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Publicado el 12 Junio, 2015 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

ANTONIO MACEO

Soldado de la libertad nacional

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA
Fotos: Archivo de BOHEMIA

Antonio Maceo, según el artista Esteban Valderrama.

Antonio Maceo, según el artista Esteban Valderrama.

Es una amplia llanura, en la que en 1878, casi despoblada, frondosos bosques disputaban su territorio a los hatos ganaderos. Desde Miranda, donde actualmente muele cañas el complejo agroindustrial Julio Antonio Mella, hay que recorrer cerca de 15 kilómetros hasta el poblado de Sabana de Bío y torcer a la izquierda por una carretera de unos 10 metros de ancho, que ha sustituido al trillo de centuria y media atrás, entonces roturado por las ruedas de madera de pesadas carretas de bueyes y custodiado por una espesa manigua, donde hoy se alzan cañaverales. Tres kilómetros más tarde aparecía una arboleda de mangos “de corazón”. Allí, en el sitio que los lugareños llamaron Baraguá, había levantado campamento el mayor general Antonio Maceo.

El 15 de marzo de 1878 amaneció con una densa neblina que no dejaba divisar el horizonte más allá de diez pasos. Un vigía, encaramado en el árbol más alto para eludirla, gritó: “¡Ya vienen!”. Eran Arsenio Martínez Campos (Segovia, 1831) y su comitiva. Llegaban a entrevistarse con el jefe mambí, el último obstáculo para el definitivo triunfo de la estrategia de pacificación con la que España había logrado el Pacto del Zanjón un mes antes.

“¿Cuál de ustedes es el señor Maceo?”, dijo el general español con la obvia intención de evidenciar que no les reconocía la beligerancia ni los grados militares a los mambises. “Yo soy el general Maceo”, le rectificó el insurrecto. Ya desde su inicio, aquel encuentro hacia presagiar el enfrentamiento de dos fuerzas antagónicas: la del Estado español, representada por el rico entorchado del militar segoviano; la de la nación cubana, por la humilde chamarreta del mulato.

La Protesta de Baraguá cambió radicalmente el curso de la historia de Cuba.

La Protesta de Baraguá cambió radicalmente el curso de la historia de Cuba.

A Martínez Campos le precedía la fama de su habilidad en la diplomacia y la retórica, con las que en España había puesto fin a una guerra civil de varias generaciones al desarmar a carlistas y facciosos del norte ibérico y Cataluña. Tales cualidades le habían sido muy útiles para conseguir que muchos cubanos dejaran caer la espada en el Zanjón. Pero en Baraguá andaba muy mal informado; le habían asegurado que encontraría a un “mulato que era arriero y hoy se cree general”. Creyó también que la única razón de la entrevista en Baraguá era la vanidad del cubano y se dispuso a halagarla.

El jefe mambí le atajó a tiempo e igualmente, en voz baja y con un gesto conminatorio, impidió la lectura de las bases del Pacto del Zanjón. En Cuba, le advirtieron al militar segoviano muchos de los cubanos presentes, aparte del Titán, nunca podría haber paz sin independencia ni abolición de la esclavitud.

Ante tanta intransigencia, Martínez Campos comprendió su errónea apreciación inicial. Su verbosidad se estrellaba contra los principios no negociables del cubano. Con su Protesta, Maceo trastornaba de un golpe la estrategia de pacificación de la Isla y a la vez cambiaba radicalmente el curso de la historia de Cuba. El Zanjón no había puesto fin a la guerra, sino tan solo a una de sus etapas. En la arboleda oriental, la capitulación de la sabana camagüeyana se había convertido en simple tregua. El prestigio de la Revolución del 68 se había salvado.

“¿No nos entendemos?”, indagó el español. “No nos entendemos”, replicó el santiaguero. La noticia se propagó por el campamento cubano y un combatiente mambí comenzó a gritar: “El 23 se rompe el corojo”.

Ideario: Patriotismo

El trágico fin de la Revolución Cubana fue desastroso para mí, pero no hubo ni voluntad ajena que me alejara del deber que me había impuesto en ella, ni oferta que influyera en mi decidida resolución de ser independiente o mártir de aquella causa […] Entonces no me arredró el inminente peligro que corría. (Carta de Maceo a Marco Aurelio Soto, abril de 1883.)

