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Publicado el 5 Febrero, 2017 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

CAMILO CIENFUEGOS

El gran jefe, el extraordinario soldado

El Señor de la Vanguardia hizo de la lealtad a la P atria, a la Revolución y a Fidel el sentido de su vida

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

El joven Camilo. (Autor sin identificar)

El joven Camilo. (Autor sin identificar)

Según testimonio de Osvaldo Herrera, entonces teniente del Ejército Rebelde, la noticia la llevó al campamento Suide Reyes, quien la había oído la noche anterior por Radio Rebelde. Herrera apuntaría el 18 de abril de 1958 en su Diario de Campaña: “Nuestro querido capitán Camilo Cienfuegos ha sido ascendido a comandante, todos los que hemos estado bajo sus órdenes sabemos que se lo ha ganado. A la vez que es recto oficial para mantener la disciplina, es el afable y cordial compañero […] Posee un valor y un arrojo que se infiltra en todos sus hombres. Por ello ha llevado a su pelotón a ser uno de los primeros en esta santa cruzada de la libertad que es la Revolución Cubana”.

El recién ascendido comandante recibió de los hombres de su tropa tantos abrazos y apretones como si fuera un padre en el nacimiento de su primogénito. Al ponerse el sol, ordenó levantar el campamento. La tropa cruzó en media hora el Cauto. En su diario, anotó Osvaldo Herrera: “Caminamos sin apenas parar toda la noche, como a las 5 a.m. del 19 de abril llegamos a las riberas del río Bayamo el cual cruzamos para acampar en un lugar en que la vegetación es muy tupida”.

En la noche del 20 de abril, la tropa guerrillera efectuó una incursión a la Ciudad Monumento. Relataría Osvaldo Herrera: “A fin de estudiar la posición del enemigo, se escuchó romper en el silencio de la noche el repiquetear de la Thompson del comandante. Casi al unísono, abrimos fuego nosotros […] Mantuvimos el fuego media hora más y después escuché la contraseña de la retirada (Herrera tira con la trípode). Al retirarnos, le habíamos hecho algunas bajas al enemigo, pero ignorábamos cuántas”. Los rebeldes solo habían sufrido una, mortal, la del teniente Amado Estévez. Luego se supo que las fuerzas batistianas tuvieron 18 muertos.

Niñez y juventud

Camilo Cienfuegos Gorriarán nació en La Habana el 6 de febrero de 1932. De padres españoles, su progenitor, Ramón, empleado del comercio, había militado en el anarquismo y era un hombre de izquierda; su madre, Emilia, ama de casa, compartía los ideales del esposo. El matrimonio tenía otros dos hijos: Osmany y Humberto. Solía decir Ramón: “En mi hogar solo han entrado las personas decentes. Ni boliteros, ni vagos, ni cosa por el estilo”.

En México (extrema derecha), junto con los luego expedicionarios del Granma Mario Fuentes y Reinaldo Benítez. (Cortesía: OAHCE)

En México (extrema derecha), junto con los luego expedicionarios del Granma Mario Fuentes y Reinaldo Benítez. (Cortesía: OAHCE)

Cuando la guerra en España contra el fascismo -narraba el padre-, el aún niño Camilo salía con sus mayores para hacer propaganda a favor del bando republicano. Sin que alguien se lo indicase, guardaba los centavos de sus meriendas y los donaba a las colectas por el Hogar del Niño Español que mantenía a 65 huérfanos de guerra. Tras la instauración de la tiranía batistiana en 1952, que dejó a unos 600 000 cubanos desempleados, el futuro Señor de la Vanguardia tuvo que emigrar a los Estados Unidos como muchos otros jóvenes en busca de un trabajo y mejores condiciones de vida. De Nueva York pasó a Chicago. Tras un tiempo las autoridades de Inmigración lo detectaron como ilegal y al igual que a muchos latinoamericanos hoy día, lo detuvieron. Sobre aquellas vivencias, relataría: “Estuvimos 39 días presos comiendo frijoles colorados día y noche, nos deportaron (para Cuba) y nos pagaron el pasaje y eso hizo muy difícil, casi imposible, el regreso (a Estados Unidos)”.

