0
Publicado el 10 Marzo, 2017 por Redacción Digital en CubaMemoria
 
 

Editorial

Ante el hecho consumado

Golpe de Estado del 10 de marzo de

Facsímil del editorial publicado el 16 de marzo de 1952, en la edición 11 de BOHEMIA. (Fotocopia: Yasset Llerena).

LOS acontecimientos del 10 de marzo, desarrollados en forma súbita e inesperada, han causado verdadero estupor en la ciudadanía. Negarlo sería traicionar los imperativos de veracidad a que debe responder todo órgano independiente de información y opinión.

La República se aprestaba a un cambio de poderes por la única vía normal en toda democracia: la de la consulta popular a través de las urnas. Todo estaba preparado para las elecciones del primero de junio. Los partidos políticos se hallaban en plena campaña de propaganda, bajo un régimen maculado por lacras que todos denunciábamos, pero que era, de derecha, totalmente constitucional.

Los más importantes núcleos políticos hablan hecho sus postulaciones y el Tribunal Superior Electoral habla contratado ya la impresión de las boletas. Nadie podía suponer que en estas circunstancias se alterase el ritmo constitucional de la nación.

Tal es, sin embargo, el hecho que infortunadamente afronta hoy el pueblo de Cuba. En vez del gobierno “de jure” que se iba a dar por sí mismo dentro de unos ochenta días, tiene un gobierno “de facto” engendrado sigilosamente en Columbia. Esto quiere decir que los esfuerzos de veinte años para encausar democráticamente a la República, para darle una Constitución tan avanzada, tan garantizadora del derecho de todos como la que nos rige, han sido baldíos. De la noche a la mañana cambió radicalmente el panorama de la vida pública y recaemos en una nueva provisionalidad, cuando ya la nación parecía resguardada contra los regímenes sin base popular e impuestos por la fuerza.

Lo primero que se ha preguntado el pueblo es si existen causas históricas, motivos fundamentales para esta desviación del camino democrático que veníamos recorriendo. Hasta ahora esta interrogativa colectiva no ha sido contestada. No pretendemos justificar, y mucho menos defender, una situación de gobierno que tan enérgicamente combatimos. El Gobierno del Presidente Prío, por sus errores capitales, por su venalidad, por su falta de autoridad moral, es en gran parte responsable de los sucesos que ahora tendremos que lamentar y soportar no sabemos por cuanto tiempo. Pera creemos que Ios vicios de un régimen no se remedian con la solución violenta que se les ha dado, máxime cuando el gobierno que acaba de ser depuesto por las armas, Iba a serio, de todos modos, por la vía democrática del voto popular.

Dentro de una democracia -y Cuba es un país medularmente democrático, que no abdicará jamás del régimen del pueblo, por el pueblo y para el pueblo- no hay sanción más eficaz para los malos gobiernos que su derrota a través del sufragio universal. Esa sanción ha sida interferida por el golpe militar del diez de marzo. El pueblo se ha quedado atónito, con el arma del voto en las manos, impedido de esgrimirla contra los políticos venales incapaces a quienes ya tenía el decidido propósito de castigar; pero se ha quedado, además, sin sus instituciones políticas, sin sus organismos de convivencia democrática que tanto trabajo le había costado conquistar.

BOHEMIA tiene una tradición de lucha por las instituciones democráticas que no abandonará jamás. En todo momento hemos alzado nuestra voz sin apostasías ni temores, contra los regímenes de fuerza que constituyen un baldón del continente. Vivíamos orgullosos de que Cuba fuese una de las pope naciones de América en que la democracia se practicaba a plenitud. De ahora en adelante ese orgullo será sustituido por un gran abatimiento, por una honda congoja. También nuestra patria acaba de ingresar en la serie fatídica de las repúblicas americanas donde los gobiernos permanecen o se suceden unos a otros sin que el pueblo intervenga en las alternativas del Poder. En lo sucesivo no podremos presentarnos ante el mundo, según lo habíamos hecho hasta ahora, como un país donde la democracia se ejerce efectivamente en una atmósfera de libertad.