La patria ante todo […] continuar es deber; retroceder, vergüenza oprobiosa. (Carta a María Cabrales, marzo de 1895.)
No es sacrificio inmolarse por la Patria, es la dulcificación del alma. (Carta a Salvador Cisneros Betancourt, septiembre de 1895.)

La familia heroica

Casa natal, en Los Maceo 16, Santiago de Cuba

Casa natal, en Los Maceo 16, Santiago de Cuba

Vino al mundo en la casa número 90 de la santiaguera calle Providencia (hoy Los Maceo 16), actualmente convertida en museo. De acuerdo con lo expresado en la partida número 212, folio 126 del Libro 17 de Bautismo de Pardos, por el presbítero de la Iglesia Santo Tomás Apóstol, “bauticé, puse óleo y crisma, y por nombre Antonio de la Caridad, a un párvulo que nació el 14 de junio último, hijo natural de Mariana Grajales, parda libre”. Según las leyes de la época, al no estar casados sus padres por la Iglesia, no podía ostentar el apellido paterno. Al cesar la dominación española, la mojigata sociedad de la época trató de adulterar las partidas bautismales de algunos miembros de la familia heroica, entre ellos (¡por supuesto!) la de Antonio, para que aparecieran como hijos legítimos de Marcos Maceo. Certificación inútil. El pueblo cubano, sin necesidad de párrocos y leguleyos, ya lo había bautizado como Antonio Maceo Grajales para siempre.

A Mariana la describían, antes del 68, “robusta, más bien de baja estatura, nerviosa, de movimientos ligeros”. Nacida el 12 de julio de 1815. Aida Rodríguez Sarabia y Nydia Sarabia, las primeras biógrafas de la madre heroica, señalaban a 1842 como la posible fecha de su unión con Marcos Evangelista Maceo. Quienes lo conocieron aseguraban que tenía fama de honrado a toda prueba y un gran ascendiente entre los campesinos de la zona. En su expediente del Ejército español se plantea que permaneció en esa fuerza de 1826 a 1837. Aunque durante mucho tiempo se aceptó la hipótesis de su origen venezolano, de la cual nunca se halló documento que la fundamentara, en realidad nació en Santiago de Cuba, el 25 de abril de 1808.

Ideario: Amor filial

Ella, la madre que acabo de perder, me honra con su memoria de virtuosa matrona y confirma y aumenta mi deber de combatir por el ideal que era el altar de su consagración divina en este mundo. ¡Ah, qué tres cosas! Mi padre, el Pacto del Zanjón y mi madre […] La primera vez que sufrí fue en los campos de nuestra Patria con la muerte de mi padre, lleno de amor por sus hijos y por el progreso de la independencia, que selló con su sangre. (Carta a José Martí, enero de 1894.)

El joven mambí

El Titán en 1878.

El Titán en 1878.

Años más tarde relataría María Cabrales, la esposa del luego general Antonio, que después del grito del ingenio Demajagua, Juan Bautista Rondón y un grupo de insurrectos llegaron a la finca de Marcos Maceo, quien les ofreció comida, caballos frescos y unas armas que guardaba en la casa. Rondón le pregunta al matrimonio cuáles de sus muchachos iban a dar para la insurrección. “Estoy listo”, dijeron al unísono Antonio, Justo y José. “Y yo”, repitieron los restantes. Según el testimonio de María, “la vieja Mariana, coge un crucifijo y dice: de rodillas todos, delante de Cristo que fue el primer hombre liberal que vino al mundo, juremos libertar a la Patria o morir por ella”.

Esa misma noche marcharon desde Majaguabo, hacia su primer combate, junto con una tropa insurrecta, Justo, Antonio, José y todos los varones en edad de pelear. La historiografía tradicional asegura que el bautismo de fuego de Antonio acaeció en Ti Arriba, el 12 de octubre de 1868, y que allí lo ascendieron a sargento, pero hay investigadores que discrepan de esa fecha. A fuerza de coraje el futuro Titán se fue ganando los ascensos. El 16 de enero de 1869 ya era comandante; diez días más tarde, teniente coronel. Acompañó a Máximo Gómez en la Invasión a Guantánamo (1871) y al año siguiente lo ascendieron a coronel. En el Camagüey batió el cobre en Naranjo-Mojacasabe, Las Guásimas, Nuevitas y Cascorro. El 6 de mayo de 1877 le impusieron las estrellas de mayor general. Lo hirieron gravemente en Potrero de Mejías tres meses más tarde. En febrero de 1878, mientras algunos preparaban la capitulación del Zanjón, libró victoriosos combates en Llanada de Juan Mulato y San Ulpiano.

