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Publicado el 30 Septiembre, 2016 por ACN en Historia
 
 

Ceja del Negro, coraje a toda prueba

Las bajas españolas fueron alrededor de 500, entre caídos y heridos, y los cubanos sufrieron 200 bajas entre heridos y muertos, muchos de estos últimos civiles de la impedimenta

mambises_a_caballoPor Jorge Wejebe Cobo

Era el amanecer del día cuatro de octubre de 1896 y estaba a punto de comenzar una de las batallas más cruentas de la Guerra de 1895-1898, librada por el Lugarteniente General Antonio Maceo al frente de mil hombres que avanzaron al encuentro de tropas españolas cerca de Viñales, en Pinar del Río, a las que les esperaba una mortal sorpresa.

En la vanguardia cubana se encontraba la brigada occidental, seguida del cuerpo central de la columna , mientras que la retaguardia protegía la impedimenta, integrada por numerosas familias que constituían una de las mayores preocupaciones de Maceo y a la vez un poderoso obstáculo en una acción combativa.

Probablemente fue la única ocasión durante la guerra en la cual los mambises marchaban contra el enemigo con una relativa superioridad técnica, al contar con una novedosa pieza de artillería y con parque suficiente, gracias a una expedición de patriotas llegada por la Caleta de María la Gorda el ocho de septiembre del propio año, en el vapor Three Friends, bajo el mando del general de brigada Juan Rius Rivera.

En el contingente venía José Ramón Villalón Sánchez, ingeniero de 32 años de edad y graduado en Estados Unidos, quien perfeccionó una pieza de artillería que trajo consigo: un novísimo cañón neumático Simms-Dudley, de 100 milímetros, en cuyo diseño, fabricación y prueba había intervenido en EE.UU para adaptarlo a las acciones de campaña en Cuba y su estreno fue letal para el enemigo.

Con los primeros rayos del sol un pelotón de soldados peninsulares se afanaba en iniciar la rutina diaria en una fortificación ubicada en la elevación conocida como El Guao, cerca del camino entre Viñales y Pinar del Río, cuando un largo proyectil de bronce cargado con alrededor de un kilogramo de dinamita disparado con el arma de Villalón detonó con infernal puntería en el centro de la tropa, liquidando a gran parte de la unidad y convirtiendo la trinchera en un amasijo de cadáveres y de restos ensangrentados.

antonio-maceoAl principio de las acciones, las fuerzas cubanas ocuparon un macizo elevado coronado de pinos y encinas llamado Ceja del Negro, contra el cual avanzaban columnas de las tres armas procedentes de la ciudad pinareña y los pueblos de Viñales y La Palma, que superaban ampliamente a las huestes insurrectas y estaban dirigidas por el general español Francisco Bernal y el teniente coronel Marcelino Granados.

La misión del contingente colonialista era cercar a los mambises y dar muerte al Titán de Bronce, como era la obsesión del recién nombrado capitán general Valeriano Weyler, quien no obstante se cuidó de dirigir personalmente sus tropas contra el jefe mambí.

Antonio Maceo llegó a estos dominios combatiendo hasta el lugar más occidental en Mantua, donde culminó el 22 de enero de 1896 la invasión iniciada el 22 de octubre de 1895 en Mangos de Baraguá, Oriente.

La posición del cañón mambí resultó duramente castigada, cayeron la mayoría de sus guardianes, los mulos para su traslado fueron muertos y la pieza solo se pudo salvar por la intervención personal de Villalón Sánchez, quien por sus desempeños en este enfrentamiento y en otros alcanzaría los grados de Teniente Coronel y sobrevivió a la guerra.

Pero en los momentos más comprometidos de la batalla, Maceo se presentó en los lugares de más peligro y reinstauró el orden cuando parecía que las vanguardias hispanas remontarían las posiciones criollas, lo que hizo a los colonialistas retirarse y atacar a la impedimenta mambisa refugiada en una cañada, con alto saldo de muertos y heridos.

Sitio histórico Ceja del Negro

Sitio histórico Ceja del Negro

Mientras, la infantería mambisa les hizo pagar caro esas bajas y fulminó a los atacantes desde posiciones camufladas en la espesa vegetación de Ceja del Negro.

Las bajas españolas fueron alrededor de 500, entre caídos y heridos, y los cubanos sufrieron 200 bajas entre heridos y muertos, muchos de estos últimos civiles de la impedimenta.

La Batalla de Ceja del Negro fue una gran victoria de las tropas cubanas dirigidas por el Titán de Bronce, y una de sus últimas hazañas militares antes de caer el siete de diciembre del propio año, en San Pedro, sin que fuera derrotado ni una sola vez por los fallidos planes del General Weyler.

 


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