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Publicado el 9 Septiembre, 2016 por Ariel Trujillo en Historia
 
 

Con la juventud en pensamiento y acción

Fidel siempre dijo que hay que pensar en el futuro. Y por eso, ha confiado siempre ese futuro en las manos de los jóvenes

Por ARIEL TRUJILLO VARELA

Fidel piensa en niños y jóvenes como destinatarios de derechos que les corresponden, pero también como protagonistas dentro de la sociedad

Fidel piensa en niños y jóvenes como destinatarios de derechos que les corresponden, pero también como protagonistas dentro de la sociedad

¿Qué joven progresista no siente admiración por Fidel Castro? Si juventud implica tener espíritu de cambio y ser consecuente con su tiempo, pudiera afirmarse que el Comandante en Jefe llega a su cumpleaños 90 siendo un joven de ideas.

Su relación con los Pinos Nuevos siempre ha sido como la de un padre que guía a sus hijos, pero no con el paternalismo que todo lo justifica, ni con la actitud prepotente de quien tiene oídos sordos, sino con la seguridad y el orgullo de saber que las generaciones futuras están llamadas a superar a las anteriores.

“Si los jóvenes fallan, todo fallará. Es mi más profunda convicción que la juventud cubana luchará por impedirlo. Creo en ustedes”. Tales palabras, escritas en 2007 en respuesta a un mensaje de la Juventud Comunista, ilustran la confianza perenne del líder en la masa juvenil.

A ella dedicó gran parte de sus esfuerzos. En uno de los tantos talleres que este año tratan sobre su figura, la periodista y escritora Katiuska Blanco comentó que fue testigo de reuniones de Fidel en el Consejo de Estado donde se analizaban minuciosamente las políticas sobre la juventud en Cuba.

“Ha luchado siempre por el derecho al empleo, la educación gratuita, la recreación sana, la práctica del deporte, que considera esencial en tanto hace crecer al ser humano físicamente, pero también mental y espiritualmente, porque el hombre se forja en lo difícil y el carácter se crece ante las dificultades”, apuntaba la autora de libros esenciales sobre el Comandante.

Fidel piensa en niños y jóvenes como destinatarios de derechos que les corresponden, pero también como protagonistas dentro de la sociedad. Desde el primer día se preocupó por su integración y unidad, y abogó por que no se muevan sectaria ni esquemáticamente, sino por conciencia y sabiduría, dos de los pilares martianos.

“¿Y qué juventud queremos?”, se preguntaba Fidel en un discurso pronunciado en el acto homenaje a los mártires del asalto al Palacio Presidencial, en 1962. “¿Queremos, acaso, una juventud que simplemente se concrete a oír y a repetir? ¡No! Queremos una juventud que piense. ¿Una juventud, acaso, que sea revolucionaria por imitarnos a nosotros? ¡No!, sino una juventud que aprenda por sí misma a ser revolucionaria, una juventud que se convenza a sí misma, una juventud que desarrolle plenamente su pensamiento”.

“No decimos que el ejemplo no valga; el ejemplo influye, el ejemplo vale, pero aun más que la influencia del ejemplo, vale la propia convicción, vale el pensamiento propio. Y nosotros sabemos que esta juventud será revolucionaria, sencillamente porque creemos en la Revolución, porque tenemos fe en las ideas revolucionarias, y porque sabemos que esas ideas se ganarán el pensamiento y se ganarán el corazón de esta juventud”.

Para Fidel la creatividad humana es muy importante; nunca vio el marxismo como un dogma, sino como referente. Ve a la juventud no como recipiente que guarda costumbres, sino como sana, pura y, por lo tanto, con más condiciones para luchar.

“Creer en los jóvenes es ver en ellos, además de entusiasmo, capacidad; además de energía, responsabilidad; además de juventud, ¡pureza, heroísmo, carácter, voluntad, amor a la patria, fe en la patria!, ¡amor a la Revolución, fe en la Revolución, confianza en sí mismos!, convicción profunda de que la juventud puede, de que la juventud es capaz, convicción profunda de que sobre los hombros de la juventud se pueden depositar grandes tareas”, manifestó en la clausura del Congreso de la Asociación de Jóvenes Rebeldes, el 4 de abril de 1962.

Siempre ha tenido presente a los jóvenes porque siempre pensó en el futuro. Y un día le preguntaron cómo quería que fueran nuestros niños, y dijo que como el Che, idea que se convertiría después en lema de la organización pioneril.

En su relación especial con los más pequeños, primó siempre la sensibilidad. Cuenta Katiuska Blanco que siempre tuvo un sentimiento especial por los niños de la Sierra Maestra. Y una de sus primeras acciones cuando triunfó la Revolución fue bombardear el macizo montañoso con juguetes. Y otra muestra de su ternura fue llevar helado a las montañas, para que los campesinos, en particular los niños, conocieran el manjar jamás probado.

En su relación especial con los más pequeños, ha primado siempre la sensibilidad.

En su relación especial con los más pequeños, ha primado siempre la sensibilidad.

Cuando inauguraba el Paquito González Cueto, primer palacio de pioneros en el país, recordó: “Antes, los niños no tenían organización, unos eran ricos y muchos eran pobres, unos tenían zapatos y otros no, algunos tenían escuela, otros no tenían escuela, algunos tenían juguetes y muchos no tenían juguetes. ¿Qué quiere la Revolución? Que todos tengan todo lo que tienen que tener. Para que un niño sea feliz, es necesario que ese niño tenga todas esas cosas”.

El acceso a la educación como derecho sagrado y necesidad imprescindible de todos ha sido una de las conquistas de la Revolución. Se ha creado en nuestro país un sistema educacional que garantiza las posibilidades ilimitadas a todos los niños, adolescentes y jóvenes. La universalización de la enseñanza tiene como objetivos convertir a Cuba en el pueblo más instruido del mundo. Propósitos todos impulsados por Fidel.

“No cejará nuestro pueblo hasta que cada joven que nazca en este país no alcance cuando menos un nivel de enseñanza media, y no alcance cuando menos el nivel de técnico medio. Si la revolución educacional prosigue por esas vías, necesariamente llegará el momento en que toda nuestra juventud tenga conocimientos técnicos”, dijo el Comandante en el acto clausura de la III Conferencia Nacional de las Brigadas Técnicas Juveniles, el 13 de septiembre de 1974.
Pero, ¿basta solamente con tener un sistema que potencie las capacidades de los estudiantes? Pues no, Fidel insistió todo el tiempo en la cultura y emancipación, pero como reza el concepto de revolución: “por nuestros propios esfuerzos”. Porque de nada valen los avances en educación sin la voluntad de crecer que debe surgir en cada individuo. Y no podrá haber transformación de la sociedad sin transformación del ser humano.

En sus conversaciones con los niños y jóvenes jamás acudió a la retórica; se caracterizó por ser profundo, pero comprensible. Les impulsó a la batalla global, a informarse, a luchar contra el colonialismo cultural, a no dejarse absorber por la cotidianidad y ver más allá de nuestras fronteras: el afán expansionista del imperialismo, los conflictos del mundo…

Fidel siempre dijo que hay que pensar en el futuro. Y por eso, ha confiado siempre ese futuro en las manos de los jóvenes.


Ariel Trujillo

 
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