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Publicado el 26 febrero, 2017 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

Benjamín Coronado

Che consigna en su diario: “No sabía nadar. La corriente era intensa y lo fue arrastrando mientras hizo pie; corrimos a tratar de auxiliarlo y cuando nos quitábamos la ropa, desapareció en un remanso […] la corriente lo arrastró lejos”

Dicen que era inquieto y muy alegre, con un gran sentido de la solidaridad humana, de espíritu emprendedor y firme para defender sus convicciones. Su gran limitante: la endeblez de su físico. Cuando llega al campamento, el Guerrillero Heroico lo describe en su diario como alguien firme y consciente.

Días más tarde, cuando lo ve enfrentar agotadoras jornadas de marchas y contramarchas en terrenos cada vez más abruptos que, como ejercicio, el destacamento guerrillero desarrolla en los primeros días, Che añade: “muchacho débil y absolutamente inhábil, pero con una gran voluntad de vencer”.

Benjamín Coronado nace el 30 de enero de 1941 en la ciudad de Potosí, Bolivia.

Se educa en La Paz y en la Escuela Normal se hace maestro.

En esa época se inicia en las luchas revolucionarias, junto con Inti Peredo, y cae por primera vez preso.

Después viene la militancia en la Juventud Comunista y en el Partido Comunista Boliviano.

También por aquellos días conoce a su compañera de vida y de luchas, Hortensia Lara, con quien tiene tres hijos.

Ella confesaría años después a una periodista: “Era un hombre muy preparado, culto, le gustaba bailar, evitaba tomar. Leía mucho, al extremo que cuando cogía un libro interesante, no dormía.

Yo, a veces, despertaba al amanecer y lo veía a mi lado leyendo, cuando le decía que debía descansar, respondía que no podía dejar el libro”.

Mientras ejerce el magisterio en una humilde escuelita, recibe un telegrama de Inti. Deja atrás a la familia, a la esposa y a la madre les dice que va a una beca de estudios.

Se incorpora a la guerrilla a comienzos de 1967.

El 26 de febrero de ese año, durante el cruce del río Grande, resbaló y cayó al agua.

Che consigna en su diario: “No sabía nadar. La corriente era intensa y lo fue arrastrando mientras hizo pie; corrimos a tratar de auxiliarlo y cuando nos quitábamos la ropa, desapareció en un remanso […] la corriente lo arrastró lejos”. Rolando (Eliseo Reyes San Luis) y El Rubio (Jesús Suárez Gayol) se lanzaron al río para tratar de salvarlo, pero no lo lograron. (PAG)


Pedro Antonio García

 
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