Golpe de Estado: El presidente abandona Palacio, entra el tirano
Por REDACCIÓN DIGITAL
Marzo 10 de 1952. Al amanecer le había precedido una noche de aparente calma, pero mudo testigo de una increíble traición a los preceptos constitucionales en los que el pueblo creía. Carlos Prío Socarrás era depuesto por Fulgencio Batista Zaldívar, y comenzaba entonces una historia de violaciones de la legalidad, en la que un régimen tiránico se afianzó para implantar el terror y cercenar miles de vidas y una situación social insostenible para los cubanos.
Han transcurrido 65 años, pero vale el recuento de los hechos sangrientos que se desataron a partir de aquel infausto día. Y ahora recordamos a las víctimas indefensas de esa, la etapa más oscura de la historia de represión que vivió la Isla.












El caso de hombres que ejercen y asumen el poder y el gobierno en un país, es que se dejan arropar, cercar por grupos de ambiciosos y oportunistas que no les importa nada, si no que van en busca de intereses económicos, políticos y hasta criminales, por lo que el presidente o como se le denomine resulta en un reen en el que recae toda responsabilidad, se convierte en un cómplice y colaborador necesario de crímenes y fechorías.