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Publicado el 29 Marzo, 2017 por Igor Guilarte Fong en Historia
 
 

HISTORIA CURIOSA

 Un alma entre dos mundos

Contrario a lo que muchos presumen, Pocahontas, la princesa amerindia, o Lady Rebecca para los europeos, fue un personaje histórico real

Por IGOR GUILARTE FONG

Aunque vivió varios años ligada a sus orígenes, Pocahontas dio un giro a su vida, y murió a los 22 años convertida en una dama inglesa. (Crédito: staticflickr.com)

Aunque vivió varios años ligada a sus orígenes, Pocahontas dio un giro a su vida, y murió a los 22 años convertida en una dama inglesa. (Crédito: staticflickr.com)

La historia de la princesa india que protagoniza un romance con el colono inglés parece una trama perfecta de película. De hecho, si hoy es universalmente célebre se ha debido en buena medida a versiones cinematográficas como El nuevo mundo (2005) o los populares animados Pocahontas (1995) y Pocahontas II (1998). Pero, para asombro de muchos, se trata de un hecho real. Pocahontas existió, aunque las peripecias de su vida están distantes de la ficción conocida.

Nació en 1595 y fue la hija mayor de Wahunsonacock, un jefe tribal al que los europeos llamaron powhatan, aunque ese era en realidad el nombre de la etnia amerindia a la que pertenecía. Se llamó Matoaka, pero se le apodó Pokahantesú, el cual se transforma en el famoso nombre, que en lengua algonquina significa pícara, traviesa, pequeña licenciosa, se divierte con cualquier cosa, en alusión a su carácter juguetón y libre.

Su vida en la aldea nunca más volvió a ser la misma desde que los colonizadores llegaron en tres pequeñas embarcaciones por lo que hoy es el Cabo Henry, en la bahía de Chesapeake, en la costa atlántica. Estos, luego de hallar el sitio adecuado a orillas de un río, en mayo de 1607 fundaron Jamestown, primer asentamiento británico en el nuevo mundo, llamado así en honor del rey y patrocinador de la empresa. Asimismo, la comarca sería bautizada como Virginia, en tributo a Isabel I de Inglaterra, la Reina Virgen. Esta expedición fue organizada por una compañía de comerciantes de Londres, con el objetivo de explorar las posibilidades económicas de la zona en cuanto a oro y cultivos lucrativos como el tabaco.

Sin embargo, el establecimiento de la nueva villa no fue cosa de coser y cantar para los recién llegados, que dependían de las provisiones enviadas desde la metrópoli, y como era una zona pantanosa, sufrieron epidemias y hambrunas dada la escasez de alimentos. A ellos se les hizo imprescindible el apoyo de los nativos.

Romance de leyenda

Uno de los líderes de los anglosajones instalados en la costa este de los actuales Estados Unidos era el capitán John Smith. Tenía 27 años y se le describe como un individuo arrogante, hosco y de oficio mercenario. Nada que ver con el prototipo de chico rubio, afable y encantador que muestra la fantasía de Disney. La princesa de los powhatan apenas era una adolescente de 12. Tampoco era tan espigada ni atractiva como la pintan los “muñequitos”.

Recogen las crónicas que en una ocasión, tras salir del campamento en busca de comida, el oficial inglés fue capturado por una cuadrilla de nativos. Transportado a la capital de la tribu y a punto de ser ejecutado sobre una piedra por el jefe supremo, Pocahontas se interpuso entre el condenado y su padre, con lo que logró salvarle la vida.

La narración de los hechos fue publicada en 1624 por el propio John Smith en un libro autobiográfico. No obstante, historiadores contemporáneos han puesto en entredicho la veracidad del relato. Para algunos el rescate descrito no pasa de ser una fabulación del autor, mientras otros sugieren que distorsionó la interpretación del episodio, que bien pudo tratarse de un ritual de su “adopción” por la tribu, lo que en realidad lo convertía más en vasallo que en enemigo. Real o ficticio, lo cierto es que dio pie a la figurada relación sentimental. Más allá de la suposición, el propio aventurero habla en sus memorias de una amistad entre ambos, sin mencionar que se tratara de un idilio, e incluso, para referirse a ella usa el término de niña.

El verdadero John Smith murió soltero en 1631 y no tenía similitud con el simpático capitán de la versión de los dibujos animados. (Crédito: paraloscuriosos.com)

El verdadero John Smith murió soltero en 1631 y no tenía similitud con el simpático capitán de la versión de los dibujos animados. (Crédito: paraloscuriosos.com)

Sí debió nacer algún tipo de lazo amistoso o entendimiento que resultó importante para la supervivencia de los colonizadores, en tanto pudieron recibir, con periodicidad, los necesarios víveres. Para los powhatan no fue menos provechoso. A pesar de que llamaban “tasantasa” (intrusos) a los “hombres blancos”, inicialmente no los vieron con malos ojos. El intercambio regular con ellos les permitía obtener utensilios de metal como cuchillos y hachas, de ahí que les cedieron terrenos, en usufructo.

Sin embargo, en 1609 el capitán Smith se vio obligado a cruzar el Atlántico de vuelta a casa para curar una herida grave. Se perdía así a quien hacía las labores de diplomático. Por otra parte, los colonos pasaron de la centena al millar, igual se acrecentaron sus ansias de conseguir oro y de extender sus gallardetes a nuevos confines que reclamaban “por derecho de descubrimiento”. En consecuencia, se fue corrompiendo la convivencia y aumentaron, con el tiempo, las confrontaciones entre nativos y extranjeros.

