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Publicado el 18 Mayo, 2017 por Igor Guilarte Fong en Historia
 
 

CARLOS ROLOFF

Hijo fanático y errante de la libertad

A 110 años de su fallecimiento, el patriota perdura como símbolo de internacionalismo y de la tradición de lucha por la emancipación nacional

Por IGOR GUILARTE FONG

Fotos: Archivo de BOHEMIA

Salvo Máximo Gómez, ningún combatiente procedente de otras tierras llega a ocupar tan altos cargos en el orden civil y militar como Roloff. (Crédito: Autor no identificado)

Salvo Máximo Gómez, ningún combatiente procedente de otras tierras llega a ocupar tan altos cargos en el orden civil y militar como Roloff. (Crédito: Autor no identificado)

¿Quién se aventuraría a discutir si fue polaco o cubano? Sería nimio debatir sobre la “extranjería” de un hombre que dio más de la mitad de su vida, severa y tormentosa, a los destinos de Cuba, en tiempos difíciles. No en vano fue uno de los tres únicos combatientes no nativos -el dominicano Máximo Gómez y el puertorriqueño Juan Rius Rivera fueron los otros- que, según la Constitución de 1901, podían optar por la presidencia de la República.

Puede afirmarse que aquel hombre, nacido en Varsovia en 1842, a pasos agigantados transita la senda de la “cubanización”. Su primer paso en ese arduo camino es en 1865, cuando desembarca y fija residencia en un poblado costero al norte de la otrora provincia de Las Villas. Cuatro años después da el segundo, al elegir participar en un drama bélico que aparentemente no le pertenecía, y asume todos los riesgos y sacrificios que implicaba tal involucramiento. Un tercero se revela a la edad de 60 años, cuando solicita y obtiene la ciudadanía cubana.

Con el transcurso de los años prácticamente se van desvaneciendo sus lazos con el suelo que lo vio nacer. Aplatanado por completo en el ambiente sociocultural de la Isla, piensa y actúa como un criollo más. Conquistar un puesto dentro del panteón de los héroes inmortales de la patria le vale su último gran paso. Así, con heroicas jornadas en la manigua, diligencias organizativas en las etapas previas y posteriores a la guerra, múltiples expresiones de amor hacia Cuba y toda una vida entregada a un ideal, se fue introduciendo Carlos Roloff Mialofski en la historia nacional.

Roloff lo hará todo

Sobre su vinculación al movimiento emancipador aporta algunas luces el relato del general Pablo Díaz de Villegas, testigo del alzamiento en la región central, quien señala que la Junta Revolucionaria de Villa Clara buscaba un militar que los enseñara a pelear, cuando supo que en Caibarién existía un polaco que había servido como oficial en la guerra entre el Norte y el Sur, y mandó a Luis Fernández para que le hablase, lo que Roloff aceptó inmediatamente”.

La respuesta positiva del entonces empleado del comercio ante la invitación que se le extiende puede interpretarse como confirmación de su carácter internacionalista e ideología independentista. En El Cafetal es nombrado mayor general y jefe del Estado Mayor de todas las fuerzas de la comarca. Atendiendo a que la mayoría de los sublevados desconocía el arte de la guerra, probablemente Roloff significa para la revolución en Las Villas lo mismo que Gómez en Oriente; ambos pusieron a disposición de la causa cubana sus experiencias militares.

Las palabras dichas al propio Díaz de Villegas por Joaquín Morales, al ser titulado este último al frente del levantamiento, son elocuentes: “Me parece ridículo fungir de General en Jefe, cuando no sé cómo se da una doble marcha. Esto es extremadamente bufo, y solo lo he aceptado, después de muchas súplicas, y por no hacerme pesado, y ante la manifestación de que se necesita de que ese cargo lo ejerza un dueño de ingenio para infundir confianza a los propietarios y que los españoles no puedan decir que los sublevados son una turba de descamisados, ávidos de saqueo y además que no tengo qué hacer; porque Roloff lo hará todo”.

Durante el desarrollo de la Guerra de los Diez Años escolta a Carlos Manuel de Céspedes a la asamblea de Guáimaro, pelea en cientos de combates desde Matanzas a Oriente, vierte su sangre, da riendas sueltas a la tea incendiara, está entre los pioneros en emplear la artillería, se desempeña como jefe de comunicaciones y general en jefe de Las Villas, a finales de 1876.

