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Publicado el 17 Mayo, 2017 por Igor Guilarte Fong en Historia
 
 

Ocaso de un polaco en Guanabacoa

Hace 110 años rindió su último combate el mayor general Carlos Roloff Mialofsky, ejemplo de internacionalismo en las guerras por la independencia de Cuba

Por: IGOR GUILARTE FONG

Fotos: Archivo de BOHEMIA

Los últimos días de su vida los pasa retraído en su modesta vivienda de tablas y techo de tejas, la marcada con el número 50 de la calle Samaritana. Allí, en la localidad habanera de Guanabacoa sufre el lento pero indetenible proceso que de a poco va matando, en lo recóndito, la elasticidad de sus arterias.

Vivienda de la calle Samaritana no. 30, en Guanabacoa, donde habitaba al momento de su muerte el veterano polaco. (Crédito: GÓMEZ CARRERA/ Periódico EL FÍGARO)

Vivienda de la calle Samaritana no. 30, en Guanabacoa, donde habitaba al momento de su muerte el veterano polaco. (Crédito: GÓMEZ CARRERA/ Periódico EL FÍGARO)

A nadie visita. Solamente asiste a algún que otro acto oficial. Tampoco está afiliado a ningún partido político o agrupación social.

En el juego de ajedrez hallaba su distracción favorita y su mayor complacencia en la estabilidad hogareña. Por fin, luego de una larga ausencia tan llena de penalidades y contrariedades, tenía oportunidad de disfrutar a tiempo completo del calor de Galatea Guardiola, su leal esposa y saldar, en lo posible, su deuda de amor filial por tantos años sin ver crecer a los hijos.

Apenas siete años atrás se le había licenciado del Ejército Libertador con el sobresaliente grado de mayor general.

Apenas 20 años atrás tenía la agilidad y animosidad suficientes para realizar interminables viajes de un país a otro, de una ciudad a otra, colectando el sudor de los tabaqueros y sumando las voluntades de la emigración para la nueva guerra que Martí organizaba.

Apenas 40 años atrás poseía la fortaleza física para alzar el machete en disímiles cargas, resistir balazos, y sobrevivir a las insalubridades y hambrunas de la manigua durante una década de lucha.

Patio de la casa del mayor general, a quien se ve en un balcón de la planta alta. Abajo aparecen su esposa e hijas. (Crédito: GÓMEZ CARRERA/ Periódico EL FÍGARO)

Patio de la casa del mayor general, a quien se ve en un balcón de la planta alta. Abajo aparecen su esposa e hijas. (Crédito: GÓMEZ CARRERA/ Periódico EL FÍGARO)

Sí que tenía justificadas las estrellas. Había sido un hombre activo. Pero eso fue antes. Las proezas de antaño, como todo lo pasado, solo cobran forma en antojos de memorias. Si acaso. A estas alturas, no es más que un veterano de tres guerras por la independencia. Inmerso en la más profunda austeridad, ahogado en la miseria.

Un enfermo vencido y sin remedio. Un viejo que en silencio confronta su calvario. Un gran héroe en el ocaso de su vida.

En principio no era cubano. Nació en la invernal Varsovia de noviembre de 1842, y bajo el nombre de Karol Rolow Mialowski. A Cuba no llegó desde la lejana Polonia sino de Estados Unidos, donde había participado en la Guerra de Secesión.

Caibarién le abre las puertas de la isla en 1865. En el costero poblado ubicado al norte de la otrora provincia de Las Villas fija residencia y labora como tenedor de libros en los Almacenes Bishop. También allí se conecta con el movimiento insurreccional, aunque sin saberse con exactitud, a pesar de las investigaciones y los siglos, cómo ni cuándo.

Retrato poco conocido, y uno de los últimos, de Carlos Roloff. (Autor sin identificar)

Retrato poco conocido, y uno de los últimos, de Carlos Roloff. (Autor sin identificar)

Físicamente, era de estatura mediana pero fornida. Su cabeza, de proporciones regulares y redonda, estaba rematada por una anchurosa calvicie que iba desde las cejas hasta la coronilla. En cambio lucía poblado bigote y barba desgreñada, que le eclipsaban la boca. Los ojos oscuros, promovían una mirada penetrante. Vestía con sencillez. Sin prendas. Era serio, preguntón y prefería escuchar a hablar. Aunque emitía sus juicios sin rodeos ni reparos en el efecto que pudieran causar. Era lo que se dice: tan feo como tan franco.

Espiritualmente, era humilde en sus aspiraciones. Honrado. Excesivamente abstinente. En tiempos donde otros prefirieron lucrar con los galones mambises, él rechazó ostentar su renombre. No le gustaba figurar. Era ajeno a aparecer en los periódicos. Fundó y dirigió la Tesorería General pero no por ello se transformó la parvedad de sus bolsillos y la familia siguió subyugada por las necesidades.

A la luz de hoy se le conoce más por el celebérrimo Índice del Ejército Libertador de Cuba. El libro que registra, en 1004 páginas, nombres y señales de los 69 715 mambises vivos al momento de consumarse el censo. En otras 262 hojas se relacionan los mártires. Esta obra colosal, publicada en 1901 luego de sortear no pocos tropiezos, perdura como su mayor servicio a la patria adoptiva.

Portada del imponente libro -su obra cumbre tal vez- que recoge los listados del Ejército Libertador. (Autor sin identificar)

Portada del imponente libro -su obra cumbre tal vez- que recoge los listados del Ejército Libertador. (Autor sin identificar)

La nacionalización del europeo tomó cariz oficial el día que acudió, con su habitual andar pausado, al Juzgado de Guanabacoa. Allí solicitó y obtuvo la ciudadanía cubana. Tenía 60 años.

Fue en 1905 cuando su salud dio los primeros avisos de quebrantamiento. Dos años más tarde se ha agravado notablemente.

El 17 de mayo de 1907 rinde su último combate el mayor general Carlos Roloff Mialofsky. Cae a las 11:15 de la noche, martirizado por la arterioesclerosis; según dicta la certificación facultativa.

Bienaventurado día aquel en que terminaba una agonía. Triste día aquel en que moría el hijo de Varsovia. En la independencia fue el más grande internacionalista polaco. En la República fue uno de los únicos no nativos que podían aspirar a la presidencia, según la Constitución de 1901. El dominicano Máximo Gómez y el puertorriqueño Juan Rius Rivera eran los otros dos.

Del vecindario guanabacoense es trasladado el cadáver hasta el Ayuntamiento de La Habana. Envuelto el féretro en la bandera tricolor, se le tributan los honores correspondientes a su jerarquía militar. Hasta el cementerio de Colón fue acompañado el cortejo por compañeros de armas y numeroso público.

La casa de Guanabacoa en época más contemporánea. Una tarja en el frontón indica su valor patrimonial. (Autor sin identificar)

La casa de Guanabacoa en época más contemporánea. Una tarja en el frontón indica su valor patrimonial. (Autor sin identificar)

Ni siquiera tumba propia pudo encontrar. Fue inhumado en el mausoleo del general Calixto García. Catorce años después sus restos son trasladados a nuevo sepulcro.

Al cumplirse el aniversario 105 del fallecimiento de Carlos Roloff, la embajadora de Polonia develó un monumento dedicado a su memoria en la necrópolis capitalina. El concepto escultórico, ejecutado en cooperación con el escultor cubano Rolando Vásquez Fernández, está basado en la sable del gallardo mambí, cuyo original se encuentra en Caibarién, la misma localidad villaclareña que le abrió las puertas de Cuba.


Igor Guilarte Fong

 
Igor Guilarte Fong