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Publicado el 19 Agosto, 2016 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

CARTA DE MÉXICO 1956

Llevar a cabo la Revolución

Declaración de guerra de la juventud cubana de los años 50 contra la dictadura

Fidel-y-José-AntonioPor PEDRO ANTONIO GARCÍA

Fotos: Archivo de BOHEMIA

El pueblo cubano padecía en 1956 el quinto año de la tiranía batistiana. Ya en 1952, durante los primeros meses de la dictadura, Fidel había demostrado que la camarilla que había usurpado el poder tras el golpe de Estado del 10 de marzo de ese año, no iba a permitir una opción legal para restituirle al país el ritmo constitucional, transgredido por la asonada. Todas sus mociones elevadas al sistema judicial habían sido desestimadas por unos magistrados que habían vendido su alma por 30 monedas. No había otra vía que la del 68 y el 95, solo mediante la lucha armada podría derrocarse al régimen de facto.

Esa nueva etapa de la Revolución cubana, iniciada por Céspedes en el ingenio Demajagua, no podía ser encabezada por la dirigencia de los partidos políticos de la época, anquilosados y permeados por el quietismo y un electoralismo enfermizo. Se precisaba, como alertó Fidel tempranamente, de un liderato nuevo para los tiempos que se avecinaban. Con las acciones del 26 de julio de 1953 se vislumbró ya la nueva generación de revolucionarios que enrumbaría a Cuba por el camino de la emancipación nacional.

Nada consiguió la tiranía con encerrar tras las rejas a Fidel y los moncadistas. En la siempre rebelde Universidad de La Habana, la tendencia revolucionaria comenzó a ser mayoritaria, con José Antonio y Fructuoso al frente. Algo similar sucedía en la Universidad de Oriente. Frank País aglutinaba en Acción Revolucionaria Oriental a quienes hacían suyos los postulaos del alegato conocido después como La historia me absolverá.

Tras la excarcelación, Fidel y el Movimiento 26 de Julio enarbolaron las banderas de la lucha armada para derrocar al tirano y proclamaron que “en 1956 seremos libres o seremos mártires”. Militantes de esa organización marcharon hacia México para prepararse allí militarmente con vistas a una expedición e iniciar la insurrección popular armada en las montañas orientales.

Entretanto, en el movimiento estudiantil se había constituido desde mediados de 1955 el Directorio Revolucionario, una FEU para tiempo de guerra, su brazo armado para el combate contra la tiranía. Su líder, José Antonio Echeverría, en plena coincidencia con Fidel, declararía a BOHEMIA: “No se me juzgue apasionado ni iluso. Este año de 1956 será el de la total liberación de Cuba”.

Los hechos acaecidos demostraban cuan fundadas eran las afirmaciones de Fidel y José Antonio. La oposición al tirano crecía. Dentro de su propio ejército se conspiró para derrocarlo. Por tal motivo, un grupo de militares, al que el pueblo denominó “los puros”, fueron detenidos por el aparato represivo del régimen. Elementos afines a la línea insurreccional trataron de reeditar la gesta del Moncada y asaltaron el cuartel Goicuría, en Matanzas. El régimen batistiano, en la represión a los revolucionarios, volvió a repetir la masacre de julio de 1953.

Las anquilosadas dirigencias de los partidos políticos de la burguesía, temerosas del ímpetu revolucionario de la juventud, propusieron al tirano Batista una “solución negociada” a la situación creada mediante el llamado “diálogo cívico” entre la oposición y el gobierno, una especie de Mediación (plan similar empleado durante la tiranía machadista para evitar el triunfo revolucionario), sin Sumner Welles, el embajador yanqui de los años 30 que la organizó. Las fuerzas revolucionarias rechazaron tal maniobra. El pueblo la repudió. Y la tiranía batistiana, prepotente, se burló.

El paso inmediato

Fidel, Raúl y Juan Manuel Márquez en tierra azteca, mientras preparaban una expedición para iniciar la insurrección popular armada.

Fidel, Raúl y Juan Manuel Márquez en tierra azteca, mientras preparaban una expedición para iniciar la insurrección popular armada.

Fidel y José Antonio comprendieron, tal vez como pocos de los cubanos de su tiempo, la necesidad de la unidad entre las fuerzas revolucionarias. Por ello, el presidente de la FEU, acompañado de René Anillo (destacado combatiente revolucionario, ya fallecido), fue a encontrarse a la Ciudad de México con el Jefe del Movimiento 26 de Julio. Para Faure Chomón, otro relevante dirigente del Directorio Revolucionario de la FEU, “el movimiento estudiantil había llegado a un máximo de radicalización. El paso inmediato y superior es ir hacia Fidel”.

Según testimonio de Anillo, “la reunión transcurrió en la noche del 28 de agosto en un ambiente muy fraterno. Fidel y José Antonio no solo coincidían en la causa, había simpatía mutua. Tras muchas horas de intercambio, entrada la madrugada del 29, se redactó la Carta de México y se mecanografió”.