Pero más allá de su probada valentía, ocasionalmente cae en las redes de la corriente regionalista y comete errores tácticos que motivan su cesantía en el mando de la Segunda División, a pesar de ser “un hombre muy bueno y honrado, lleno de los mejores deseos, pero que carece de ciertos dotes militares, digo, para esta especial clase de guerra [de guerrillas]”, afirma Gómez al sustituirlo. Estos deslices, sin duda, los rectificaría años después.

En carta fechada en septiembre de 1877, Roloff manifiesta su optimismo en el triunfo y la situación relativamente halagüeña de sus tropas, a pesar de no haber recibido apoyo -ni “una cápsula siquiera”, enfatiza- desde hace algún tiempo. Sin embargo, a esas alturas la Revolución ya está socavada. Sobreviene el Pacto del Zanjón, ante el que planta su dignidad de rebelde y se niega a aceptarlo; en cambio solicita más recursos de guerra e intenta conectarse con la región oriental. Ya es tarde. En la zona de El Mamey, 38 días después de firmarse la capitulación, en condiciones precarias y sin esperanzas, es uno de los últimos jefes en colgar las armas.

De la tregua al 95

El periódico El Fígaro se hizo eco del impacto de su muerte. (Crédito: Fotocopia de J. L. Carlon) 4-Semblante del patriota ya veterano. (Crédito: Autor no identificado)

El periódico El Fígaro se hizo eco del impacto de su muerte. (Crédito: Fotocopia de J. L. Carlon)
4-Semblante del patriota ya veterano. (Crédito: Autor no identificado)

Expulsado de Cuba, integra la diáspora que busca refugio en el exilio. Como buen patriota mantiene viva su fe en la victoria y se identifica con los diversos planes de reiniciar la lucha. Así sobresale entre los organizadores de la Guerra Chiquita y hasta el último instante -en que se declara frustrado el intento insurreccional permanece varado en la vecina Jamaica, a la espera de la embarcación que lo traslade a la mayor de las Antillas.

En 1881 se asienta en Honduras, donde gracias a sus habilidades para las finanzas consigue cierta posición como director del Banco Central del puerto de Amapala, y constituye familia tras casarse con Galatea Guardiola, hija del expresidente de ese país. Aun así, abandona las comodidades ante el llamado martiano para incorporarse a la nueva guerra que está por comenzar. “Cuando se ha tratado en estos catorce años de tregua, de intentar algún movimiento reivindicador, Roloff ha estado en su puesto”; de tal modo resumía el Apóstol la renovada presencia del polaco.

Junto al general Serafín Sánchez se convierte en el más fervoroso colaborador de José Martí en Tampa y Cayo Hueso, quehacer en que estimula el patriotismo de los tabaqueros y período en el que pasa necesidades, amén de los recursos que recauda. Mucho pudiera decirse de su labor forjadora en las estructuras de base del Partido Revolucionario Cubano. La suma de méritos tiene su colofón cuando se le designa al frente de la más grande expedición armada de 1895, que desembarca el 25 de julio en Tayabacoa, en la costa sur de Sancti Spíritus. Tal es el impacto de este alijo en el auge de la guerra en la región central del país, que el Generalísimo lo valora como uno de los dos mayores éxitos de ese año.

Pocos días después de su arribo lo nombran jefe interino de las fuerzas en Las Villas, con el encargo de fundar el Cuarto Cuerpo de Ejército. Posteriormente, en la asamblea de Jimaguayú es designado secretario de la Guerra, y dos años más tarde Inspector General. En el cumplimiento de estas responsabilidades hace gala de su capacidad organizativa, y no relega sus deberes como combatiente. A sus excelentes dotes de conspirador clandestino y jefe expedicionario se debe el arreglo y conducción con éxito a costas cubanas de otras valiosas expediciones.

Ante la compleja coyuntura del escamoteo de la independencia por la intervención estadounidense en el conflicto hispano-cubano, Roloff dice sentir abofeteada su dignidad de patriota. Y para cuando comienzan a avizorarse los reales afanes imperialistas de los vecinos del norte expresa su absoluta inconformidad: “Se me hace muy duro creer que los americanos al fin procedan de manera tan bastarda, pero en realidad los síntomas no son buenos, pues estamos colocados en tal situación que como dice el adagio español no somos ni cidra ni limonada, ni nada”.

