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Publicado el 26 Noviembre, 2015 por Redaccion Cultura e Historia en Historia
 
 

CUBA 1896

Zertucha y la caída del Titán

El cuadro muestra a los mambises conmocionados que levantan el cadáver de Antonio Maceo, cerca de un palmar.

El famoso óleo sobre la caída del Titán, de García Menocal, por cuyas inexactitudes históricas prosigue una enconada polémica. (Pintura de A. G. Menocal)

Por LÍDICE DUANY DESTRADE *
Fotos: Archivo de BOHEMIA

La caída en combate del mayor general Antonio Maceo, el 7 de diciembre de 1896, fue un suceso que despertó emociones encontradas entre los dos bandos en conflicto. Para los independentistas fue una pérdida irreparable, había muerto “[…] la figura más excelsa de la Revolución”, al decir de Máximo Gómez; por otro lado, la alegría minó los corazones, hogares y ciudades en las cuales los colonialistas y sus seguidores festejaban el suceso que acabó con la vida de uno de los pilares del Ejército Libertador.

Pero los primeros en conmocionar por la muerte del Titán de Bronce fueron aquellos que junto a él participaron en el combate de San Pedro y vivieron el momento de la caída y su rápido paso a la inmortalidad. Estos hombres se desconcertaron, confusión que se manifiesta en las 47 versiones que sobre el hecho se han vertido, las cuales lejos de aclarar los acontecimientos, han nublado la realidad de lo allí ocurrido, particularmente en algunos aspectos medulares como la causa que motivó la salida tempestuosa de Maceo de Pinar de Río, el porqué se escogió el sitio de San Pedro para levantar el campamento mambí; el lugar en donde se encontraba Panchito Gómez Toro en el momento de efectuado el combate; quiénes estaban alrededor de Maceo cuando cae y cuánto tiempo estuvieron a su lado; quién dirigió el rescate de los cuerpos de Maceo y Panchito.

Entre los mambises presentes, el día y lugar al que nos referimos, se encontraba el doctor Máximo Zertucha, quien fungía como médico del Cuartel General y que dio varias versiones sobre este hecho. Una de ellas fue la carta escrita al director del New Herald de Nueva York el 19 de diciembre de 1896, en la cual respondía a las acusaciones de traidor y asesino de Maceo. Inculpaciones que, según nos aclara Federico Pérez Carbó en el artículo titulado “7 de diciembre” de la Revista Acción Ciudadana, fueron inducidas por él.

Pérez Carbó plantea que conoce de la muerte de Maceo en la mañana del 8 de diciembre de 1896, un día después del deceso, estando en la ciudad de Jacksonville y que enseguida se percata de la veracidad, pues se hablaba de pertenencias de objetos ocupados al cadáver del Titán, que reconocía. Apunta que con la noticia cundió el pánico entre la emigración, la cual veía en la muerte de Maceo el fracaso de la revolución

Un traidor que nunca lo fue

Ante esta situación y para levantar el “espíritu patriótico”, confesó Pérez Carbó, que inventó una mentira “[…] a sabiendas de que lo que hacía era en beneficio de mi causa aunque echara la responsabilidad criminal al general Arolas e imputara un acto de traición al doctor Zertucha, médico de Maceo que se había presentado al enemigo”.

Para ello se inspiró en un artículo leído en el periódico La Lucha donde se anunciaba la salida del oficial español en misión secreta del Estado Mayor, en la cual, según la imaginación de Pérez Carbó, debía reunirse con Zertucha para planear la muerte del general cubano

El resultado fue según el autor, un éxito. La novela surtió un efecto maravilloso. El pueblo estadounidense explotó indignado; la prensa mundial comentó el hecho vergonzoso repudiándolo; reaccionó el abatido espíritu cubano; llovieron los donativos pecuniarios y de material de combate. “Si fallé, si pequé, que Dios me lo perdone. Mintió contra su sagrado ministerio la monja protagonista de Los Miserables, para salvar a un hombre. Mentí yo para salvar a un pueblo”, reconoció Pérez Carbó.

