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Publicado el 30 diciembre, 2016 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

CUBA 1948

La historia tal como fue

A 69 años de la muerte de Jesús Menéndez, una puntualización sobre los sucesos que acaecieron entonces
Jesús Menéndez no fue a Oriente a incitar a la huelga, ya esta había estallado muchos días antes. (Autor sin identificar)

Jesús Menéndez no fue a Oriente a incitar a la huelga, ya esta había estallado muchos días antes. (Autor sin identificar)

Todo sucedió en la Terminal Ferrocarrilera de Manzanillo. Minutos antes de las ocho de la noche del 22 de enero de 1948, del vagón número 8 en que viajaba, descendió el dirigente azucarero y parlamentario comunista Jesús Menéndez Larrondo, quien iba acompañado del también legislador Paquito Rosales y del sindicalista Manuel Quesada. Detrás de ellos, también abandonó el tren el capitán de la Guardia Rural Joaquín Casillas Lumpuy a quien se le unieron tres soldados de ese cuerpo, apellidados Alarcón, Cancio y Salgado.

Entre el parlamentario y el uniformado se produjo un diálogo corto en el andén en el que el último conminaba a Menéndez a acompañarlo al cuartel y este le recordaba a su interlocutor la inmunidad que le otorgaba la condición de congresista, según las leyes vigentes. Varios testigos presenciales declararon que Casillas de pronto extrajo su arma y la accionó sobre el líder obrero. Luego dirigió sus disparos hacia el tren, uno de los cuales alcanzó al soldado Alarcón. Rosales y Quesada acudieron a socorrer a su correligionario, de acuerdo al testimonio del propio Casillas. Al líder obrero herido lo trasladaron a la Casa de Socorros municipal. Llegó cadáver.

Entretanto la escena del crimen quedó en manos de la Guardia Rural, que también impidió la entrada de los acompañantes de Menéndez al centro hospitalario. Los enfermeros desvistieron al ya occiso y el médico forense Ángel Alfonso Ortiz procedió al examen con vistas a expedir el certificado médico de defunción. En él consignó la presencia de tres heridas provocadas por armas de fuego: una con orificio de entrada  en la espalda, en la región dorso-lumbar izquierda; otra con dos orificios (de entrada y salida) en el hombro izquierdo; y una “pequeña herida” por arma de fuego en el pabellón auricular derecho.

Afuera de la Casa de Socorros comenzó a aglomerarse la ciudadanía. Luego llegaron los doctores Borbolla y Soto para auxiliar a Ortiz en la autopsia. Casillas se negó a que la realizaran, alegando que de Holguín venían médicos forenses militares. La Guardia Rural que cercaba la Casa de Socorros la emprendió contra la ciudadanía, pero las autoridades municipales (el alcalde pertenecía al Partido Auténtico, de la coalición gubernamental) contuvieron la jauría. Ante la falta de seguridad en la Casa de Socorros los tres forenses y el pueblo trasladaron el cuerpo sin vida de Menéndez al sindicato Fraternidad del Puerto, en el que se le realizó la autopsia sobre un escritorio y con la cabeza del occiso recostada en una piedra. A un médico militar, enviado por Casillas, se le permitió la entrada al recinto y presenció la autopsia en su totalidad.

Antecedentes

Jesús Menéndez, a quien apodaban “el General de las cañas” por su ascendencia sobre los trabajadores de la industria azucarera, había alertado que la zafra de 1948 solo comenzaría si se respetaban las conquistas obreras alcanzadas en el último quinquenio. En muchos lugares por eses motivo estallaron huelgas. El parlamentario comunista entonces realizó un recorrido por el país y logra que en 19 centrales de Las Villas y Camagüey se suscriban convenios de aceptación de las demandas proletarias.

En la región oriental se habían iniciado huelgas, paros parciales y otras formas de lucha mucho antes de la llegada del líder azucarero, quien se proponía solucionar los dos conflictos más difíciles: el de los centrales Mabay (hoy Arquímedes Colina) y Estrada Palma (hoy Bartolomé Masó). Incluso pidió la intervención del entonces alcalde de Bayamo, Beto Saumell, un exmilitante marxista y en esos momentos, acérrimo crítico del Partido Socialista Popular (PSP; comunista) al que pertenecía Menéndez.

Otra vez el General de la cañas obtenía brillantes triunfos: la gerencia del Mabay acordó suscribir el convenio con el sindicato en la alcaldía de la Ciudad Monumento y en la otra fábrica de azúcar solo faltaba ajustar algunos detalles secundarios. En compañía de Saumell y Paquito Rosales, el líder obrero  tomó el carro de línea hasta Yara donde supo que el tren de La Habana estaba muy atrasado. Rosales le propuso pasar la noche en su casa, en la ciudad del Guacanayabo. Cuando tomaron el tren local rumbo a Manzanillo (ya Saumell se había despedido de ellos), se encontraron con Casillas, quien originalmente se había apeado, pero al ver a Menéndez, cambió de opinión.