Después de la Protesta de Baraguá, el gobierno mambí constituido allí lo envió de misión a Jamaica. En esta isla conoció de la capitulación de los orientales. Luego, en la Guerra Chiquita, intentó incorporarse a la manigua. Como él mismo explicara en una proclama a sus compañeros de lucha (1885), “me arrojó a playas extrañas la confianza de los míos, que convertida en traición, hizo imposible mi regreso”.

Durante toda la Tregua Fecunda (1880-1895) batalló por encender de nuevo la llama de la insurrección. Con la fundación del Partido Revolucionario Cubano (PRC), por José Martí, renació la esperanza.

Ideario: soldado sin pretensiones

Mande usted pues sin cuidado que será fielmente obedecido. Desde que me puse activamente al servicio de Cuba, volví a ser lo que era para mi patria, soldado sin condición ni pretensiones […] El amor a la Patria es tan poderoso que es necesario convenir con el desvío de nuestras impaciencias. (Carta a Máximo Gómez, octubre de 1885.)
Antes de todo soy patriota, ninguna circunstancia, situación, conveniencia particular o de interés general, me harían variar de parecer. (Carta a Máximo Gómez, enero de 1886.)

El atentado

Maceo en Costa Rica; es el tercero de izquierda a derecha, entre Flor Crombet y Agustín Cebreco

En Costa Rica, 1892, tercero de izquierda a derecha, entre Flor Crombet y Agustín Cebreco.

Durante mucho tiempo fue común oír en ciertos círculos madrileños que los problemas de Cuba se solucionaban con dos balas: una para el Titán y otra para Máximo Gómez. No es de extrañar que en 1894, cuando los preparativos para iniciar la Guerra Necesaria en la Isla marchaban a buen ritmo, el cónsul español en Costa Rica hubiera recibido instrucciones para la ejecución de un atentado contra el Héroe de Baraguá.

El 10 de noviembre de 1894, al finalizar la función del teatro Variedades, donde actuaba la compañía del actor cubano Paulino Delgado y a la que había asistido Antonio Maceo, acompañado de Enrique Loynaz del Castillo y otros patriotas, un grupo de españoles rodeó a este, a quien amenazaron. Cuando el general Antonio acudió hacia donde estaba el joven cubano, se produjeron los primeros disparos salidos de otro grupo de peninsulares que estaba apostado en la esquina de la calle. Inmediatamente se oyeron voces: “A Maceo, tiradle a Maceo”.

Se generalizó la balacera, de un lado los españoles, y del otro, los mambises: Pepe Boix, el colombiano Adolfo Peña y Loynaz respondieron con sus revólveres.

Según los testigos, un español, Lucio Chapestro, hirió por la espalda al Titán. Hacia Maceo avanzó otro peninsular, el comerciante Isidro Incera, revolver en mano. “Este sí es peligroso”, exclamó al verlo el mayor general mambí. Loynaz, de un certero fogonazo, paró en seco a Incera. Los integristas se desbandaron.

Ideario: Unidad

Hay gobiernos como el español que abrumados por no poder ocultar su derrota moral en el momento mismo de proclamar la paz, emplean el maquiavelismo del mal, […] funda hoy toda su política en sembrar la división más profunda entre los diferentes elementos que, a su pesar juntos darán fin a la obra terminada […] Siempre he sido soldado de la libertad nacional que para Cuba deseo y nada rechazo con tanta indignación como la pretendida guerra de raza. Siempre como hasta ahora estaré al lado de los intereses sagrados el pueblo todo e indivisible […] Nunca se manchará mi espada en guerras intestinas que harían traición a la unidad interior de mi patria. (Comentarios a la carta que dirigió al general Polavieja, 1881.)

Martinete en fuga

Acampado unos diez kilómetros al suroeste de Bayamo, el general Antonio supo que de Veguitas partirían dos columnas españolas, al mando de los generales Arsenio Martínez Campos (el “compadre Martinete”, como el santiaguero denominaba en broma al segoviano) y Santocildes. En la mañana del 13 de julio de 1895, el Titán situó sus fuerzas entre el caserío de El Tanteo y el río Mabay, con la sabana de Peralejo a su espalda. Pero el espionaje español avisó a Martínez Campos de la presencia mambisa en el lugar y la tropa colonialista se desvió.

