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Publicado el 28 Julio, 2016 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

ESPAÑA 1936: Quijotes indomables

 

Internacionalistas cubanos en España 1937.

Internacionalistas cubanos en España 1937.

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

Fotos: Archivo de BOHEMIA

En la península ibérica se luchaba contra el fascismo y el 6 de agosto de 1936 Pablo de la Torriente Brau anunciaba: “He tenido una idea maravillosa: me voy a España, a la revolución española […], en donde palpitan hoy las angustias del mundo entero de los oprimidos. La idea hizo explosión en mi cerebro y desde entonces está incendiando el bosque de mi imaginación”. Casi un mes después, el 1º de septiembre, desde el Ille de France, “un barco tremendo de grande” escribió a la madre “camino ya de Europa, casi llegando a Francia” y le comunicó sus intenciones de “pasar en París unos días. Tal vez vaya hasta Bélgica”.

En la Ciudad Luz escribió su primera crónica, ¡Des avions pour l’Espaigne!, fechada el 10 de septiembre. Algunos testimonios insisten en afirmar que, atravesando de barranco en barranco la escarpada y peligrosa frontera gala, Pablo llegó a España a mediados de septiembre. Según los apuntes en sus cuadernos inéditos –consultados por el investigador Víctor Casaus–, el autor de Presidio Modelo ya se encontraba en Barcelona el 18 de septiembre. Dos días después fechaba su primera crónica en España: Barcelona bajo el signo de la Revolución.

El 24 de septiembre llegó de noche a Madrid, como él mismo escribiera, “después de varios días en Barcelona. El viaje fue épico”. Se topó ese mismo día con el escultor cubano Francisco Maydagán, quien lo llevó al frente. Allí se abrazó con varios cubanos, quienes residían en España cuando la asonada fascista y se habían incorporado al ejército republicano. “Nuestra causa Pablo la narrará como nadie”, exclamaba Moisés Raigorovsky, su antiguo compañero de luchas en el movimiento estudiantil contra Machado.

En el frente, el 3 de octubre, encontró a Alberto Sánchez, a quien los españoles llamaban el Comandante cubano, y a su legendaria compañera, Luna, la capitana de ametralladora. Un día después, sostuvo su célebre duelo verbal con un cura falangista en pleno campo de batalla. En su crónica En el parapeto, considerada por muchos uno de sus mejores textos escritos en España, Pablo describió: “El escenario fue la noche prelunar, densa aún y peligrosa… El público, los milicianos de la Revolución española y los fascistas insultadores, requetés, falangistas, guardias civiles y militares traidores. Los aplausos, ráfagas de ametralladoras”.

El aporte cubano

rodolfo-dearmasA inicios de este milenio, dos historiadoras cubanas residentes en España hicieron público su disgusto porque en sitios relacionados con la Guerra Civil Española había reconocimientos a la participación de internacionalistas estadounidenses y europeos, pero ninguno a los nacidos en la Mayor de las Antillas. No fue hasta el 21 de diciembre de 2013 que se subsanó la omisión cuando una tarja en homenaje a los cubanos caídos en la contienda fue develada en el cementerio madrileño de Fuencarral.

Según investigaciones de la historiadora María Sánchez Dotres, entre 1936 y 1939 participaron del lado republicano 1 412 cubanos, aunque otros 50, cuyos expedientes no ha completado, podrían sumarse a esa cifra posteriormente. Ellos eran básicamente jóvenes de 25 a 27 años de edad y combatieron como parte de la Brigada Internacional Abraham Lincoln y unidades del Ejército español. De acuerdo con la investigadora francesa Denise Urcelay-Maragnés, 130 alcanzaron el grado de oficial.