Casillas contraataca

Estación ferroviaria de Manzanillo, en la actualidad. Donde cayera Menéndez está colocada una tarja con-memorativa. (Autor sin identificar)

Estación ferroviaria de Manzanillo, en la actualidad. Donde cayera Menéndez está colocada una tarja con-memorativa. (Autor sin identificar)

Apenas unas horas de la muerte del parlamentario, Casillas y su superior, el jefe del ejército general Genoveno Pérez Damera, iniciaron una campaña propagandística tergiversadora. En el propio cuartel de la Guardia Rural en Manzanillo, un oficial del Juzgado, delante de Casillas, tomó declaración a los soldados Cancio y Salgado, quienes afirmaron que “sorpresivamente” Jesús Menéndez  “sacó un revolver y disparó dos veces sobre Casillas, […] se produjo entonces un tiroteo entre ambos en que se hicieron entre ocho y diez disparos“.

Esa misma noche, ante el oficial del Juzgado, el soldado Alarcón declaró “que Casillas pidió a Menéndez que lo acompañara al cuartel, a lo que este se negó. Que discutieron en el andén y Menéndez sacó un revólver y él (Alarcón) partió en dirección a Menéndez para impedir que le disparara a Casillas. Que entonces se produjeron varios disparos, que ignora quien o quienes lo hicieron, debido a la confusión producida. Y que no sabe quien lo hirió a él”.

El efecto de estas declaraciones en la opinión pública resultó contrario a lo que esperaban los militares. Muchos se preguntaron, entre ellos importantes figuras del periodismo cubano: ¿Es lógico que Menéndez, aunque portara un revólver, lo extrajera para enfrentar a un capitán de la Guardia Rural y tres subordinados de este, todos pertrechados con sus armas de reglamento?. Como alguien dijera entonces, ni a un fanático de las películas de vaqueros, admirador de John Wayne, se le ocurriría tal cosa.

El Informe Chartrand

Una gran masa de pueblo concurrió al cementerio de Colón para despedir al líder obrero. (Autor sin identi-ficar)

Una gran masa de pueblo concurrió al cementerio de Colón para despedir al líder obrero. (Autor sin identi-ficar)

El revuelo formado por la muerte de un legislador, a quien se le desconoció su inmunidad parlamentaria, conmovió a la sociedad cubana. En el parlamento se oyeron voces condenatorias, no solo de comunistas, sino de políticos antagónicos a ellos, como Eduardo Chibás y Rubén de León, este último jefe de la bancada auténtica, el partido al que pertenecía el presidente Grau. Jorge Mañach, tras reprobar la actuación de Casillas, demandó que todo el peso de la Ley cayera sobre el asesino y sus cómplices, fueran quienes fueran.

El periodista Ramón Vasconcelos, entretanto, tocaba con el dedo la llaga: “Anda por medio el margen del beneficio del azúcar. Anda en juego el Diferencial Azucarero”. Como razonaba el sagaz reportero, al PSP y a Menéndez no le interesaba obviamente provocar ni eliminar a un oscuro capitán de la Guardia Rural que carecía de peso específico alguno en la política nacional. Pero existían poderosos intereses, a los que estaba ligado el general Genovevo, superior de Casillas, que sí le interesaban la desaparición de Menéndez. Como dirían los novelistas policíacos, en este último caso, sí hay un motivo coherente.

menendez-entrada-cementerioSe procedió entonces por las autoridades militares a encomendar al cabo Enrique Chartrand a “efectuar una amplia investigación de los hechos acaecidos en la Ciudad de Manzanillo y en los que resultara muerto el Representante a la Cámara por la provincia de Las Villas, señor Jesús Menéndez Larrondo”. El informe suscrito por Chartrand con fecha 16 de febrero de 1948 se filtró a la prensa e incluso luego sirvió para conformar la defensa de Casillas cuando, ya en el gobierno de Prío, fue enjuiciado.

Los dislates mayúsculos cometidos por Chartrand en su informe lo hicieron el hazmerreír de muchos. En primer lugar, afirmaba que Casillas al conocer que Menéndez “se dirigía al central Estrada Palma con el propósito de incitar a los trabajadores para que paralizaran la molienda, motivo por el cual el capitán Casillas abandonó el tren en la estación de Yara para dirigirse al referido Central Estrada Palma. Ya en el tren que habría de conducirlo a ese lugar, hubo de encontrarse con el señor Menéndez […]

“El capitán Casillas comenzó a tratar de convencer al señor Menéndez Larrondo que no debía realizar los actos que se proponía por ser los mismos contrarios a las leyes […]”. Consignaba Chartrand que Casillas le reiteró al congresista “su opinión en el sentido de que el acto que se pretendía realizar era contrario a la Ley y que él como militar no podía consentirlo. Así las cosas, recurrió a su inmunidad como legislador y la inmunidad que lo amparaba […]”

En primer lugar, hay una confusión en Chartrand, Menéndez no iba hacia Estrada Palma, venía de allí cuando se topó con Casillas en Yara. La huelga había estallado mucho antes de la llegada de Menéndez, quien en definitiva con su gestión iba a darle fin. No había nada ilegal en el quehacer de Menéndez: el derecho a la huelga estaba refrendado en el artículo 71 de la Constitución de 1940; tampoco lo era el reunirse con los obreros, pues lo garantizaba el artículo 37 de la Carta Magna vigente. ¿Por qué Casillas “como militar no podía consentirlo”?