La vanguardia peninsular sorprendió a los cubanos con un ataque por donde no se los esperaba. Por órdenes del Titán, las infanterías de Quintín Bandera y Jesús Rabí embistieron al enemigo por el flanco derecho, mientras que, personalmente, él encabezó una carga de caballería. La avanzada española quedó atrapada entre dos fuegos, pero Martínez Campos lanzó en su rescate al grueso de sus huestes a través de la sabana de Peralejo.

En ese lugar arreció el combate. Cayó el general Santocildes y Martínez Campos ordenó retirada. Los mambises, ya sin municiones, no pudieron impedir que el enemigo huyera por el río Mabay rumbo a Bayamo.

Ideario: Antirracismo

Los cubanos no tienen más que una bandera, la de la independencia que cobija a todos los hombres, de cualquier origen o raza que sean, allí se lucha por la igualdad del hombre y la emancipación de la esclavitud. (Comentarios sobre un decreto del Gobierno español, 1879.)

No obedeceré, pues, jamás, con perjuicio de la patria, a los caprichos y deseos de determinados círculos […] Protestaré asimismo y me opondré hasta donde me sea posible a la usurpación de una raza sobre otra. (Carta a José Martí, 1888.)

La hazaña militar de la centuria

Invasión de Oriente a Occidente

La Invasión a Occidente está considerada por varios tratadistas militares como la mayor hazaña militar del siglo XIX.

Antonio Maceo había salido de Mangos de Baraguá el 22 de octubre de 1895, con unos mil 400 hombres. Tras 32 días de marcha atravesaron un territorio dominado por el enemigo hasta la Trocha Júcaro-Morón y se reunieron, en el lugar conocido como Lázaro López, con el Generalísimo Máximo Gómez el 29 de noviembre de 1895.

Con la fusión de ambos contingentes quedó constituido el Ejército Invasor, formado ahora por unos cuatro mil hombres, entre orientales, camagüeyanos y villareños, tres mil de ellos a caballo. El General en Jefe les dirigió la palabra: “Soldados, la guerra empieza ahora. La guerra dura y despiadada… El día que no haya combates, será un día perdido o mal empleado”.

Y así fue. Su traslado por tierras avileñas y espirituanas nada tuvo de pacífico. Treinta batallones y unos 40 mil hombres había concentrado allí el general Arsenio Martínez Campos. No obstante, el Ejército Invasor llegó a suelo cienfueguero. Al acampar allí, el Generalísimo ordenó un conteo de cartuchos existentes en la tropa: solo quedaban dos por arma. El dominicano sonrió: “Si se avista el enemigo, un tiro y al machete”.

Con esta disposición combativa la extrema vanguardia cubana topó cerca de Mal Tiempo, un caserío ubicado a cinco kilómetros de Cruces, con una columna española. Gómez, al frente de una tropa, arremetió contra los ibéricos. A Maceo y sus hombres los detuvo momentáneamente una cerca de alambre. Derribada esta, secundaron la carga de Gómez y su tropa. El cuadro español quedó literalmente destrozado en 15 minutos. España sufrió más de 300 bajas, la mitad mortales.

Luego vendrían los combates de Coliseo (23 de diciembre) y Calimete (29), que evidenciaron la incapacidad de Martínez Campos para detener la marcha de la Invasión. El 7 de enero (1896) el general Antonio y sus efectivos emprendieron su marcha de territorio pinareño y asaltaron la guarnición de Cabañas, que bajo un torrencial aguacero hicieron rendir (9 de enero). Llegaron a Guane el día 20. A las cuatro de la tarde del 22 de enero de 1896 entraron en Mantua, bajo los aplausos y vítores de la población. Tras 92 días, desde su salida de Mangos de Baraguá, la columna invasora había recorrido más de dos mil kilómetros de un país fortificado y en poder del enemigo.

Ideario: Confiar en el esfuerzo propio

No me parece cosa de tanta importancia el reconocimiento oficial de nuestra beligerancia ni tan provechosa al porvenir de Cuba la intervención (norte) americana, como suponen la generalidad de nuestros compatriotas. Creo más bien que en el esfuerzo de los cubanos que trabajamos por la patria independiente, se encierra el secreto de nuestro definitivo triunfo, que solo traerá aparejada la felicidad del país si se alcanza sin aquella intervención. (Carta a Alberto Díaz, julio de 1896.)

Peleadero de Tapia

Lomas de Tapia un lugar importante en la historia de la lucha independentista.

