0
Publicado el 2 Abril, 2017 por Irene Izquierdo en Historia
 
 

María Antonia, la hija de Cayita Araújo

María Antonia, la hija de Cayita Araújo.

María Antonia Figueroa Araujo, toda una vida entregada a la Revolución.

Por IRENE IZQUIERDO

Fotos: JUAN LUIS AGUILERA

Era una mujer culta, capaz de hablar horas y horas de todas las vivencias de un existir lleno de entrega. Se definía como una santiaguera, una cubana, una persona que nació para la revolución, para su país, por herencia. “Mi madre era muy patriota: Cayita Araújo, quien perdió a 21 miembros de su familia en las tres guerras (la de los Diez Años, 1968-1978, la llamada Guerra Chiquita, 1879, y la de 1895). Con ese aval nací y crecí revolucionaria.

“Fui fundadora del Partido Ortodoxo, igual que Fidel. Estuve disgustada con todos los regímenes anteriores al triunfo de la Revolución. Te voy a contar una anécdota, a los 11 años me operaron de apendicitis. Cuando recuperé el conocimiento, en medio de los efectos del éter pensaba que era una personalidad del Estado, y dije: ¡Si soy gobernadora, lo primero que haré será votar contra la Enmienda Platt!”

-¿Cómo se desarrollaba el hacer revolucionario en su casa, cuando era niña?

-Al lado de mi casa vivía Víctor Manuel Caballero, quien había sido ayudante de Antonio Maceo; mi mamá era amiga suya, Él venía a mi casa y yo despedía a todos los muchachos para sentarme a escucharlo. Todas sus historias patrióticas se quedaron en mi mente.

-¿Dónde estudió?

-Primero, en la escuela Spencer, en Santiago y después, en el instituto, donde me gradué de Bachiller en Ciencias, Letras e Idioma. En la Universidad de La Habana obtuve el título de Doctora en Pedagogía. Mis años juveniles fueron intensos, participaba en todas las movilizaciones contra todo lo mal hecho por los gobiernos de turno.

-¿En qué momento conoció a Frank País?

-Era vecino mío. Doña Rosario García, su madre, era muy religiosa y llevaba a sus tres hijos todos los domingos a la iglesia. Un día la curiosidad de indujo a cruzar la calle y preguntarles cómo se llamaban; uno me dijo que Frank, el otro, Josué y el otro, Agustín. Ese fue el comienzo de nuestra amistad perdurable, porque todos los domingos lo esperaba para conversar. Así los vi crecer.

“Cuando Frank tenía edad de ingreso a la Escuela Normal hizo un examen brillante. Las protestas ante lo mal hecho nos unieron más. Hubo una época en que protestábamos por todo. Tras el golpe de estado del 10 de marzo, él fundó la Organización Revolucionaria Oriental (ORO), a la que me uní. A todas las organizaciones me uní, menos a la de los Auténticos, que fueron los culpables del suicidio de Eduardo Chibás. La ORO tuvo muchas acciones efectivas, como la sustracción de armas al ejército de Batista, y otras cosas serias, porque era de Frank”.

María Antonia, la hija de Cayita Araújo.

Hablaba con vehemencia de su amistad con Frank País.

-¿Qué cualidades usted veía en aquel joven, que la hicieron confiar en él?

-En primer lugar, su inteligencia poco común; yo conversaba con un niño inteligente y preparado. Fui testigo de cuánto crecía como estudiante, en la Universidad de Oriente, donde descolló también como revolucionario.

“Después ocurrió el asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes. Desde ese momento hice causa común con Fidel. Se lo comuniqué a Frank, quien había logrado que su organización alcanzara nivel nacional.

“El propio 26 de Julio pude salvar, con mi hermano Max, mi cuñada Agustina (Tina) Esteva Lora y Nilda Ferrer, a seis vidas de asaltantes que estaban ocultos en una imprenta. Con toque de queda, garantías suspendidas, Santiago en ebullición y bajo la bota militar, la situación era drástica: tiros por dondequiera; mataban a cualquier sospechoso Pero pudimos ubicar a los seis ese mismo día”.

