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Publicado el 25 Abril, 2017 por Pedro Antonio García en Historia
 
 

BLAS ROCA

Mi vida, un campo de batalla (+ video)

Hace 30 años falleció este viejo luchador que siempre promovió la articulación del pensamiento patriótico cubano con los clásicos del socialismo
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Junto a Fidel, en los días en que se redactaba la Constitución de 1976. (Foto: Autor no identificado)

Junto a Fidel, en los días en que se redactaba la Constitución de 1976. (Foto: Autor no identificado)

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

Fotos: Archivo de BOHEMIA

En 1946 se suscitó una polémica entre ensayistas cubanos sobre José Martí. Algunos, aquejados por un infantilismo izquierdista, semejante al criticado por Lenin en uno de sus textos capitales, reducían al Apóstol a la categoría de intelectual pequeño burgués y le negaban a la gesta del 95 su carácter de revolución. Muy por el contrario, destacados intelectuales como Juan Marinello, José Antonio Portuondo y Julio le Riverand refutaban tan peregrinas tesis.

Al intervenir en la controversia, con su ensayo José Martí, revolucionario radical de su tiempo, Blas Roca definió al Héroe de Dos Ríos como “el jefe, el personificador, el guía y el organizador del partido extremo de la revolución de 1895, el partido de la completa liberación nacional, el partido de la patria propia, de la república libre y democrática contra la colonia sometida y humillada […] contra la amenaza del vasallaje económico y la dependencia disimulada”.

Para Blas, Martí es el gran forjador de la unidad nacional, al ser capaz de juntar en el Partido Revolucionario Cubano “al independentista sin más preocupaciones con el revolucionario radical que ve en la independencia la etapa necesaria para ulteriores conquistas, al rico y al obrero, al negro y al blanco, a las fuerzas nuevas de la revolución y a los representativos de la guerra del 68”.

Continuador de la tradición creada entre los marxistas cubanos por Baliño, Mella y Villena, desde sus obras más tempranas Blas proclama al Apóstol “bandera de la Revolución” y defiende con vehemencia su ideario. En una intervención a mediados de los años 30 en un pleno del primer Partido Comunista de Cuba, el manzanillero alertaba: “Martí hizo obra revolucionaria, obra antimperialista, obra de liberación fecunda y nosotros somos sus continuadores, sus directos herederos en nuevo y diferente período de lucha”.

Rechazó con energía a quienes pretendían engañosamente oponer las ideas martianas y marxistas. “Solo los imperialistas y los contrarrevolucionarios han pretendido oponer Martí a Marx o Marx a Martí. Pero Martí no se opone a Marx, sino que se conjuga con Marx […] Martí no pudo plantear para la Cuba del siglo pasado los problemas que se plantean para la Cuba de hoy; los problemas que ha planteado el desarrollo mundial del imperialismo y el desarrollo particular de las formas capitalistas en Cuba bajo el régimen semicolonial”.

El joven Blas

El parlamentario durante la neocolonia. (Foto: Autor no identificado)

El parlamentario durante la neocolonia. (Foto: Autor no identificado)

Nació en Manzanillo el 24 de julio de 1908. Lo inscribieron como hijo natural y con el nombre de Francisco Wilfredo Calderío López, debido a las costumbres de la época, porque sus progenitores no estaban casados. La madre, Josefa Calderío, criolla blanca, descendía de españoles; el padre, Paco Antúnez, mulato, tenía fama de hábil carpintero y hojalatero. El futuro Blas Roca, entonces Paquito Calderío, era el mayor de once hermanos, uno de ellos no sobrevivió al nacer.

De niño, cuenta su hermana Esperanza, era muy inquieto e imaginativo. Del padre había heredado las habilidades manuales. Aprendió a leer muy temprano y desde entonces fue un lector insaciable. Años después, él confesaría en una entrevista periodística: “De mis padres no solo recibí el ser, sino también el espíritu de amor a la libertad, a la justicia y a la patria. Ellos me criaron en su ambiente, libre de muchos prejuicios; se sacrificaron por instruirme y educarme. Me inculcaron sanos principios de honradez y de interés por el bienestar de los demás”.

