2
Publicado el 7 Junio, 2016 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

ANGOLA 1988: La guerra después de la batalla

Aunque en Cuito Cuanavale se le quebró la espina dorsal al Ejército racista de Pretoria, los combates continuaron
Compartir

 

Para Nelson Mandela, “Cuito Cuanavale fue el viraje para la lucha de liberación de mi continente y de mi pueblo del flagelo del apartheid”.(Autor no identificado).

Para Nelson Mandela, “Cuito Cuanavale fue el viraje para la lucha de liberación de mi continente y de mi pueblo del flagelo del apartheid”.(Autor no identificado).

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

Fotos: Archivo de BOHEMIA

Después de cinco intentos fallidos para quebrar las defensas de las fuerzas aliadas cubano-angolanas entre el 13 de enero y el 29 de febrero de 1988, el 23 de marzo de ese año el Ejército del régimen racista de Pretoria lanzó su último asalto de envergadura contra Cuito Cuanavale, el cual, tal como lo describe el coronel sudafricano Jan Breytenbach, “fue frenado abrupta y definitivamente” por las unidades Fapla-FAR.

Las Fuerzas de Defensa de Sudáfrica (SADF, en inglés) tuvieron que retirarse de los alrededores del estratégico enclave. Esta gran batalla, la mayor de las desarrolladas en África después de la Segunda Guerra Mundial, es considerada por muchos tratadistas militares como el Stalingrado para el ejército racista. Nelson Mandela la calificó como “el viraje para la lucha de liberación de mi continente y de mi pueblo del flagelo del apartheid“.

En los días siguientes a su debacle en Cuito, el régimen de Pretoria no había aún aquilatado las consecuencias de su revés. Al mediador estadounidense Chester Crocker, evidentemente parcializado a favor de ellos, le ratificaron que “se sienten cada vez más cómodos en Angola donde ponen a prueba todo su armamento y propinan severos golpes a las tropas angolanas”. Así el diplomático yanqui se lo hizo ver al vicecanciller soviético Adamishin, quien enseguida se lo comunicó a Fidel. El líder cubano se sonrió ante esa afirmación; “bueno, si son tan poderosos, ¿por qué no tomaron Cuito?… ¿cómo es que el Ejército de la raza superior no ha podido tomar Cuito Cuanavale, defendida por negros y mestizos de Angola y el Caribe?”.

La represión en Sudáfrica arreciaba. Seis opositores al régimen racista habían sido ejecutados el 13 de abril y la lista aumentaba a 42 desde el inicio del año. Las manifestaciones antiapartheid en el mundo eran cada vez más frecuentes y miles de personas desfilaron por las calles de París demandando a su Gobierno la ruptura de relaciones con Pretoria, que continuaba con su retórica y condicionaba la independencia de Namibia a la retirada de las tropas cubanas de Angola. Pero The New York Times alertaba a sus lectores del atolladero en que se sumía el Ejército racista “después del descalabro sufrido en Cuito Cuanavale”.

El 3 de mayo comenzaba la primera ronda de negociaciones cuatripartitas (Angola, Cuba, Pretoria y Estados Unidos). Curiosamente, ese mismo día, el general sudafricano Willie Meyer, comandante de las fuerzas racistas de ocupación en Namibia (Swaft, en inglés), declaró que las operaciones al otro lado de la frontera con Angola serían repetidas “aunque provocaran una condena mundial”.

Donguena

Desde Tchipa partieron 10 tanques T-55 en apoyo a la patrulla cubano-angolana. (Autor no identificado)

Desde Tchipa partieron 10 tanques T-55 en apoyo a la patrulla cubano-angolana. (Autor no identificado)

El mando cubano-angolano, al detectarse fuerzas del enemigo que se internaban en la zona, enviaron desde Humbe hacia Donguena a un destacamento FAR-Fapla de 82 efectivos que aparte de los tradicionales AKM, llevaban 18 lanzacohetes RPG-7, dos lanzagranadas, seis ametralladoras ligeras RPD y minas. Se acantonaron a dos kilómetros de Donguena, cerca del camino llamado Sendero de las Carrozas.

Poco después del mediodía chocaron con el grupo enemigo, perteneciente al 101 Batallón de las Swaft, que cayó en la emboscada. Le destruyeron cuatro de sus 12 blindados Casspir y le capturaron dos. Se calcula que la unidad racista tuvo unas 30 bajas, entre ellas la mortal del cabo Hendrik Venter, única reconocida por Pretoria, que no estimaba como tales a las de los negros sudafricanos y namibios. Los aliados lamentaron cuatro muertos y otros tantos heridos.

Después del combate, ya retirado el enemigo, dos cubanos, al explorar la zona, vieron a dos Casspir abandonados, uno de ellos en aparente buen estado. Al acercarse detectaron a alguien moviéndose en la maleza. Hey, don’t move, dijo uno de los criollos en un inglés que hubiera emocionado a su profesora de preuniversitario. Días después, el sargento sudafricano Johan Papenfus confesaría a un periodista: “No supe qué sucedió. Yo estaba en un carro de combate cuando fui herido. Entonces me deslicé fuera y me arrastré. Luego dos cubanos me encontraron”.

Lejos de rematarlo, como pensó en un momento Papenfus, los dos cubanos lo montaron en un Casspir que lograron arrancar. Uno de ellos se encaramó encima del blindado, se quitó la camisa y comenzó a ondearla como si fuera una bandera. Los dos caribeños comenzaron a cantar: “Al combate, corred, bayameses…”. El sudafricano los miraba estupefacto.

