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Publicado el 12 Abril, 2016 por Redacción Digital en Historia
 
 

Preludio de Playa Girón: Verdaderos componentes de una operación subversiva

No fueron solo cuatro las direcciones de la actividad enemiga que se desarrollaron en ocasión de la invasión de la CIA por bahía de Cochinos
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Por ANDRÉS ZALDÍVAR DIÉGUEZ

Los planes para asesinar a Fidel, aunque no recogidos en el programa presentado a Kennedy, formaban parte intrínseca de la operación subversiva. (foto: Autor no identificado).

La victoria revolucionaria frente a la invasión de abril de 1961 por bahía de Cochinos, organizada, entrenada, abastecida de medios de guerra y dirigida por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), ha sido objeto de profusa atención desde diversas ramas del conocimiento, con una muy elevada cifra de obras de mayor o menor extensión referidas a ella. Pero el halo de clandestinidad que rodeó esa operación es palpable aún hoy.

No todos conocen las direcciones de la actividad subversiva entonces dirigidas contra la Revolución Cubana. Algunas de ellas –de secreto extremo en su momento– no aparecen siquiera en documentos elaborados por la CIA y desclasificados en diferentes períodos, ni se hallan en la bibliografía componentes de aquella operación. En su totalidad han pervivido en el tiempo y sentaron las bases sobre las que, desde esa fecha, se han erigido las agresiones de Estados Unidos contra Cuba.

Las supuestas cuatro direcciones de la CIA

Por vez primera aparece que la actividad de la CIA en los días de Girón constaba de “cuatro direcciones”, en el informe del Comité Selecto del Senado para el estudio de operaciones gubernamentales referidas a actividades de inteligencia (Comisión Church), publicado en noviembre de 1975, según revelaciones de Gordon Gray, asistente especial del presidente Eisenhower para asuntos de Seguridad Nacional.

La Comisión Church hizo conocer la existencia de un documento hasta entonces mantenido en máximo secreto: la pesquisa encomendada por el presidente Kennedy al general Maxwell Taylor para determinar “las causas” del fracaso en Playa Girón, lo que mostró a los investigadores interesados un rico filón investigativo. Tras vencer numerosas resistencias ante los tribunales, en aras de lograr la desclasificación de aquel y otros documentos, el investigador estadounidense Peter Wyden publicó en 1979 su libro Bahía de Cochinos. La historia no contada, para el que pudo consultar documentos a los cuales la Comisión Church había tenido acceso y, en lugar destacado, el informe de la Comisión Taylor.

Basándose en este informe, que citaba el plan de la CIA aprobado por el presidente Eisenhower el 17 de marzo de 1960, denominado “Un programa de acción encubierta contra Castro”, este autor reveló las cuatro direcciones del trabajo subversivo de la CIA contra Cuba. Posteriormente, en 1991, en el volumen VI de la colección de documentos desclasificados del Departamento de Estado, titulada Foreign Relations of United States, Cuba, 1958-1960, se ofreció un fragmento censurado del documento original.

En nuestros medios las cuatro direcciones de actividad enemiga fueron conocidas al publicarse en 1991 el Memorándum Nro. 1 del Informe de la Comisión Taylor en el libro Playa Girón: la gran conjura, de la Dirección Política del Minint. Sobre ellas posteriormente se amplió en 1996 por Juan Carlos Rodríguez, en el volumen La batalla inevitable, así como Tomás Diez Acosta publicó íntegramente el programa subversivo del 17 de marzo de 1960 en su obra La guerra encubierta (1997).

La primera de las cuatro direcciones de actividad contra Cuba era la creación de una “responsable, atractiva y unificada oposición cubana al régimen de Castro, públicamente declarada como tal y por lo tanto necesariamente establecida fuera de Cuba”. Este “frente político” –para esconder tras él al Gobierno de Estados Unidos– fue constituido el 11 de mayo de 1960 en Nueva York, bajo el nombre de Frente Revolucionario Democrático (FRD), y sus integrantes fueron seleccionados por la CIA como resultado de la actividad de espionaje del segundo semestre de 1959.

Con el FRD se propusieron enmascarar a las acciones que se realizarían a partir de entonces como un asunto entre cubanos. En su evolución posterior dio vida a la mafia terrorista con asiento en Miami. Los propios oficiales de la CIA encargados de su creación y dirección, como confiesa Howard Hunt en Give Us These Day, calificaban a los integrantes del FRD como “títeres en nuestras manos”.

La segunda dirección, una ofensiva propagandística para erosionar el apoyo popular a la Revolución, contemplaba transmisiones radiales dirigidas hacia Cuba, lo que se inició desde emisoras comerciales del sur del territorio continental estadounidense y a partir del 17 de mayo de 1960 mediante Radio Swan, con base en las islas del Cisne, en el golfo de Honduras. Ello se veía complementado con la edición de publicaciones impresas (Bohemia Libre, periódico Avance y otros); lanzamiento de octavillas, diseminación de rumores y otras acciones. Una variante de la actividad propagandística era la que estaba dirigida hacia gobiernos y pueblos de la región para restarle amigos a Cuba en la arena internacional.

