (1897), el táctico genial de La Sacra, Las Guásimas, Mal Tiempo.

Solían decir sus ayudantes y escoltas que en los combates su voz sonaba imperativa y rápida, cuando lanzaba el grito de “¡Al machete!” y levantaba su brazo armado del arma “de ancha y curva hoja de fino acero” y “partía como un rayo, sin preocuparse de si lo seguían o no sus bravos hombres”. Según cuentan, en la guerra del 95, durante la invasión a Occidente, una vez Gómez le orientó al general colombiano José Rogelio Castillo que contabilizara las municiones. “Solo se dispone de dos cartuchos por cada arma”, le informó el internacionalista sudamericano. Antonio Maceo intervino en el diálogo y aseguró que a los cubanos les bastaba el machete para vencer. “Pues adelante, general”, precisó Gómez. “Si se avista al enemigo, un tiro y al machete”.

Uno de sus más enconados rivales, Arsenio Martínez Campos, artífice del Pacto del Zanjón, le calificó como “el primer guerrillero de América”. Otro militar ibérico, el general Armiñán, le llamó “el que más valía de nuestros enemigos”. El político Cánovas del Castillo, contrario jurado de la independencia cubana, le denominaba “el mejor general de ambos bandos”.

Ante la neocolonia

Al cese de la dominación española, con sus declaraciones y su actitud definidamente independentista, disuadió a Estados Unidos en su proyecto de anexarse a Cuba. Definió como su objetivo fundamental “la constitución definitiva de la República para que Cuba sea realmente libre e independiente” en una famosa carta al presidente yanqui.

Cuando Washington apeló al neocolonialismo, mediante la Enmienda Platt, impugnó fuertemente ese apéndice a nuestra soberanía, y, junto con Juan Gualberto Gómez y otros patriotas, convocó solemne y públicamente a luchar contra esa imposición.

Enfrentado al reeleccionismo de Estrada Palma y a la amenaza de la llegada al poder de elementos autonomistas y anexionistas, falleció en La Habana, el 17 de junio de 1905.

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Fuentes consultadas

Los libros Mi diario de la guerra, de Bernabé Boza; Crónicas de la guerra, de José Miró Argenter; Mis primeros treinta años, de Manuel Piedra Martel; Con Maceo en la invasión, de José Llorens; y Máximo Gómez Báez, sus campañas militares, del Centro de Estudios Militares de las FAR. La compilación Máximo Gómez en la independencia patria.

 


Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García