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Publicado el 5 Diciembre, 2015 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

OPERACIÓN CARLOTA-OPERACIÓN TRIBUTO (1975-1991)

Saldar una deuda con nuestras raíces

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Cuba salda su deuda internacionalista con el pueblo angolano

Más de 300 mil combatientes y unos 50 mil colaboradores participaron en la misión internacionalista cubana. (Foto: ROLANDO PUJOL)

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA
Fotos: Archivo de BOHEMIA

Corría el año 1989. De Cuba no partían tropas regulares, solidarias al llamado del pueblo angolano para repeler la agresión foránea a esa nación, sino especialistas del Instituto de Medicina Legal para la identificación y preparación de los cadáveres en el cementerio de la Misión Militar Cubana. Se iniciaba así la penúltima etapa de una campaña que en sus inicios (1975) se denominó Operación Carlota y que 14 años después concluyó con la Operación Tributo, consistente en el traslado a la Patria de los restos de los 2 077 internacionalistas que habían ofrendado sus vidas en misiones en África, para darles sepultura en los Panteones de los Caídos en los municipios del país.

El 7 de diciembre más de un millón de capitalinos asistieron a las exequias o integraron el cordón humano a ambos lados de las avenidas de los 15 municipios por donde circularon los cortejos fúnebres. Un mar de pueblo, enternecido y orgulloso, contempló el paso de los féretros en Santiago de Cuba, Bayamo, Camagüey, Guantánamo, Matanzas, Pinar del Río, Cienfuegos. En Ciego de Ávila, Isla de la Juventud y Santa Clara desafió la lluvia. En Holguín y Las Tunas unos 150 mil ciudadanos acompañaron a los héroes en marcha disciplinada hasta la necrópolis. En Sancti Spíritus la población los escoltó a lo largo del recorrido de más de dos kilómetros, desde la escuela Serafín Sánchez hasta el Panteón de los Caídos por la Defensa, erigido en su honor en el cementerio de la ciudad.

Era el homenaje del pueblo cubano a sus héroes. Como había puntualizado 15 años antes el general de ejército Raúl Castro Ruz, entonces ministro de las FAR: “De Angola solo nos llevaremos la entrañable amistad que nos une a esa heroica nación, el agradecimiento de su pueblo y los restos mortales de nuestros queridos hermanos caídos en el cumplimiento del deber”.

Inicios de una colaboración

Durante la lucha del pueblo angolano por la independencia contra el colonialismo portugués surgieron dos organizaciones políticas: el Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA), de Agostinho Neto, y el Frente Nacional para la Liberación de Angola (FNLA), de Holden Roberto. A pesar de todos los esfuerzos de la Organización de Unidad Africana (OUA) por unificarlas, resultó imposible debido al regionalismo y al sectarismo tribal de Roberto y sus seguidores, mayoritariamente pertenecientes a la etnia Bakongo, del nordeste del país. Entre 1966 y 1967 una disidencia del FNLA, encabezada por Jonas Savimbi, fundó la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (Unita).

Desde 1965 comenzó la colaboración de Cuba con la lucha independentista en Angola y Guinea Bissau, que consistió esencialmente en la preparación de cuadros, envío de instructores y ayuda material. Solo el MPLA mantuvo estrechas relaciones con la mayor de las Antillas, pues tanto FNLA como Unita recibían una jugosa subvención de la CIA, el régimen de Mobutu en Zaire y la Sudáfrica del apartheid.

Debilitado ya por la ruina económica y el desgaste de sus guerras coloniales en África y Asia, el imperio colonial portugués inició en 1974 su desintegración. Después de la Revolución de los Claveles, que derrocó a la tiranía fascista imperante en la nación ibérica, Guinea Bissau logró la independencia (septiembre de 1974), al igual que Mozambique (mediados de 1975), Cabo Verde y Sao Tomé (julio de ese mismo año).

En el caso de Angola, Estados Unidos puso en acción un plan encubierto para implantar un gobierno títere, en complicidad con el corrupto régimen zairense y con Sudáfrica, cuyas tropas no vaciló en usar.

A mediados de octubre de 1975, mientras el ejército de Zaire y fuerzas mercenarias reforzadas con armamento pesado y asesores militares sudafricanos se aprestaban a lanzar nuevos ataques en el norte de Angola, y estaban ya en las proximidades de Luanda, columnas blindadas sudafricanas habían penetrado el sur del país y avanzaban rápidamente con el objetivo de ocupar Luanda antes de la proclamación de la independencia angolana, el 11 de noviembre de 1975.

¿Por qué Carlota?