Los internacionalistas cubanos, quienes partieron a España ante la asonada fascista contra el legítimo gobierno de la República y la intervención armada de la Alemania nazi y la Italia de Mussolini en el conflicto, llegaron por diversas vías. Un grupo (aproximadamente 850 combatientes) fue organizado en la propia Isla por la comisión dirigida por el comunista Ramón Nicolau. Otros (alrededor de 355) viajaron de Estados Unidos y se integraron a la XV Brigada Internacional Abraham Lincoln. Un tercer grupo ya se había formado con cubanos exiliados en Madrid, estudiantes y otros que residían con sus padres españoles. Pero también llegaron desde República Dominicana, Venezuela, Centroamérica, México y países europeos, incluyendo un cubano que desertó de la Legión Extranjera en África.

María Luisa Laffita, quien vivía exiliada en la capital española cuando se produjo la asonada fascista, recordaría años después: “Todos los cubanos que vivíamos entonces en Madrid tomamos desde el primer día las armas. Ellos llevaban fusiles, yo una pistola. El 19 de julio tendimos un cerco a los sublevados en los cuarteles de Madrid y al día siguiente iniciamos el ataque al de la Montaña”. Junto con María Luisa, combatió su esposo, Pedro Vizcaíno, quien testimoniaría a su vez: “Iban con nosotros Raigorovsky, Policarpo Candón, Alberto Sánchez… Después de la toma del cuartel de la Montaña, nos enfrentamos a los fascistas en Buitrago y en el canal de Lozoya. Más tarde en Somosierra y en el caserío de Roblegordo, así como en la sierra de Guadarrama”.

Alberto Sánchez también fue, como María Luisa y Vizcaíno, militante de Joven Cuba, organización fundada por Guiteras, con quien estuvo en El Morrillo, aunque pudo escapar al cerco de la soldadesca batistiana. Exiliado en España, estuvo entre los cubanos asaltantes al cuartel de la Montaña; luego, en el Quinto Regimiento, recibió el carné de militante del Partido Comunista de España y combatió en Lozoya, Somosierra, Cascones (donde lo ascendieron a capitán), Aravaca (ya como comandante), Alfambra (ya jefe de batallón), Pozoblanco (jefe de Brigada). En la batalla de Brunete (del 6 al 25 de julio de 1937), lo hirieron de gravedad. Tras una ligera cura, retornó al campo de batalla. El 25 de julio, arengando en la primera línea de combate, una bomba le siega la vida.

Al teniente coronel Rodolfo de Armas, el legendario jefe de la Centuria Guiteras, le llamaban en La Habana Rodolfo Trompá, tal vez porque en la jornada estudiantil del 30 de septiembre de 1930, con solo 18 años, se batió a puñetazos junto a Pablo de la Torriente, Pepelín Leyva y otros muchos, con la Policía machadista, que tuvo que recurrir a las armas de fuego, pues ni con cabalgaduras ni porras podían con esta muchachada. Fundador del Ala Izquierda Estudiantil, también militante de Joven Cuba, participante activo de la huelga de marzo de 1935 contra el régimen de Caffery-Batista-Mendieta, De Armas se ganó en España fama de jefe valiente. “La Centuria Guiteras puede ser destruida pero no se rinde”, solía decir a sus hombres. “Recuerden, muchachos, ni un paso atrás, caiga quien caiga”. Y en el frente de Jarama, el 23 de febrero de 1937, defendiendo Madrid, herido en una pierna, encabezó una acometida de su tropa hasta que una bala le destrozó la frente.

Pablo y Policarpo

Pablo de la Torriente Brau.

Pablo de la Torriente Brau.

Pablo de la Torriente Brau había venido a luchar, más que a escribir, y poco a poco el combatiente predominó sobre el periodista: “No tengo ganas de estar escribiendo mientras ladra tanto cañón por ahí”. Y lo nombró comisario político el jefe militar republicano Valentín González, Campesino, “llamado así porque nació en el campo, en Extremadura. Sus hombres lo admiran y lo quieren. Los enemigos lo odian”, como el mismo escritor cubano aclaraba en una de sus crónicas.

