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Publicado el 6 Octubre, 2016 por ACN en Historia
 
 

En espera de justicia, a 40 años del crimen

(www.escambray.cu)

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Por Onelia Chaveco

Durante 40 años Aida Domínguez, una madre cienfueguera, ha esperado que caiga el peso de la justicia sobre quienes truncaron, en pleno vuelo, la vida de 73 personas, incluido su único hijo varón, sobrecargo del CU–455 que cubría el itinerario de Barbados a Cuba.

El joven Eusebio Sánchez Domínguez, quien cumpliría sus 25 años el siete de octubre de 1976, había planificado venir a Cienfuegos a celebrar su onomástico con sus padres y hermanas.

Sin embargo, un día antes volaría en pedazos en uno de los más terribles atentados en la historia de la aviación, y donde murieron también los integrantes del equipo de esgrima de Cuba coronado con medalla de oro en un campeonato centroamericano.

En reiteradas entrevistas con esta noble cubana, se percibe el infinito dolor por la pérdida irreparable de su muchacho, aquel niño estudioso, el joven al que con solo 23 años le otorgaron la Medalla 20 Aniversario del Asalto al Cuartel Moncada.

Con letras apuradas, en un diario que pude leer hace una década, Eusebio contaba sus grandes impresiones de los viajes a Canadá, Venezuela y México, como integrante de la tripulación, y el impacto que le causó la pobreza de tantas personas en esos países.

Allí estaba reflejado con humor el asombro por lo nuevo, su susto por esos vuelos largos, la tormenta eléctrica, la avería de un radar, el canal de Panamá, o la belleza de una ciudad como Moscú.

Sin dudas cualquiera se percata de que Eusebio era la alegría de la casa, no solo porque fuera el único vástago varón de la familia de Aida, sino porque su hijo mulato, alto, de sonrisa suave, siempre resultó ser único e irrepetible.
Cuatro décadas transcurrieron del abominable crimen pero a los asesinos y terroristas confesos, entre estos Luis Posada Carriles, nunca los alcanzó la justicia.


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