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Publicado el 27 Noviembre, 2016 por Nestor Nuñez en Historia
 
 

Presencia insoslayable

El ejercicio político de Fidel Castro en materia de proyección exterior ha podido mostrar recientemente en La Habana, como una de sus joyas, el logro del cese el fuego bilateral entre el Gobierno de Bogotá y la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia

Por NÉSTOR NÚÑEZ

Ya para 1961 Cuba se contaba entre los fundadores del Movimiento de Países NO Alineados.

Ya para 1961 Cuba se contaba entre los fundadores del Movimiento de Países NO Alineados.

Más allá de las extremas percepciones que rechazan y demonizan o idealizan e idolatran a figuras con un papel destacado en el devenir humano, lo cierto es que, objetivamente, el Comandante en Jefe Fidel Castro, se ha ganado el rango de una de las personalidades políticas más relevantes del planeta desde la segunda mitad del pasado siglo.

Y no solo vale esa conclusión hasta nuestros días a partir de la lucha revolucionaria que encabezó en Cuba desde muy joven, y que luego de los sucesos del cuartel Moncada, el desembarco del yate Granma y la campaña guerrillera en la Sierra Maestra, desgajó a la mayor de las Antillas de la prolongada tutela imperial estadounidense y abrió las puertas a las restantes naciones de nuestra área para impulsar nuevos derroteros con similar destino.

Se trata además de que Fidel Castro, como fundador del primer Estado socialista del hemisferio occidental, ha diseñado, orientado y ejecutado una política exterior de neta independencia y de extensión global, y un magisterio internacionalista que ha hecho de nuestro archipiélago un componente activo y destacado en los fundamentales procesos políticos de la escabrosa era que nos ha tocado transitar a lo largo de su liderazgo, siempre al lado de las causas más justas y sin temor a arrostrar los mayores y más sonados lances.

Y ha sido bajo esa dirección, que un país pequeño en tamaño y población, ha desafiado por decenios a la mayor potencia imperialista de la historia, a escasos 180 kilómetros de sus costas, hasta establecer por intermedio de su prolongada y enconada resistencia, un cambio de mentalidad y de criterio en nuevas generaciones de dirigentes norteamericanos como para reanudar relaciones bilaterales, hablar del término del bloqueo económico y comercial a la mayor de las Antillas, y generar un amplio y diverso diálogo sobre la más estricta igualdad y respeto mutuos, y el reconocimiento de que es posible vivir civilizadamente a pesar de profundas diferencias.

PARA EL MUNDO

Hay un concepto esencial proyectado por nuestro Héroe Nacional José Martí y materializado muchas veces por la Revolución Cubana: Patria es humanidad.

Y Fidel Castro es un evidente convencido del esencial contenido de esas palabras.

De manera que desde su propio nacimiento, la Revolución que ha encabezado mostró claramente que su alternativa básica consistía en “echar su suerte con los pobres del mundo”.

Y en ese devenir, ya para 1961 Cuba se contaba entre los fundadores del incipiente Movimiento de Países NO Alineados, en Belgrado, la capital yugoslava, entidad que con el tiempo y la activa y reconocida participación política de la Isla, llegaría a convertirse en un formidable conglomerado cada vez menos ajustado a percepciones formales y dogmáticas, y más envuelto en la búsqueda de fórmulas efectivas de convergencia con otras fuerzas progresistas empeñadas también en un cambio positivo del orden internacional vigente.

Fidel Castro brilló además como estadista en lo que Ernesto Guevara definiría como “los días luminosos y tristes” de la Crisis de Octubre de1962, en que la humanidad se vio a un paso del desastre nuclear.

Apegada a sus deberes internacionalistas, Cuba accedió a ubicar en su terrotirio misiles soviéticos de mediano alcance con carga nuclear, de manera de equilibrar el ya ejecutado despliegue en Turquía de proyectiles estadounidenses similares dirigidos contra la URSS.

La voz de Fidel se levantaría más de una vez en la sede de la ONU en defensa de los pueblos.

La voz de Fidel se levantaría más
de una vez en la sede de la ONU
en defensa de los pueblos.

Fueron días de elevada tensión en la que Cuba estuvo dispuesta a todo en defensa de sus postulados y su integridad, y, establecido un arreglo entre ambas potencias sin previa consulta con La Habana, la respuesta digna de la dirección revolucionaria dejó en claro que el país no solo tenía criterio propio y absoluta independencia en sus actos en relación con Moscú (se nos tildó por mucho tiempo como agentes del Kremlin en esta parte del planeta), sino que además estaba en disposición de asumir las consecuencias de sus actos y decisiones a cualquier costo.

Y mientras la humanidad siguió viviendo bajo el filo de la daga atómica cobre su cuello, en La Habana las fuerzas revolucionarias del planeta encontraban inspiración y apoyo crecientes.

En enero de l966, con la activa presencia de Fidel Castro, se realizó la Primera Conferencia Tricontinental, destinada a fomentar la unidad entre todos los combatientes antimperialistas del mundo.

El producto de aquellas jornadas fue el surgimiento de la Organización de Solidaridad con los Pueblos de África, Asia, y América Latina, OSPAAAL, y el incremento de la colaboración cubana con los movimientos de liberación nacional de todas las regiones.

Fueron los instantes de las primeras misiones internacionalistas de decenas de compatriotas, que tuvieron en la gesta boliviana de Ernesto Guevara su expresión cimera.

Aquellos tiempos forjaron la intensa amistad de Cuba con los luchadores en Centro y Sudamérica, con acciones solidarias claves en la victoriosa campaña de los sandinistas contra la dictadura de los Somoza, o la resistencia de la guerrilla salvadoreña ante los planes genocidas de Washington y sus aliados internos.

