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Publicado el 21 Julio, 2016 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

MELBA: “Cumplir con el deber”

Melba Hernández Rodríguez del Rey, Heroína del Moncada, asumió de forma impecable todas las tareas que la Revolución le encomendó

 

Melba, con su sonrisa característica.

Melba, con su sonrisa característica.

Por PEDRO ANTONIO GARCIA

Fotos: ARCHIVO DE BOHEMIA

Cuando se estaban preparando los carros para partir hacia el cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953, Fidel les dijo: “Bueno, ustedes se quedan aquí que nosotros volveremos a recogerlas para seguir adelante”. Pero Haydée Santamaría y Melba Hernández no estuvieron de acuerdo. “No, si es que esta es la acción, queremos pelear también”, reclamaron. Años después, Melba confesaría a una periodista: “Nosotras estábamos tranquilas, muy sedadas, sabiendo que si nos alterábamos no íbamos a convencer a Fidel de que teníamos derecho a pelear, si llevábamos tanto tiempo, no habíamos cometido errores en el trabajo, era un derecho ganado, y no podía ser por la condición de mujeres”.

Mario Muñoz, que acababa de cambiarse de ropa, pues Fidel le había indicado que no fuera con el uniforme del ejército batistiano sino con su bata de médico, intervino en la conversación, y le dijo: “Mira, Fidel, las muchachas tienen razón. Vamos a hacer una cosa, deja que vayan conmigo, al lugar donde yo voy ellas me pueden ser muy útiles, y, además, yo me encargo de informarle a Abel lo que pasó aquí”. Melba sonreía al relatar la anécdota: “Mario era una gente agradabilísima. Él fue el que convenció a Fidel de que aceptara nuestra proposición, y salimos en el carro con Mario. Llegamos al hospital Saturnino Lora y no sabíamos que Abel estaba allí”.

El doctor Muñoz las llevó con Abel. Melba rememoraba: “Ya estaba el pleito andando, y los tiros de aquí para allá y de allá para acá. Así fue que supimos que Abel era el jefe del Saturnino Lora y estuvo de acuerdo con que nosotras también participáramos en la acción.

“Lo demás es historia conocida”.

La estudiante de Leyes

Con sus padres.

Con sus padres.

Melba Hernández Rodríguez del Rey nació el 28 de julio de 1921, en Cruces, antigua provincia de Las Villas. Su padre, Manuel Hernández Vidaurreta, peleó contra la tiranía machadista y el régimen Caffery-Batista-Mendieta. Por su participación en la huelga de marzo de 1935 sufrió cárcel. La madre, Elena Rodríguez del Rey Rodríguez, compartía los ideales de su esposo. Melba los recordaba “tan honrados, tan puros […] Hoy les agradezco tanto el amor, la disciplina y la formación que ambos me dieron”.

Melba se graduó de abogada en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana en 1943. “No era una carrera ‘productiva’ para mí”, solía decir: “Los pocos asuntos que llevé no eran los que dejaban mayores ganancias, aunque sí los que permitían mis principios. Mis ‘clientes’ eran guajiros explotados, una muchacha que del prostíbulo salía para la cárcel; obreros despedidos. Recuerdo aún un caso que llevé defendiendo a los trabajadores de los Ómnibus Aliados”. Junto con una amiga, Elda Pérez, comenzó a asistir al Liceo Ortodoxo de Prado 109. Allí conoció a Juan Manuel Márquez, quien le invitó a hablar en un acto político en Marianao. Allí ella pronunció su primer discurso ante una entusiasta multitud.

Fidel y Abel

Con Haydée y Fidel, tras la liberación de los moncadistas

Con Haydée y Fidel, tras la liberación de los moncadistas

Ante el golpe de Estado perpetrado por Fulgencio Batista el 10 de marzo de 1952, muchos jóvenes se propusieron acabar con la recién entronizada tiranía; entre ellos estaba Melba. Una mañana, mientras le rendía homenaje en el cementerio Colón al joven revolucionario Carlos Rodríguez, en el aniversario de su asesinato, Elda Pérez le presentó a Abel Santamaría. Narra Melba: “Un joven que, ella me dijo, la había impresionado. Cuando lo conocí y conversamos, coincidí totalmente con Elda, pero a su vez él me insistió para que conociera a otro joven a quien consideraba que solo él podría dirigir la acción revolucionaria en el país para derrocar al tirano Batista: Fidel Castro”.

Se citaron para encontrarse en el apartamento donde vivían Abel y su hermana Haydée, en 25 y O. Abel la presentó a Fidel. “Nos saludamos y nos pusimos a conversar. Nos habló de la situación de la Patria, que había que organizarse para derrocar a Batista, pero en esa larga conversación nos dijo también que la Revolución no solo era eso, que la Revolución conllevaba hacer muchas cosas más, que nosotros teníamos que luchar por una transformación del país, y nos lo dijo desde el primer momento.