Operación Tributo

Un mar de pueblo, enternecido y orgulloso, contempló el paso de los féretros durante la Operación Tributo. (Foto: TOMÁS BARCELÓ)

Entonces solo había en Angola 480 instructores militares cubanos, en respuesta a la solicitud que hiciera Agostinho Neto, quien pidió cooperación para entrenar los batallones que integrarían el ejército del nuevo Estado independiente. Los instructores poseían únicamente armamento ligero.

Un pequeño grupo de ellos, en los primeros días de noviembre, junto a sus bisoños alumnos del Centro de Instrucción Revolucionaria de Benguela, enfrentó valientemente al ejército racista. Ocho instructores cubanos perdieron la vida y siete resultaron heridos: por primera vez la sangre de cubanos abonó el camino hacia la libertad de aquella tierra. Los sudafricanos nunca revelaron la cifra de sus cuantiosas bajas.

Ante esa situación Cuba, a petición del presidente Neto, decidió el envío de tropas regulares en completa disposición combativa, trasladadas por aire y por mar para enfrentar la agresión. Al respecto, Fidel ha expresado: “Sin vacilar aceptamos el reto. Nuestros instructores no serían abandonados a su suerte, ni tampoco los abnegados combatientes angolanos, y mucho menos la independencia de su patria, tras más de 20 años de heroica lucha. Se iniciaba lo que dio en llamarse Operación Carlota, nombre en clave de la más justa, prolongada, masiva y exitosa campaña militar internacionalista de nuestro país”.

El nombre era ya de por sí un símbolo. Así se llamaba una negra lucumí que junto a Fermina y otros más encabezaron una formidable rebelión de esclavos en Matanzas durante noviembre de 1843. Aunque ella no era oriunda de Angola ni de la cuenca del río Congo, de esos parajes procedían más de la tercera parte de los africanos secuestrados para trabajar como esclavos en los cañaverales, vegas y cafetales de la Isla. Aquí les denominaron cangos, apelativo metacrítico del llamado grupo etnolinguístico bantú que incluye unas 500 etnias, entre las que se hallan las seis más importantes de Angola.

La herencia conga es un componente relevante del etnos cubano, tanto como la andaluza, la canaria, la asturiana, la lucumí-yoruba o la carabalí. Para nuestro pueblo ir a luchar a Angola no solo era cumplir con el deber internacionalista, sino también saldar una deuda con nuestros antepasados, un regreso a las raíces. Fue como reeditar el gesto de aquellos mil que se fueron a España, en 1936, a luchar por la libertad.

La primera gran victoria

A finales de noviembre de 1975 la agresión enemiga había sido detenida en el norte y en el sur.  Unidades completas de tanques, abundante artillería terrestre y antiaérea, infantería blindada hasta nivel de brigada, transportadas por buques de la Marina Mercante cubana, se acumulaban rápidamente en la nación africana, donde 36 mil soldados internacionalistas cubanos iniciaron una fulminante ofensiva junto a los heroicos combatientes angolanos. Atacando por el sur al enemigo principal, hicieron retroceder al ejército sudafricano más de mil kilómetros hasta su punto de partida, la frontera con Namibia, entonces colonia de los racistas. El 27 de marzo el último soldado de estos abandonó el territorio angolano. En la dirección norte, en pocas semanas las tropas regulares de Mobutu y los mercenarios fueron arrojados al otro lado de la frontera con Zaire.

Según testimonio del Comandante en Jefe Fidel Castro, en ese momento “Cuba era partidaria de exigir a Sudáfrica un precio fuerte por su aventura: la aplicación de la Resolución No. 435 de las Naciones Unidas y la independencia de Namibia. El Gobierno soviético, por su parte, nos presionaba fuertemente solicitando nuestra rápida retirada, preocupado por las posibles reacciones yanquis.

“Tras serias objeciones por nuestra parte, no nos quedó otra alternativa que aceptar, aunque solo en parte, la demanda soviética. Ellos, aunque no fueron consultados sobre la decisión cubana de enviar tropas a la República Popular de Angola, habían decidido posteriormente suministrar armamento para la creación del ejército angolano y habían respondido positivamente a determinadas solicitudes nuestras de recursos a lo largo de la guerra. No habría perspectiva posible para Angola sin el apoyo político y logístico de la URSS después del triunfo”.

En abril de 1976, el hoy general de ejército Raúl Castro, entonces ministro de las Fuerzas Armadas, viajó a Angola para analizar con el presidente Neto la necesidad de proceder a la retirada gradual y progresiva de las tropas cubanas que sumaban 36 mil efectivos, en un lapso de tres años, tiempo suficiente para formar una fuerte Fapla (ejército angolano). Entretanto, como ha puntualizado Fidel, “mantendríamos fuertes unidades de combate en las alturas de la meseta central, a 250 kilómetros aproximadamente de la frontera con Namibia”.