-¿Qué hizo después?

-Me fui al cuartel. Aquello estaba muy malo. Desde entonces, me encargué de la atención a las presas, en especial de Melba Hernández y Haydee Santamaría. Cuando las condujeron a Vivac de Santiago de Cuba, me responsabilicé con su vestuario, alimentación y todo. Yo recibía a sus mamás y les buscaba un lugar donde alojarse, cuando iban a visitarlos. Eso me unió cada día más a ellos.

¿Este vínculo con los asaltantes no le creó problemas con la Policía?

-No, porque no me veían. Todo era en verdaderas condiciones de clandestinaje. Era muy joven y activa, y eso no llamaba la atención. Además, yo andaba en el auto de mi hermano, en el que nos trasladábamos.

EL JUICIO DEL MONCADA

“Al proceso de Fidel en la Causa 37 le di seguimiento total. Yo no entré. Supe todo por Baudilio (Bilito) Castellano. Hicimos una síntesis del juicio, en mimeógrafo y la repartimos. El 16 de octubre de 1953, Nilda Ferrer y yo nos habíamos ido a las 12:00 de la noche para el hospital civil. Lo conocía perfectamente. Nos agenciamos para entrar y permanecer en el lugar. A esa hora de la noche no había guardias en el hospital, pero a medida que avanzaba la madrugada, empezaron a ubicarse en el área exterior. Al amanecer sí”.

-¿Cómo se desarrolló la vista?

-A las 8:00 de la mañana, exactamente, sentimos unas fuertes pisadas; traían a Fidel. Me abalancé, le tomé las manos y le dije que todo el pueblo estaba con él -después supe que mi cara y la de Nilda Ferrer no se le olvidarían jamás-. Esa fue la primera vez que lo vi.

Todos levantaron las armas pensando que se trataba de un secuestro, pero no se fijaban en nosotras; miraban para arriba, pues consideraban que venía una multitud. Él se asombró un poco, me hizo un gesto de agradecimiento y me miró con insistencia.

“Lo condujeron al local del juicio. Observé cómo se sentaron. Fui a la Escuela Normal de Maestros, aledaña al lugar donde estaba parqueado el jeep en el que condujeron a Fidel, para preguntarle a un grupo de normalistas si sabían lo que estaba ocurriendo en el interior del recinto. Solo refirieron que habían visto a muchos guardias, pero no sabían. Les dije que estaban juzgando al hombre que fue capaz de arriesgar su vida con un grupo de patriotas para liberarnos de la dictadura de Fulgencio Batista.

“Ellas asentían, sin hacer cometarios. Entonces les solicité que buscaran una Bandera Cubana, a fin de que cuando salieran del local la enarbolaran y gritaran ¡Viva Cuba Libre! Era un acto por el cual no podían hacernos daño alguno. Les orienté no mencionar nombres, ni decir Abajo esto o aquello, porque él iba a entender”.

LA AMNISTÍA

“Estuvo dos años preso. Cuando salió se le habían cerrado todas las puertas de comunicación con el pueblo, para exponerle los planes futuros. Yo estaba entre has personas que crearon el primer Comité por la Amnistía de los Presos Políticos, por lo que Fidel me mandó a buscar porque tenía interés en conocerme para agradecer por los compañeros que yo había salvado, después del Moncada.

“Vine a La Habana desde Santiago de Cuba. Al verme, inmediatamente dijo: ‘¡Tú eres la muchacha del Moncada. Y estabas con otra joven de ojos verdes!’ Era en Jovellar, en la casa de Melba Hernández. Comenzamos a conversar y me preguntó si me gustaría seguir luchando con él. Le respondí que sería un gusto, pero más que eso, una necesidad y un honor.