“Pablo era mi comisario político”, afirmó Policarpo Candón en su testimonio para Juan Marinello y la revista Mediodía. “Era en verdad un hombre único. De un dinamismo, una energía que jamás se apartaban de la disciplina más estrecha […] Incansable, se pasaba el día hablándole a la tropa, aclarándole cosas, dándole conferencias, comentándole películas revolucionarias”.

Candón comenzó de soldado el 18 de julio de 1936 y a fuerza de coraje llegó a ser comandante de brigada. “Mi primera labor de combatiente fue humilde: fabricar parapetos para atacar desde ellos el cuartel de la Montaña […] Con un fusil que me consiguió Raigorodsky tomé parte en el asalto. Caído el cuartel, pedí a mis jefes salir afuera, batir a los fascistas […] Salimos de Madrid solo diez hombres. Unidos a otro grupo reducido –juntos no pasábamos de veinte–, tomamos Somosierra contra un enemigo superior en número“. Luego vendrían Roblegordo, Buitrago, Gascones. Repetidos ascensos: capitán, comandante. Participó en la defensa de Madrid: jefe de batallón en Pinto, La Marañosa, Useras. Ya en el Quinto regimiento, en Romanillos detuvo el ataque faccioso. Derrotó a los fascistas en el frente de Jarama, Guadalajara, Brihuega. Recibió heridas en el pecho y seguía combatiendo. Como jefe de brigada, estuvo en la batalla de Brunete.

Muchos dentro del Ejército Republicano le consideraron el más bravo de los internacionalistas cubanos. Pocos conocían que, en realidad, había nacido en Cádiz en 1905 y a los tres años lo llevaron a Cuba. Anarcosindicalista que evolucionó hacia el marxismo, se destacó en la lucha contra el tirano Machado.

Policarpo Candón cayó en combate el 26 de enero de 1938, en Altos de Celada. Antes había caído Pablo en Majadahonda, el 19 de diciembre de 1936.

De regreso a la Patria

Combatiente cubano no identificado.

Combatiente cubano no identificado.

A finales de septiembre de 1938, el Gobierno republicano español decidió la retirada de las Brigadas Internacionales. La mayor parte de los cubanos fueron concentrados en Barcelona y Gerona. Cuando comenzó la batalla de Cataluña (finales de 1938) muchos compatriotas se reincorporaron al Ejército Republicano, pero la superioridad de los fascistas (30-1, en aviones; 20-1 en artillería; 10-1 en fusiles y armamentos) hizo imposible toda resistencia. Junto con sus hermanos españoles, y más de 400 000 civiles que huían de las represalias de los fascistas, marcharon a territorio francés. En Cuba, la movilización popular obligó al sargento devenido general Batista y su títere de turno a organizar su repatriación. El pueblo los recibió como héroes, se volcó hacia el Malecón para vitorearlos y alquilaba lanchas para saludarlos mar afuera en el barco que los traía.

“Quijote indomable, invencible”, solía calificar el escritor Jaime Sarusky a Pablo de la Torriente Brau, evocando al Caballero de la Triste Figura en su arista combativa, adarga en ristre, que no envainaba la espada mientras hubiera un entuerto por deshacer, una injusticia por combatir. Calificativo que bien podría dársele a los casi l 500 cubanos que partieron a España, a la patria de Miró Argenter, Valle Inclán, Pí y Margall, a luchar por la libertad del pueblo español, por la república y la democracia de ese país, quienes vieron en aquella contienda una prolongación de su combate por la emancipación nacional.

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Fuentes consultadas

Los libros Cartas y crónicas de España, de Pablo de la Torriente Brau; Cuba y la defensa de la República Española: 1936-1939, de un colectivo de autores (Cuba 1981), y La Leyenda Roja. Los voluntarios cubanos en la Guerra de España, de Denise Urcelay-Maragnés. Los textos periodísticos Diálogo con el comandante Candón, de http://www.perfiles.cult.cu/articulos/Juan Marinello, y Cubanos en la Guerra Civil Española, historia semiolvidada, de Miguel Lozano

 


Pedro Antonio García

 
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