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Publicado el 22 Diciembre, 2015 por Redaccion Cultura e Historia en Historia
 
 

TOMÁS MACEO GRAJALES: Un patriota de estirpe de titanes

Apenas un adolescente, partió al campo de batalla y participó en numerosas acciones combativas
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Grabado que representa a Tomás Maceo, hecho por un historietista de BOHEMIA basado en una foto facilitada por la familia Maceo Grajales. En ocasiones esta imagen se le atribuye erróneamente a su padre Marcos Evangelista.

Grabado que representa a Tomás Maceo, hecho por un historietista de BOHEMIA basado en una foto facilitada por la familia Maceo Grajales. En ocasiones esta imagen se le atribuye erróneamente a su padre Marcos Evangelista. (Dibujo: AURELIO).

Por DAMARIS A. TORRES ELERS *

Fotos: Archivo de BOHEMIA

Su tratamiento historiográfico y el  conocimiento por el pueblo cubano de su figura  no se corresponden con la magnitud de su trayectoria revolucionaria, pues su biografía se encuentra disuelta  en las numerosas  publicaciones sobre sus hermanos Antonio y José, así como en algunas notas periodísticas con pretensiones divulgativas. Según consta en el libro 6 de bautismos para pardos, de la parroquia de San Nicolás de Morón, José Tomás Maceo Grajales nació el 21 de diciembre de 1857. Su educación transcurrió como el resto de sus hermanos, basada en fuertes principios éticos transmitidos en el hogar.

Pocos días después del alzamiento de Céspedes en el Ingenio Demajagua el 10 de Octubre de 1868, en fecha no precisada hasta hoy, los Maceo Grajales, incluidos los niños, entraron en la historia de Cuba al abrazar las ideas del independentismo siempre cerca del teatro de operaciones de los hermanos mayores, donde Mariana Grajales  instalaba los hospitales de sangre para atenderlos en el momento oportuno, entonces José Tomás  tenía casi once años.

Como parte de la llamada impedimenta estuvo presente en campañas como la Invasión a Guantánamo de 1871, donde los Maceo derrocharon valor y heroísmo. En estas condiciones, no es de dudar que en alguna ocasión llevara mensajes u otras tareas afines, hasta transformarse en hombre y soldado mambí, cuestión que dificulta la precisión del momento exacto de su incorporación directa a la contienda, las evidencias indican que fue en la adolescencia como sus hermanos Miguel y Julio.

Apenas un adolescente, partió al campo de batalla y participó en numerosas  acciones combativas desarrolladas en la zona oriental y Camagüey, en el intento invasor a Las Villas en 1874. Al respecto Fernando Figueredo refirió que Mariana Grajales “animaba a sus hijos al cumplimiento del deber  y aun antes de tener edad, había enviado a Tomás, un niño aún, a las órdenes de Antonio”. Al conocer de la caída en combate de Miguel en la acción del fuerte de Cascorro  en abril de 1874, lo envió al campo de batalla, porque “un hijo debe sustituir a otro hijo”, tenía entonces 16 años.

De soldado a teniente coronel

Existe evidencia de su participación en varias acciones, como la del ataque al fuerte de  San Alejandro y las de Santa Ana y Bayate (1875). Al año siguiente combate en territorio holguinero: Guayabales, Pedernales, Fray Benito, y Yabazón Abajo, en el cual  las fuerzas mambisas acorralaron al enemigo hasta sus mismas fortificaciones. Aquí se distinguió, entre otros, Tomás Maceo, quien resultó herido.

Entre finales de 1876 e inicios de 1877 participó en la invasión a Baracoa iniciada con el asalto y toma de Sabanilla, el 23 de diciembre, con 30 hombres atacó un barracón donde estaba acampada una fuerza enemiga superior en número; en  la ciudad de Baracoa combatió  contra fuerzas dirigidas por el brigadier Francisco de Borbón, príncipe de la Casa Real española. En Duaba resultó herido nuevamente. Restablecido en febrero, estuvo en el  pequeño grupo de combatientes a quienes se les ordenó hostigar una columna de unos 4 mil soldados en Soledad, Mícara y Mayarí Arriba,  fuerzas que fueron enfrentadas poco después en La Anguila.

Durante 1875 Tomás Maceo participó en diversas acciones combativas.

Se desconoce el momento exacto de su incorporación directa al frente de batalla, aunque existe evidencia de su participación en varias acciones durante 1875. (Dibujo: Autor no identificado).

Con posterioridad combatió en Rejondón de Báguanos con su hermano José, y en Mangos de Mejía, el 6 de agosto de 1877, donde Antonio Maceo resultó gravemente herido por ocho impactos de proyectiles. Según el testimonio de Pedro González Balón, Tomás fue uno de los que al recogerlo se percató que aún vivía y junto a sus hermanos José y Rafael integró la escolta que durante varios días lo protegió de la persecución del coronel González Muñoz y 3 mil efectivos que pretendían capturarlo o darle muerte.