“Me preguntó si me gustaría ser tesorera del Movimiento 26 de Julio (M-26-7), y le dije que cualquier cargo, que para mí lo que importaba era trabajar por la Revolución. Léster había sido designado coordinador, yo sería la tesorera, y me pidió que le diera nombres de las personas que pudieran conformar el ejecutivo. Enseguida le hice una relación: Baudilio Castellano (Bilito), para asuntos legales; Frank País —me comentó que había oído ese nombre-, y Armando Hart aclaró que había sido sugerido por él. Cuando solicitó más información al respecto le expliqué todo lo que conocía de Frank, punto por punto. ‘Entonces, Fidel decidió, nombrarlo para dirigir el frente de acción y sabotaje’. A una compañera llamada Gloria Cuadras le dieron la responsabilidad de la propaganda, porque ya la estaba haciendo y la apresaban todos los días, debido a que en la emisora donde trabajaba aprovechaba para poner sus mensajes, y al salir, la estaban esperando.

“También estaba Ramón Álvarez, de la casa Bacardí”.

¿Ahí se fundó el Movimiento 26 de Julio?

-No. Ahí se hicieron las propuestas. Frank fue el único que solicitó pensarlo, cuando lo llamamos para comunicárselo; los demás aceptaron inmediatamente. En poco tiempo Frank dijo que sí. Y el ejecutivo del Movimiento se fundó en mi casa, en la calle Pío Rosado, número 315, en Santiago de Cuba. Desde entonces comenzamos a trabajar.

María Antonia, la hija de Cayita Araújo.

Para María Antonia haber hablado con Fidel en varias ocasiones era muy grato. Él sentía un afecto muy especial por ella. Eran mutuos el cariño y el respeto.

SU CONTACTO CON EL  EXILIO

“En 1956 fui a México para entregar la primera parte del dinero recaudado por el M-27-7 para el exilio, porque se dividía en tres: Santiago, el fondo nacional y el exilio. Cuando llegué a quien primero vi fue a Raúl Castro; todavía no lo conocía bien, pero luego estrechamos una gran amistad. Me llevó a casa de María Antonia González. El dinero se lo entregué a Cándido González, tesorero en ausencia de Jesús Montané Oropesa. Más tarde llegó Fidel, que andaba por Centroamérica; al verme, me cargó y abrazó con mucho cariño”.

-¿Estuvo en contacto frecuente con él?

– Lo acompañé buena parte del tiempo; me llevó a vivir a una casa del Movimiento, la de Esperanza Olazábal. Fidel venía tempranito todos los días y me llevaba a las prácticas de tiro en los distintos lugares.

“Explicó los planes a largo plazo y dijo que le estaban pisando los talones. Un día tuvo una reunión en casa de María Antonia González y allí lo detuvieron. Él había dicho que Raúl y yo, con Esperanza y el esposo, fuéramos al cine. Por esta razón no nos apresaron. Hubo una confusión, la policía mexicana estaba buscando a unos gánsters que habían robado armas de calibre corto, y asaltado algunas personas en la calle, pero Batista enseguida metió la ‘puntilla’. Y pensó hacer trizas al joven dirigente revolucionario. El principal fallo de ese sanguinario gobernante fue que subestimó a Fidel, por fortuna para nosotros.

“Al regreso supimos lo que había pasado, e inmediatamente, salimos a averiguar debajo de un tremendo aguacero. Ya habían soltado a Zelaya, porque era mexicano. Él fue quien nos contó que a uno de los compañeros lo habían metido de cabeza en un tanque donde bebían los caballos, pero que con Fidel no se habían atrevido. Luego se unió a nosotros para indicarnos. Hicimos muchas gestiones, buscando un abogado, hasta que apareció, como una bendición, Lázaro Cárdenas, quien en todo momento nos ayudó.

“Querían acusar a Fidel de algunos delitos más graves, porque Batista, insistió en que el problema se abordara como un asunto político y lo entregarla para deportarlo a Cuba y enjuiciarlo, pero Cárdenas lo impidió. En todo ese trance pasó aproximadamente un mes. Ya Raúl me había mandado a retornar a Cuba. Yo pensaba quedarme más tiempo, pero no pudo ser, porque era preciso que informara al Movimiento acerca de la situación de los cubanos en México. Vine y, a los dos días de estar aquí, los liberaron. Después mantuve el contacto con Fidel por medio de cartas”.

-¿Cuándo se conocieron personalmente Frank y Fidel?