En las líneas cubanas un centinela avistó un blindado enemigo con un enloquecido encima de él. “No temáis una muerte gloriosa, que morir por la patria es vivir”. “¿C…, ese no es…?”. “Del clarín escuchad el sonido…”. “C…, no tiren, son nuestros”. “Traen un prisionero”. “Está herido”. “Rápido, hay que atenderlo”. Papenfus recordaría más tarde: “Pensé que me iban a matar. Tenía miedo. Entonces limpiaron mis heridas”.

Tchipa

De acuerdo con el historiador H.R. Heitman, el régimen racista de Pretoria estaba muy preocupado ante la posibilidad de que los aliados cubano-angolanos avanzaran desde Cahama hasta Calueque y Ruacaná, por lo que se prepararon para esta eventualidad y decidieron destruir el puesto avanzado de Tchipa, que ellos suponían ocupado por la Swapo (organización de los independentistas namibios). El alto mando racista encomendó esa misión al comandante Jan Hougaard, del 32 Batallón. Antes enviaron grupos de exploración a esa zona e incluso realizaron reconocimientos aéreos.

Entretanto la construcción del aeropuerto de Cahama marchaba a ritmo galopante y ya se trabajaba sobre la pista de aterrizaje y los refugios para aviones y equipos especiales. Aunque se le había planificado su conclusión para julio, los constructores aseguraban que para finales de junio ya los Migs podían despegar desde allí.

Al percatarse los racistas de que en Tchipa había una numerosa fuerza aliada con unidades de tanques, decidieron reforzar su base de Calueque y además de las tres compañías del 32 Batallón, desplegaron allí un grupo de combate del 61 Batallón Motorizado.

La aviación sudafricana era rechazada una y otra vez por la artillería antiaérea aliada. Para colmo de males de los racistas, la primera pista del aeródromo de Cahama se concluyó el 30 de mayo y ya se construía una segunda. Cuatro días después, entre gritos de júbilo de la tropa, los Mig-23 pasaban rasantes y el primero de ellos aterrizó en el lugar. Fidel resumía el momento en un encuentro con líderes del Tercer Mundo: “Tenemos ahora la superioridad aérea y antiaérea, y contamos con medios para enfrentar cualquier aventura de los sudafricanos. La correlación de fuerzas cambió totalmente”.

En Sudáfrica la movilización popular antiapartheid aumentaba y la represión arreciaba. El presidente racista Pieter Botha prorrogaba por un año el estado de emergencia y cinco patriotas eran ahorcados, lo que elevaba a 71 el número de penas capitales ejecutadas, según informaba el diario español El País.

Al amanecer del 27 de junio de 1988 una columna sudafricana compuesta por varios blindados Ratel y una compañía de infantería motorizada cayó en una emboscada de dos patrullas aliadas de exploración, equipada con blindados BMP. Desde Tchipa partieron 10 tanques T-55 en apoyo a la patrulla cubano-angolana. Cuatro Ratel quedaron destruidos y un quinto, averiado en su caja de velocidades, cayó en poder de los aliados, a quienes le averiaron un T-55 y le ocasionaron diez bajas mortales, seis de ellos cubanos. Los sudafricanos, como siempre, ocultaron sus pérdidas, solo admitieron la muerte del teniente Meiring y las lesiones graves al mayor Nortmann, jefe de la columna.

Calueque

El famoso graffiti escrito por un sudafricano en Calueque. (Autor no identificado)

El famoso graffiti escrito por un sudafricano en Calueque. (Autor no identificado)

Apenas unas horas del combate al sur de Tchipa, ya al mediodía del 27 de junio, la aviación aliada asestó un duro golpe a las tropas sudafricanas acantonadas en la presa de Calueque, entre ellas el 101 Batallón y el 8 Batallón de infantería reforzado (SAI, en inglés), al cual los Mig-23 le ocasionaron 11 muertos. Todas las instalaciones de la planta eléctrica quedaron destruidas, al igual que la tubería de bombeo que abastecía de agua al norte de Namibia. El golpe fue tan sorpresivo que la defensa antiaérea enemiga no reaccionó. De las cercanas bases aéreas del Ejército racista no se atrevió a salir caza alguno.

Cuando se ocupó Calueque días después, había desperdigados pertrechos, cajas de conservas de alimentos, mochilas y otros enseres que habían abandonado los sudafricanos en su precipitada huida. Uno de ellos escribió con un tizón en una pared: “MIK-23 (sic) nos partieron el corazón. 27/06/88”.

Victoria

El 11 de julio los racistas acudieron a la ronda de negociaciones para lograr el alto el fuego que al fin se concretó un mes después. Y el 22 de diciembre de ese mismo año firmaron el Acuerdo Tripartito en el que aceptaban la independencia de Namibia y la convocatoria en ese país a unas elecciones libres controladas por las Naciones Unidas, en las cuales la Swapo obtuvo un triunfo arrollador y su líder, Sam Nujoma, se convirtió en el primer presidente de esa nación soberana.

El régimen racista tuvo que implantar reformas en Sudáfrica, como la legalización del partido opositor al apartheid, el Congreso Nacional Africano, y la liberación incondicional de su máximo dirigente, Nelson Mandela. Solo cuando Pretoria cumplió sus promesas se produjo la retirada de las tropas cubanas de Angola, pues habían desaparecido las causas de su presencia allí. Solo se llevaron para su patria sus muertos y la satisfacción del deber cumplido con la tierra de la que procedían muchos de sus antepasados.

______________

Fuentes consultadas

Los libros En el sur de Angola, de Rubén Jiménez, Trueno justiciero, de Humberto Trujillo, Cuba y África, historia común de lucha y sangre, de Piero Gleijeses, Jorge Risquet y otros, y La guerra de Angola, la fase final sudafricana, de H.R. Heitman. Textos periodísticos publicados en 1988 por Granma, Bastión, Verde Olivo, The New York Times y El País (España).

 

Compartir

Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García