El más grande legado

El periódico El Fígaro se hizo eco del impacto de su muerte. (Crédito: Fotocopia de J. L. Carlon) 4-Semblante del patriota ya veterano. (Crédito: Autor no identificado)

El periódico El Fígaro se hizo eco del impacto de su muerte. (Crédito: Fotocopia de J. L. Carlon)
4-Semblante del patriota ya veterano. (Crédito: Autor no identificado)

Quizás la mayor obra aportada por Roloff a la historia de su patria adoptiva sea el Índice del Ejército Libertador de Cuba, publicado en 1901, luego de tres años de investigación. Este libro es de excepcional relevancia, en tanto recoge en poco más de mil páginas los nombres y otros datos de 69 715 mambises vivos en el momento de procesarse las estadísticas, así como 262 hojas dedicadas a los caídos en combate.

Él mismo no deja de reconocer que en la confección del registro se pudieran cometer pifias y hasta omisiones, por lo que afirma: “No abrigo la pretensión de haber realizado con este libro una obra grandiosa, sino de haber cumplido un deber que lleva la satisfacción a mi conciencia”.

Vale apuntar que además de lo meticuloso y fatigoso de un acopio de información tan exhaustivo como ese, en aquellos días de ocupación yanqui debe enfrentar las presiones para que entregue las listas, con la evidente intención de agregar nombres de anexionistas, oportunistas y simpatizantes de los ocupantes que en tres y medio años de encarecida lucha contra del dominio colonial, jamás habían empuñado un arma.

Bien pudo haber cedido a cambio de algún beneficio personal, máxime si se tiene en cuenta que, a semejanza de incontables veteranos, pasa graves privaciones. “[…] mi familia carece de todo y yo no tengo ni ropa que ponerme ni siquiera el modo de conseguir con qué trasladarme de un punto a otro en solicitud de trabajo”, revela en carta a Gonzalo de Quesada.

Pero es tan alto su sentido del honor y respeto por el pueblo que lo ha abrazado como un hijo, que rechaza los actos de intimidación y sabotaje al censo y se mantiene leal a sus principios, procurando prestar un nuevo servicio a Cuba. “Ni aquí tengo modo de conseguir un centavo porque la República no lo tiene y mi conciencia y dignidad patriótica no me consienten abandonar el puesto que desempeño para intentar algún negocio o trabajo, mientras no deje completamente lista la Estadística del Ejército”. Así de honrado y altruista era el general Roloff.

La palma sobre la sepultura

Retrato poco conocido, y uno de los últimos, de Carlos Roloff. (Autor sin identificar)

Semblante del patriota ya veterano. (Crédito: Autor no identificado)

Asume el cargo de tesorero general de la Isla el 22 de marzo de 1901, ejercicio en el que vuelve a ofrecer otra elevada prueba de integridad moral. Esto lo reafirma la situación de penuria en que vive y deja a la familia tras su muerte. No obstante ser una época en que se entroniza la descomposición ideológica y el latrocinio, Roloff denuncia y exige combatir el analfabetismo y la miseria, rescatar los valores nacionales y resolver los problemas vitales de la población.

Con su salud quebrantada desde dos años antes, fallece el 17 de mayo de 1907, víctima de la arterioesclerosis, en su modesta casa de Guanabacoa. Su cadáver es conducido al Ayuntamiento de La Habana y se le rinden los honores correspondientes a su grado de mayor general. Es inhumado en el cementerio de Colón.

De Carlos Roloff Mialofski sentenció Martí que era un hijo fanático y errante de la libertad, y que tenía bien ganada la palma sobre su sepultura. Con esa contundente expresión el Héroe Nacional reconocía, a nombre de su tiempo, el papel y prestigio alcanzados por aquel dentro de la historia. Mientras, al asociarlo al atributo vegetal de los campos insurrectos por antonomasia, elevaba al más alto y justo pedestal de la cubanía, al paladín de origen polaco.

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Fuentes consultadas:

Mayor General Carlos Roloff Mialofsky. Ensayo Biográfico, Rolando Álvarez Estévez; y Memorias de la Guerra, Enrique Loynaz del Castillo.


Igor Guilarte Fong

 
Igor Guilarte Fong