La creación dentro del país de una “organización encubierta de inteligencia y acción”, la tercera dirección, era el eufemismo tras el que se esconderían las organizaciones contrarrevolucionarias que se encargarían de la realización de sabotajes y otras acciones terroristas en zonas urbanas y rurales; a su vez responsables del envío a las montañas del occidente, centro y oriente del país de efectivos para la guerra irregular, que pasaron a la posteridad como “bandidos”. En la concepción original del Programa aprobado el 17 de marzo de 1960, a estas fuerzas irregulares les correspondería tomar las ciudades de importancia y avanzar hasta la capital del país. Al haber sido aniquilado desde finales del verano de 1960 el foco de alzados en uno de los principales lugares que intentaron convertir en santuario opositor, la serranía de Guamuhaya, al centro del país, tal concepción mostró que no era viable.

Armas enviadas por la CIA en su intento de convertir en foco de alzados a la serranía de Guamuhaya y que fueron capturadas por las milicias. (foto: Autor no identificado).

El adiestramiento de paramilitares en el exterior, así como la creación de mecanismos para el apoyo logístico de las acciones terroristas internas constituía la cuarta dirección. Los entrenamientos se iniciaron desde el verano en Estados Unidos (Isla Useppa, al occidente de la Florida), y se le dio continuidad en lugares tan disímiles como Fort Braggs (para los tanquistas); Nueva Orleans, Panamá, Guatemala e incluso en Islas Vieques, en Puerto Rico. La preparación inicial como jefes de grupos insurgentes irregulares tuvo que ser sustituida, desde inicios de noviembre de 1960, por entrenamientos en guerra convencional, al ya no poder disponer de fuerzas internas capaces de ser utilizadas, dada la efectiva respuesta miliciana a los primeros focos de bandidismo detectados. Ahora, consolidado en una sola fuerza, debía realizar un desembarco anfibio y aéreo en una zona a determinar del territorio nacional, con la misión de establecer una cabeza de playa para constituir un “gobierno” que llamase a la intervención militar foránea. Surgió así la Brigada 2506.

Las otras direcciones

Existía una quinta dirección, no recogida en el programa aprobado pero que se instrumentó escrupulosamente: los planes de asesinato del Comandante del Jefe. El informe de la Comisión Church describía en extenso aquella directriz y concluía: “El esfuerzo para asesinar a Castro comenzó en 1960 y continuó hasta 1965”, pero ninguna de sus partes aclara que aquellos planes formaban parte intrínseca de la operación subversiva aprobada desde marzo del primer año citado.

Peter Wyden también incluyó la valoración de los planes de asesinato dentro de los acontecimientos relacionados con la operación anticubana, pero no ofrece los elementos que lo prueban, esto es, su calificación como “la más importante de las acciones” en un memorándum del 11 de diciembre de 1959, del jefe de la División del Hemisferio Occidental de la CIA, J. C. King, que no era otra cosa que la remisión a los niveles superiores de la Agencia del plan que, luego de ser valorado por el Consejo de Seguridad Nacional, aprobó Eisenhower en marzo de 1960. Resulta lógico que aquel contenido no se incluyera, por la denominada negación plausible, en un documento que debía ser aprobado por el Presidente.

La sexta dirección: la guerra económica

En la valoración realizada ante las cámaras de la TV el 23 de abril de 1961, por parte de Fidel Castro, sobre la recién vencida invasión a Cuba, el primer señalamiento es el referido a las acciones de guerra económica, cuando expresó: “Es decir que toda una serie de agresiones que se han estado haciendo, de tipo económico, de maniobras, con el petróleo, con el azúcar, con la suspensión de las exportaciones de Estados Unidos para dejarnos sin piezas de repuesto, sin materias primas; con el bloqueo a otros productos de exportación nuestros, con el bloqueo a la exportación nuestra a países que no fueran incluso los Estados Unidos, con el sabotaje […]”.

Desde octubre de 1959 habían comenzado los bombardeos de centrales azucareros y lanzamiento de sustancias inflamables a las plantaciones cañeras. Mucho antes de las nacionalizaciones a empresas yanquis en 1960, según las actas de la reunión del Consejo Nacional de Seguridad de Estados Unidos del 17 de marzo de ese año, en que se aprobó el “Programa de acción encubierta contra Castro”, los aspectos que más se discutieron fueron las medidas de guerra económica. De allí se derivó la suspensión del suministro de petróleo al país; la supresión de la cuota azucarera cubana en el mercado estadounidense; la prohibición de exportaciones norteamericanas a Cuba, adoptadas por el Departamento de Estado el 19 de octubre de 1960, paso decisivo hacia el bloqueo, entre otras.

