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Publicado el 17 Abril, 2017 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

LA CIA VS. CUBA, ABRIL 1961

El aire toma forma de tornado

Mientras la tenebrosa agencia ultimaba detalles para el desembarco de la brigada mercenaria por la bahía de Cochinos, nuestro pueblo se preparaba para repeler la agresión

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA 
Fotos: Archivo de BOHEMIA

Playa Girón, 1961. Días antes de la invasión, Fidel alertó: “Este es un lugar ideal para un desembarco”

Playa Girón, 1961. Días antes de la invasión, Fidel alertó: “Este es un lugar ideal para un desembarco”

El 31 de marzo de 1961 un fuerte viento sur despoblaba en Cuba las hojas de los árboles, trastornaba las antenas de los televisores y obligaba a las mujeres a sujetarse las anchas sayas plisadas. Ese viernes se desarrollaba en Güines la principal conmemoración de la Semana Santa de acuerdo con la tradición católica, incluida la procesión.

Todo transcurría normalmente en esa ciudad del Mayabeque. De pronto un grupo comenzó a atropellar a las mujeres que iban en la procesión y a proferir gritos para quebrar la solemnidad del momento. Las autoridades detuvieron a los provocadores, pero cuando los conducían a la estación policial aledaña, a unos cien metros, varios individuos armados pretendieron desarmar a los agentes mientras que, desde un auto en marcha, se disparaba contra los creyentes.

La Policía Nacional Revolucionaria con la colaboración de la ciudadanía neutralizó a los terroristas, 12 de los cuales fueron aprehendidos y puestos a disposición de los tribunales.
En la mañana de aquel mismo día partieron con destino a Cuba, desde la bahía Biscayne, en Miami, los yates Marna y Pataño; y desde el puerto de Homestead, también en la Florida, el yate artillado Helen y el tanquero de cabotaje Tuna. Una quinta nave, la Western Union, con mil 800 galones de gasolina de alto octanaje, se sumaba al convoy. De acuerdo con el testimonio del mercenario suizo Hans Tanner, quien viajaba en el Marna, el propósito de esa expedición era desembarcar un formidable cargamento de armas y unos 50 hombres por Boca de Sigua para apoyar una sublevación contrarrevolucionaria en el lomerío guantanamero. La acción de un guardacosta cubano hizo abortar la operación. Tiempo después, el 8 de abril, la prensa nacional publicaba la captura de más de 100 alzados y colaboradores en los hoy municipios de Imías y Baracoa.

A centenares de millas de allí, en la base Trax, a unos 20 kilómetros de Retalhuleu, Guatemala, la brigada mercenaria 2506 culminaba una de sus últimas jornadas de entrenamiento, con vistas a la proyectada invasión de la CIA a Cuba. “One, two, three, four…, one, two, three, four…, Batallion two…, Batallion two…, USA…, USA…”, les hacían corear mientras, a paso doble, escalaban una loma. Un hijo de la aristocracia criolla, burguesito bitongo devenido soldado, caía desfallecido. El instructor yanqui no cejaba: “Recluta, párese, cien planchas de castigo”, le conminaba en inglés.

En Washington, Chester Bowles, subsecretario de Estado, entregaba a su jefe, el canciller Dean Rusk, un memorando en donde argumentaba que la invasión de la CIA iba a ser un completo fracaso. En caso de que Rusk no estuviera de acuerdo con lo expuesto, Bowles solicitaba permiso para llevar el caso hasta el mismo presidente Kennedy.

El memorando fue archivado y Kennedy no supo de su contenido. Ya estaba decidido que la brigada mercenaria desembarcara en fecha próxima por la bahía de Cochinos.

La combinación perfecta

Fidel departe con miembros de la Unión de Pioneros Rebeldes

Fidel departe con miembros de la Unión de Pioneros Rebeldes

No podían gozar de días de asueto ni feriados los órganos de la Seguridad del Estado, llamados por el pueblo “el G-2”, ni los miembros de los más de cien mil Comités de Defensa de la Revolución (CDR) organizados en todo el país. “Con la guardia en alto”, mantenían una estrecha vigilancia sobre la “quinta columna” (oposición interna) que la CIA pretendía establecer en la Isla
Entre el 23 de marzo y el 2 de abril, la labor coordinada entre el G-2 y los CDR neutralizaron numerosos comandos terroristas. Durante la primera de esas fechas, al ser sorprendida una reunión entre elementos conspiradores en la calle 37 del reparto Resurrección, actual municipio de Arroyo Naranjo, se generalizó el tiroteo, con el resultado de un contrarrevolucionario muerto y los demás detenidos.

También por aquellos días se efectuaron las detenciones de numerosos contrarrevolucionarios pertenecientes al grupo denominado Triple A, entre ellos sus principales cabecillas en Cuba: Aureliano Sánchez Echevarría, Mario Escoto y Pedro Puentes Cid. El primero de ellos era hijo del máximo jefe de la organización terrorista, Aureliano Sánchez Arango, residente en los Estados Unidos y, hasta finales de 1960, uno de los jefes políticos del denominado Frente Revolucionario Democrático (FRD), el “gobierno cubano en el exilio” creado por la CIA a su imagen y semejanza con el fin de lograr la unidad de la contrarrevolución.

Aunque Sánchez Arango se había distanciado de la tenebrosa agencia y abandonado el FRD, esto no impidió que una facción de la Triple A continuara en el Frente y que los comandos de esa organización en Cuba, fieles o no a Sánchez Arango, recibieran pertrechos, armas y explosivos, cuyo suministrador era la CIA. Los terroristas de la Triple A preparaban un atentado al embajador de la Unión Soviética en Cuba y eran responsables de decenas de acciones criminales, muchas de ellas al costo de vidas de inocentes civiles.