-Posterior a mi regreso. Frank viajó a México en dos oportunidades. A Fidel le causó una grata impresión.

-¿Qué tareas asumió usted al retornar de la tierra azteca?

– Continuar trabajando para el Movimiento, y después con Frank a la cabeza, comenzar los preparativos para el alzamiento del 30 de noviembre, que era cuando estaba previsto el arribo de los expedicionarios del yate Granma, pero los contratiempos de la travesía lo impidieron.

¿En qué momento se incorporó a la guerrilla?

-Cuando dejé de ser tesorera, porque ya teníamos millones de pesos. Para justificar esa cantidad de dinero nombraron al dueño de la mejor tienda de Santiago de Cuba, Canto de la Francia, quien después resultó un fracaso; era falangista.

Continué en Santiago, preparando mujeres para el momento de subir a la Sierra. Y el 10 de marzo de 1958, aprovechando que los soldados de la dictadura estaban festejando el sexto aniversario del golpe de estado, me incorporé con mi hermano Max, al III Frente Oriental Mario Muñoz Monroy, que tenía pocos días de fundado, pero Juan Almeida Bosque, su jefe, me dijo que era más necesaria como abastecedora que permanente en la guerrilla. En esa función me desempeñé, buscando uniformes, armas y todo cuanto hiciera falta en las montañas.

¿Qué ha representado para usted el hecho de proceder de un seno de revolucionarios, ser hija de una mujer como Cayita Araújo, y haber conocido a tantas figuras importantes de Cuba?

-Un resumen de mi aspiración como cubana, un resumen maravilloso, supremo; diríamos, un lazo de oro. Porque mi vida fue la Revolución cubana y, en la actualidad, la revolución mundial, que estoy convencida de que triunfará. Cuba, como Martí dijo, es faro y guía de América, y lo ha sido gracias a Fidel.

“Si él no hubiera existido estaríamos apagados todavía, y seríamos una colonia yanqui. Esa es mi gran satisfacción, porque soy antiyanqui, antiimperialista. Contra el pueblo norteamericano no animo sentimiento alguno de enemistad, es contra sus gobernantes”.

Le voy a mencionar los nombres de viarias personalidades; por favor, dígame qué significan para usted:

-¿Juan Almeida?

-Un gran jefe militar. Fue el jefe del III Frente Oriental Mario Muñoz Monroy. Es una persona de sentimientos muy nobles. Le profeso mucho cariño.

-¿Raúl Castro?

-Significa casi todo para mí. Lo quiero tanto como a Fidel. A Raúl me unen lazos de gran amistad, lo mismo en México -cuando Fidel estuvo preso-, que aquí durante la lucha por la liberación. Yo le digo mi súperhermano. Siempre le preocupa cómo ando de salud; lo quiero mucho, tiene un carácter muy afable y una frescura juvenil muy grande, a pesar de haberse incorporado casi niño a la lucha y haber asumido tremendas responsabilidades.

En una oportunidad estábamos conversando y me dijo: ‘¿Sabes una cosa?, no soy creyente, pero a veces siento como si en otra vida tú hubieras sido mi mamá, mi hermana o mi sobrina’. Me quedé mirándolo y empezamos a reírnos.

-¿Y Fidel?

-Haber hablado con él en varias ocasiones me resulta muy grato. Él siente un afecto muy especial por mí. Le tengo cariño y respeto.

Cuando le dijo a Fidel, en el juicio del Moncada, que el pueblo estaba con él, ¿pensó que ese momento se convertiría en amistad imperecedera?

-Sí, porque siempre consideré que era la persona que necesitábamos para que hiciera de Cuba lo que soñó Martí. Estaba segura del futuro que él nos podía forjar, y que iba a ser su amiga durante muchos años, porque sentíamos una identificación plena.

¿Qué es para usted el magisterio?

-Lo máximo, porque el maestro es el que educa o pone todo su empeño en formar al futuro ciudadano de un país. El maestro está para formar patriotas, hombres de bien, ciudadanos y trabajadores ejemplares.


Irene Izquierdo

 
Irene Izquierdo