Halló a su patria muy cambiada. Escribiría entonces a un amigo: “Si fueras a Cuba quedarías anonadado de las cosas que pasan; los ciudadanos ya sin los más mínimos atropellos, únicamente viéndolos se pueden creer […] empezaron los problemas serios de la nación con los sucesos del Cerro, la golpeadura brutal que recibieron los estudiantes la vio todo el pueblo, fue tal la indignación popular que el pensar general era el de Revolución”.

Camilo continúa relatando en esa misiva que el 7 de diciembre había ido con unos amigos del barrio al parque Maceo, al llamado de la FEU para rendirle tributo al Titán. Al terminar el acto y regresar a la Universidad, toda aquella multitud se encontró con que la policía batistiana cerraba con sus patrulleros la calle San Lázaro. “Comenzaron a tirarnos, tiraban con rifles […], me hirieron en la pierna izquierda, fue un balazo de M-1 […], a pesar de la confusión, me metieron en una máquina donde había tres heridos más. Cuando nos llevaban al hospital, la policía volvió a tirarnos, sentimos los disparos contra el carro, tres nos alcanzaron, uno de ellos alcanzó al que manejaba en la cabeza, fue solo una rozadura, de milagro no lo mató”.

Para el futuro guerrillero, no había entonces opción alguna en Cuba que no fuera la lucha armada contra la tiranía. Desde Estados Unidos, de nuevo allí en busca de trabajo, confesaba en carta: “Mi único deseo, mi única ambición es ir a Cuba a estar en las primeras líneas cuando se combata por el rescate de la libertad”. El muchacho de Lawton dejaba muy en claro su posición: “Fidel es la esperanza de libertad para el pueblo cubano”.

En el hospital, tras ser herido en el acto del parque Maceo. (Autor sin identificar)

En el hospital, tras ser herido en el acto del parque Maceo. (Autor sin identificar)

Ya en septiembre de 1956 había tomado una decisión y le escribiría al mismo corresponsal: “A mi modo de ver las cosas, hay un solo camino digno de terminar la situación actual y con sus responsables: seguir la causa de Fidel […] Fidel afirmó que este año seremos libres o seremos mártires. Yo desde hace mucho estoy con él, me lo había jurado y lo cumpliré. El miércoles 19 de este mes, este que viene, me voy a México”.

En la patria de Juárez contactó con un viejo amigo, Reinaldo Benítez, quien intercedió con Fidel y Raúl para que lo aceptaran en la expedición. Según ciertos testimonios, también René Rodríguez Cruz abogó por la admisión del muchacho de Lawton. Al final Fidel lo envió a un centro de entrenamiento. El 25 de noviembre de 1956 el futuro Señor de la Vanguardia partió de la tierra azteca en el Granma, proa hacia la serranía oriental para desencadenar allí la insurrección popular armada.

El guerrillero

Hubo quienes al principio no creyeron que pudiera soportar los rigores de la guerrilla. “Camilo siempre tenía hambre y quería comer”, solía rememorar Che, con una amplia sonrisa. Por su parte Efigenio Ameijeiras recuerda la vez que el líder histórico de la Revolución le encomendó cocinar, corrían los primeras días tras el encuentro de Cinco Palmas: “Comprobé que los frijoles estaban listos por lo que se lo comuniqué a Fidel, y él me dijo: ‘Reparte el potaje, sigue cocinando las gallinas y guárdalas para mañana. Punto’. Camilo cuando oyó decir eso puso una cara que se parecía al mártir del Gólgota y empezó a rezongar: ‘¿Será posible con el hambre que yo tengo que guarden las gallinas para mañana? ¡Estas gentes están locas! ’”.

Fidel, al evocar años después ante un auditorio mayoritariamente juvenil la figura del Señor de la Vanguardia, relataba: “Camilo se caracterizaba porque tenía un apetito mayor que cualquiera de ustedes, y es que nosotros teníamos gran apetito porque habíamos venido en el Granma pasando hambre y entonces a veces parecía que nada alcanzaba”.