Incluso, la frase que más caracteriza los objetivos de la guerra económica fue escrita por el subsecretario de Estado Lester I. Mallory, el 6 de abril de 1960, en momentos de preparación de las medidas económicas acompañantes a las restantes acciones: “El único medio previsible para enajenar el apoyo interno es a través del desencanto y el desaliento basados en la insatisfacción y las dificultades económicas […]. Debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba […]. Una línea de acción que tuviera el mayor impacto es negarle dinero y suministros a Cuba, para disminuir los salarios reales y monetarios a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

La séptima dirección era el aislamiento internacional. Lograr la participación de las oligarquías latinoamericanas en el enfrentamiento activo a la Revolución se situaba como otro objetivo inmediato. En aquellos momentos se valoró invocar contra Cuba la resolución anticomunista de Caracas de 1954, que ya se había esgrimido contra Jacobo Árbenz. Entre otras propuestas encaminadas a la exclusión de Cuba del sistema interamericano, la medida de mayor agresividad fue la de convocar una reunión de cancilleres para “adoptar medidas contra la amenaza comunista y el crecimiento de su peligrosa influencia”. Ello se materializó en la Séptima Reunión de Consulta de Cancilleres de países miembros de la OEA, realizada en San José, Costa Rica, a finales de agosto de 1960.

Tras el arribo de la administración Kennedy a la Casa Blanca en enero de 1961, el Presidente envió en misión por América Latina a su ayudante especial, Arthur M. Schlesinger, con el fin de lograr respaldo latinoamericano a la agresión que se preparaba contra Cuba, el mismo fin para lo que en marzo de 1961 se elaboró el “Libro Blanco sobre Cuba”.

La octava dirección: la invasión militar directa

Otro aspecto mantenido muy en secreto en la operación subversiva contra Cuba fueron las intenciones de la CIA y los halcones del Pentágono de precipitar una intervención militar directa de Estados Unidos, coincidente con los momentos de la invasión de la Brigada 2506. Para finales de 1960, en el Grupo Especial del Consejo de Seguridad Nacional “[…] se expresaron fuertes dudas de que nada que no fueran obviamente fuerzas militares estadounidenses iba a ser suficiente para conseguir la caída de Castro”.

Entrenamiento en Centroamérica de la Brigada 2506. Su misión era establecer una cabeza de playa para constituir un “gobierno” que llamase a la intervención militar foránea. (foto: Autor no identificado).

La información existente parece mostrar que los planes alternos, para obligar a la intervención militar directa en Cuba, se echaron a andar en la misma semana que Kennedy asumió la presidencia. El 27 de enero de 1961, en memorándum dirigido al secretario de Defensa por el presidente del Estado Mayor Conjunto, general Lyman L. Lemnitzer, se afirmaba: “El actual plan político paramilitar no garantiza el cumplimiento del objetivo antes expuesto […]”. Este documento estaba acompañado de un Plan de Acción Global con siete ascendentes conceptos de acción, el último de los cuales era una acción militar unilateral de Estados Unidos contra Cuba.

La decisión del Presidente fue que el Departamento de Defensa y la CIA examinaran de conjunto las propuestas existentes. La trampa urdida ya estaba dando resultados. Insólitamente, evidencia de que se había llegado a algún acuerdo muy secreto entre la CIA y el Pentágono, después de una muy rápida evaluación, el 3 de febrero el Estado Mayor Conjunto se retractaba de la opinión dada antes, y en memorándum dirigido al secretario de Defensa, expresaba que, salvo aspectos muy concretos sobre los que se hicieron recomendaciones, “la evaluación del presente plan arroja una valoración favorable […] De la forma que fue concebida, esta operación no requerirá necesariamente la intervención abierta de los Estados Unidos”.

Este cambio de criterio solo puede haber obedecido a que la CIA incluyó, en el plan previsto de desembarco masivo, que este fuese “precedido de otro de carácter diversionista, cuya posibilidad de éxito suponían que fuera grande”. Esta operación de engaño sería realizada por “una fuerza de 160 hombres aproximadamente, en una zona inaccesible, como preludio del desembarco de la fuerza de asalto principal”, añadiéndose que “una parte del gobierno provisional participaría en el desembarco de distracción y probablemente a partir de ese momento se anunciaría el establecimiento del gobierno provisional en suelo cubano”.

La “zona inaccesible” seleccionada para aquel desembarco “diversionista” era en las cercanías de la base naval estadounidense en la bahía de Guantánamo. Según el testimonio del antiguo oficial de la CIA, James Wilcott, estrechamente vinculado a las acciones contra Cuba en todo aquel período, ante el Comité Selecto del Senado sobre asesinatos, en su sesión del 22 de marzo de 1978: “se cambiaron los planes originales de la invasión para incluir la creación de un incidente que exigiera un ataque completo por parte del Ejército de Estados Unidos”.

Los elementos expuestos son suficientes para demostrar que no fueron solo cuatro las direcciones de la actividad enemiga que se desarrollaron en ocasión de la invasión por bahía de Cochinos y que perduraron en el tiempo. Han sido muchas más las que el pueblo cubano tuvo que enfrentar y derrotar.
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*Presidente del Comité Ejecutivo Provincial de la Unión de Historiadores de Cuba (UNHIC) en La Habana.

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