El hecho está consumado. Su alcance, su duración, su transcendencia, es cosa que el tiempo dirá. A la hora en que se redacta este número de BOHEMIA hay una confusión indudable en las nuevas esferas oficiales y en el pueblo una expectación y una tristeza cargadas de amargas aprensiones. Del mismo modo que no se saben las causas lógicas del movimiento encabezado por el general Fulgencio Batista, se desconocen las proyecciones del mismo, su índole y su finalidad verdadera. Las proclamas del hombre que ha asumido ante la nación y ante la historia toda la responsabilidad por los su-…nos ocurridos y las declaraciones de sus colaboradores más próximos, tienen un tono de vaguedad que impide conocer las orientaciones y los propósitos del régimen que acaba de instalarse.

No se lleva a cabo un movimiento de esta clase, trastocando todo el orden constitucional republicano, solamente para acabar con el “gangsterismo” y restaurar la paz ciudadana, perturbada tan sólo por unas partidas de delincuentes contra los cuales cualquier cuerpo policíaco, medianamente organizada, puede actuar con éxito. Todo el daño causado por el levantamiento militar del 10 de marzo al régimen democrático que Cuba se había dado a sí misma, no puede tener justificación en tal excusa; y el lógico temor de la ciudadanía es que un hecho al que sus autores califican de provisional, tienda a perdurar más de la cuenta, dando lugar a un retorno al pasado, con sus dramáticas secuelas de hambre, sangre y lágrimas. Eso es lo que todos debemos evitar.

La experiencia le dice al general Batista que nuestro pueblo es eminentemente democrático y no sabe vivir más que en una atmósfera de plena libertad. El líder septembrino ha actuada lo bastante en nuestra vida pública para estar convencido de que en Cuba no se puede gobernar de espaldas a la Constitución y a. las leyes sin que el psis entre en una situación de inquietud, de inseguridad, de caos moral y material. Las provisionalidades trepidantes, de zozobra constante, de depresión económica, de huelgas, de disturbios callejeros, de hondo malestar colectivo, que se sucedieron en el país durante siete años, cuando él era el hombre de uniforme que tenía en sus manos todos los resortes del Poder, constituyen la prueba más evidente de que la nación cubana no soporta en paz ningún gobierno que no sea el producto de la voluntad general manifestada en las urnas.

Su propio pasado debe servir: de ejemplo al general Batista. La normalidad política que él mismo trajo al propiciar la Convención Constituyente, no debe llevársela ahora dejando mal parada su historia y al pueblo en una encrucijada peligrosa.

En esta hora de crisis constitucional de Cuba, BOHEMIA reafirma su adhesión a los principios civiles y democráticos que hunden sus raíces en la gesta emancipadora, cuyo cincuentenario ya no podremos celebrar hoy en el ambiente de -Confianza y convivencia con que soñaran nuestros libertadores. Creemos -y con toda nobleza, responsabilidad y civismo lo decimos- que el golpe de Estado del 10 de marzo hado un grave error, que ha frenado en seco las esperanzas de todo un pueblo para superarse a sí misma, dentro de un mareo de legalidad democrática y respeto mutuo. Este grave error aún puede corregirse en parte. Por amor a Cuba, por veneración a la memoria de nuestras -antepasados, por la felicidad, honra y bienestar de la patria de hoy, hacernos desesperados votos porque los hombres que han llevado a cabo esta aventura se sientan transidos de la responsabilidad contraída y no propicien, por pequeñas pasiones e intereses personales, una vuelta al pasado, que a todos habría de afectarnos, lastimándonos en lo más íntimo de nuestros espíritus y en lo más entrañable de nuestros propios cuerpos. Estuvimos, estamos y estaremos siempre contra todo régimen de excepción impuesto por la fuerza y que no tenga sus poderes bien afincados en el sentir y pensar de los más. Creemos que sólo bajo el imperio de la Ley y dentro de los límites de la Constitución pueden desarrollarse los pueblos hacia la libertad, la igualdad y la fraternidad.


Redacción Digital

 
Redacción Digital