“[…] Cuando había reenganche, el primero que estaba allí era Camilo. Y nosotros decíamos: este es un goloso. Quien se iba a imaginar en aquel momento en que todavía no había combates o combates importantes, no había hazañas, quien se iba a imaginar que aquel compañero, que nosotros veíamos como un goloso, iba a ser realmente el gran jefe, el gran soldado, el extraordinario soldado que fue”.

Pronto sus compañeros se dieron cuenta de su valentía y arrojo. En el combate de La Plata, en medio de la balacera, Camilo se adelantó temerariamente hacia el cuartel, arrancó parte de la cerca de madera que lo rodeaba y penetró en el recinto fusil en mano. El tiroteo continuó por poco tiempo porque los soldados se convencieron de que no saldrían con vida ante la impetuosa ofensiva de los rebeldes y decidieron capitular. Grande fue su sorpresa cuando en el momento de la rendición se percataron de que Camilo ya estaba dentro del cuartel y los animaba a entregar las armas.

El apetito insaciable nunca le impidió ser solidario. En una ocasión, en el campamento rebelde unos combatientes se disponían a marchar hacia una emboscada que se le preparaba a un destacamento enemigo. “Óyeme, con qué gusto me tomaría un jarro de café con leche”, exclamó uno de aquellos guerrilleros. Camilo, que no participaba en la acción, sonrió y sin decir una palabra, se retiró lentamente hacia el rincón del monte donde tenía su hamaca.

Ya iba aquel rebelde a partir para la acción, cuando oyó que alguien le decía: “Mulato, antes de irte pasa por aquí”. El aludido cruzó con sus pies casi descalzos el tramo que lo separaba de la voz conocida y vio frente a él, con un jarro en la mano, a su sonriente compañero. “Camilo, esto vale un tesoro, ¿dónde lo conseguiste?”, solo atinó a decir tras el primer trago. “Nada, tenía una reservita de lata de leche y la sangré”.

Fidelidad

Tras la acción de Bayamo, los rebeldes acamparon en Monte el Coco. Allí los alcanzó un mensajero, que traía por escrito el nombramiento de Camilo como comandante, suscrito por Fidel y fechado el 16 de abril: “Se nombra jefe del triángulo cuyos vértices son las ciudades de Bayamo, Manzanillo y Victoria de las Tunas, al comandante Camilo Cienfuegos […] Queda también bajo su mando el área urbana de las ciudades de Bayamo, Victoria de las Tunas y Manzanillo, debiendo coordinar los abastecimientos y las acciones de sabotaje dentro de los pueblos”.

De acuerdo con el documento, Fidel ponía bajo la responsabilidad de Camilo y de su auditor, Osvaldo Herrera, quien días después sería ascendido a capitán, la organización de la Reforma Agraria y la modificación del régimen de justicia.

En respuesta, el Señor de la Vanguardia escribió al Comandante en Jefe: “En mi poder el ascenso a comandante del Ejército Revolucionario 26 de Julio; al recibir tan alto honor y responsabilidad he jurado cumplir cabalmente dicho cargo y trabajar hasta el límite de mis fuerzas por acelerar el triunfo de la Revolución. Gracias por darme la oportunidad de servir más a esta dignísima causa, por la cual siempre estaré dispuesto a dar la vida. Gracias por darme la oportunidad de ser más útil a nuestra sufrida Patria”.

Y concluía con una aseveración, en la que conceptualizaba el credo de su existencia, como lo demostró en cada una de las tareas que le encomendó Fidel, tanto en la guerra (la invasión a Las Villas, la ocupación del cuartel de Columbia y la neutralización del intento de golpe militar en enero de 1959) como durante la Revolución en el poder (desarticulación de la intentona sediciosa de Hubert Matos): “Más fácil me será dejar de respirar que dejar de ser fiel a su confianza. Siempre fiel a sus órdenes, Camilo Cienfuegos”.

Fuentes consultadas

Diario de Campaña del capitán Osvaldo Herrera. Los libros Hablar de Camilo y Camilo Cienfuegos, el hombre de mil anécdotas, de Guillermo Cabrera Álvarez, y Camilo, Señor de la Vanguardia, de William Gálvez.


Pedro Antonio García

 
Pedro Antonio García