Mientras Antonio se recuperaba de sus heridas, José y sus hermanos continuaron operando en la región oriental. El 8 de noviembre del propio año, Tomás participó en una de las acciones más importantes de su carrera militar: Pinar Redondo,  dirigido por el teniente coronel José Maceo, con solo 14 hombres, contra una columna española de 350 efectivos dedicada al ataque y saqueo de las rancherías mambisas: Como resultado se ocupó el convoy y se hicieron numerosas bajas al enemigo. Los cubanos tuvieron solo dos heridos, uno de ellos Tomás Maceo con un balazo en la pierna izquierda que le dejó secuelas para el resto de su vida. Esta fue su última acción combativa en la Guerra de los Diez Años. Por la valentía demostrada su hermano Antonio lo llamó El Héroe de Pinar Redondo.

Aunque Tomás no pudo estar presente en la Protesta de Baraguá, no aceptó el Pacto del Zanjón y apoyó públicamente a su hermano, como evidencia su posterior conducta.

En el exilio (1878-1902)

Después de la histórica Protesta, previendo que las acciones serían cruentas, Maceo decidió sacar del área de operaciones a los enfermos e incapacitados enviándolos a otras zonas o al extranjero  para que se restablecieran. Este fue el motivo de la salida al exterior de Tomás. Desde Puntarenas, Costa Rica, escribió a José el 27 de mayo de 1878:: “prefiero estar allí defendiendo mi patria que estar en este rincón […] No dejes nunca José, de darme siempre las noticias más nuevas”.

Tiempo después se reunió con la familia en Jamaica donde vivió alrededor de 13 años dedicado al cultivo de tabaco y frutos menores. Aquí se casó con Emilia Núñez  con quien  tuvo una larga descendencia, colaboró con Antonio en los intentos de este por incorporarse a la Guerra Chiquita y otros planes revolucionarios del período. Al igual que sus hermanos, estuvo vigilado por el consulado español y considerado entre los principales “cabecillas y jefes intransigentes cubanos”, residentes en Jamaica, como lo evidencian las comunicaciones del cónsul de España en esta isla al capitán general en Cuba.

A mediados de 1892 viajó a Costa Rica con su esposa e hijos para trabajar en el proyecto agrícola que dirigía el Titán de Bronce en el cantón de Nicoya, aquí se mantuvo en espera de la hora indicada, para regresar a Cuba,  pero por su estado físico y  numerosa familia no se le permitió partir en la Expedición del Honor con Antonio y José.

No obstante lo indicado, en 1896 insistió en incorporarse a la guerra y se dirigió a Puerto Limón con el objetivo de enrolarse en alguna expedición que desde allí saliera para los campos de Cuba Libre, pero no hubo ninguna, además la Delegación del Partido Revolucionario Cubano dio indicaciones de limitar el envío de hombres a Cuba por los gastos que ocasionaba la manutención de sus familiares.

Ante la imposibilidad de ir a Cuba regresó a La Mansión en Nicoya, para atender asuntos económicos  familiares  y junto con su hijo José continuó sus actividades políticas en el club Crombet – Borrero, donde desarrolló múltiples tareas para recaudar fondos y mantener el espíritu patriótico entre la emigración radicada en esa localidad. Su esposa Emilia Núñez también contribuía desde el club Cubanas y Nicoyanas.

Regreso a  la patria

Al finalizar la guerra, después de tres años de infructuosas gestiones retornó a la patria  en julio de 1902, tras una verdadera odisea  debido a la falta de recursos,  agudizada por la penosa situación de miseria encontrada después del fallecimiento de su hermano  Marcos. En vano buscó trabajo y tocó varias puertas entre ellas al Presidente de la República  Tomás Estrada Palma, quien le prometió una ayuda que nunca llegó, tampoco recibió la bien merecida pensión como veterano de la Guerra de los Diez Años.

Finalmente logró trabajar en una granja agrícola por 40 pesos, un pequeño respiro que no solucionó la situación, la esposa Emilia  junto a  las hijas lavaban y planchaban para algunos hoteles, los hijos mayores hacían mandados, trillaban café y otras tareas  en sitios como  la embotelladora de agua mineral San Antonio.

El 21 de enero de 1917, víctima de una congestión pulmonar murió en la casa de la antigua calle Providencia 16. Dada su pobreza, las autoridades locales tuvieron que asumir los gastos de sus funerales.

* Doctora en Ciencias Históricas. Profesora titular de la Universidad de Oriente.

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Fuentes consultadas

Los textos periodísticos Pinar Redondo, de Enrique Loynaz del Castillo (Patria, New York, 1895), yUna familia en la guerra, de Damaris Torres Elers: (Bohemia, 10 de junio de 2005). El libro La casa santiaguera de Los Maceo. de  Damaris Torres Elers..

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