Ese mismo día se entregaba a la United Press (UP) con la condición de no publicarla hasta que Anillo regresara a Cuba. José Antonio marchó a Europa y de allí siguió hacia Sri Lanka a intervenir en un congreso estudiantil. Se hizo público el primero de septiembre y los cables reprodujeron íntegramente el texto. En Cuba el diario Información la reprodujo íntegramente.

En el documento, el Movimiento 26 de Julio (M-26-7) y el Directorio Revolucionario (DR) de la FEU proclamaban su decisión de “unir sólidamente su esfuerzo en el propósito de derrocar a la tiranía y llevar a cabo la Revolución cubana” y convocaban “a todas las fuerzas revolucionarias del país, a los estudiantes, obreros, organizaciones juveniles y a todos los hombres dignos de Cuba para que secunden esta lucha que está firmada con la decisión de morir o triunfar”.

“Consideramos propicias las condiciones sociales y políticas del país, y los preparativos revolucionarios suficientemente adelantados para ofrecer al pueblo su liberación en 1956”, reiteraban. “La insurrección secundada por la huelga general en todo el país será invencible”.

La Carta de México subrayaba que la Revolución llegaría al poder libre de compromisos “para servir a Cuba en un programa de justicia social, de libertad y democracia, de respeto a las leyes y de reconocimiento a la dignidad plena de todos los cubanos, sin odios mezquinos para nadie, y los que la dirigimos, dispuestos a poner por delante el sacrificio de nuestras vidas, en prenda de nuestras limpias intenciones”.

Faro de unidad

Fidel, Raúl y Juan Manuel Márquez en tierra azteca, mientras preparaban una expedición para iniciar la insurrección popular armada.

Fidel, Raúl y Juan Manuel Márquez en tierra azteca, mientras preparaban una expedición para iniciar la insurrección popular armada.

Según Faure Chomón, la Carta de México, firmada por Fidel y José Antonio, “fue de extraordinaria significación para la Revolución cubana, un documento de fuerza y conciencia políticas, unitario, que no desconoció a ninguna de las fuerzas que combatía a la tiranía y llamó a luchar a todos los revolucionarios. Fue la declaración de guerra contra Batista y repercutió en el pueblo, en todos los que querían hacer una Revolución. Fue realmente un faro para la unidad.

“Nosotros teníamos una concepción de la vía armada, la lucha de calle, que no era la que iba a desarrollar Fidel, la guerra de guerrillas. Pero él nos unió: no quiso discutir nuestra táctica, nos dijo: todas las tácticas son necesarias, hablemos de nuestras coincidencias en las cuestiones estratégicas: lucha armada a muerte contra la tiranía, denuncia al trujillismo, reconocimiento a los militares “puros”.

“Al unirse los combatientes del Moncada, quienes se preparaban para reiniciar la guerra necesaria en la Sierra, con los que están en las manifestaciones, en el combate de calle, se está contribuyendo a fortalecer más la idea de que los elementos verdaderamente revolucionarios y de las organizaciones de vanguardia se incorporen a la lucha”.

Dentro del movimiento estudiantil, hubo individuos afanosos de protagonismo que protestaron porque José Antonio había firmado con Fidel un documento que llamaba a la universidad y al pueblo a la guerra. Recuerda Faure: “Quisieron convocar reuniones para discutirle el derecho de firmar en nombre de la FEU. Fructuoso, con la autoridad que tenía, no permitió esas reuniones y dijo que para defender a Cuba y luchar por la libertad como ocurrió en la guerra de independencia, no hace falta discutirlo, es un deber que tenemos todos los cubanos”.

Cumplir la palabra empeñada

Estado en que quedó la cabina de Radio Reloj, tras las acciones del 13 de marzo de 1957.

Estado en que quedó la cabina de Radio Reloj, tras las acciones del 13 de marzo de 1957.

En octubre, al regreso de Sri Lanka, José Antonio se reunió nuevamente en México con Fidel para ultimar los detalles de lo que iba a ser el plan militar. Testimonia Faure: “En esa ocasión somos designados Fructuoso, Joe Westbrook y yo. Nos unimos a José Antonio y nos reunimos con Fidel a hablar sobre cómo podíamos secundar lo que sería la expedición del Granma”.

Fidel desembarcó semanas después en tierras orientales para crear el frente guerrillero de la Sierra Maestra. José Antonio organizó las acciones del 13 de Marzo de 1957 y cayó heroicamente en combate frente a la Universidad de La Habana. El Directorio, a principios de 1958, abrió un frente guerrillero en las montañas villareñas y como ratificación de la Carta de México, suscribió con el Che (quien lo hizo en nombre del M-26-7) el Pacto del Pedrero, al cual se adscribiría en los días siguientes el Partido Socialista Popular.

En torno al Ejército Rebelde comenzó a forjarse la unión de todos los revolucionarios. Unidad que se consolidaría definitiva-mente en la integración de nuestro Partido y ha sido –como señaló Fidel–, “alcanzada en tal alto grado como jamás se logró en la historia de nuestra Patria, esa unidad por la que suspiraron los combatientes durante casi un siglo […] y que por primera vez nuestra generación logró”.

Fuentes consultadas

Testimonios ofrecidos por Faure Chomón y René Anillo al autor de este trabajo

 


Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García