También aclaró que en su evolución al marxismo nunca partió de una afiliación anarquista, porque “nunca me interesé por esas ideas […] Mi abuelo era un gran admirador de Víctor Hugo y yo me leí esos libros que denunciaban las causas de la pobreza, así que ya me inclinaron; pero en realidad yo llego al marxismo sin ninguna otra idea de otras tendencias a no ser ideas patrióticas, martianas’’.

Cuentan los biógrafos de Blas que su maestro, Ernesto Ramis, estimuló en él el respeto y la admiración por José Martí y la epopeya mambisa. Al incorporarse al movimiento obrero y comunista manzanillero en los años 30, tuvo su primer contacto con la literatura marxista (El ABC del Comunismo, de Bujarin; El Estado y la Revolución, de Lenin). Comprendió, como señalaría tiempo después, que “el comunismo es la única vía donde se ven reflejados los intereses de los humildes”.

El dirigente

El parlamentario durante la neocolonia. (Foto: Autor no identificado)

El parlamentario durante la neocolonia. (Foto: Autor no identificado)

Asumió ya como militante comunista diversas responsabilidades, entre ellas, la dirigencia de la Federación de Trabajadores de Manzanillo. Elegido miembro del Comité Central del primer Partido Comunista, se le encomendó ocupar interinamente el cargo de secretario general. El segundo congreso de esa organizacón (abril de 1934) lo ratificó en el cargo, que desempeñaría durante 27 años.

En 1938 se logró la legalidad del Partido, entonces denominado Unión Revolucionaria Comunista. Un año más tarde fue electo, con una alta votación, delegado a la Asamblea Constituyente, que redactaría la Carta Magna en 1940. Junto con los seis comunistas y otros delegados progresistas, Blas entabló verdaderas batallas en la Constituyente para que se plasmaran formulaciones avanzadas en la Ley de leyes. Luego, en los comicios de 1940, 1944 y 1950 el pueblo habanero lo eligió como representante a la Cámara, donde batalló por lograr la legislación complementaria que hiciera realidad el articulado progresista de esa constitución.

Ya con la Revolución en el poder, el 24 de junio de 1961, en un pleno del Comité Central del Partido Socialista Popular (PSP, nombre que había adoptado el primer Partido marxista leninista cubano en 1944), propuso que se disolviera esa organización, a fin de facilitar el surgimiento de un nuevo Partido, bajo la conducción de Fidel, lo cual fue aprobado por unanimidad. El Comandante en Jefe, al referirse a esa histórica decisión, afirmó: “Se iniciaba así la forja del primer Estado socialista en el hemisferio occidental”.

En el actual Partido Comunista de Cuba, Blas asumió relevantes responsabilidades en el Secretariado y el Buró Político, diseñó, constituyó y echó a andar el sistema del Poder Popular, participó activamente en la elaboración de la primera Constitución socialista de Cuba, aprobada por referendo popular en 1976. En ese año fue elegido diputado y presidente de la primera legislatura de la Asamblea Nacional.

Quebrantada su salud, en 1986 solicitó a la dirección del Partido que se le relevara de sus altas responsabilidades. Falleció el 25 de abril de 1987. En varias ocasiones le oyeron decir. “Si tuviera que definir mi vida, diría algo muy simple: ha sido un campo de batalla, nunca he dejado de luchar y nunca, ni en las circunstancias más adversas, he perdido la fe en el futuro. Ese ha sido mi escudo y mi bandera”.

Fuentes consultadas

El ensayo José Martí, revolucionario radical de su tiempo, de Blas Roca. Los libros Blas Roca, Continuidad de la obra de Baliño y Mella y Blas Roca. Virtud y ejemplo, ambos de Lucilo Battle. El texto periodístico El compañero Blas, de Pedro A. García (Granma, 25 de abril de 1997).


Fuente: CubaTV Noticiero de la Televisión Cubana

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Pedro Antonio García

 
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