Lomas de Tapia, escenario de la enconada resistencia de los mambises a las embestidas españolas.

Enfurecido por los éxitos de Maceo en Vueltabajo, Valeriano Weyler lanzó el 14 de abril de 1896 contra el cuartel general del jefe mambí, en Lomas de Tapia, a tres mil soldados y oficiales, con el general Suárez Inclán al frente. Los mambises acantonados allí no pasaban de 250. No obstante, los peninsulares no pudieron avanzar.

Ocho combates se sucedieron hasta el 26 de abril. Como concluiría el cronista y general mambí Miró Argenter, Maceo demostró que aquellas lomas eran inaccesibles para el ejército colonialista. Miles de soldados conducidos por un jefe intrépido y tenaz no pudieron expulsar de Tapia al Titán. Aquellas lomas seguían siendo insurrectas y el general Antonio las bautiza como “El Peleadero de Tapia”, sin percatarse de que estaba inventando un neologismo.

El 11 de junio Weyler reinició sus ataques. Volvieron los combates casi diarios, a partir del día 17. Con una defensa activa, aprovechando el conocimiento y las condiciones del terreno, Maceo derrotó las catorce embestidas del Ejército peninsular. El jefe mambí no solo se dedicó a defender sus posiciones, sino que atacó al enemigo cuando la situación le fue propicia. La estrategia del Titán, seis décadas después, le serviría de inspiración a Fidel y al Ejército Rebelde para derrotar la ofensiva batistiana de 1958.

Ideario: La libertad se conquista

Durante su visita a La Habana, 1890

Durante su visita a La Habana, 1890

De España jamás esperé nada; siempre nos ha despreciado y sería indigno que se pensase en otra cosa. La libertad se conquista con el filo del machete, no se pide: mendigar derechos es propio de cobardes incapaces de ejercitarlos. Tampoco espero nada de los (norte) americanos; todo debemos fiarlo a nuestros esfuerzos, mejor es subir o caer sin ayuda que contraer deudas con vecino tan poderoso. (Carta a Federico Pérez Carbó, julio de 1896.)
Y si hasta hoy las armas cubanas han ido de triunfo en triunfo […] ¿A qué intervenciones e injerencias extrañas que no necesitamos ni convendrían? Cuba está conquistando su independencia con el brazo y el corazón de sus hijos; libre será en breve plazo sin que haya menester otra ayuda. (Carta a José Dolores Poyo, julio de 1896.)

San Pedro

A mediodía del 7 de diciembre de 1896, tras haber almorzado gallina y algunas viandas, el general Antonio se hallaba recostado en su hamaca, sin sus botas, que, junto al machete y al revolver, estaban debajo de la lona, al alcance de la mano, tal cual era su costumbre. Cerca de su tienda pastaba el caballo, desensillado y sin freno. Mientras degustaba el café, no dejaba de bromear con Miró Argenter sobre la adicción a la infusión que este padecía.
Sonaron varios disparos seguidos de descargas cerradas. “Dame la mano”, dijo Maceo a uno de sus ayudantes, para levantarse de la hamaca, poder vestirse y ensillar la cabalgadura. Desenvainó el machete: “Por aquí”, ordenó a quienes le rodeaban mientras señalaba el camino y espoleó su caballo. Avanzó resueltamente hacia la cerca de piedras que delimitaba la finca La Matilde y torció a la derecha,  rumbo a la alambrada que dividía a las fincas Bobadilla y Purísima Concepción. En busca del enemigo.

Fuentes consultadas
Datos ofrecidos al autor de este trabajo por los historiadores Olga Portuondo y Joel Mourlot, y las especialistas del Museo Oscar Lucero del municipio de Mella, Santiago de Cuba. Los libros Crónicas de la guerra, de José Miró Argenter; Antonio Maceo. Análisis caracterológico, de Leonardo Griñán Peralta; Maceo. Estudio Político y patriótico, de Leopoldo Borrego; Antonio Maceo. Apuntes para una historia de su vida, de José Luciano Franco; y La Revolución de Yara, de Fernando Figueredo. Las compilaciones Antonio Maceo. Ideología política. Cartas y otros documentos; Papeles de Maceo; El pensamiento vivo de Maceo, de José Antonio Portuondo; y 500 pensamientos maceístas, de Lídice Duany. El Diccionario Enciclopédico de Historia Militar de Cuba.


Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García