Para 1977 ya habían regresado a Cuba unos 12 mil internacionalistas, la tercera parte de sus efectivos. El plan de retirada se cumplía hasta ese instante según lo previsto.

La guerra sucia

Cangamba después de la batalla

Héroes de la batalla de Cangamba, en el lugar de las hostilidades, después de la batalla. (Foto: Autor no identificado)

Pero Estados Unidos y Sudáfrica no estaban satisfechos. Confabulados y de forma solapada se produjeron innumerables agresiones y masacres perpetradas por el ejército del apartheid contra la población angolana, lo que trajo la lógica paralización del proceso de retirada de las tropas internacionalistas cubanas.

Junto con las cada vez más frecuentes incursiones de los racistas al interior de Angola, las fuerzas de la Unita también incrementaron sus ataques, sabotajes y otras acciones terroristas, cometieron crímenes atroces ante el silencio cómplice de las grandes transnacionales de la información.

En la localidad angolana de Cassinga radicaba un campamento de refugiados namibios ubicado a 250 kilómetros de la frontera con la entonces colonia sudafricana. En la mañana del 4 de febrero de 1978, cuando un inesperado alud de bombas de fragmentación sembró allí la destrucción y la muerte, aviones de Pretoria bombardearon y dispararon sin piedad a indefensos civiles; más de 500 paracaidistas lanzados desde naves del tipo Hércules C-130, de fabricación estadounidense, dieron comienzo a una dantesca cacería humana. Más de 300 de los 600 niños de edad escolar que vivían allí fueron masacrados por las bombas o cazados como animales. Madres con sus bebés en brazos, embarazadas y ancianos que no podían huir perecieron bayoneteados o baleados a boca de jarro. Jovencitas, incluso niñas, fueron violadas antes de morir.

Meses después con niños sobrevivientes trasladados a Cuba, se fundó la primera escuela de la SWAPO (Organización del Pueblo de África Sudoccidental), en la Isla de la Juventud.

El 2 de agosto de 1983 las fuerzas de la UNITA tratan de reeditar hechos similares en la aldea de Cangamba. Aparte de su estratégica posición, la toma de ese enclave constituiría el regalo de cumpleaños al genocida Savimbi, líder de la organización. Dieciséis batallones, seis baterías de artillería, morteros de diversos calibres, cohetes tierra-aire cayeron sobre la modesta agrupación de los 818 efectivos de las Fapla y 92 combatientes internacionalistas cubanos quienes resistieron durante 10 días de intensos combates.

Gracias a esa tenaz resistencia y a la aviación Minfar-Fapla que vino en su ayuda, las fuerzas de la Unita se vieron obligadas a retirarse.

En Sumbe no había tropas, ni siquiera de las Fapla, solo 230 cooperantes civiles cubanos, médicos, profesores y constructores en su mayoría, de ellos 43 mujeres, y otros colaboradores civiles que las huestes de Savimbi pretendían secuestrar. Contra ellos envió mil 500 efectivos, incluido uno de sus batallones élites, dotados con moderno armamento de infantería y morteros de 60 a 82 mm. Sumados los funcionarios y civiles angolanos a los internacionalistas, los defensores de Sumbe apenas eran 460, entrenados y equipados con armas ligeras de infantería.

Estos hombres y mujeres resistieron con sus fusiles milicianos, hasta que la llegada de refuerzos puso en fuga a los agresores. Siete cubanos cayeron en el desigual enfrentamiento.

Cuito Cuanavale

A finales de 1987 Sudáfrica y Estados Unidos lanzaron el último y más amenazador golpe contra una fuerte agrupación de tropas angolanas que avanzaba por terrenos arenosos en dirección a Jamba, en el límite suroriental de la frontera con Namibia, donde se suponía que radicaba el puesto de mando de Savimbi. Como ha testimoniado Fidel, “desesperadas llamadas de apoyo a la Agrupación de Tropas Cubanas se producían, por parte del Gobierno angolano, ante el desastre creado, sin duda el mayor de todos en una operación militar en la que, como otras veces, no teníamos responsabilidad alguna. En un esfuerzo titánico, pese al serio peligro de agresión militar que también se cernía sobre nosotros, la alta dirección política y militar de Cuba decidió reunir a las fuerzas necesarias para asestar un golpe definitivo a las fuerzas sudafricanas.

