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Publicado el 10 Septiembre, 2016 por Bárbara Avendaño en Historia
 
 

Hombre mirando al futuro

Por BÁRBARA AVENDAÑO
fidelCumplir con la sentencia que hiciera en diciembre de 1956 en Cinco Palmas: ¡Ahora sí ganamos la guerra!, al rencontrarse con Raúl y otros expedicionarios sobrevivientes del desembarco del yate Granma equipados tan solo con siete fusiles, reforzó entre el pueblo la fama de estratega y visionario bien ganada por Fidel en la etapa insurreccional.

Quizás por eso, a un año del triunfo revolucionario -el 15 de enero de 1960-, cuando en Cuba todavía había un millón de analfabetos, una frase del discurso que pronunció por el XX Aniversario de la Sociedad Espeleológica de Cuba, avivó la confianza en las potencialidades intelectuales y éticas de los seres humanos, en la capacidad de los cubanos para hacer ciencia:

“El futuro de nuestra patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia, tiene que ser un futuro de hombres de pensamiento, porque precisamente es lo que más estamos sembrando; lo que más estamos sembrando son oportunidades a la inteligencia, ya que una parte considerable de nuestro pueblo no tenía acceso a la cultura, ni a la ciencia…”.

Concluida la campaña de alfabetización se emprendió una política para fomentar la investigación, la cual por entonces solo tenía lugar en las pocas instituciones existentes, y cuya vocación social era casi irrelevante, aunque siempre hubo personalidades muy destacadas en el siglo XIX y la etapa Republicana. Se trataba de formar personas con la capacidad científica necesaria y convertir la ciencia en instrumento de la dinámica social de la Revolución.

Los cambios más trascendentales comenzaron a realizarse en el área agrícola, promovidos por el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA). De 1962 a 1973 surgieron 53 unidades de ciencia y técnica, y gran parte de las instituciones de investigación en las ciencias exactas y naturales, médicas, tecnológicas, agrícolas y sociales que aún existen en el país. Además, se multiplicaron las universidades por todas las provincias. El 20 de febrero de 1962, a instancia de Fidel, fue creada la Comisión Nacional de la Academia de Ciencias de Cuba, como organismo para la agrupación, transformación y creación de institutos de investigación.

PADRE DE LA CIENCIA NACIONAL

Con los fundadores del Centro Nacional de Investigaciones Científicas.

Con los fundadores del Centro Nacional de Investigaciones Científicas.

En 1964, el Comandante en Jefe anuncia que, para impulsar las ciencias biomédicas y desarrollar estudios en campos como la biología y la química, se crearía el Centro Nacional de Investigaciones Científicas (Cenic). Era la simiente de especialistas que integrarían otras muchas instituciones de alto nivel científico con las que él ya soñaba.

Una de estas fue el Centro Nacional de Sanidad Agropecuaria (Censa), nacido en 1969. Cuba, país agrícola, con importantes recursos fitogenéticos y de ganadería, requería formar capital humano para lograr diagnósticos rápidos y precisos, ante cualquier emergencia sanitaria que surgiera. Hoy este centro posee un altísimo reconocimiento de la Organización Internacional de la Salud Animal por su colaboración contra desastres sanitarios de nivel global. Y es que Fidel diseñó una política propia, pero que estuviera también al servicio de los pueblos menos desarrollados.

Al tanto siempre de los adelantos científicos en el mundo, el líder de la Revolución promovió el desarrollo de la Biotecnología en la isla, cuando empezaba a tomar fuerza la primera institución fundada en los Estados Unidos en 1977. El emprendimiento cubano, pionero de ese tipo nació en 1981 para obtener y producir interferón. Poco después, en 1986, surgió el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), modelo de cómo cerrar el ciclo de investigación, producción y comercialización. El concepto de Fidel de alcanzar un desarrollo integral en todo el país, se puso en práctica con la instauración de instituciones para la investigación en otras provincias, como el CIGB de Camagüey.

El Fórum Nacional de Ciencia y Técnica, bajo su mirada atenta. Se caracterizó por sumar las fuerzas creadoras del país y aportar múltiples soluciones para resolver los problemas cotidianos. En su edición VI, en 1991, Fidel expresó: “La supervivencia de la Revolución y del Socialismo, la preservación de la independencia de este País depende hoy, fundamentalmente, de la Ciencia y la Técnica… es, en primer lugar, un problema político, una cuestión de conciencia, de espíritu de lucha, de voluntad, decisión y valor para resistir, para enfrentar dificultades, cualesquiera que sean”.

Tiempos difíciles para el país los que vendrían con la década de los 90, que no impidió que este hombre de ilusiones insaciables -como suele catalogarlo el doctor Agustín Lage-, les diera rienda suelta. “Los términos originalidad y coherencia los hemos aprendido de Fidel, de ese nexo entre lo que se piensa y lo que se hace”, significó el director del Centro de Inmunología Molecular (CIM). Coherencia también se manifiesto con la creación del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, en 1994. En ese periodo, igualmente, nacen la Universidad de las Ciencias Informáticas, el Polo Científico del Oeste de la capital, y el concepto de Reserva Científica.

Acerca del papel del líder cubano en el análisis de las problemáticas de la sociedad cubana, señaló Fernando Martínez Heredia, Premio Nacional de Ciencias Sociales,. “Fidel ha sido el educador popular y el motor de que los humildes se apoderaran de la vida, la liberación y la cultura…

“Sería muy positivo para la formación actual de quienes tendrán que enfrentar los peligros y las necesidades de Cuba, y sacarla adelante, de escoger bien, y ofrecer de manera seria y organizada la historia y los datos principales de la estrategia y la política para las ciencias del revolucionario y socialista Fidel Castro”.

Junto a los doctores en ciencias Rosa Elena Simeón y Manuel Limonta, en la inauguración del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, el primero de julio de 1986.

Junto a los doctores en ciencias Rosa Elena Simeón y Manuel Limonta, en la inauguración del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, el primero de julio de 1986.

Ante los desafíos actuales que impone el desarrollo tecnológico, el Comandante en Jefe dejó un mensaje en la reunión ministerial del Grupo de los 77, realizada en La Habana, en 1999: “Conectarnos al conocimiento y participar en una verdadera globalización de la información que signifique compartir y no excluir, que acabe con la extendida práctica del robo de cerebros, es un imperativo estratégico para la supervivencia de nuestras identidades culturales de cara al próximo siglo”.

En el pensamiento de Fidel respecto a la política científica debe significarse su claridad hasta en los momentos más oscuros de nuestra historia, como lo fue el año 1993, considerado el más difícil del Período Especial. En el Centro de Biofísica Médica de Santiago de Cuba reflexionó con un grupo de investigadores: “La ciencia y las producciones de la ciencia deben ocupar un día el primer lugar de la economía nacional… Tenemos que desarrollar las producciones de la inteligencia. Y ese es nuestro lugar en el mundo, no habrá otro…”. Vislumbraba la relación necesaria entre la ciencia, la técnica y el desarrollo económico, y la inserción de Cuba en la economía globalizada con productos de la ciencia.

Una idea que urge consumar cada día más y mejor, sobre todo hoy, al festejar el cumpleaños 90 de alguien que bien pudiera pasar a la historia como el padre de la ciencia cubana actual.

 


Bárbara Avendaño

 
Bárbara Avendaño