Otros dos grandes golpes propinados por la combinación G-2-CDR a la Inteligencia yanqui resultó la detención de Ernesto Botifoll, especialista en técnicas de sabotaje y terrorismo, infiltrado desde semanas atrás para entrenar a grupos desafectos en la manipulación de dinamita gelatinosa y fósforo vivo, así como en la confección de detonadores.

Se decomisaron arsenales de armas en distintas localidades del país, como reflejó la prensa en sus ediciones de los primeros días de abril. En la calle, el pueblo comentaba jocoso, en una metáfora beisbolera: “¡Qué Willy Miranda y Tony Taylor!, la mejor combinación alrededor de la segunda base es la del G-2 y los CDR”.

La Revolución no solo se ocupaba de neutralizar a la “quinta columna”. El 4 de abril de 1961 se fundó la Unión de Pioneros Rebeldes (hoy Organización de Pioneros José Martí), que agrupaba a niños entre 7 y 13 años de edad, y algunos miembros de la más joven organización revolucionaria visitaron el Palacio Presidencial (en la actualidad, Museo de la Revolución) en donde el líder de la Revolución, Fidel Castro, departió con ellos.

Seis días más tarde, una propuesta de Vilma Espín, respaldada inmediatamente por Fidel y el resto de la dirigencia revolucionaria, se hizo realidad al inaugurarse oficialmente en La Habana los primeros círculos infantiles: el Camilo Cienfuegos, en el barrio del Pontón; el Ciro Frías, en Poey; el Fulgencio Oroz, en Luyanó. Este último albergaría a los niños de Las Yaguas, el barrio más insalubre existente entonces en la capital y que fue luego totalmente transformada.

Cuba se prepara

Batey del central Australia, en los días de la batalla. Fidel ordenó en la primera semana de abril ubicar allí un batallón de Cienfuegos

Batey del central Australia, en los días de la batalla. Fidel ordenó en la primera semana de abril ubicar allí un batallón de Cienfuegos

En los primeros días de abril, tras recibir desde Centroamérica informes de amigos de Cuba sobre el entrenamiento de la brigada mercenaria, Fidel ordenó volver a movilizar a batallones que habían tomado parte en la lucha contra bandidos en el Escambray y los dislocó a lo largo de nuestra geografía, con el fin de que ningún sector del territorio nacional quedara desguarnecido. Como luego argumentara al pueblo durante su comparecencia televisiva del 23 de abril de 1961, ya derrotada la invasión, “en todos los puntos probables de desembarco habíamos establecido fuerzas. Sobre todo, en las zonas de acceso a las montañas”.

En una inspección que realizara a Playa Girón por aquellos días, en compañía del comandante Guillermo García y otros altos oficiales del Ejército Rebelde, comentó: “Este es un lugar ideal para un desembarco”. Explicó a sus acompañantes las ventajas de la zona para una invasión y el establecimiento de una cabeza de playa. Acto seguido ordenó que un batallón de Cienfuegos se trasladara urgentemente al cercano central Australia y que se organizara una milicia con los trabajadores de las cooperativas carboneras, y para ello se comprometió a enviar fusiles M-52.

En la mañana del 13 de abril de 1961, en la Base Trax (Guatemala), los instructores de la CIA sostuvieron la reunión final con los cabecillas de la brigada mercenaria. Un coronel yanqui informó sobre la salida inmediata de esa tropa y su destino: la bahía de Cochinos, al sur de la provincia de Matanzas. “Playa Girón será el centro de la operación y allí se establecerá la Comandancia; Playa Larga será la avanzada de la infantería, a 30 kilómetros al noroeste. Los paracaidistas serán lanzados en Yaguaramas, en el central Covadonga y en la carretera entre el Australia y Playa Larga. El deber de ustedes será el de asaltar, ocupar y defender esos lugares al menos por 72 horas”.

Según testimonio de uno de los integrantes de la brigada invasora, en la tarde de ese día, a las 5:15 p.m., zarparon de Puerto Cabezas entre gritos de júbilo. A centenares de millas de allí, 45 minutos más tarde, en La Habana, un terrorista contrarrevolucionario, empleado de la tienda El Encanto, colocaba allí una petaca incendiaria entre dos rollos de tela. Esa noche, a otro dependiente de la misma tienda, movilizado junto con la compañía de milicias de la cual era jefe, se le encomendaba la custodia del litoral en playa Baracoa, al oeste de la capital. Cerca de la medianoche, uno de sus subordinados sorprendió a un hombre haciendo señas con una linterna hacia el mar. Era el saboteador, quien inmediatamente fue remitido a la sede de la Seguridad del Estado, entonces en Quinta Avenida y calle 14, Miramar. Para el oficial de guardia del G-2 esa madrugada, Oscar Gámez, casualmente también trabajador de El Encanto, fue una doble sorpresa. Pero más sorprendido estaba el terrorista, quien no tardó en confesar.

Ya amanecía. Poco menos de 24 horas después, ocho aviones B-26 partían de su base en Centroamérica para bombardear, enmascarados bajo falsas siglas de la Fuerza Aérea Rebelde, los aeropuertos de Ciudad Libertad, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba.
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Fuentes consultadas
Los libros Girón. La batalla inevitable, de Juan Carlos Rodríguez; Girón no fue solo en abril, de Miguel Ángel Sánchez; Diario de Girón, de Gabriel Molina Franchosi; Los mil días de Kennedy, de Arthur Schlesinger Jr.; y Los sobrinos del Tío Sam, de Carlos Rivero Collado; así como la compilación Fidel. Días de Girón, de Acela Caner y Eugenio Suárez, y textos periodísticos publicados en los diarios Revolución y Hoy, marzo-abril de 1961.

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Pedro Antonio García

 
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