Benjamín Coronado
Che consigna en su diario: “No sabía nadar. La corriente era intensa y lo fue arrastrando mientras hizo pie; corrimos a tratar de auxiliarlo y cuando nos quitábamos la ropa, desapareció en un remanso […] la corriente lo arrastró lejos”
Dicen que era inquieto y muy alegre, con un gran sentido de la solidaridad humana, de espíritu emprendedor y firme para defender sus convicciones. Su gran limitante: la endeblez de su físico. Cuando llega al campamento, el Guerrillero Heroico lo describe en su diario como alguien firme y consciente.
Días más tarde, cuando lo ve enfrentar agotadoras jornadas de marchas y contramarchas en terrenos cada vez más abruptos que, como ejercicio, el destacamento guerrillero desarrolla en los primeros días, Che añade: “muchacho débil y absolutamente inhábil, pero con una gran voluntad de vencer”.
Benjamín Coronado nace el 30 de enero de 1941 en la ciudad de Potosí, Bolivia.
Se educa en La Paz y en la Escuela Normal se hace maestro.
En esa época se inicia en las luchas revolucionarias, junto con Inti Peredo, y cae por primera vez preso.
Después viene la militancia en la Juventud Comunista y en el Partido Comunista Boliviano.
También por aquellos días conoce a su compañera de vida y de luchas, Hortensia Lara, con quien tiene tres hijos.
Ella confesaría años después a una periodista: “Era un hombre muy preparado, culto, le gustaba bailar, evitaba tomar. Leía mucho, al extremo que cuando cogía un libro interesante, no dormía.
Yo, a veces, despertaba al amanecer y lo veía a mi lado leyendo, cuando le decía que debía descansar, respondía que no podía dejar el libro”.
Mientras ejerce el magisterio en una humilde escuelita, recibe un telegrama de Inti. Deja atrás a la familia, a la esposa y a la madre les dice que va a una beca de estudios.
Se incorpora a la guerrilla a comienzos de 1967.
El 26 de febrero de ese año, durante el cruce del río Grande, resbaló y cayó al agua.
Che consigna en su diario: “No sabía nadar. La corriente era intensa y lo fue arrastrando mientras hizo pie; corrimos a tratar de auxiliarlo y cuando nos quitábamos la ropa, desapareció en un remanso […] la corriente lo arrastró lejos”. Rolando (Eliseo Reyes San Luis) y El Rubio (Jesús Suárez Gayol) se lanzaron al río para tratar de salvarlo, pero no lo lograron. (PAG)