Tanques apoyan el avance hacia la frontera con Namibia

Mientras en Cuito Cuanavale las tropas sudafricanas eran desangradas, por el suroeste una formidable agrupación FAR-Fapla, apoyada por unos 600 tanques, avanzaba hacia la frontera de Namibia. (Foto: SERGIO CABALES)

“Nuestra patria repitió de nuevo la proeza de 1975. Un río de unidades y medios de combate cruzó rápidamente el Atlántico y desembarcó en la costa sur de Angola para atacar por el suroeste en dirección a Namibia, mientras, 800 kilómetros hacia el este, unidades selectas avanzaron hacia Cuito Cuanavale y allí, en unión de las fuerzas angolanas que se replegaban, prepararon una trampa mortal a las poderosas fuerzas sudafricanas que avanzaban hacia aquella gran base aérea. Esta vez se habían reunido 55 mil soldados cubanos en Angola”.

Al tiempo que en Cuito Cuanavale las tropas sudafricanas eran desangradas, por el suroeste una fuerte agrupación FAR-Fapla apoyados por tanques, piezas de artillería y los MIG-23 que garantizaron el dominio aéreo, avanzaron hacia la frontera de Namibia, dispuestas a barrer literalmente a las fuerzas sudafricanas.

La victoria de Cuito Cuanavale y el contundente golpe de nuestra aviación en Calueque no le dejaron otra opción al régimen racista de Sudáfrica que reconocer su derrota y aceptar la aplicación de la Resolución 435/78, mediante la cual se establecía la retirada de Namibia de todas las fuerzas militares de África del Sur. Así se aceleraron las conversaciones iniciadas en Londres y proseguidas en El Cairo entre las partes involucradas en el conflicto.

El 22 de diciembre de 1988, en la sede de la Organización de las Naciones Unidas, en Nueva York, se firmaron los acuerdos finales, suscritos por Angola, Cuba y Sudáfrica, en cuyo contenido solicitaron al Secretario General de la ONU iniciar el 1° de abril de 1989 la aplicación de la Resolución 435/78 para la independencia de Namibia. Otro, entre Angola y Cuba, estableció el calendario para el repliegue hacia los paralelos 15 y 13, y la retirada paulatina del contingente internacionalista.

La misión del pueblo cubano estaba cabalmente cumplida. Como apuntara Fidel: “Nuestros combatientes iniciaron el regreso a la patria con la frente en alto, trayendo consigo únicamente la amistad del pueblo angolano, las armas con que combatieron con modestia y valor a miles de kilómetros de su patria, la satisfacción del deber cumplido y los restos gloriosos de nuestros hermanos caídos. Su aporte resultó decisivo para consolidar la independencia de Angola y alcanzar la de Namibia. Fue además una contribución significativa a la liberación de Zimbabue y la desaparición del odioso régimen del apartheid en Sudáfrica”.

El regreso de los héroes

El 10 de enero de 1989 con la llegada a Cuba de la batería femenina de artillería antiaérea, comenzaba la Operación Victoria. En grupos de centenas, de manera continua, arribaba el resto a la patria. Los últimos soldados cubanos salieron de Angola el 25 de mayo de 1991, cinco semanas antes de la fecha acordada (1º de julio).

En la misión internacionalista de Angola no solo participaron más de 300 mil combatientes cubanos, sino también unos 50 mil colaboradores civiles. Como escribiera entonces el periodista Alberto Núñez, fue también “la gesta de millones que desde el archipiélago cubano con una carta o en el silencio alentaron cada acto de valentía y grandeza”.

Ahora, en este tercer milenio, cuando algunos pretenden reescribir la historia a su capricho y tarifados académicos tratan de minimizar el aporte de la misión internacionalista cubana con subterfugios, es bueno recordar lo que afirmara Nelson Mandela en ocasión de su visita a Cuba en el mes de julio de 1991: “Cuito Cuanavale marca el viraje en la lucha para librar al continente y a nuestro país del azote del apartheid”.

No por gusto reputados historiadores consideran a esa batalla como la más grande en la historia africana desde la Segunda Guerra Mundial. Incluso llegan a denominarla “el Stalingrado sudafricano”. Aunque los cubanos, un poco más modestos, preferimos llamarla “el Girón africano de la CIA y el apartheid”.

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Fuentes consultadas

Los discursos pronunciados por Fidel en el Cacahual (7 de diciembre de 1989) y en el acto conmemorativo por el aniversario 30 de la Misión Militar Cubana en Angola y el aniversario 49 del desembarco del Granma (2 de diciembre de 2005). Los textos periodísticos “Nace la Operación Carlota”, de María Julia Mayoral, “Los rostros de la guerra sucia”, de Orfilio Peláez, y “Epopeya de millones”, de Alberto Núñez, publicados en el diario Granma (2005). Y el libro Componentes étnicos de la nación cubana, de Jesús Guanche.

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Pedro Antonio García

 
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