Cuando Realengo 18 derrotó al dictador Batista
El 11 de noviembre de 1934, ante la decisión de los campesinos de Realengo 18 de no abandonar su tierra, Batista y la Guardia Rural cedieron y acordaron una tregua, retiraron las tropas y pospusieron los desalojos y los planes de apropiación
- Batista, desde La Habana, declaró: “La trocha se hará, cueste lo que cueste” y Lino replicó: “Tierra o sangre” y miles de serranos se aprestaron a cumplir con esa consigna de su líder con el propósito de que “mientras haya un montuno no sigue la trocha”
Por Jorge Wejebe Cobo
En 1934, la ofensiva reaccionaria en Cuba encabezada por el coronel Fulgencio Batista, jefe del ejército y hombre fuerte de los intereses estadounidenses, tuvo una de sus primeras derrotas en un apartado rincón en la región de Guantánamo, en el oriente del país, nombrado Realengo 18.
Era un territorio sobrante de las demarcaciones coloniales, en el que se asentaron por siglos campesinos pobres, exesclavos, mulatos libres, mambises y sus descendientes, quienes por derecho consuetudinario eran dueños de la tierra.
Batista dio al traste con la revolución contra la dictadura del presidente Gerardo Machado en 1933, gracias a su capacidad para el engaño y la traición que le permitió emerger en la convulsa situación de sargento jefe de un movimiento popular castrense a coronel jefe del ejército, con la bendición de los intereses norteamericanos y para 1934 ejercía el poder por medio de un títere, el presidente Carlos Mendieta.
Realengo 18 ocupaba alrededor de 500 caballerías que incluían tupidos montes de árboles de madera preciosa, los últimos del entorno natural de la región, dominios sobre los cuales latifundistas nacionales asociados a compañías norteñas pusieron sus ojos desde principios del siglo tras el fin de explotar la riqueza forestal y sembrar grandes extensiones de caña que serían molidas en los centrales en manos de los estadounidenses en la región.
Para cumplir con esos planes era necesario desalojar a centenares de familias del Realengo 18 y parecía que en noviembre del 34 estaban dadas las condiciones para que el capital foráneo lograra esos propósitos con el apoyo de los tribunales de la época, el gobierno y la Guardia Rural que había cercado prácticamente la región.
Pero ante la arremetida se levantaron los campesinos de la zona, liderados por Lino Álvarez y apoyados por la solidaridad material y política del Partido Comunista.
Pablo de la Torriente Brau en Realengo 18.
El periodista Pablo de la Torriente Brau visitó el Realengo 18 para reportar los acontecimientos, y describe al líder popular como “un negro de pequeña estatura, pero bien musculazo, fuerte, ojos silenciosos y profundamente oscuros. Habla con lentitud, como el hombre que no le gusta rectificar. Y nunca ha estudiado. Una compañia yanqui le ofreció quince mil pesos y 15 caballerías de tierra para que abandonara la lucha. Pero él siguió combatiéndola. Tres tiros le han dado ya y no lo han matado”.
En varias ocasiones los campesinos organizados en grupos de vigilancia territorial y armados con viejas escopetas y machetes evitaron la entrada al lugar de los enviados de los terratenientes para instalarse en una trocha en la zona a la que llegaron siempre acompañados de la Guardia Rural, mientras los tribunales negaban el derecho de propiedad a los campesinos, por lo que en una ocasión 400 jinetes del Realengo 18 llegaron para protestar a la ciudad de Guantánamo.
Durante los momentos más tensos Batista, desde La Habana, declaró: “La trocha se hará, cueste lo que cueste” y Lino replicó: “Tierra o sangre” y miles de serranos se aprestaron a cumplir con esa consigna de su líder con el propósito de que “mientras haya un montuno no sigue la trocha”.
El Partido Comunista realizó una operación de abastecimiento a los sublevados, poco conocida en todos sus detalles, y les remitieron desde La Habana en cajones de supuestas piezas para maquinarias 50 fusiles Springfield, e igual cantidad de armas cortas, una ametralladora antiaérea y municiones, obtenidas gracias a la contribución de los obreros de San Antonio de los Baños, Regla, Guanabacoa y otros municipios habaneros.
También viajaron a ese lugar como instructores y cuadros políticos, enviados por el Partido, dirigentes obreros y juveniles, entre ellos Ramón Nicolau González, Alfredo Martínez, Lelis Nordet y Arturo Villarreal, y probablemente todo eso fue lo que disuadió al ejército de tomar medidas extremas.
Realengo 18. ( Foto: Portal de la Cultura)
El 11 de noviembre de 1934, ante la decisión de los campesinos de Realengo 18 de no abandonar su tierra, y para evitar verse enfrentados a una guerra de guerrillas, Batista y la Guardia Rural cedieron y acordaron una tregua, retiraron las tropas y pospusieron los desalojos y los planes de apropiación.
No obstante, en los años posteriores sobre los montunos y sus descendientes se aplicaron diversos métodos para engañarlos y usar la violencia de forma selectiva, además de aplicar vías para corromperlos con el fin de resquebrajar la unidad que los hizo fuertes y les permitió propinar una de las primeras derrotas políticas y morales al régimen entreguista de Batista- Mendieta. (ACN)