Especial fue el apoyo a los patriotas vietnamitas enfrascados en reunificar su país y expulsara los invasores norteamericanos, así como a los movimientos guerrilleros en numerosas naciones africanas.
Llegaría entonces el largo episodio bélico por preservar la independencia y la integridad de Angola, que ocupó no poco tiempo y energías del Comandante en Jefe, y que terminaría con la histórica derrota de los regímenes racistas dela antigua Rhodesia y de África del Sur, estableciendo en el triángulo austral de aquel continente los primeros gobiernos realmente populares de su historia.

Pero la impronta de Cuba bajo la dirección del máximo líder de la Revolución no solo se circunscribe al respaldo a la lucha en armas por la independencia.

La voz de Fidel Castro, que más de una vez se levantaría en la sede de la ONU, volvería a plantar razones y argumentos en una campaña mundial contra el pago de la injusta deuda externa del Tercer Mundo exigido por sus encumbrados acreedores.

La Habana fue entonces tribuna de numerosas fuerzas y sectores sociales que concientizaron a buena parte del planeta con respecto a la injusticia y el saqueo brutal que se pretendía.

La destrucción de los ecosistemas y el riesgo de que la violenta e irracional agresión al medio ambiente se convirtiese en el fin de nuestra especie, fueron también materia de denuncia del Comandante en Jefe en 1992, durante la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro, y una preocupación clave que no ha dejado de retomar hasta hoy.

EN NUESTRO ESPACIO

América Latina y el Caribe, el patio regional del que formamos parte, ha sido esencial en la actividad global de Cuba y de su máximo dirigente.

Como con el resto del orbe, no ha existido causa de pueblo alguno de, esta, nuestra zona geográfica, que no haya contado con el respaldo de Cuba, desde el combate por la liberación, hasta el apoyo médico y especializado en diferentes ramas sociales y productivas, sin soslayar el refugio seguro a los perseguidos y reprimidos por dictaduras militares y regímenes violentos.

Desde muy temprano -ya lo decíamos- la dirección revolucionaria estableció como uno de sus deberes fundamentales trabajar por la independencia regional y la integración de sus pueblos a tono con las demandas de nuestros principales próceres.

Venezuela, Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Chile, son solo algunos de esos ejemplos a los que, por aquellos tiempos, la Isla y su dirección encabezada por Fidel prestaron apoyo solidario incondicional.

Duros años de aislamiento impuesto por Washington y sus servidores regionales aguardarían a Cuba por decenios, hasta que en 1991, con el advenimiento de gobiernos civiles en buena parte de una Sudamérica sometida al fuero militar proimperialista, y la actitud positiva de otras administraciones de la región, la nación caribeña fue, en la figura de Fidel Castro, a tomar parte en la Primera Cumbre Iberoamericana, con sede en la ciudad mexicana de Guadalajara.

Fidel y Chávez unieron esfuerzos para la creaci ón de espacios de convergencia unitaria como el ALBA y la Celac.

Fidel y Chávez unieron esfuerzos para la creación de espacios de convergencia unitaria como el ALBA y la Celac.

Desde entonces La Habana ha formado parte de este mecanismo de intercambio, donde no pocas batallas diplomáticas y éticas han debido ser libradas, a partir de las grandes diferencias y actitudes que, sobre todo en sus primeros años, mostraba a lo interno ese foro de consulta.

No obstante, el inaguantable peso de las insuficiencias y pecados de las propias .democracias. emergidas de la noche fascista regional, muchas de ellas objetos tácticos de recambio imperial ligados en su propia génesis a los inoperantes credos neoliberales dictados desde el exterior, promovió hace más de una década la llegada a varios gobiernos regionales de organizaciones y figuras progresistas, con total identificación con las aspiraciones y urgencias de sus pueblos.

La raíz popular de esas administraciones abrió las puertas entonces a un nuevo tipo de relaciones integradoras en la zona, que por primera vez se planteó lograr la verdadera unión de quienes vivimos al sur del río Bravo, y forjar un ente absolutamente independiente en sus pareceres, decisiones y personería.

En abril de 2004, Fidel Castro y Hugo Chávez abrieron en grande el camino de esa búsqueda con la creación en La Habana de la hoy Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, ALBA, como espacio multifacético de convergencia.

Esfuerzo que ha ido sumando otras entidades como PetroCaribe, de amplia y positiva actividad en el campo energético, y que se complementa con la reestructuración positiva de entidades como el Mercosur y la formación de la Unión de Naciones del Sur, Unasur. El paso más concluyente en ese derrotero resultaría, sin dudas, la fundación en 2011, en Caracas, de la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe, Celac, que por encima de innegables diferencias y características propias de cada integrante, se desarrolla como un mecanismo de verdadera representatividad regional, capaz de dar prioridad al diálogo y trascendencia a cuanto nos une por encima de otras consideraciones.

En su papel por convertir al sur del hemisferio en un fiable y pujante interlocutor global, la Celac no solo promueve sus propias acciones unitarias, sino que ha proclamado a nuestro entorno como Zona de Paz con el firme y sano propósito de conjurar toda agresión externa y el uso de la violencia entre sus miembros, y para facilitar además un clima político donde nunca más las armas tengan que ocupar el escenario para dirimir discrepancias a lo interno de cada nación.

En fin, un trazado regional que, vale recalcarlo, ha sido puntal en el ejercicio político de Fidel Castro en materia de proyección exterior, y que tal vez, como regalo a su nuevo aniversario de vida, ha podido mostrar recientemente en La Habana, como una de sus joyas, el logro del cese el fuego bilateral entre el Gobierno de Bogotá y la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, luego de años de diálogo apoyado, impulsado y facilitado precisamente por la Cuba revolucionaria.


Nestor Nuñez

 
Nestor Nuñez