Este parece ser el origen y el porqué de los rumores contra el Dr. Zertucha, mentira repetida por muchos y que suscitó algunas caricaturas en la prensa de la época.

San Pedro, la versión de Zertucha

Con el afán de defenderse, Zertucha escribe la carta antes mencionada, en la cual se destacan algunos aspectos que también distorsionan la verdad histórica sobre lo sucedido ese nefasto día. En primer lugar apunta que las fuerzas mambisas tuvieron tiempo de prepararse para presentar combate a las tropas españolas que le seguían el rastro; este hecho no fue así: los disparos sorprendieron a los cubanos cuando descansaban. Maceo y otros oficiales escuchaban los relatos que escribía Miró Argenter acerca de la invasión y formarían parte de su futura obra: Cuba. Crónicas de la Guerra. Esta acción sorpresiva provocó desconcierto entre los mambises, y, ante la sorpresa, los jefes cubanos, olvidándose de organizar a sus tropas y para evitar que la avalancha española llegara hasta donde se encontrara Maceo, se lanzaron al combate. Cumplido ya el objetivo de expulsar a los españoles, la reorganización no fue posible y cada jefe continuó peleando como simple soldado, ignorando el estado real de sus unidades.

En la obra de Francisco Pérez Guzmán La Guerra en La Habana, de referencia obligada al tratar el combate de San Pedro, el autor destaca cómo el eslabón débil fue la exploración, pues los exploradores se confiaron y no cumplieron con todo su cometido. Aunque la orden del servicio de exploración fue cumplida no se ejecutó adecuadamente, pues se conoció de la salida del Batallón de San Quintín con rumbo norte hacia Cangrejos, pero al no seguir a las tropas españolas y pecar de extrema confianza, desconocieron que las fuerzas enemigas retrocedieron luego de almorzar en Bauta, lo que posibilitó la sorpresa en el campamento mambí.

El relato que hace Zertucha, referente al momento en que es herido Antonio Maceo, y en particular, lo que sucedió luego es un punto a detenerse. Apunta el galeno que al llegar al camino de la entrada principal de San Pedro, el grupo encabezado por el general Maceo flanqueó a la izquierda y se dirigió a la cerca de piedra de Cuatro Caminos de Piña, quedando atrapado: al frente por la línea española a solo cuatrocientos metros; al franco izquierdo, por una cerca de piedra; así, el único camino posible era cortar una cerca de alambre que dividía el cuartón de Bobadilla. Para realizar esta operación fue necesario desmontarse de los caballos, movimiento que no pasó inadvertido por los españoles, que vieron en ese grupo de cubanos un blanco fácil y hacia allí dirigieron el fuego, formándose una atmósfera cargada donde, como apunta Zertucha, “[…] más que aire era plomo lo que respiraba […]”.

En ese instante hieren al Titán de Bronce, el primero en caer: un proyectil de máuser había penetrado a dos centímetros de la sínfisis mentoniana, del lado derecho fracturando la mandíbula inferior en tres puntos y había salido en la parte posterior lateral izquierda de la base del cuello, desgarrando a su paso el paquete vascular carotideo, lo que produjo una hemorragia que al momento le produjo la muerte.

Zertucha afirma que ante el fuego enemigo otros mambises resultaron heridos, por lo cual fue imprescindible la retirada. Entre ellos menciona al comandante Alfredo Jústiz –quien muere al día siguiente de peritonitis- y al general Miró Argenter. Respecto a este último en otra de las versiones ofrecidas por el Doctor, en carta abierta a La Lucha del día 16 de septiembre de 1899, afirma que al solicitar ayuda de Miró este “sin escrúpulos de ninguna clase exclamó en un grito –casi lo oyen los españoles desde su trinchera– “que estaba herido y que iba a buscar refuerzos […]”.