Sucedieron ataques y secuestros mutuos. A la luz de hoy, Pocahontas parece haber sido víctima de la guerra que se desató entre ambos reinos. En 1613, cuando visitaba una tribu aliada, la princesa fue apresada por un colono que la tomó en calidad de rehén con el propósito de intercambiarla por sus compatriotas prisioneros.

En el condado de Chesterfield, donde transcurrió el cautiverio, la historia de la princesa amerindia tuvo un cambio de rumbo tan radical que luego de derrotar a los nativos en la batalla del río Pamunkey, los ingleses pretendieron utilizarla para que dialogara con los suyos, pero ella se negó. A esas alturas estaba enojada con su padre, pues consideraba que se había ocupado más en obtener armas y recursos de los colonos que en liberar a su propia hija.

Estatua erigida a la memoria de la princesa amerindia en su tierra natal y hoy parque nacional Jamestown. (Crédito: blogspot.com)

Estatua erigida a la memoria de la princesa amerindia en su tierra natal y hoy parque nacional Jamestown. (Crédito: blogspot.com)

Quién sabe si por el disgusto con su progenitor, por la curiosidad que le debió suscitar la cultura británica o porque se había sentido bien tratada por sus captores, Pocahontas optó por permanecer con ellos, en condición ya no de prisionera, sino de invitada.

Un colono nombrado John Rolfe, pionero en el cultivo de tabaco y quien había enviudado años atrás, se enamoró de ella y decidió pedirla en matrimonio. El pretendiente, que desdeñó los tabúes de la época y la diferencia de ser diez años mayor, debió enviar una carta al gobernador de la colonia solicitándole permiso para casarse con una desnaturalizada, tal como exigían los cánones. En su misiva explicó que no lo movía “un desenfrenado deseo carnal, sino el bien de la plantación, el honor de nuestro país, la gloria de Dios, mi propia salvación y la conversión al verdadero conocimiento de Dios y Jesucristo de una criatura no creyente”.

Ella aprendió el idioma inglés, fue convertida al cristianismo, y bautizada con el nombre de Rebecca. La boda –primera unión interétnica conocida en la comarca– se consumó a la usanza católica, el 5 de abril de 1614, y aunque a la postre sería breve, abrió un periodo de paz entre las partes beligerantes.

Inglesa por un año

La pareja vivió feliz en la colonia tabacalera y tuvo un hijo nombrado Thomas Pepsironemeh Rolfe, al año siguiente del maridaje. En 1616, la familia decidió viajar a Inglaterra junto a una decena de representantes de la etnia powhatan, como parte de una comitiva organizada por la Compañía de Virginia para demostrar el “éxito” de la empresa de colonización en Norteamérica. Es decir, se quería transmitir la idea de que los nativos eran gente “domesticable”, y así atraer población e inversiones a la colonia.

La Pocahontas y el John Smith de la versión de dibujos animados de Walt Disney. (Crédito: pocahontasgrupouno.wordpress.com)

La Pocahontas y el John Smith de la versión de dibujos animados de Walt Disney. (Crédito: pocahontasgrupouno.wordpress.com)

Para sembrar dicha imagen nada mejor que una “salvaje” cristianizada y casada con un colono. Como resultado, la princesa rápidamente se hizo figura popular estimada por la sociedad londinense. Casualmente, durante su tránsito por la capital británica se reencontró con John Smith, a quien creía muerto. Y aquí vienen nuevas polémicas. Según algunos investigadores, renacen los “fantasmas” del pasado y ocurre un amorío fugaz entre ellos. Otras fuentes cuentan que no fue un encuentro muy grato y que ella le recriminó por olvidarla con su partida. Más que de juicios fidedignos tienen perfil de habladurías.

Smith sí escribió a la reina Ana, a quien pidió el tratamiento de visitante de la realeza para la otrora aborigen. Quizás eso tuvo que ver con la invitación que se le extendió para que acudiera al Palacio de Whitehall, donde la recibió el mismísimo rey Jacobo I.

Cuando el matrimonio ya hacía sus maletas para volver a Virginia, ella enfermó extrañamente –no se ha determinado si de viruela, disentería o tuberculosis– y murió el 21 de marzo de 1617, con solo 22 años de edad. Falleció siendo una dama inglesa, Lady Rebecca, distante de su origen y del icono que muestra el cine. La balanza de la historia, en su juicio estricto, se inclinó por inmortalizarla como Pocahontas, la princesa de los powhatan.

 

Los powhatan

Pueblo Powhatan.

(Foto: Pueblos Originarios de América.)

Fueron un pueblo nativo que se asentó en el actual estado de Virginia. Hablaban la lengua algonquina, la misma de otras tribus originarias como cheyennes y arapahos. Precisamente en dicha lengua el gentilicio significa “en las cascadas”, en alusión a que se radicaron próximos a las cascadas del río James.

Por medio de la diplomacia o la fuerza, rigieron una gran alianza con pueblos vecinos denominada Tsenacommacah, que incluía 200 aldeas, 15 000 habitantes y una superficie de 20 500 kilómetros cuadrados. Poseían una economía agrícola basada en el maíz y el tabaco; además practicaban la caza, la pesca y la recolección.

Estaban gobernados por un jefe con autoridad absoluta, que se apoyaba en la estructura de clanes. A la muerte del padre de Pocahontas el poder pasó a manos de Opechancanough, quien libró nuevas guerras contra los ingleses que provocaron la decadencia del imperio amerindio.

 

 


Igor Guilarte Fong

 
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