“En la medida que Fidel hablaba me daba cuenta de que aquello era lo que yo estaba buscando… Desde ese momento me encontré ya comprometida con Fidel Castro y con aquel movimiento que empezaba a nacer, y que apenas contaba con ocho personas cuando más”.

Insurrección

La guerrillera del tercer Frente, con Almeida y Pedro Miret

La guerrillera del tercer Frente, con Almeida y Pedro Miret

Sancionada a prisión junto con Haydée Santamaría por los sucesos del 26 de julio de 1953, ambas fueron puestas en libertad en febrero de 1954. Casi inmediatamente después del encarcelamiento las dos muchachas se dedicaron a la edición, impresión y distribución del alegato de autodefensa de Fidel, que bajo el título de La Historia me absolverá, devino programa político de la Revolución.

Ante la enorme presión popular la tiranía batistiana se vio obligada en mayo de 1955 a liberar a los moncadistas. A la salida del mal llamado Presidio Modelo de Isla de Pinos, junto a familiares y compañeros cercanos, estaba Melba para abrazarlos. Según testimonio del comandante de la Revolución Ramiro Valdés, en el viaje de regreso a La Habana, en el barco El pinero, ella participó en la reunión “donde bajo la conducción de Fidel, se decidió el nombre de 26 de Julio para el movimiento revolucionario, en el cual, desde junio de ese año, integraba su primera Dirección Nacional.

Combatió en las filas del Tercer Frente Oriental Mario Muñoz, bajo el mando del comandante Juan Almeida. Según declaró al periódico Trabajadores (1995), en ese período como guerrillera, “tuve que ver con la recaudación del impuesto al café, al ganado; y desde el punto de vista militar atendía la distribución de las pocas armas que teníamos […] Atendí algunos aspectos de la organización de la escuela que por instrucción de Fidel había creado Almeida para dar clases a los campesinos de la Sierra y a los propios compañeros de la tropa”.

Revolución en el poder

Tras el derrocamiento de la tiranía, una difícil misión le encomienda el Gobierno Revolucionario: Directora del Reclusorio Nacional de Mujeres en Guanajay, el mismo penal donde Haydée y ella fueron recluidas por el régimen batistiano. En una entrevista efectuada décadas después, afirmó al respecto: “Este trabajo es para mí motivo de orgullo porque sucede en el año 60 —no éramos socialistas todavía— y organizamos la vida en la prisión en la base del estudio y el trabajo. Sembramos vegetales y otros cultivos; hicimos un taller de artesanía; se fabricaron cestas para la venta de estos vegetales […] Se confeccionó ropa para los campesinos de la Sierra Maestra que combatientes del Moncada y familiares de mártires llevaron y repartieron allá”.

La diplomática solidaria, junto a Ho Chi Minh

La diplomática solidaria, junto a Ho Chi Minh

La Heroína desempeñó otras importantes responsabilidades, entre ellas Presidenta del Comité Cubano de Solidaridad con los pueblos de Indochina; miembro del Presidium del Consejo Mundial de la Paz; Secretaria General de la Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asia, África y América Latina (Ospaaal); embajadora de Cuba en Vietnam y Kampuchea, y directora del Centro de Estudios sobre Asia y Oceanía. Falleció en 2014.

Siempre estuvo dispuesta al diálogo con cualquier tipo de audiencia, fuera profesional, obrera, campesina o estudiantil. Si le preguntaban sobre el Moncada, solía subrayar que nunca lo había visto como un fracaso o una derrota. “Si volviera a nacer y se dieran iguales circunstancias, con un desgobierno como el que había entonces, y Fidel me dice: ‘Vamos a la toma del Moncada’, allá voy yo a la toma del Moncada”.

Gustaba departir con las más nuevas generaciones: “Tengo plena confianza en los jóvenes, si no creyera en ellos no podría creer en mí. Tengo plena confianza en que en mi Patria siempre brillará el sol con que soñamos”. Recalcaba que ellos, la juventud de ayer, era como la actual. “Si nosotros ayer tomamos la decisión de cumplir con la Patria y de liberar la Patria, los de hoy hacen muchas cosas equivalentes a las que hicimos nosotros, yo no veo esa diferencia”. Y solía reiterar: “Lo único que he hecho es lo que en cada momento me correspondió: cumplir con mi deber, como lo haría cualquiera en mi lugar”.

Fuentes consultadas

El libro Melba, mujer de todos los tiempos, de Margarita Ilisástegui y Gladys Rosa Álvarez. Entrevista concedida a Susana Lee (Granma, 26 de julio del 2003). Los textos periodísticos Un equipaje valioso, de Melba Hernández (Verde Olivo, 28 de julio de 1963), Mujeres de fuego y miel, de Lídice Valenzuela (Radio Rebelde digital) y Melba, pasión por Cuba (Granma 28 de julio de 2015).

 


Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García