Sobre la supuesta arma que Menéndez portaba –y nunca encontrada-, Chartrand acusaba a los acompañantes de Menéndez de hacerla desaparecer. Según testimonio de Casillas, al ser instruido de cargos por el asesinato un año después, “se quedó en la estación buscando el revólver, cosa que no pudo encontrar”. Pero, se preguntaban los cubanos en 1948, ¿los acompañantes de Menéndez no lo llevaron a la Casa de Socorros y la escena del crimen quedó en manos de la Guardia Rural? En cuanto a la cartuchera del revolver “encontrada en el cinto de Menéndez”, nadie en el centro de Salud recordaba haberla visto hasta que Casillas, con su famosa supervisión, la halló entre las ropas del legislador.

Menéndez vestía al morir una guayabera blanca, casi transparente. De haber tenido una cartuchera en el cinto, con un revolver además, Beto Saumell la hubiera visto. Pero en todas sus declaraciones ( en 1949 y luego en la década del 70, cuando era un abierto desafecto de le Revolución) manifestó que el líder obrero no estaba armado. ¿Y Casillas en el tren tampoco se percató y se mostró tan confiado al detener al parlamentario en el andén? Además, este era un perfecto tirador y se hallaba a pocos metros de Casillas. Sin embargo al capitán ni le rozó una bala.

Hasta donde sabemos, en las pruebas periciales practicadas por los especialistas del Gabinete Nacional de Identificación, José A. Díaz Padrón y Gabriel Vega, se examinaron la guayabera blanca y la camiseta. Ellos hallaron en el puño de la mano derecha gránulos de pólvora producidos por deflagración de la pólvora pero no emitieron juicio alguno al respecto. Años después, el conocido especialista en Medicina Legal, Francisco Lancís, ante una pregunta del periodista Rafael Pérez Pereira, calificó esta posición de “prudente, ya que lo mismo puede corresponder a la maculación producida por disparos realizados por el occiso, como corresponder a los disparos del victimario”.

Hay un último elemento en el Informe Chartrand que es digno de mención. Al citar a la autopsia, consignaba: “Aseguran los propios peritos que al recibir Menéndez la herida situada en la región humeral, hubo de rotar su eje hacia la derecha flexionando sus piernas, en cuya oportunidad recibió el tercer disparo en la región dorso-lumbar izquierda cuyo proyectil al herir el corazón en ambas aurículas, fue que le produjo la muerte casi instantáneamente”

Es decir, que tras el segundo disparo Menéndez fue derribado y estando de bruces en el suelo (“Flexionando las piernas”, dice eufemísticamente Chartrand), totalmente indefenso, aun portando pistola, Casillas lo remató con ensañamiento, cuando lo lógico era quitarle el arma (estaban a muy pocos pasos, ¿recuerdan?), si esta en realidad alguna vez existió, y esposarlo.

Retrospectiva desde 2016

Joaquín Casillas Lumpuy, el capitán del odio, como lo bautizó Nicolás Guillén. (Autor sin identificar)

Joaquín Casillas Lumpuy, el capitán del odio, como lo bautizó Nicolás Guillén. (Autor sin identificar)

De acuerdo con datos suministrados por el investigador Newton Briones, Casillas fue enjuiciado y el proceso aun no había concluido a inicios de 1952, cuando el fiscal solicitaba 14 años de reclusión para el acusado y el principal abogado de la defensa, José Miró Cardona, anunciaba públicamente que se retiraba del caso. Evidentemente, a pesar del Informe Chartrand, no había prosperado la táctica de legítima defensa ni quedaban dudas sobre la culpabilidad del capitán asesino.

Tras el golpe del 10 de marzo de 1952, Batista amnistió a Casillas y en enero de 1953 lo ascendió a comandante. Ya con el grado de coronel, en 1958 el sátrapa lo envió a Las Villas a contener el avance del Ejército Rebelde. Capturado después de la batalla de Santa Clara (diciembre de 1958), resultó muerto al intentar desarmar a uno de sus captores.

Fuentes consultadas

Documentos localizados en el M;useo histórico de la CTC. Fondo Jesús Menéndez y en el Instituto de Historia de Cuba. El libro Imagen de Menéndez, de Rafael Pérez Pereira. Testimonios recogidos a Alberto (Beto) Saumell y Daniel Rodríguez (historiador de Manzanillo). El artículo Una historia mal contada,  de Newton Briones Montoto (Espacio Laical, 2016). Textos periodísticos aparecidos en BOHEMIA, Alerta, Hoy, Diario de Cuba y Diario de la Marina, entre 1948 y 1952.


Pedro Antonio García

 
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