En este punto las versiones difieren, pues algunos autores tratan de atribuirse el hecho de ser el último en acompañar el cuerpo del Titán. En su relato, Zertucha plantea que solo fue ayudado, por un mambí, de quien no recuerda su nombre, el cual también resultó herido, y quedó solo e hizo disímiles intentos por sacar el cuerpo de Maceo del campo de batalla. Otras versiones apuntan que el médico fue uno de los que salieron del campo momentos después de la caída del General, en su caso diciendo que iba a buscar medicinas.

Disonancias de esta versión

Caricatura de Zertucha en la que se le muestra con una bolsa de dinero y se le relaciona con Judas y otros famoso traidores

Al igual que The New York Journal la prensa mundial repudió a Zertucha como un traidor

Zertucha también se atribuye en sus versiones la ayuda que Panchito le prestara en los fallidos intentos por sacar el cuerpo del general Maceo y ponerlo a buen recaudo. El médico afirma que cuando se encontraba al lado del cadáver del general caído y parapetado detrás de un caballo, se le aparece Panchito Gómez Toro. No aclara cómo el joven se enteró de lo sucedido, pero sí que tenía un brazo en cabestrillo, producto de una herida recibida días antes en el combate de Vejerano o la Gobernadora, y que fue herido de nuevo junto al cadáver del padrino. En esta oportunidad la herida fue en el brazo derecho, lo que le imposibilitó dar una efectiva ayuda. El médico plantea que le hizo innumerables súplicas para que saliera de aquel lugar, pero recibió la respuesta “[…] que saquen al general después a mí”.

Otro aspecto disonante que aparece en esta versión es lo referente al rescate de los cuerpos de Maceo y Panchito. Afirma Zertucha que el único mambí dispuesto a realizar tal acción fue “el valiente”, “el honrado” Pedro Díaz, quien no vaciló ante el apremio del galeno. Desconociendo así la valerosa acción del coronel Juan Delgado González, mambí que al conocer lo sucedido gritó “El que sea cubano que me siga”, y arrastró a un grupo de 18 cubanos, entre los que no se encontraba el doctor Máximo Zertucha, quien en su versión se incorpora al grupo que realizara tan valiente acción.

Las condiciones en que -según Zertucha- fueron encontrados los cadáveres coinciden con la realidad. Reafirma que los cuerpos fueron desvalijados de su ropa, zapatos, prendas y armas, y que Panchito no había muerto de la herida que recibió en el brazo derecho, sino que tenía una puñalada en el pecho y el cráneo dividido por un machetazo. La primera herida provocada por el propio mambí que intentó suicidarse y la segunda un brutal golpe de remate del práctico Juan Santana, el mismo que luego entregó a las autoridades españolas las pertenencias que quitaron a los cuerpos de los mambises.

Ya casi llegando al final, Zertucha hace una valoración crítica de las contradicciones internas que se daban en el seno de la dirección de la revolución, donde el gobierno civil se inmiscuía en las acciones militares e interrumpía el desempeño bélico de la insurrección; causa esta por la que el Generalísimo envió a buscar en reiteradas ocasiones al general Maceo.

El día 9 de diciembre de 1896, apenas a dos días de los sucesos de Punta Brava, Máximo Zertucha se presenta en San Felipe al coronel español Tort, acogiéndose a indulto, y le confirma al gobierno español que el 7 de diciembre en una acción militar sin importancia muere el Titán de Bronce y el hijo del Generalísimo, el joven Panchito.

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* Doctora en Ciencias Filosóficas. Profesora Auxiliar del Departamento de Marxismo de la Universidad de Oriente.

Fuentes consultadas: El libro La Guerra en La Habana, desde enero de 1896 hasta el combate de San Pedro, de Francisco Pérez Guzmán; la Carta de pésame de Máximo Gómez a María Cabrales, 1897 (tomada del libro Epistolario de héroes. Cartas y documentos, de Gonzalo Cabrales; los textos 7 de diciembre, de Federico Pérez Carbó (aparecido en Revista Acción Ciudadana, 1940) y Aproximación a la muerte de Antonio Maceo y Francisco Gómez Toro, de Lídice Duany (incluido en el libro Aproximaciones a los Maceo),


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